Mi Luna Marcada - Capítulo 164
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164: CAPÍTULO 164 Ella lo negó 164: CAPÍTULO 164 Ella lo negó POV de Nicolás
Lo que Ciaran y Tamara dijeron durante la cena afectó a Jamila.
Me di cuenta de que intentaba contener las lágrimas y sus manos temblaban ligeramente.
La miré, pero no me devolvió la mirada.
Mis padres están regañando a Vicky a través del enlace mental, y ella parece arrepentida por ver a Jamila tan dolida.
Ojalá pudiera consolarla o decir algo, pero no hay nada que decir.
¿Qué puedo decir?
—Y tú, Lily, ¿por qué te comportas así con Jamila?
—pregunta Mamá.
En efecto, a mi hermana no le gusta Jamila, y no lo oculta.
—Oye, ¿yo qué he hecho?
—pregunta ella.
—Para empezar, no dejas de fulminarla con la mirada y la has ignorado cuando os saludó al llegar —enumera Knox.
—No veo que tú le estés dando una gran bienvenida a la familia, hermanito —replica Lily.
—Estamos hablando de que has sido una cabrona con ella, no de mí —dice Knox a la defensiva.
—Tiene una lengua afilada y nos llamó una familia rara.
—Supéralo, Lily, y deja de actuar como una matona de instituto —la regaña Mamá.
—Knox, León, ¿habéis intentado al menos hablar con ella?
—pregunta Papá, mirando alternativamente a mis hermanos.
—No, me parece raro…, a todos nos lo parece, que ahora sea la compañera de Nicolás y nuestra Reina Luna, y ya no…
—hace una pausa, su mirada me encuentra y las palabras se apagan.
No Apphia, termino para mis adentros.
Todos mis hermanos habían forjado una relación especial con Apphia.
Por lo tanto, será difícil crear una nueva con la chica Clark; dudo que yo quiera que lo hagan.
Después de la cena, la fiesta es agradable y todo el mundo socializa.
Mi compañera está hablando con Maximus otra vez.
Ese cabrón.
Le encanta sacarme de quicio.
Los observo hablar durante un buen rato mientras la imagen de sus labios chocando contra los míos se repite en mi cabeza.
Sus labios son suaves y rosados.
Unas cuantas Lunas y Alfas se les acercan, y Jamila se muestra cortés, asintiendo y escuchando con atención.
—Es encantadora, Nicolás.
¿A que sí?
—oigo la voz de Blade a mi lado.
No lo miro, sino que sigo observando a Jamila.
Veo que Ciaran y Tamara se acercan al pequeño grupo.
—Blade, escolta a esas dos mujeres afuera.
Mi beta suspira y se acerca a ellas.
Mi padre me llamó a su estudio para hablar de lo que se había dicho con la familia Clark esta semana.
Como yo había estado evitando su solicitud de reunión, decidieron hablar con mis padres.
—Están en contra de este emparejamiento y no se ofenderían si devolvieras a su hija —dice Mamá, frunciendo el ceño.
—Ella no quiere volver.
Cuando la conocí por primera vez, estaba escalando el muro para escapar de su finca —les informo, bebiendo un sorbo de mi whisky.
—Por alguna razón, la quieren cerca.
Por lo que dijeron, se escapó para venir aquí —dice Papá.
Me pregunto por qué la familia Clark protege tanto a su hija.
Es diferente a como tratan a sus otros hijos.
¿La tratan así por ser la más joven?
—¿Estáis haciendo algún progreso?
—pregunta Mamá.
—No hay ningún progreso que hacer —respondo.
—Sé que todavía te duele lo que pasó hace cuatro años, pero es injusto…
—Mamá, por favor —gruño.
Joder, esto otra vez no.
Ya me siento bastante culpable por desearla, por querer proteger sus sentimientos y por estar celoso cuando Maximus habló con ella.
No puedo soportar que me diga que estoy siendo injusto con ella, que no intento abrir mi corazón.
En el fondo, sé que es injusto que no acepte el vínculo, pero hice un juramento.
No puedo amar a otra.
Apphia fue mi único y verdadero amor, y así será hasta que nos volvamos a encontrar.
—La deseas, Nick —dice mi hermana, entrando en el estudio con una sonrisa cansada en los labios.
Se sienta a mi lado, me quita el vaso de las manos y se bebe el whisky de un trago.
—Sal de mi puta cabeza, Lily.
—¿La deseas?
—pregunta Mamá con entusiasmo.
—Está confundido con respecto a ella.
Es natural que tú y tu licántropo os sintáis atraídos por ella, Nick.
Es tu compañera, después de todo.
—Está marcada —digo de repente.
Todos palidecen, con los ojos como platos.
—¿C-cómo?
—tartamudea Lily.
Me encojo de hombros.
—No lo sé.
¿Viste algo sobre un hombre cuando leíste su mente?
—pregunto.
Pensar en esa marca hace que mi mal genio vuelva a aflorar.
—No, y, sinceramente, había una línea blanca y no pude profundizar; me pareció muy raro —explica ella, profundamente preocupada.
—¿Puedes leer su mente ahora?
—pregunta Papá tras un momento de silencio.
—No, no puedo.
Lo intenté hace unos minutos en el salón de baile —responde ella.
—Eso es raro, desde luego —murmura Papá.
—¿Crees que ha tenido un compañero antes?
—Ella lo negó.
—Pero no tenía ninguna marca en el cuello cuando llegó.
Recuerdo vívidamente mirarle el cuello y querer rajarle la garganta después de ese comentario raro que hizo sobre nosotros.
Pero entonces, ¿de dónde ha salido?
¿Y por qué Lily no puede leer su mente?
¿Por qué su familia quiere encerrarla en su finca si ella la odia?
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