Mi juventud comenzó con él - Capítulo 356
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- Capítulo 356 - 356 Capítulo 356 La Declaración De Guerra Del Joven Señor Su 8
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356: Capítulo 356: La Declaración De Guerra Del Joven Señor Su (8) 356: Capítulo 356: La Declaración De Guerra Del Joven Señor Su (8) Editor: Nyoi-Bo Studio —Ve a probártelo primero.
Huo Mian se rehusaba a revelar más.
Qin Chu no tenía más opción que tomarlo e ir a la habitación.
Se quitó su traje de negocios y se puso lo que Huo Mian le había dado.
Mientras Qin Chu se cambiaba, él no se ocultó de Huo Mian.
Se quitó la ropa, exponiendo su torso.
Huo Mian lo miró directamente.
Ella estaba admirando secretamente lo increíble que era el cuerpo del Sr.
Qin.
No era pálido, su bronceado tenía un tinte cobrizo, lo que lo hacía extremadamente atractivo.
¡Todos los hombres deberían tener un cuerpo como el de él!
Un minuto más tarde, Qin Chu se puso la camiseta que Huo Mian le había dado.
Mirándola, él cuestionó: —¿Qué es esto?
—Es igual a la mía, es un atuendo de parejas —dijo Huo Mian, señalando su propia camiseta roja.
Qin Chu había quedado sin habla.
—Entonces, ¿tengo que usar esta cosa con estampado de Mickey Mouse?
Qin Chu nunca había usado algo con un estampado de dibujos animados en su vida.
Su primera vez y era de un color tan llamativo que se sentía fuera de lugar.
—Creo que es genial, ¿a qué le temes?
—Em…
puedo…
¿puedo no usarla?
—preguntó Qin Chu, en un tono triste.
—De acuerdo, pero entonces tendrás que dormir en tu habitación esta noche.
—Eh, en realidad no se ve tan mal.
Me gusta el diseño.
Qin Chu se acobardó y decidió usar la camita en contra de sus propios principios, solo para que Huo Mian no lo echara de su habitación.
—¿Cuándo compraste esto?
—Hace un par de días.
—¿Dónde?
—Internet.
Qin Chu calló por un momento antes de aceptar la realidad y dijo: —De acuerdo, tú ganas.
Por lo tanto, bajo el poder tirando de Huo Mian, Qin Chu se vio forzado a usar el atuendo estampado y el par abandonó el condominio.
—¿No conducirás hoy?
—No, tomaremos el auto bus hoy já já.
Huo Mian parecía estar de buen humor.
Con una mochila con estampado de caricaturas al hombro, tomó la mano de Qin Chu con una sonrisa en el rostro.
Los dos tomaron el transporte público por treinta minutos o así y finalmente se bajaron del bus en un distrito en el suburbio del este.
Eran las siete de la noche, pero el área estaba iluminada por las luces de la calle.
—Es concurrido, ¿qué te parece?
—¿Un mercado nocturno?
—Sí, lleva casi tres años abierto y vengo todos los años.
Pero nunca se abre por mucho.
Ni bien nieva, el mercado se cierra.
Está aquí por dos meses, máximo.
El lugar siempre está lleno de gente, y lo más importante, tienen mucha comida sabrosa.
Debido a su crianza corriente, a Huo Mian le gustaban las cosas mundanas.
A pesar de que a Qin Chu no le gustaban particularmente este tipo de cosas, jamás se atrevería a aguar la fiesta.
La pareja se tomó de las manos y caminó por las calles del mercado nocturno, mirando gente ir y venir.
Era una buena atmósfera.
—Ey, hay un juego que quiero probar —dijo Huo Mian, tirando de Qin Chu.
Tres metros más adelante, había muchos peluches por todas partes.
Al otro lado había un canasto de plástico, con bolsas de tela dentro.
El cartel arriba decía “un yuan por turno”.
A pesar de que muchas personas estaban jugando, pocos conseguían meter las bolsas dentro del canasto.
Tal vez era por la distancia y por lo livianas que eran las bolsas.
—Señor, me gustarían diez bolsas.
—De acuerdo.
Tomando los diez yuanes de Huo Mian, el jefe le dio diez bolsas.
Huo Mian tomó cinco y le dio el resto a Qin Chu.
—Cada uno tiene cinco, veamos quien consigue meter más.
—¿Qué consigo si gano?
—preguntó Qin Chu bajando la voz.
—Te invito la cena.
—No es suficiente.
—Te invitaré un slushie también.
—No me interesa.
—¿Entonces qué quieres?
—preguntó Huo Mian.
—Si gano dormiremos abrazados sin ropa.
—Pervertido.
Huo Mian se sonrojó inmediatamente.
—¿Entonces?
¿Tienes las agallas?
—dijo Qin Chu de manera provocativa.
—No tengo miedo.
¿Y qué si pierdes?
—preguntó Huo Mian, sintiéndose confiada.
—Entonces yo me desnudaré y tú me abrazas.
—Púdrete Qin Chu.
Ganase o perdiese, ¿por qué Huo Mian sentía que estaba en desventaja en ambos casos?
—Empecemos, más vale que mantengas tu palabra.
Qin Chu ni si quiera esperó que ella respondiese y tiró la primera bolsa repentinamente.
Como por arte de magia, golpeó un peluche, era un CJ7 de peluche.
—Eh…
siento que voy a perder.
El rostro de Huo Mian empezó a demostrar algo de preocupación.
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