Mi juventud comenzó con él - Capítulo 111
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- Capítulo 111 - 111 Capítulo 111 Abrazo
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111: Capítulo 111: Abrazo 111: Capítulo 111: Abrazo Editor: Nyoi-Bo Studio —No te muevas, solo déjame abrazarte un momento —La voz de Qin Chu era suave.
Sin saber qué hacer, Huo Mian se quedó quieta.
—Qin Chu, ¿sucedió algo?
—Ella sentía que algo andaba mal.
Alguien tan frío y arrogante como él jamás se comportaría de esta manera.
—Nada, solo estoy algo cansado y quería abrazarte.
Huo Mian traía puestos unos pijamas amarillos, cubiertos por un patrón de dibujos de Bob Esponja.
Su cabello estaba atado, flojo, se veía algo hinchado y desarreglado.
Por otro lado, Qin Chu traía puesta una camisa de vestir púrpura con caros gemelos de diamantes.
Él se quedó parado a su lado, abrazándola silenciosamente, inhalando su esencia única avaramente.
Su corazón se sintió calmado.
El mundo era mejor con Huo Mian a su lado.
—Mian, ¿estarás a mi lado para siempre?
—preguntó repentinamente.
Huo Mian abrió su boca pero no sabía qué responder.
¿Debería decir que sí?
Bueno, eso sería una mentira, envejecer al lado de Qin Chu era algo que ni siquiera se le había ocurrido.
Había demasiados factores externos y cargas psicológicas entre ellos.
Tan solo la muerte del tío Jing hubiera hecho que ella nunca pudiera sentar cabeza en paz con él.
¿Y qué si decía directamente que no?
No tenía el corazón para hacerlo, al menos en este momento.
Qin Chu parecía frágil, entonces, respondió con silencio.
Luego de un momento, Qin Chu dejó ir a Huo Mian lentamente y se sentó en el sofá, tomó un cigarrillo de su bolsillo y lo encendió.
La expresión en su rostro era difícil de comprender.
Para Qin Chu, Liu Siying y su padre no eran más que extraños, así que no necesitaba ser educado, pero había algo más que dijo Liu Siying que hirió su corazón.
Ella le preguntó si importaba que la persona a la que él quería, no lo quisiera a él.
Esta era la cosa que más le importaba a Qin Chu, él sabía sin duda alguna que la Huo Mian de hace siete años lo amaba, pero, ¿quién podía decir, con certeza, que las cosas se mantenían igual siete años más tarde?
Siete años podrían cambiar muchas cosas.
Aún si Huo Mian nunca hubiera salido con Ning Zhiyuan, eso no significaría que ella aún estaba enamorada de Qin Chu.
Después de todo, fue él quien trajo el infortunio a su familia.
Él no podía vengarse de sus padres, a pesar de que fueron ellos quienes hirieron a Huo Mian.
Definitivamente, no se sentía bien poder estar con la mujer que amaba todos los días, sin poder confirmar que ella sintiera lo mismo.
Él se sentía como un niño atemorizado ante la mera idea del abandono.
Huo Mian recalentó las sobras en la cocina y las trajo a la mesa.
Qin Chu se veía más energético luego de su cigarrillo y se cambió a una camiseta blanca.
—Preparé algo casual, pruébalo.
No cocino muy bien —Huo Mian apuntó al plato sin mucha confianza.
Qin Chu se sentó en silencio y tomó un mordisco de bok choy.
Bok choy frito, pepinos y huevo, corvina amarilla frita y una sopa de mariscos.
La mayoría de los platos contenían mariscos ya que a Huo Mian no le gustaba la carne roja.
Se preguntó si a Qin Chu le gustaría.
Ella se sentó a su lado y lo observó comer; por primera vez se sentía cómoda junto a él.
La manera en que Qin Chu comía era elegante y, cuando él bajaba la mirada, se podían ver sus largas pestañas.
Huo Mian se sentó con la barbilla en las manos y observó a este hombre comer.
Estaba tan concentrada, como si estuviera mirando un drama en la TV, que casi olvidó cuan patética era su mirada.
—¿Te gusta lo que ves?
—Qin Chu preguntó súbitamente sin mirar a Huo Mian.
Regresando a la realidad, Huo Mian tosió incómoda y se levantó inmediatamente.
—Eh…
puedes dejarlo todo aquí cuando termines.
Vendré y lo limpiaré, me voy a duchar ahora.
Huo Mian corrió por las escaleras.
Una hora más tarde, bajó de nuevo, luego de su ducha y notó que la mesa ya estaba limpia.
Los platos y boles habían sido lavados arduamente.
Huo Mian se puso contenta.
A diferencia de otros hombres chauvinistas, Qin Chu no creía que los quehaceres de la casa eran solo responsabilidad de las mujeres.
De hecho, Qin Chu no quería que Huo Mian se viera totalmente ocupada con quehaceres misceláneos.
A esta hora, Qin Chu ya estaba en su escritorio, organizando datos de la compañía.
Huo Mian regresó arriba y caminó por la casa, notando que ya no quedaba ninguna tarea más que hacer.
Tarde por la noche.
Qin Chu abrió la puerta de su habitación para ver a Huo Mian dormida profundamente.
De manera gentil, se acercó a la cama y se metió debajo del cobertor, se acostó al lado de Huo Mian y la abrazó.
Bajo el resplandor de la luna que se asomaba por la ventana, él observó su hermoso y delicado rostro.
—¿Te gusta lo que ves?
—preguntó, abriendo sus ojos repentinamente, con una dulce sonrisa en su rostro.
Qin Chu estaba sobresaltado.
No pensó que Huo Mian fuese a despertarse o, más bien, no esperaba que ella no estuviera durmiendo.
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