Mi juventud comenzó con él - Capítulo 357
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- Capítulo 357 - 357 Capítulo 357 La Declaración De Guerra Del Joven Señor Su 9
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357: Capítulo 357: La Declaración De Guerra Del Joven Señor Su (9) 357: Capítulo 357: La Declaración De Guerra Del Joven Señor Su (9) Editor: Nyoi-Bo Studio —Es tu turno cariño —dijo Qin Chu y sonrió gentilmente, pero Huo Mian tenía la sensación de que su sonrisa era una trampa.
Habría sido porque estaba distraída, o tal vez por su falta de fuerza, pero la bolsa de Huo Mian no tocó nada.
Cuando fue el turno de Qin Chu, la de él cayo en algo e nuevo, esta vez era un peluche de Bob Esponja.
Eran los juguetes favoritos de Huo Mian, pero ella no podía sentirse feliz porque pensaba que perdería.
Pronto, las diez bolsas habían desparecido, y Qin Chu había conseguido todos sus objetivos.
—Perdiste, así que cuando regresemos a casa…
Huo Mian sabía lo que Qin Chu quería inclusive antes de que terminara de hablar.
—Eh…
¿dos de tres?
—sugirió Huo Mian, su mente daba vueltas rápidamente.
—No.
Con eso dicho, el Sr.
Qin se alejó orgullosamente.
Huo Mian trotó detrás del él, viéndose muy adorable con todos esos peluches en sus manos.
—Cariño, tengo mucha hambre.
¿Qué quieres comer?
Vamos a comer algo de la calle, donde la comida es auténtica.
—Comeremos lo que quieras —dijo Qin Chu, tomando cuidadosamente los peluches de las manos de Huo Mian y arreglando su cabello.
—¿Qué te parece vermicelli agridulce?
Es muy rico cuando lo comes con pan al vapor.
—De acuerdo.
Era como si no importara lo que ella pidiera, Qin Chu siempre la satisfaría y nunca iría en su contra.
Huo Mian creía que la razón por la cual rara vez peleaban era porque Qin Chu estaba de acuerdo con ella en la mayoría de las cosas.
Él no la desafiaría a propósito por cosas pequeñas como esa.
Los dos se sentaron con dos boles de vermicelli agridulce y dos porciones de pan al vapor frente a ellos.
—Comencemos —dijo Huo Mian, frotando los palillos con sus pequeñas manos antes de empezar a comer.
Qin Chu tomó sus palillos, bajo la cabeza y comenzó a comer muy apropiadamente.
A decir verdad, él casi nunca comía en la calle, ya que le parecía anti higiénico.
Sin embargo, si a Huo Mian le gustaba, él lo comería, aún si fuese a darle diarrea.
Gao Ran dijo una vez que su amor por Huo Mian no era un amor normal entre esposos, era un amor de mimos e indulgencia.
Aún si Huo Mian asesinase a alguien o incendiara algo, Qin Chu diría que él apoya a su esposa, sin importar lo que haga.
Era un amor ciego.
Cada vez que Gao Ran decía algo así, Qin Chu le preguntaba: —¿Cuántas veces en la vida las personas conocen a alguien a quien pueden amar de una manera tan ciega e indulgente?
Es por eso que debo apreciarla.
Y no se equivocaba, había tantas personas en el mundo y no muchos podían encontrar a alguien por quien ponerse locos y sacrificarlo todo.
Por esto, Qin Chu pensaba que Huo Mian era un regalo del cielo para él, y él nunca desperdiciaría ese amor por el cual lucharon tanto.
—¿Está rico?
—preguntó Huo Mian.
—Ajá—asintió Qin Chu.
—Si está rico, deberías comer más.
—Es que pusieron demasiado chile en el mío, quiero un poco del tuyo —dijo Qin Chu, mirando el bol de Huo Mian con ojos de perrito.
Huo Mian no se lo pensó dos veces antes de darle a Qin Chu un poco de vermicelli agridulce.
Sus acciones eran extremadamente afectuosas.
Qin Chu se movió cuidadosamente, atrapando el vermicelli con su boca.
Su expresión se denotó felicidad inmediatamente.
Cuando él estaba en los Estados Unidos, nunca pensó que esto ocurriría algún día.
En una velada tan simple, él nunca pensó que estaría caminando por la concurrida ciudad con Huo Mian, llevando atuendos combinados de pareja y comiendo vermicelli agridulce con ella.
Era como un hermoso sueño que era emocionante e irreal.
En ese momento, Qin Chu se quedó mirando al vacío, como en trance.
—¿Qué ocurre?
—preguntó Huo Mian, confundida.
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