Mi Luna Marcada - Capítulo 144
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- Capítulo 144 - 144 CAPÍTULO 144 Porque la magia oscura la quería
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144: CAPÍTULO 144 Porque la magia oscura la quería 144: CAPÍTULO 144 Porque la magia oscura la quería POV de Apphia
—Gracias por quererme como me quieres y por desear que sea libre, pero no dejaré que asumas semejante carga.
La bruja y los magos vendrán a hacer el hechizo necesario para sacártelos.
Ahora, espera aquí, te traeré algo de comer y de beber.
Dicho eso, sale de la habitación sin dejarme hablar.
Ni siquiera sé qué podría decir.
Me levanto para ir al baño, pero me doy cuenta de que Shai está sentada junto al ventanal, mirándome fijamente.
—Hola, Shai, Shai —sonrío, acercándome a ella, pero adopta una postura tensa, con el lomo arqueado hacia el cielo, y me bufa.
Me detengo y levanto las manos.
—No me acercaré.
Supongo que te llevará tiempo acostumbrarte a mí con esta oscuridad en mi interior —murmuro y me doy la vuelta para ir al baño.
Me miro en el espejo.
Mierda, he perdido un montón de peso, ¿cómo no me he dado cuenta?
Tomo una ducha larga, me lavo el pelo y me froto cada centímetro del cuerpo.
Los espectros están en mí, todavía siseando como serpientes en un solo lugar.
Intento ignorarlos y encerrarlos, pero no puedo.
«Ziora, ¿estás bien?».
No responde, pero puedo sentirla: fuerte e irritada.
«Ziora», la llamo de nuevo.
«Sí, es un poco raro tenerlos aquí.
Puedo sentirlos, oírlos, pero no verlos», dice ella.
«Llevará un tiempo acostumbrarse», admito.
«¿Qué vas a hacer?
Tu Pareja dijo que la bruja viene a sacarlos».
«No lo sé, pero no puedo permitir que eso ocurra.
Nirvaan dijo que mis poderes tardarían un tiempo en hacer efecto contra los espectros.
Esperemos que los magos tarden en llegar».
Salgo del baño y me encuentro a mi Pareja en el dormitorio.
Hay un carrito de comida en el centro de la habitación.
Ha traído un festín.
Me rugen las tripas.
—Se te abrirá el apetito por culpa de ellos.
Consumen mucha de tu energía —dice Nicolás sin mirarme.
Sigue dolido y cabreado.
—Ah, bien, porque he perdido algo de peso —sonrío, intentando quitarle hierro al asunto.
Él no me sonríe; dándome por vencida, voy al armario.
Antes de volver al dormitorio, me pongo un camisón calentito y me recojo el pelo en un moño desordenado.
Nicolás no está en la habitación.
Está en el balcón, apoyado en la barandilla.
Cojo la bandeja de comida y lo sigo hasta allí.
Me siento en el sofá del balcón y empiezo a comer despacio.
¡El salmón toscano y las verduras están deliciosos!
Como tarta de lima de postre y me la acabo toda.
Madre mía, qué hambre tenía.
Nicolás no ha pronunciado ni una palabra desde que llegué.
Me mira y, cuando se da cuenta de que he terminado de comer, recoge la bandeja y se la lleva.
Vuelve un minuto después y recupera su posición.
Ningún elogio por haberme comido más de la mitad del plato principal y todo el postre.
«¿Qué pasa, tienes dos años?», se ríe Ziora.
«Cállate», le espeto.
Nicolás sigue en silencio, de espaldas a mí.
Está contemplando el precioso perfil nocturno de la ciudad.
—Estaba sentado donde estás tú ahora cuando Nico me dijo que estabas aquí —rompe el silencio; nunca me dijo cómo supo dónde encontrarme—.
Apphia, estaba tan asustado…
—Me lo imagino.
—No, no puedes.
No podrías, porque si pudieras, no habrías actuado a mis espaldas y puesto en peligro tu vida tantas veces y, sobre todo, no habrías hecho lo que hiciste anoche.
—Siento que…
—Me interrumpe—.
Te sostuve en mis brazos; estabas tan frágil, fría y malherida esa noche lluviosa que pensé que te perdería.
Y si lo hubiera hecho, ese habría sido el principio y el fin de mi vida en cuestión de minutos.
No habría seguido viviendo como un hombre cuerdo.
—Nicolás se estremece visiblemente—.
Cada vez que pones en riesgo tu vida, el miedo vuelve con más fuerza, el miedo de aquella noche horrible, la noche con la que he tenido pesadillas desde entonces, en las que no sobrevives, en las que esos hombres te atrapan y te hacen cosas atroces hasta que dejas de respirar.
Me levanto de mi asiento y lo rodeo con mis brazos por la espalda; él no se mueve ni intenta mirarme.
—Siento mucho cada vez que me he puesto en peligro o he actuado a tus espaldas.
Prometo no volver a hacerlo.
—Siempre lo sientes y haces promesas que no cumples.
Ya no creo que esas dos palabras signifiquen nada para ti.
—El tono de mi Pareja es frío, pero su voz es suave.
Me tenso, el dolor me recorre.
Nicolás suspira, se libera con cuidado de mi agarre y se va al dormitorio.
—¡No pueden sacarlos hasta dentro de otras dos semanas!
—brama mi Pareja, furioso.
Estamos en el estudio del castillo con sus padres, Lily, Drake y Blade.
Ninguno de ellos está impresionado conmigo.
Desde que salí de mi suite, no han parado de echarme la bronca; Drake directamente ni me dirige la palabra.
—En qué estabas pensando, Apphia —se enfada Lily, negando con la cabeza en señal de desaprobación.
—Pensaba que teníamos una oportunidad de eliminar la magia oscura, y la aproveché.
Todos sabíais que mis poderes podían hacerlo, pero no me lo dijisteis —acuso, mirándolos a cada uno.
—Podrían corromperte, Apphia.
No deberías haberlos cogido…
—Querrás decir robado —gruñe Nicolás, sin mirarme todavía.
Pongo los ojos en blanco e intento replicar, pero ya estoy en un gran lío con él.
Apenas me ha hablado en todo el día.
—Los magos y Savannah están trabajando juntos para crear un hechizo que saque a los espectros —dice Leondre.
—¿Cómo es que es tan difícil sacarlos si ella los consiguió tan fácilmente?
—pregunta Drake.
—Porque la magia oscura la quería, y lucharán para no abandonar su cuerpo —explica Anaiah.
Drake asiente.
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