Mi juventud comenzó con él - Capítulo 64
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- Capítulo 64 - 64 Capítulo 64 A Comprar Un Auto
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64: Capítulo 64: A Comprar Un Auto 64: Capítulo 64: A Comprar Un Auto Editor: Nyoi-Bo Studio —Señor Qin, ¿acaso nuestro departamento obtuvo un proyecto muy bueno o algo así?
—preguntó uno de los directores suplentes, listo para ensalzar al jefe.
Qin Chu lo pensó por un momento.
—¿Un proyecto muy bueno?
Sí, es un proyecto que he tenido en mente durante ya varios años, y por fin está hecho —dijo pensativamente Qin Chu, mientras colocaba su mano sobre su frente.
—Eso es fantástico, ¿podría comentarnos sobre este proyecto?
¡Nos gustaría compartir su alegría!
—continuó adulando el director suplente.
Inesperadamente, Qin Chu se levantó lentamente de su silla y mientras se arreglaba el cuello de su camisa, dijo: —No hay necesidad de que ustedes lo sepan, en cualquier caso, hoy es un muy buen día.
Luego se volteó y se marchó, dejando atrás a un salón lleno de ejecutivos desconcertados.
Yang contó con sus dedos en silencio.
La oficina central tenía a dos mil empleados en total, y sus salarios combinados sumaban la cantidad de ocho millones de yuanes.
Con su declaración de hoy, el presidente había dictado otros ocho millones a pagar.
La gente rica en verdad puede hacer lo que sea que se les venga en mente, concluyó.
Y su jefe, en particular, era excepcionalmente rico.
—Ah, Señor Qin —llamó el Asistente Yang mientras trotaba para alcanzarlo.
—¿Qué?
—Hay algo que he estado queriendo decirle.
—Dilo.
—Pero me temo que lo tome a mal y se enfade.
—Entonces no lo digas —respondió Qin Chu, de tal manera que casi llevó a Yang a las lágrimas.
—No, no.
En verdad debo hablar de esto con usted.
—Dilo.
—¿Cuándo planea devolverme mi auto?
La expresión de Yang era de angustia extrema.
En estos días que condujo el Audi R8 del jefe desde y hasta el trabajo, tener que soportar los rumores que sus colegas esparcían era una cosa.
Pero lidiar con el peso de la posibilidad de raspar accidentalmente el auto de su jefe… sólo Dios sabía cuánto le aterraba esto.
No podría pagar la compensación si algo así fuese a suceder.
Por supuesto, el auto de su jefe estaba asegurado.
Sin embargo si algo le sucedía a su preciado auto, entonces no solo sería cuestión de dinero.
Incluso podría perder su trabajo.
Para Yang, su posición como asistente del jefe era como caída del cielo.
La última persona encargada de esta posición fue una señora de edad media y altamente calificada.
Sin embargo, tan pronto como el nuevo presidente ocupó su lugar, la promovió a directora y la transfirió a una sucursal de la compañía.
La vacante que dejó atrás fue rellenada a través de contratos externos y, de todas las personas que aplicaron al puesto, el director lo eligió a él: el menos impresionante del montón.
Cuando GK llamó y le dijeron que había conseguido el trabajo, de inmediato pensó que estaba siendo timado.
Sólo después supo sobre los rumores que circulaban acerca de las dos razones por las cuales el director lo había escogido a él.
En primer lugar, él era hombre.
Al nuevo presidente parecía que le desagradaba el contacto innecesario con las mujeres.
En segundo lugar, él fue a la preparatoria segunda.
El rumor decía que el mismo presidente había sido estudiante de esa institución, y técnicamente eran egresados de la misma casa de estudios.
Yang no era estúpido.
Tenía una vaga idea de por qué la preparatoria segunda ocupaba un gran significado para el presidente.
De todas formas, el presidente era increíblemente impredecible.
Primero, tomó prestado su Volkswagen CC.
Luego le entregó a él su Audi R8 para que lo conduzca.
La situación había a Yang más bien deprimido.
Luego de oír la petición de Yang, Qin Chu parecía estar pensándolo.
—¿Acaso mi auto no es lo suficientemente rápido?
—preguntó finalmente.
—Oh no, al contrario, es demasiado rápido —dijo Yang sacudiendo sus manos.
—Entonces, ¿no te gusta el color?
—No, no, Señor Qin, me gusta el color.
Es genial, elegante, y obviamente de la mejor calidad —Entonces, ¿crees que no es lo suficientemente ostentoso?
Si ese es el caso, tengo otros autos en mi cochera que puedo ofrecerte, Ferrari, Lamborghini… Antes de que Qin Chu pudiera siquiera terminar de hablar, Yang se encontraba al borde te caer de rodillas al piso.
—Señor Qin, es DEMASIADO ostentoso y no va acorde con alguien en mi situación actual.
Soy un simple asistente.
¿Cómo podría costear un auto tan caro?
Estos últimos días, ni siquiera he podido conciliar el sueño durante la noche por temor a que alguien lo robe, y durante el día, me aterra que sufra algún raspón.
Señor Qin, por favor ahórreme las molestias y deme mi auto de vuelta.
Viendo que Yang hablaba con sinceridad, Qin Chu asintió luego de pensarlo un rato.
—Está bien, si te causa tantas molestias, puedes tener tu auto de vuelta.
—Gracias por su comprensión y bondad —dijo Yang, y finalmente dejó salir un suspiro de alivio.
—Llama a la tienda en donde compraste tu auto, ordena un auto exactamente como el tuyo y haz que me lo entreguen a mí.
—Espere…—replicó Yang, completamente perplejo.
No comprendía la situación.
¿Por qué el presidente se rebajaría a sí mismo al insistir en conducir un Volkswagen?
¿Sería acaso porque era mano de obra nacional?
¿Podría el presidente ser un verdadero amante de la patria?
Luego de pensarlo en silencio por un rato, dijo: —Señor, ¿sabe cantar el himno nacional?
Qin Chu frunció el ceño ligeramente, observando a este asistente tan extravagante suyo.
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