Mi Luna Marcada - Capítulo 167
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167: CAPÍTULO 167: ¿Está él celoso?
167: CAPÍTULO 167: ¿Está él celoso?
POV de Nicolás
Después del desayuno, nos dirigimos al Castillo Negro.
El viaje transcurre en silencio.
Jamila ni siquiera me mira.
Mi mente me transporta a la noche anterior, al intenso beso que compartimos.
Me perdí por un segundo.
Mi necesidad de reclamarla me abrumó, al igual que su sabor.
Se sintió bien y, por un momento, por unos instantes, el dolor de perder a mi Apphia desapareció.
¿Qué me está haciendo Jamila Clark?
¿Estoy empezando a sentir algo por ella?
Mierda, no puedo dejar que el nuevo vínculo de pareja me afecte.
Cuando llegamos al castillo negro, hay gente trabajando en el jardín.
Jamila sale del coche antes de que se detenga por completo y corre hacia el jardín.
—¡Julio!
—sonríe, casi corriendo hacia el hombre.
El hombre al que llamó Julio le sonríe radiante, y yo los observo hablar animadamente.
¿Quién coño es esta gente?
Él coge unas cuantas rosas rosas y blancas y se las da.
Ella las toma con una enorme sonrisa que no le había visto antes y se las lleva a la nariz.
Salgo del coche y me acerco a ellos.
—¿Quiénes son ustedes?
—gruño.
De repente, siento calor y estoy molesto.
El hombre extiende la mano para estrechar la mía, pero no se la acepto, y la retira.
—Buenos días, Alfa.
La Señorita Jamila nos contrató para cuidar de los jardines —dice, mirando brevemente a mi pareja.
—Entremos —le digo a la mujer a mi lado.
—No —responde, sin dedicarme una mirada.
—Necesito hablar de algo contigo —miento.
Ella inclina la cabeza hacia mí, con los labios apretados y los ojos entrecerrados.
—¿Sobre qué?
Empiezo a caminar hacia adentro, y Jamila me sigue.
—¿De qué querías hablar conmigo?
—De nada.
No dormiste anoche.
Ve a tu habitación y descansa —le digo mientras subimos las escaleras.
—No estoy cansada.
Julio me está enseñando jardinería, con permiso.
—Intenta darse la vuelta, pero la agarro del brazo.
Me mira, desafiante y enfadada.
—Suéltame ahora mismo, Alfa —gruñe.
Su loba está cerca.
Puedo sentirla…
demasiado cerca.
Es poderosa, está enfadada y me resulta familiar.
Le suelto el brazo lentamente.
—Tienes una loba, no una licántropa —murmuro.
¿Cómo no me di cuenta?
—No me digas.
—Pero eres la hija del General Julius Clark.
—Soy consciente de ello.
¿Qué intentas decir, Alfa Nicolás?
—Todos en el linaje Clark tienen un licántropo guerrero.
¿Por qué tú tienes una loba?
—Observo cómo su ira y su desafío se transforman en confusión.
POV de Jamila
Una vez les pregunté a mis padres por qué yo tenía una loba y no una licántropa como todos ellos, pero le restaron importancia y dijeron que a veces pasa.
La abuela de mi madre tuvo una loba, así que puede que sea por eso.
—La abuela de mi Mamá tuvo una loba —le digo.
Nicolás y yo estamos muy juntos, con su cabeza ligeramente inclinada, pensativo.
—Eso es imposible.
La Familia Clark tiene una obsesión con mantener su linaje de «puros licántropos».
Dudo que rompieran esa regla —murmura.
Me burlo y me doy la vuelta para irme, no quiero que me confunda, pero me agarra del brazo otra vez y tira de mí para que vuelva.
—¡Alfa!
—le advierto.
—Tu loba, ¿cómo se llama?
—pregunta.
Entrecierro los ojos.
No lo sé.
Nunca me lo ha dicho porque muchas cosas cambiaron después del accidente.
—No lo sé.
No me lo dijo —me encojo de hombros.
Sorprendentemente, me cogió de la mano y me llevó escaleras arriba.
No sé si se da cuenta de que vamos de la mano mientras caminamos, pero se siente bien.
Abre una puerta de un empujón y entramos en un despacho.
Me suelta la mano y yo gimo por la pérdida de contacto.
Nicolás me hace un gesto para que me siente en la silla de invitados, y él ocupa su lugar, con una mesa de caoba separándonos.
—¿Cuál es tu relación con tu loba?
—pregunta.
—Es mi loba —respondo.
Él pone sus preciosos ojos en blanco y suspira.
—Quiero decir, ¿son cercanas?
¿Hablan?
—reformula.
¿Por qué de repente está tan interesado en este tema?
—No somos cercanas y no hablamos.
Solo empezó a hablarme después de que te encontramos.
—¿Te has transformado antes?
—¿Por qué me haces estas preguntas?
—Limítate a responderme, joder —gruñe, claramente molesto.
Me levanto, dispuesta a irme.
No voy a permitir que me hablen así.
Empiezo a salir, pero me llama por mi nombre.
—Jamila.
Me quedo helada.
Es la primera vez que Nicolás me llama por mi nombre.
Me giro lentamente hacia él y lo miro.
Abre la boca, pero la cierra.
Inspira y espira.
—Quiero entenderte —dice en voz baja—.
Por favor, siéntate.
Resoplo y vuelvo a sentarme, cruzando los brazos sobre el pecho.
—¿Te has transformado antes?
—No —respondo.
Nicolás alza sus cejas perfectas.
—Quiero decir, creo que sí; es que no me acuerdo.
—¿Cómo que no te acuerdas?
—Porque tuve un accidente hace unos años y me dejó la memoria distorsionada —respondo.
Él asiente lentamente.
Nicolás se queda en silencio, como si estuviera sumido en sus pensamientos.
—Te transformarás esta noche —dice finalmente.
—No, gracias —le digo.
—¿Por qué?
—Porque he oído que duele de cojones.
—Ese lenguaje —masculla.
—Tú literalmente has dicho «joder» hace un momento.
—¿Por qué no quieres transformarte, Jamila?
—cambia de tema.
—Lo intenté y no funcionó.
Solo dolía…
mucho.
—Explícate.
Le explico cómo intenté transformarme con la ayuda de mis hermanos después de curarme, pero no pude.
Al final, Mamá y Papá me prohibieron intentarlo.
Nicolás cree que tiene que ver con mi accidente y está decidido a ayudarme a pesar de mi negativa.
—La próxima luna llena, te ayudaré a transformarte, y quizá puedas recuperar la memoria y por fin decirme cómo te marcaron y, sobre todo, llevarme ante ese cabrón —dice con rotundidad.
Le sonrío con suficiencia.
¿Es porque otro hombre me marcó a mí?
¿Está celoso?
—¿Qué?
—espeta.
—¿No te gusta que esté marcada, Alfa?
—Me gustaría devolverte a la persona que te marcó —responde.
Mi sonrisa y mi confianza se desvanecen al instante, y siento un dolor en el pecho.
Él se levanta y camina hacia la ventana.
Abre las cortinas.
—Despídelos.
No los quiero cerca de mi propiedad —ordena y sale de la habitación.
Maldito cabrón, murmuro.
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