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Mi Luna Marcada - Capítulo 160

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160: CAPÍTULO 160: ¡Estás marcado 160: CAPÍTULO 160: ¡Estás marcado POV Jamila
No puedo seguir aquí dentro.

Me doy la vuelta para irme, pero me encuentro cara a cara con Nicolás.

Las lágrimas que intentaba contener corren por mis mejillas cuando nuestras miradas se cruzan.

Enfurecida, lo empujo, pero es fuerte y apenas se mueve.

Lo empujo una y otra vez, golpeándole el pecho.

Él solo me mira, impasible, sin intentar detenerme.

—Quítate de mi camino, imbécil —grito, sollozando.

Finalmente, se aparta.

Oigo a Morgana decir «patética» mientras me dirijo a mi habitación.

Para cuando llego a mi habitación, las lágrimas me nublan la vista, y me lanzo sobre la cama, llorando contra una almohada.

¿Por qué está pasando esto?

Él es mío, así que ¿por qué puede ella estar con él?

Entendería que necesitara a alguien con quien no pudiera comprometerse, pero ¿por qué sigue teniéndola cerca cuando tiene una compañera?

¿Cuando estoy en la misma casa que él?

«Nunca nos aceptará», gimotea mi loba.

Las palabras de Morgana se repiten en mi cabeza: «No lo hará por muchas razones, y una de ellas es que te pareces a ella».

¿Qué quiso decir con eso?

¿A quién me parezco?

¿A la primera compañera de Nicolás?

Me incorporo, me seco las lágrimas y cojo el móvil.

Escribo «Reina Luna» y aparecen muchas fotos y artículos sobre la antigua Luna.

Reviso cada uno con atención.

Apphia Aeson, la amada compañera del Príncipe licántropo Nicolás.

Se me corta la respiración.

¡Era etérea!

Tenía unos rasgos deslumbrantes.

Tenemos la misma altura, la misma nariz y el mismo tono de piel.

Pero sus ojos, joder, eran preciosos.

Uno es plateado, como mis ojos.

¿Es eso a lo que se refería?

—Apphia Aeson —susurro.

Mi loba gimotea.

«Oye, ¿estás bien?», le pregunto, preocupada, pero ella solo sigue gimoteando y a mí me está empezando a doler la cabeza.

Paso todo el día en mi habitación, durmiendo o leyendo un libro.

Con los agudos oídos de mi loba, sé que Morgana y Nicolás siguen en la casa, así que no salgo.

No estoy lista para enfrentarme a ellos después del ataque de nervios que he tenido.

Fue jodidamente vergonzoso.

Me rugen las tripas y estoy hambrienta.

Llaman a la puerta de la habitación y el corazón me da un vuelco en el pecho.

No respondo.

—Comida —oigo su voz grave desde el otro lado de la puerta.

Espero unos minutos, con la esperanza de que se haya ido.

Me levanto y voy hacia la puerta, abriéndola despacio.

Se ha ido.

Estoy a punto de cerrarla cuando veo una bandeja con comida y agua en el suelo.

La recojo y cierro la puerta.

Pongo la comida en la mesa y levanto la tapa.

Pasta, beicon y guisantes.

Un vaso alto de agua y zumo de naranja.

¿Quién habrá preparado esto?

¿Será seguro comerlo?

¿Y si Morgana lo ha envenenado?

En su lugar, abro una botella de agua y bebo, luego dejo la bandeja donde la encontré.

Me obligo a dormirme e ignorar el hambre.

A la mañana siguiente, no salgo de la habitación.

A las 9:20, llaman a mi puerta, pero no respondo.

—Comida —dice él.

Pasados unos minutos, cuando estoy segura de que se ha ido, abro la puerta.

Encuentro una bandeja de desayuno precintada, un cartón de leche, zumo de naranja, una caja pequeña de cereales y un cuenco.

Cojo la bandeja y me como el desayuno.

Después de comer, me siento mucho mejor.

Horas más tarde, oigo la estúpida voz de Morgana: —Es como una niña.

No puedo creer que se haya encerrado en su habitación.

—Tengo una reunión con Maximus.

Dale la cena —dice Nicolás, con voz inexpresiva.

—Yo también tengo trabajo —dice ella—.

Deja que se muera de hambre, a lo mejor así sale, o manda a Shai, mencionaste que le dan miedo los gatos.

Casi gruño.

Miro el reloj.

Son más de las siete de la tarde.

Llaman a la puerta.

—¿Cómo se llamaba?

—No lo sé —responde Nicolás.

¡Ni siquiera sabe mi nombre!

—Clark —murmura él.

—Clark, deja de ser una niña —se queja Morgana, llamando a mi puerta.

La ignoro, me pongo los auriculares y escucho música.

Esa fue su rutina durante el resto de la semana.

Me traía las comidas y algo para picar a la puerta todos los días y se iba.

A veces comía, y otras no, para molestarlo.

Estaba tumbada en la cama una noche, leyendo un libro, cuando un movimiento en mi ventana me llamó la atención, seguido de unos pasos en el balcón.

Me levanté para comprobar, pero retrocedí de un respingo al verlo.

Mi compañero.

Llevaba pantalones cortos, el pelo revuelto y el torso desnudo, luciendo sus músculos, que brillaban bajo la luz de la noche.

—Abre la puerta —dice, señalando la puerta del balcón.

Niego con la cabeza.

Él pone los ojos en blanco y mueve los dedos sobre el pomo de la puerta, y esta se abre.

Entra en mi habitación como si fuera el dueño… lo es, pero aun así.

El corazón me late con fuerza ante su presencia y se me pone la piel de gallina.

Mi loba está brincando.

Camina hacia mí mientras yo retrocedo, con las miradas fijas el uno en el otro.

Mi espalda choca contra la pared y ya no puedo escapar de él.

Me quedo quieta, luchando por no hablar ni gritarle que se vaya.

—¿Por qué has estado poniendo las cosas difíciles?

—pregunta por fin—.

No te pedí que me siguieras hasta aquí y te metieras en mi vida.

No voy a aceptar el vínculo que hay entre nosotros, y lo sabías, así que no tienes derecho a hacerte la dolida cuando me ves con ella.

—Entonces, recházame y me iré —digo entre dientes.

—No puedo hacerlo —murmura.

—No esperes que lo haga yo.

No voy a pecar ante los ojos de la diosa por tu culpa —declaro.

—Como quieras —dice él.

Se pasa una mano por el pelo y está a punto de irse cuando algo en mi cuello llama su atención.

Sus ojos se abren de par en par, me agarra del brazo y me acerca a él.

Sus ojos pasan de azules a inyectarse en sangre.

—¿Qué coño es esto?

—gruñe, apretando más fuerte.

Me estremezco de dolor.

—¿Qué?

—¡Estás marcada!

—ruge.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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