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Mi Horrible Ex-Esposo No Puede Seguir Adelante, Pero Yo Sí - Capítulo 318

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Capítulo 318: Capítulo 318 Con emoción

Amelia puso los ojos en blanco por segunda vez y luego bajó la voz a un tono grave y ronco. —¿Qué quieres?

—Me preguntaba si estás libre ahora mismo —preguntó Desmond, casi dando saltitos de la emoción. Hacía tiempo que no veía a su amiga y estaba ansioso por ponerse al día.

—¿Para qué me necesitas? —preguntó Amelia sin rodeos.

—Estoy de vacaciones en una isla. ¿Quieres venir a pasar el rato? —preguntó Desmond, que casi vibraba de la emoción.

—No puedo. Tengo cosas que hacer. Estoy ocupada —replicó Amelia con sequedad, cortándolo en seco. Ella ya estaba en la isla. No había forma de que pudiera aparecer sin delatar su tapadera. No era tan simple como ponerse un pequeño disfraz.

El entusiasmo de Desmond se desvaneció. —Vale, entonces. Céntrate en tu trabajo. Ya nos pondremos al día cuando estés libre.

—Vale —masculló Amelia, y colgó la llamada. Por fin soltó un suspiro de alivio.

Fuera, Mark lo había estado escuchando todo a escondidas.

Justo cuando Desmond bajó el teléfono y giró la cabeza, se encontró a Mark prácticamente respirándole en la nuca. Por poco y se dan con las narices.

—¿Pero qué haces? —exclamó Desmond sobresaltado, apartando a Mark de un empujón—. ¿Intentas besarme o qué?

Antes de que Mark pudiera responder, la voz de Jessica sonó detrás de ellos. —¿Qué está pasando aquí?

Desmond señaló inmediatamente a Mark con el dedo. —¡Este tipo es un pervertido!

—¿Eh? —parpadeó Jessica, desconcertada, sin estar segura de cómo Mark se había ganado de repente ese título.

Mark se quedó paralizado, con la mente en blanco por un segundo. Entonces, le espetó a Desmond a toda prisa: —¡Oye! ¡No digas tonterías! ¿En qué sentido soy un pervertido?

Mark estaba claramente agitado y nervioso, preocupado por el malentendido que Jessica pudiera tener de él. Sus escándalos amorosos del pasado ya eran lo bastante difíciles de explicar y, ahora, si Jessica se creía de verdad esa ridícula acusación, ¿cómo iba a arreglar la imagen que tenía de él?

Mark se arrepintió de no haber negado con firmeza aquellos rumores en su momento. Aunque era inocente, limpiar su nombre ahora le parecía una causa perdida.

—¡No estoy diciendo tonterías! ¡Has intentado robarme un beso ahora mismo! ¡Si no hubiera reaccionado a tiempo, lo habrías conseguido! —gritó Desmond, con el rostro encendido por la vergüenza y la furia.

Mark estaba tan furioso que no pudo ni articular una respuesta.

Desmond entrecerró los ojos y miró a Mark con recelo. —¡Aléjate de mí! Estoy guardando mi primer beso para la chica que me gusta.

—¡Como si yo no esperara lo mismo para mi beso! —replicó Mark con brusquedad, con la voz ahogada por la frustración. Todo este lío se había descontrolado tanto que sentía que iba a estallar.

—Anda ya, ¿todavía conservas tu primer beso? ¡No me tomes el pelo! Todo el mundo conoce tu fama de mujeriego. No es solo por Haleigh, tu nombre es conocido en todo el país —dijo Desmond con rotundidad.

Antes de que Mark pudiera decir nada, Desmond añadió, hurgando en la herida sin querer: —Hay un torrente de escándalos amorosos ligados a tu nombre. Cada vez que haces una aparición pública, hay una mujer nueva a tu lado. ¿Y tienes la osadía de afirmar que tus labios están intactos? ¿Es que no tienes vergüenza?

Confrontado con esa andanada implacable, Mark hervía con una mezcla de indignación y pánico.

Se giró bruscamente hacia Jessica, tratando de explicarse desesperadamente: —¡No le hagas caso! No soy como él dice. No tengo ninguna relación con esas mujeres, te lo juro, ¡digo la verdad!

—No tienes por qué explicarme nada —replicó Jessica con una leve sonrisa, aunque las palabras de Desmond la habían dejado aturdida.

—No se equivoca. Siempre te han perseguido los rumores, y las mujeres que te rodean parecen cambiar a diario. Realmente eres un mujeriego que se niega a sentar la cabeza —añadió ella, con la voz teñida de una inquietud que se fue haciendo más profunda mientras hablaba. Sin dedicarle otra mirada, se dio la vuelta y dijo: —Vamos a montar en las motos de agua.

—¡Yo también voy! —gritó Desmond con entusiasmo, y justo cuando empezaba a correr tras ella, Mark lo agarró del brazo.

—¿Qué quieres? —preguntó Desmond, poniéndose en guardia al instante—. No intentes nada, no me van los hombres.

Mark apretó la mandíbula, frustrado. —¿Quién ha dicho que me interesan los hombres? Tú mismo has dicho que siempre estoy rodeado de mujeres, ¿cómo iban a gustarme los hombres?

