Mi Luna Marcada - Capítulo 107
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107: CAPÍTULO 107 ¿Próxima cita?
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POV de Apphia
—¿Confías en mí?
—Sí.
Nunca me has dado una razón para no hacerlo.
Además, la próxima vez que toque lo que es mío, le arrancaré los brazos.
Él se ríe con voz ronca y asiente.
Llegamos a un ancho puente con vistas a la ciudad.
Se detiene y me acuna el rostro.
—Te amo, Apphia.
Te amo con locura.
Solo existes tú, hoy y siempre.
Si hay un más allá, seguirás siendo tú.
Las lágrimas me nublan los ojos, y su beso es más que bienvenido.
Lo beso apasionadamente, despacio.
Su lengua se desliza en mi boca, y las lágrimas ruedan por mis mejillas.
Lo amo tanto.
En las semanas posteriores a nuestro regreso a casa, pasé las mañanas entrenando con Drake y Knox, quienes también me recomendaron un plan de dieta.
Los dos hombres estaban melancólicos y dolidos, así que mi entrenamiento fue más largo y duro.
Me volví más rápida, más ágil y más fuerte.
Intenté hablar con ellos sobre sus problemas, pero solo había gruñidos y autodesprecio.
Knox solo dijo que la había fastidiado, y Drake permaneció en silencio.
Tiene que ver con el hecho de que Vicky ha empezado a salir con otro chico.
Cuando estamos libres de nuestras obligaciones, Nicolás también me entrena, no en fuerza ni en combate cuerpo a cuerpo, sino a través de la mente, poniendo a prueba mis poderes divinos.
Además de entrar en la mente de alguien y leer su aura, tengo diferentes poderes psíquicos.
Intento dominarlos, pero no es fácil, y acabo pagándolo con mi paciente compañero.
El consejo de ancianos sigue de cerca mi progreso, y ya he conocido a algunos.
Son amables, pero bastante intimidantes.
Nicolás retrasó su viaje a la Manada Luna de Marfil porque espera que vaya con él.
Después de mucho pensar y hablarlo con el Dr.
Hudson, estoy lista para ir con él a mi antigua manada.
POV de Duncan
Hoy estoy un poco nervioso.
Voy a tener una cita con mi compañera.
Son las dos de la tarde, el cielo está despejado y brillante, y estoy esperando fuera de su casa, junto al coche.
Se está tomando su tiempo, pero pronto la puerta se abre y ella sale contoneándose.
Casi se me cae la mandíbula al suelo mientras la contemplo.
Lleva un vestido floral con los hombros al descubierto que deja a la vista sus sexis y largas piernas, y unas sandalias blancas.
Lleva el pelo suelto, cayéndole sobre los hombros.
Está jodidamente buena.
Se aclara la garganta y yo parpadeo.
No me había dado cuenta de que me la estaba comiendo con los ojos.
—Hola —susurro.
Mierda.
Tengo que calmarme.
—Hola —responde, algo tímida.
—Estás preciosa.
—Gracias, tú también.
—¿Nos vamos?
Ella asiente.
Le abro la puerta del coche y ella se desliza dentro y se pone el cinturón de seguridad.
He decidido impresionarla con mi nuevo Audi R8 Spyder.
Me siento en el asiento del conductor y salgo del camino de entrada.
Ya en la carretera, la miro y la encuentro observándome.
—Entonces, ¿a dónde me llevas?
—pregunta ella.
—Estaba pensando en el acuario, la playa y luego la cena —digo.
Ella frunce el ceño.
Oh, joder, ¿la he fastidiado?
—¿Qué pasa?
—Odio los acuarios —murmura.
—¿Por qué?
—pregunto.
Sus mejillas se sonrojaron un poco, como si recordara algo desagradable.
—Cuando tenía trece años, Jessica me empujó a un acuario como una broma y un pez me mordió.
La experiencia no fue agradable —suspira ella.
Yo casi gruño.
—Lo siento, debió de ser aterrador —le digo.
Así que, en lugar de ir al acuario, fuimos de pícnic a un prado.
Por suerte, mi asistente se las arregló para preparar algo.
El pícnic fue encantador y llegamos a conocernos mejor.
Ciertamente, Nalani tiene opiniones y creencias firmes.
También es amable y valiente.
Sería la Luna perfecta.
—¿Y tú?
¿Cuáles son tus aficiones?
—pregunta.
Estábamos saliendo del prado, cogidos de la mano.
No creo que se dé cuenta.
—Me gusta el senderismo, el buceo, el ciclismo de montaña…
—¡A mí me gusta el ciclismo de montaña!
—exclama ella.
—Ya sé qué haremos en la próxima cita —sonrío.
Nalani ladea un poco la cabeza, inquisitiva.
—¿Y quién dice que habrá una próxima cita?
Finjo estar dolido.
—Ay…, y yo aquí planeando citas para toda la vida.
Damos un paseo por la playa.
Me alegro mucho de que no esté abarrotada y de que no se vea a nadie.
Pasar tiempo con ella parece surrealista.
Cuando la luz se desvanece, vamos a un restaurante cercano junto a la playa.
Nunca me he sentido tan satisfecho y en paz en mi vida.
Ojalá este día no terminara nunca.
La llevo de vuelta a casa y le abro la puerta.
—Me lo he pasado muy bien, gracias, Alfa.
—Duncan, llámame Duncan —insisto.
—Duncan —murmura.
Me encanta el sonido de mi nombre en sus labios.
Le doy un beso de buenas noches en la mejilla.
Sin embargo, ella me agarra del brazo y estampa su suave boca contra la mía.
Mierda.
No me esperaba esto.
Respondo a su beso.
Mi lengua explora su boca.
Sabe increíble.
Nadie puede compararse con ella.
Quiero explorar su cuerpo con mis manos, pero sería ir demasiado rápido.
Finalmente se aparta, respirando con dificultad.
Ambos estamos jadeando, y me impresiona que me sostenga la mirada.
—Buenas noches, Duncan —susurra con una sonrisa pícara antes de darse la vuelta y caminar hacia su porche.
La observo, asombrado.
En cuanto la puerta se cierra tras ella, aúllo de éxtasis.
Mi licántropo también está feliz y aullando.
¡Lo conseguimos!
Le gusto a Nalani.
Subo a mi coche y conduzco de vuelta a la casa de la manada, ¡con el ánimo por las nubes!
Sin embargo, me encuentro a Niall y a Gavi esperándome con impaciencia.
—Buenas noches —saludo.
Estoy sonriendo como un tonto.
—Hueles como mi hermana pequeña —se queja Niall.
—¿Cómo ha ido?
—pregunta Gavin.
—Mejor de lo que esperaba.
Mi compañera me ha besado, y creo que la amo, tío —digo radiante.
Niall se estremece y niega con la cabeza, apartando de su mente la imagen de su hermana besándome.
—¿Por qué me estabais esperando?
—pregunto mientras entramos en la casa de la manada.
—El príncipe Alfa y la Luna vienen mañana —me informa Gavin.
Dejo de caminar.
Ciertamente, la amenaza es grave si vienen ellos en persona y no envían a su gente.
Me limito a asentir.
—¿Alguien ha visto una foto de su Luna?
—pregunta Niall.
—No, estoy seguro de que solo se compartió dentro de su manada —digo.
Ni siquiera la ceremonia de la Luna fue retransmitida por televisión.
—Bueno, preparémonos para recibirlos mañana —suspira Gavin.
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