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Mi Luna Marcada - Capítulo 170

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170: CAPÍTULO 170 ¿La rompí?

170: CAPÍTULO 170 ¿La rompí?

POV de Jamila
Mis ojos brillan y mi loba toma el control, gruñéndole a la mujer.

Ella da un paso atrás, con aspecto genuinamente atónito.

Nicolás se interpone entre nosotras antes de que pueda alcanzarla, y mi loba se retira al fondo de mi mente.

—Ve a tu habitación —ordena él.

—¡Te odio y ojalá no fueras mi pareja!

—grito y bajo corriendo las escaleras.

—Es una niñata malcriada.

La desprecio —oigo decir a Morgana.

Las lágrimas no tardan en correr por mi cara.

Abro la puerta y corro por el camino de entrada hacia la verja.

Oigo unos pasos rápidos detrás de mí.

—¿¡A dónde coño vas!?

¡Está oscuro!

—grita Nicolás.

—¡Me voy a casa!

¡Ya no quiero estar contigo!

—Sigo corriendo, pero no llego a la verja antes de que me agarre por los hombros y me gire hacia él.

—Bien.

No quiero seguir lidiando contigo.

Puedes irte mañana —gruñe.

Siento que la ira borbotea en mi interior y le doy una bofetada.

Morgana jadea detrás de él.

—¿Mocosa, cómo te atreves a abofetearlo así?

—gruñe ella.

Morgana se abalanza sobre mí con las garras fuera, pero Nicolás se gira y la agarra del cuello rápidamente, lanzándola al suelo con fuerza.

—Que no se te ocurra volver a atacarla, Morgana —advierte, hirviendo de ira.

Morgana gimotea en el suelo.

Estoy conmocionada.

Nicolás se vuelve hacia mí y dice con suavidad:
—Entra, por favor.

Obedezco y voy a mi habitación, arrojándome sobre la cama.

Esa noche, sueño que unos hombres me persiguen bajo la lluvia, gritándome obscenidades mientras intento escapar.

Me despierto bruscamente con una voz tranquilizadora que me dice: «Te tengo».

El sueño es extraño, y estoy cubierta de sudor, sin aliento, y deseando que mi pareja pudiera abrazarme.

Sin embargo, cuando voy a su dormitorio, él no está.

En su lugar, veo a Morgana tumbada en la cama tranquilamente, como si fuera la dueña.

Llevo tres días sin salir de mi habitación y me he perdido el entrenamiento.

Además, me muero de hambre.

Ni Nicolás ni la señora Wilson han venido a ver cómo estoy, pero entonces he recordado que esta última solo viene dos veces por semana.

Cierro los ojos, todavía tumbada en la cama, cuando oigo un tintineo de platos y maldiciones en el piso de abajo.

Me pongo las zapatillas de casa y me dirijo a la cocina.

Se me corta la respiración cuando veo a Nicolás desenvolviéndose por la cocina.

Me lanza una mirada; no hay hostilidad en sus ojos.

—¿Hambre?

—pregunta.

Entrecierro los ojos, perpleja por su comportamiento.

Asiento y me siento en el taburete de la barra.

Nicolás me sirve un filete, puré de patatas y verduras, me vierte una copa de vino y me insta a comer.

Se sienta a mi lado y le hinca el diente al filete.

Comemos en silencio.

La comida está un poco salada, pero no me quejo; estoy feliz de que me haya preparado la cena.

Cuando termino de comer, pongo el plato en el lavavajillas.

—Gracias por la comida —le digo, y él asiente.

Vuelvo a subir y me encierro en la habitación.

A la mañana siguiente, llaman a mi puerta y me levanto a abrir.

Es Nicolás, de pie, sin camisa y sexy de cojones.

Parece que viene de correr.

Lo estoy mirando descaradamente cuando habla.

—Entrenamiento en diez minutos.

Te veo en el gimnasio —dice y se va antes de que pueda responder.

Me pongo un sujetador deportivo y unos pantalones cortos a juego y voy al gimnasio.

Mi pareja me espera en el ring.

—Llegas tarde —comenta.

—Lo siento —murmuro.

Antes de empezar, me mira de arriba abajo como si me estuviera grabando en la memoria.

Se pasa una mano por el pelo y exhala.

Explica las técnicas que vamos a practicar hoy y empezamos.

Mientras luchamos, me doy cuenta de que mis puñetazos ya no son tan débiles como antes.

Ahora soy más rápida y ágil.

Lanza un puñetazo, pero lo esquivo y le doy un golpe en el estómago.

—Impresionante —dice, sonriéndome con dulzura.

Continuamos el combate cuerpo a cuerpo, y nuestros movimientos son más rápidos.

Nicolás me elogia cuando lo hago bien o lo sorprendo, pero no me sale sonreír con suficiencia ni con orgullo como de costumbre.

Cuando lo miro, las palabras de Morgana resuenan en mi cabeza.

«Ya te lo dije antes: Nicolás nunca te elegirá.

Métetelo en esa estúpida cabeza».

«Bien.

No quiero seguir lidiando contigo.

Puedes irte mañana».

Después de nuestra sesión, me ducho y voy a la cocina, donde lo encuentro preparando el desayuno.

Me sirve tres tostadas y cuatro tiras de beicon.

Me doy cuenta de que él no está comiendo; solo bebe zumo de naranja.

Paseo la mirada por la cocina y veo un montón de comida quemada en la basura.

—No soy buen cocinero —admite.

Cojo un plato y comparto parte de mi comida con él.

—Últimamente estás muy callada.

¿Va todo bien?

—pregunta, comiéndose una tira de beicon.

—Sí —bebo mi zumo de un trago y sigo comiendo, deseando terminar para poder volver arriba.

—Morgana no debería haberte atacado de esa manera.

Lo siento —dice en voz baja.

—Sí —digo.

—Mañana vamos a cenar a casa de mis padres.

Tus padres también estarán allí —me dice.

Mis ojos se abren como platos.

¿Les ha pedido que vengan a recogerme?

—No, no, no es lo que estás pensando.

Mis padres pensaron que sería bueno que las dos familias se conocieran —explica.

POV de Nicolás
Jamila ha estado en silencio.

Ni una sonrisa, ni una mueca de suficiencia, ni bromas ni peleas conmigo.

Es extraño.

No pensé que odiaría tanto que me aplicara la ley del hielo.

Quiero que hable como antes.

Me gusta su naturaleza terca e infantil.

Después de que Morgana casi la atacara, le dije que hiciera las maletas y se largara del castillo y de mi vida para siempre.

Le había advertido muchas veces que no le hablara a Jamila como lo hacía, y cuando se abalanzó sobre ella, lista para atacar, perdí el control, y Nico también.

—Mañana vamos a cenar a casa de mis padres.

Tus padres también estarán allí —le digo.

Sus ojos se abren como platos, probablemente pensando que la estoy echando.

Siento una inquietud desgarradora en el pecho al pensar que cree que la voy a mandar de vuelta.

No quiero que se sienta así.

—No, no, no es lo que estás pensando.

Mis padres pensaron que sería bueno que las dos familias se conocieran —explico.

Ella asiente lentamente, pero sus ojos siguen tristes.

Además, hemos invitado a los Clark porque quiero saber más sobre ella y lo que pasó después de su accidente.

Tengo la sensación de que le ocultaron algo.

Recuerdo cómo apareció su loba ante Morgana, llena de poder alfa.

La veo salir de la cocina y subir a su dormitorio.

Joder, ¿la he destrozado?

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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