—¿Quién sabe? A lo mejor esas mujeres son solo tu tapadera. Las vas cambiando para que nunca descubran tu secretito —masculló Desmond por lo bajo.

Mark respiró hondo para calmarse, luchando para que no le estallara el mal genio. Tenía muchas ganas de darle una lección a ese tipo. —Deja que aclare una cosa: lo de ahora ha sido un malentendido. Solo intentaba escuchar de qué hablaba tu amiga, yo…

Antes de que pudiera terminar, Desmond lo interrumpió. —¿Así que tu verdadero objetivo es mi amiga? ¡Ni lo sueñes! ¡Mi amiga jamás se enamoraría de ti!

Mark había llegado al límite. Apretó los dientes con tanta fuerza que le dolió la mandíbula. —¡No aguanto más! —gritó, levantando el puño y lanzándose hacia la cara de Desmond.

Pero Desmond lo esquivó con agilidad, y el puñetazo de Mark se perdió en el aire.

Incluso en medio de la trifulca, a Desmond no se le callaba la boca. —¿Lo ves? ¡Estás enfadado porque tengo razón! ¡Eres completamente culpable!

—¡Argh! —Mark estaba al borde de la locura, con los ojos encendidos de rabia mientras se abalanzaba sobre Desmond.

—¡Desmond! ¡Te voy a matar!

—¡Socorro! ¡Que alguien me ayude! —chilló Desmond, con una voz que rasgó el aire mientras corría hacia la moto de agua. Sin dudarlo un instante, se subió de un salto y aceleró, con el motor rugiendo bajo él.

Mark iba pisándole los talones, su propia moto de agua deslizándose por el agua en una persecución encarnizada.

Mientras Desmond tomaba la delantera, una sonrisa engreída se extendió por su rostro. —¡Atrápame si puedes, Mark! —le gritó con arrogancia.

Mark apretó la mandíbula al oír la voz de Desmond. Aquellos comentarios lo habían metido en un bucle interminable de explicaciones a Jessica y, ahora que se burlaba de él, apretó los dientes y aceleró a fondo, decidido a alcanzarlo.

—¿En serio intentas embestirme, Mark? ¿Has perdido la cabeza? —gritó Desmond, con un destello de pánico en la voz mientras aceleraba.

—¡Eso te pasa por bocazas! Me aseguraré de que aprendas a tener la boca cerrada la próxima vez —le espetó Mark, persiguiendo a Desmond sin tregua.

Sus motos de agua surcaban el mar, dejando una estela de espuma blanca a su paso.

A decir verdad, Mark no tenía ninguna intención de chocar contra Desmond. Solo quería darle un susto para que escarmentara y darle una pequeña lección.

Una colisión de verdad sería un desastre, sobre todo porque Desmond era el único heredero de la fortuna de los Miller.

Si algo le pasaba a Desmond, Mark sabía que los Miller le arrancarían la cabeza. Desde la orilla, los demás observaban cómo se desarrollaba la persecución, paralizados ante el espectáculo que se desplegaba ante sus ojos.

Viola le lanzó una mirada de reojo a Shawn, apretando los dedos casi imperceptiblemente. Tras una pausa, se acercó tranquilamente a Amelia. —¿Podrías llevarme a dar un paseo más tarde, Amelia? —preguntó con dulzura, con los ojos muy abiertos e inocentes, como una niña que pide un dulce.

—Claro que sí —respondió Amelia sin dudarlo un instante. Era difícil resistirse al encanto de Viola.

—¡Eres la mejor, Amelia! —exclamó Viola con alegría, aferrándose al brazo de Amelia como una hermana pequeña y juguetona.

Shawn parecía concentrado en el agua, con la mirada fija en Desmond y Mark, pero detrás de los cristales de sus gafas, lanzó una mirada furtiva en dirección a Viola. La risa de ella llegó hasta él y una leve sonrisa asomó a sus labios. Mientras ella fuera feliz, para él era suficiente.

Amar a alguien no siempre significaba poseer a esa persona. A veces, estar cerca de ella en silencio era más que suficiente.

Jessica le pasó un brazo por los hombros a Emily, irradiando confianza. —Luego montarás conmigo. Yo te llevo.

—Vale —respondió Emily con una sonrisa tímida. Sus mejillas se sonrojaron ligeramente por la repentina cercanía.

Finalmente, Desmond y Mark frenaron las motos de agua y se bajaron; la tensión de la persecución por fin se había disipado.

—Dime, ¿sigues pensando que soy un pervertido? —preguntó Mark, mirando a Desmond con frialdad.

Desmond había aprendido la lección a las malas. No pensaba volver a provocar a Mark. Negó rápidamente con la cabeza. —En absoluto.

—¡Así me gusta! —dijo Mark, satisfecho con la respuesta de Desmond.

Desmond resopló y se acercó a Amelia.

Eugene y Lucas habían estado observando cada uno de los movimientos de Desmond con ojos de halcón. Cuando se acercó, aparecieron detrás de Amelia, erguidos como centinelas silenciosos, con miradas gélidas y hostiles.

Desmond les sostuvo la mirada un segundo antes de ignorarlos por completo. —¿Qué tal una carrera de motos de agua? ¿Al mejor de tres? —le propuso a Amelia, con los ojos chispeando de desafío.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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