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Mi Luna Marcada - Capítulo 102

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102: CAPÍTULO 102 Los amigos no hacen eso 102: CAPÍTULO 102 Los amigos no hacen eso POV de Brooklyn
Mi falso plan para suicidarme no funcionó.

Pensé que cuando el alfa se enterara de mi intento de suicidio, se sentiría culpable y me permitiría entrar en su vida, pero no fue así.

Después de engatusar al Príncipe León, me dijo que Atti, Apphia, o como sea que se llame esa estúpida, es de la manada Luna de Marfil.

Tengo una amiga en esa manada, Calla.

Decido llamarla para preguntarle.

Después del segundo tono, responde.

—Hola, Brook, cuánto tiempo.

¿Cómo estás?

—Nada bien, amiga.

—Mmm, ¿qué pasa?

—Una zorra insignificante de tu manada me robó el novio y estoy que trino —le digo.

Ella suelta un jadeo; puedo imaginar la sonrisita de satisfacción en su cara.

Zorra hipócrita.

—¿Quién?

—pregunta.

—Una chusma llamada Atti o Apphia.

La chica de pelo blanco, ¿la conoces?

—pregunto.

Calla se queda en silencio durante un buen rato, pero no cuelga.

—Una peculiar cicatriz plateada y unos ojos horrendos y malditos.

—Esa misma —gruño.

—¡¿Qué?!

Ese bicho raro está en tu manada y te robó el novio; ¡tienes que estar de broma!

—grita.

Después de hablar con Calla, me desplomo en el sofá, pensando.

¿Esa puta Barbie que quiere ser luna es la hija de un alfa?

¡Fue maltratada en su manada porque mató a su madre!

Y no solo eso, mató a un miembro de su propia manada y huyó.

Oh, dulce diosa, esto es algo muy gordo.

¿Qué voy a hacer con esta información que me ha dado Calla?

Podría difundirla por la manada para destrozar su reputación o confrontar a Nicolás sobre esto.

¿Cómo puede traer a una asesina a la manada?

¿Sabe él de sus crímenes?

Estoy segura de que le mintió.

¡Debería contarle lo que he averiguado sobre su preciosa compañerita!

¡Apphia, estás acabada!

Cojo las llaves de mi coche y conduzco hasta el castillo.

No tengo autorización para entrar al castillo, pero algunos guardias me conocen, así que los encandilo fácilmente y me dejan pasar.

Una vez dentro, un sirviente me dice que Nicolás todavía no ha vuelto del trabajo.

¿Debería ir a su despacho?

Sí.

Puedo pillarlo a solas allí y contarle los horrendos crímenes que cometió su compañera.

Estoy a punto de subirme al coche cuando veo a León.

Sostiene su equipo de pintura portátil.

Debe de venir de su estudio.

El crío es un gran artista.

—Brooklyn, ¿qué haces tan tarde por la noche?

¿Estás aquí para seducir a mi hermano?

—frunce el ceño.

Si descubre que todavía me muero por su hermano mayor, puede que ya no quiera ser mi «amigo» y no conseguiría información de primera mano de lo que pasa en la vida de Nicolás, así que miento:
—Estaba aburrida en casa y he venido a verte a ti.

—¿Por qué?

—pregunta, sonriendo con suficiencia.

Es tan fácil manipular a este chico.

Está en esa edad en la que la atención de una chica lo es todo para él, y el hecho de que yo sea una mujer mayor lo hace más emocionante para mí.

—Te he echado de menos —ronroneo, contoneando las caderas mientras camino hacia él.

Le sujeto el hombro y le doy un beso prolongado en la comisura de los labios.

Deja caer su equipo al suelo y echa la cabeza ligeramente hacia atrás.

—Uy, los amigos no hacen eso.

—¿Y si quiero ser algo más que tu amiga?

—pregunto, pestañeando.

Sus ojos se abren como platos y yo sonrío con aire desafiante.

Necesito mantener a León a mi lado.

«Eres patética y estás loca.

Tú y Nicolás rompisteis mucho antes de que la Luna entrara en escena», sisea mi licántropa.

Ella quiere encontrar a su compañero, pero yo no.

«Como ya he dicho, quiero recuperar a Nicolás, y estaré a su lado, aunque sea como su amante».

«Patética.

Absolutamente patética».

Levanto mis muros mentales para bloquearla y me centro en el guapo y joven príncipe.

Está demasiado aturdido para hablar, así que estampo mis labios contra los suyos.

POV de Apphia
A la mañana siguiente, me encontré en la cama de mi compañero.

Debió de traerme en brazos desde mi habitación.

No está a mi lado cuando me despierto, pero oigo correr el agua de la ducha.

Se me ocurre una idea.

Me desnudo y voy al baño.

Abro las puertas correderas de cristal y entro.

—Buenos días, mi amor —me saluda, besándome en los labios.

Sonrío y le devuelvo el beso.

He decidido que lo que sea que vi en su cabeza no son recuerdos míos.

Morgana es su pasado, y yo soy su presente y su futuro.

Ni siquiera voy a mencionársela como había planeado.

—Estabas completamente dormida cuando volví anoche.

—Y me trajiste aquí.

—Sí, no soporto no dormir a tu lado.

—Buenos días —sonrío, mientras mis manos acarician su duro cuerpo hasta el cuello—.

Creo que es hora de que toda yo conozca nuestras dos partes favoritas de ti —ronroneo.

Él enarca una ceja con un atisbo de sonrisa y ladea el cuello, pidiéndome que me explique mejor.

Acaricio su torso con los dedos y luego agarro su hombría; un gruñido de aprobación resuena en su garganta.

—Vaya.

Pues aquí estoy —susurra, con los ojos ardiendo al mirarme.

Mis dedos alcanzan los botones de la ducha y cierran el agua.

Mi otra mano juega con su creciente erección, acariciándola suavemente.

Es grande y sigue creciendo.

Es una locura que quepa dentro de mí.

Acelero el ritmo, con la mirada fija en él.

Su mirada es severa y oscura por la lujuria mientras me observa.

Empiezo a besarle el pecho, bajando.

Su respiración se acelera.

Estoy de rodillas, con su polla firme en mi cara.

—¿Sabes lo que tienes que hacer?

—dice con voz ronca.

Asiento.

Creo que sí.

Agarra su erección y la pasa dos veces sobre mi mano antes de soltarla.

Me muerdo el labio inferior y miro su incitante polla.

Puedo hacerlo…

Follármelo con la boca.

Sí.

Abro la boca y me meto la punta en ella, chupando el líquido preseminal.

Es salado, pero suave.

—Oh, mierda —gime desde el fondo de su garganta.

Me lo meto más en la boca, agarrándome a su muslo con una mano para apoyarme.

Envuelvo su miembro con la boca y me muevo, subiendo y bajando la cabeza.

También uso la lengua para recorrer su polla.

Se la chupo mientras se la acaricio con la mano.

Él gime de placer.

—Joder, Apphia —aprieta los dientes.

Me agarra por la nuca y empuja las caderas hacia mí.

Le chupo con más fuerza.

Su respiración se acelera.

Me lo meto más adentro en la boca, y sus caderas se flexionan, golpeando el fondo de mi garganta.

—Diosa Luna, Apphia —sisea entre dientes.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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