Mi Luna Marcada - Capítulo 157
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157: CAPÍTULO 157 No lo beses 157: CAPÍTULO 157 No lo beses POV de Jamila
Me despierto temprano por la mañana, me lavo los dientes, me doy un largo y caliente baño y me pongo un vestido amarillo sin mangas que me llega a medio muslo y unas sandalias.
Salgo de mi dormitorio.
Debería preparar el desayuno.
Por si va a trabajar.
Mientras me apresuro hacia la cocina, me doy cuenta de que el castillo parece más limpio.
Todo el polvo que vi ayer ha desaparecido.
¿Ha limpiado alguien?
También huele bien, como a manzanas.
Empiezo por abrir las cortinas y las ventanas de todas partes.
Una vez hecho eso, busco la cocina.
No la encuentro fácilmente, pero al final lo consigo.
Es enorme y está ordenada, muy limpia, como si nunca se hubiera usado.
Me dirijo al frigorífico, esperando encontrarlo vacío, pero, para mi sorpresa, está abastecido.
Saco pan, huevos, beicon, tomates, champiñones y judías con tomate.
No soy muy buena en la cocina, pero puedo preparar un desayuno en condiciones.
Termino de preparar el desayuno en una hora, lo sirvo en el comedor y lo espero en el vestíbulo.
Me siento en el banco a esperar.
Espero y espero durante varios minutos, una hora.
Finalmente, oigo voces.
Primero aparece una mujer preciosa, con una mirada fría y el ceño fruncido hacia mí.
Deja claro con la mueca de desdén en su rostro que no le caigo bien.
Baja las escaleras y mi Pareja está unos pasos detrás de ella.
Su mirada está perdida, como si su cuerpo estuviera en piloto automático.
—Buenos días —saluda ella.
Yo solo asiento, observándola, y, sinceramente, me quedo sin palabras.
¿Por qué están juntos y vienen de su dormitorio?
¿Quién es esta mujer?
Mi lobo gimotea.
Mi mirada se dirige a mi Pareja, que parece impaciente por el retraso.
—He preparado el desayuno —le murmuro.
—Genial, tengo hambre —dice la mujer, de pie junto a mi Pareja.
Mira a Nicolás, una sonrisa se le dibuja en el rostro—.
¿Tienes tanta hambre como yo?
Nicolás no responde, así que ella se gira hacia él y le besa la mejilla y los labios.
—Conectando con Nick —ronronea ella.
Tardo un momento en procesar lo que acabo de ver.
—¿Pero qué demonios?
—La agarro por el hombro y la aparto de mi Pareja.
—No lo beses.
Es mi Pareja —casi gruño.
Ella se mofa y se gira hacia mí.
—Hola, soy Morgana Baxley, la… de Nick… —hace una pausa y sonríe con dulzura, mientras sus mejillas se oscurecen un poco con un sonrojo—, amiga.
—Soy Jamila, la… de Nick… —hago una pausa como ella y sonrío, con la mirada suavizada mientras miro a mi Pareja—, su Pareja, y te agradecería que no volvieras a besarlo así —digo entre dientes, pero sonriendo.
Juro que pillo a mi Pareja poniendo los ojos en blanco.
Morgana parece sorprendida.
—Bueno, a menos que él me diga que pare, no lo haré —dice ella con dulzura.
—Dile que no vuelva a tocarte así, Alfa —le digo, enfadada con él.
Puedo saborear la amargura en mi tono.
Él me mira entornando los ojos y nos deja.
Estúpido pedazo de… Agh.
Morgana sonríe con aire de suficiencia y un brillo malvado en los ojos.
—Supongo que disfruta de mis besos.
Hasta la vista, Jamila, o como sea que te llames —dice y se va detrás de él con paso tranquilo.
Aprieto los dientes para reprimir un grito.
¿Nicolás tiene a alguien en su vida?
¿No debería estar de luto por su Pareja?
¡Los Alfas masculinos son basura!
¡Basura!
Estoy furiosa, caminando de un lado a otro en mi habitación.
Cuando miré a Nicolás, vi a un hombre frío, sin emociones y con el corazón roto que no quería existir en esta vida, ¡pero resulta que tiene una mujer!
Oh, diosa, esto no es nada bueno.
Estoy temblando de rabia.
No supe qué hacer el resto del día.
El tiempo era perfecto: ni demasiado calor ni demasiado frío.
Decidí pasear por los terrenos.
Son preciosos.
Los jardines son amplios y luminosos, y las flores están floreciendo.
Ojalá alguien los cuidara.
Yo podría intentarlo.
Pasé el día en el jardín, pensando en cómo mejorarlos.
Quizá debería aprender jardinería.
Por la noche, vuelvo a entrar.
Me rugen las tripas.
Caliento la comida que sobró del desayuno y me la como.
Si Nicolás quiere una comida cuando vuelva, que se la prepare él.
Después de lo que pasó por la mañana, sigo bastante enfadada.
Es tarde por la noche y mi Pareja aún no ha regresado.
Me siento en el vestíbulo, esperando su regreso.
Pasan las horas y siento los ojos pesados.
Me arrastro a la cama, con la esperanza de verlo por la mañana.
No veo a Nicolás cuando me despierto por la mañana.
A media mañana, voy a su habitación, pero no está.
¿Se ha ido a trabajar?
¿Cómo no lo he oído?
Recojo algunas cosas por el dormitorio y le hago la cama.
Paso mi segundo día en el castillo buscando herramientas de jardinería y, cuando las encuentro, intento arreglar el jardín delantero y regar la hierba y las flores.
No es tan fácil como los jardineros de mi casa hacen que parezca.
Pero al anochecer estoy tan cansada que no consigo esperar a mi Pareja y me voy directa a la cama.
Me despiertan unos gruñidos.
Oh, no, sé lo que es.
Hay un gato en la habitación.
Cierro los ojos con fuerza, sin querer ver mi peor miedo.
Miau
—Por favor, vete —lloriqueo.
Ya siento las lágrimas en los ojos.
Miau
Abro los ojos lentamente, y un grito desgarrador se escapa de mi boca cuando mis ojos se encuentran con los dorados del enorme gato.
Está muy cerca de mi cara, solo observándome.
—¡Vete, vete!
—grito mientras salgo a toda prisa de la cama, pero caigo de bruces al suelo.
Miau
—¡AYÚDAME!
—grito.
Lucho por levantarme, y lo consigo.
La puerta se abre justo cuando corro hacia ella.
Choco contra un cuerpo cálido.
Unas chispas me recorren.
Levanto la vista.
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