Mi Luna Marcada - Capítulo 105
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105: CAPÍTULO 105: ¿Fue por Morgana?
105: CAPÍTULO 105: ¿Fue por Morgana?
POV de Apphia
Nicolás y yo entramos en la lujosa suite.
—Voy a servirme una copa —murmura.
Está meditabundo, probablemente porque he estado manteniendo las distancias con él, y mis escudos mentales están levantados, así que no puede leerme la mente; gracias a Ziora, que me enseñó a hacerlo.
Le quito las bolsas de la compra de las manos y voy al dormitorio.
Exhalo y me tumbo en la cama king-size, mirando al techo.
Nicolás entra en el dormitorio y se sienta en el borde.
Me mira con cariño.
—¿Estás bien?
—pregunta él.
—¿Lo estoy?
—mascullo.
—Estás enfadada conmigo.
No sé qué he hecho.
—Su mirada es recelosa.
Me incorporo, mirándolo fijamente.
—¿Por dónde empiezo…?
Nicolás, despediste a la constructora que contraté y la sustituiste por una empresa de tu elección sin informarme.
¿Sabes lo irrespetuoso que es eso para mí y para la gente que ha pasado semanas trabajando en esto?
—Lo siento.
Se me pasó.
Quería decírtelo.
—Su voz es baja y cuidadosa.
—¿Por qué lo hiciste?
—pregunto.
¿Fue por Morgana?
—Baxley me hizo una propuesta demasiado buena para rechazarla.
La necesitaban, y este proyecto necesita una empresa tan grande como ellos si se quiere completar antes del invierno —explica.
—Solo están usando este proyecto para mejorar su imagen.
Mi intención era recurrir a empresas públicas porque les ayudaría a conseguir publicidad y más trabajo —le informo.
Él ladea el cuello ligeramente, sorprendido e impresionado a la vez por el plan.
—No lo sabía.
—Parece arrepentido.
—Porque no preguntaste, Nicolás —le espeto.
Me levanto de la cama y voy al baño.
Nicolás está de pie junto a la puerta cuando salgo.
—Date una ducha —murmuro.
Me observa durante un largo momento.
Cojo las bolsas de la compra del suelo y voy al armario para prepararme.
Compré un vestidito negro sin mangas, medias transparentes y botas.
Me hago un semirrecogido pulido con el flequillo y me visto.
Me pinto los labios de rojo, me pongo un maquillaje mínimo y unos pendientes.
Estoy a punto de salir del armario justo cuando Nicolás sale de la ducha, con una toalla cubriéndole la parte inferior.
Se me seca la boca.
No lo miro.
Me agarra de las muñecas y, lentamente, levanto la mirada hacia él.
—Estás deslumbrante —dice—.
Espera.
Abre un cajón y saca una caja negra rectangular.
Me la da.
La abro y veo joyas de diamantes.
Hay una pulsera, unos pendientes largos y un anillo de eternidad.
Son exquisitas y atemporales.
—Te he comprado esto hoy —murmura.
No lo perdí de vista en las tiendas.
¿Cómo las consiguió?
—Gracias.
Saca la pulsera.
Tiene todo tipo de tallas de diamantes: en forma de corazón, ovales, de lágrima, cojín y muchas más.
No sé mucho de joyas, salvo por lo que me cuenta Lily, pero puedo asegurar que es una pieza fantástica.
Nicolás me abrocha la pulsera en la muñeca y me besa la mano.
—Los diamantes te sientan bien.
A continuación, saca el anillo cubierto de diamantes y me lo pone en el dedo índice.
Va a coger los pendientes, pero niego con la cabeza.
—Me dejaré estos puestos —le digo.
—Está bien, pero… —
—Los elegí en una tienda llena de pendientes diferentes porque eran los que quería —lo interrumpo—.
Me tomé mi tiempo para seleccionarlos y confío en mi juicio.
—Lo siento, Apphia.
Tú los elegiste.
Debería haberte preguntado y hablado contigo sobre ello, pero hice lo que creí que era mejor.
Me equivoqué.
Le sostengo la mirada un momento y finalmente asiento.
—Gracias —sonrío suavemente.
«Me equivoqué.
Lo siento».
Eso era lo que quería oír de él.
Él me besa la frente.
—Vístete —le digo.
Nicolás lleva una camisa de botones con los dos primeros desabrochados y unos pantalones.
Me coge de la mano y bajamos al vestíbulo.
Blade está esperando en el vestíbulo.
Me sonríe.
—¿Dónde está Lilibet?
—pregunto.
—Está de camino —responde él.
—¿Se ha hecho una reserva?
—pregunta Nicolás.
—Sí.
La hizo Lily.
Los dos hombres discuten brevemente sobre trabajo, pero la voz de Lily los interrumpe.
—Siento haberos hecho esperar —dice ella mientras entra pavoneándose en el vestíbulo, toda vestida de un rosa pálido.
A Blade se le corta la respiración, y mi mirada encuentra la suya al instante.
Sus ojos recorren el cuerpo de la princesa, maravillado; lleva un vaporoso vestido midi de color rosa cremoso, sin tirantes y con volantes, ajustado en el pecho y la cintura.
Le deja al descubierto la pierna derecha hasta la parte alta del muslo.
Sus rizos sueltos están peinados con la raya a un lado.
Los lóbulos de las orejas, el cuello y las muñecas están adornados con oro blanco.
Se para frente a mí, con la boca ligeramente entreabierta.
—Me encanta todo de ti —dice ella.
—Lo mismo digo —digo, señalando su atuendo.
Nicolás y Blade nos miran hacernos cumplidos como si fuéramos colegialas.
Me sonrojo y tomo la mano de Nicolás.
Cuando llegamos al lujoso restaurante, está bastante concurrido.
Todo el mundo va bien vestido, sentado en sus sillas, bebiendo y charlando.
Nuestro camarero nos lleva a nuestra mesa, en una zona apartada, y trae una botella de champán.
—¿Puedo beber un poco?
—le hago un puchero a mi compañero.
Él niega con la cabeza con determinación.
—Ya he bebido vino.
Una copa de champán no hará daño —regateo.
—Déjala, Nick.
Es una mujer lobo —me apoya Lily.
—Y cumplo dieciocho en un mes.
—¿Has bebido vino antes?
—pregunta Blade.
Asiento con entusiasmo.
Mientras esperamos la comida, charlamos animadamente.
El restaurante es acogedor y agradable.
Sin embargo, frunzo el ceño al ver a una chica de pelo castaño dorado.
A su lado hay un hombre alto, de piel morena y ojos azules.
Se acercan a nuestra mesa, sonriendo suavemente.
Miro de reojo a Nicolás, pero su rostro es neutral.
Me pareció ver a Lily poner los ojos en blanco.
—Hola, chicos —nos saluda Morgana.
Todos intercambiamos cumplidos, y ella presenta al hombre a su lado como Pedro, su novio.
Habían hecho una reserva aquí, pero llegaron treinta minutos tarde, así que le dieron su mesa a otra pareja.
—¿Les importa si nos sentamos con ustedes?
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