Mi Luna Marcada - Capítulo 4
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
4: CAPÍTULO 4 Pareja rechazada 4: CAPÍTULO 4 Pareja rechazada POV de Apphia
«¿Eres mi loba?».
«Sí.
Me llamo Ziora, pero puedes llamarme…».
Hace una pausa para crear un efecto dramático.
O quizá para inventarse un apodo: «Zio».
Así que, después de todo, sí tengo una loba.
Los hombres lobo sienten a su contraparte interior desde los diez años, pero ha sido parte de nosotros desde que nacimos.
Nos transformamos a los dieciséis años, pero en mi caso no fue así.
«Hola, Zio.
¿Tomaste el control y golpeaste a Aya?».
«Sí.
Estaba siendo mala contigo y me enfadé.
Me sentó bien hacerlo» —suelta una risita.
«¿Por qué no apareciste en mi decimosexto cumpleaños?» —pregunto.
«Simplemente no pude.
Lo intenté».
Ziora está triste.
Es una sensación extraña tener una loba dentro de ti.
Puedo sentir todo lo que ella siente.
«Apphia, ¿por qué dejas que te maltraten cuando tienes sangre de Alfa?».
«Cómo no van a hacerlo si mi padre y mi hermano consienten el abuso».
«Eso es una mierda, pero ya estoy aquí.
Superaremos esto juntas y nos iremos de esta manada» —dice mi loba con confianza.
«Me gusta cómo suena eso».
Sienta bien saber que tengo a alguien que nunca me abandonará: mi mejor amiga y compañera.
Estoy tan concentrada en mi loba que no veo por dónde voy.
Choco contra un muro, pero unas manos firmes me sujetan antes de que caiga al suelo.
Siento un hormigueo recorrer mi cuerpo.
Levanto la vista y me encuentro cara a cara con Gavin Jr.
Me quedo sin aliento cuando su singular aroma cítrico me golpea, y mi loba susurra una sola palabra.
«Pareja».
Mi corazón empieza a acelerarse y siento mariposas en el estómago.
Siento el cuerpo cálido y una sensación agradable.
¿Es Gavin Jr mi pareja?
¡Oh, diosa, gracias!
Me gusta Gavin, y es el segundo al mando de Duncan.
Cuando estemos unidos, todos me tratarán mejor.
Sonrío con alegría por primera vez en diez años, pero la sonrisa se desvanece cuando me doy cuenta de que me está fulminando con la mirada.
Siento que me quedo sin aire en los pulmones cuando caigo en la cuenta: me odia.
La emoción que sentía se convirtió en pavor.
—E-eres mi pareja —mi voz suena irreconocible para mis propios oídos.
Siento que se me forma un nudo en la garganta.
—¡Cállate!
No soy tu pareja —ordena.
Mis ojos se abren de par en par por la sorpresa y un gemido se escapa de mi boca ante su dureza.
Gavin me agarra del codo; de nuevo, unas chispas brotan por mi brazo.
Mi corazón se desboca mientras me arrastra discretamente lejos de la casa de la manada hacia el bosque, donde nadie puede vernos ni oírnos.
—No —gimoteo, sabiendo lo que está a punto de hacer.
El miedo se instala en mi estómago ante la idea de no ser deseada por mi alma gemela.
Aunque las parejas son un regalo de la diosa Luna, aun así pueden rechazarse y romper el vínculo.
No hay duda de que Gavin me ha traído aquí para rechazarme.
Siento un dolor ardiente en el pecho y las lágrimas inundan mis ojos.
—Me has arrastrado hasta aquí para rechazarme —digo, con voz queda.
—Por supuesto.
¡¿Qué otra opción tengo?!
—gruñe, pasándose una mano por el pelo castaño oscuro—.
Tú eres la razón por la que Luna, tu madre, está muerta.
Por tu egoísmo.
Esas palabras salidas de sus labios me hieren más profundamente de lo que jamás lo haría una daga.
—Yo no la maté —son las únicas palabras que consiguen salir de mis labios temblorosos.
—Pero eres la razón por la que está muerta, ¿verdad?
No puedo sostenerle la mirada por más tiempo y bajo la vista hacia mis zapatos, avergonzada.
Soy la razón por la que mi madre está muerta.
Ella intentaba protegerme de la oscuridad.
—No puedo estar contigo.
Soy el futuro beta de esta manada, y si te aceptara, cosa que no podría hacer ni en la otra vida, perdería mi estatus.
Y además, no eres mi tipo —despotrica Gavin ahora, intentando convencerse a sí mismo de rechazarme, pero no pronuncia las palabras.
El corazón de Ziora y el mío se hacen añicos.
No quiero llorar más; no quiero que me vea llorar, pero mis ojos me traicionan.
Dejo escapar un sollozo.
Todos los que se suponía que debían quererme me odiaban.
No me quieren.
¿Quién me querrá ahora?
—No puedo aceptarte como mi pareja…
—Te rechazo —le corto, mirándolo fijamente a los ojos.
Gavin se queda helado y me mira, perplejo.
Con valentía, pongo una mano sobre mi pecho.
—Yo, Apphia Aeson, te rechazo a ti, Beta Gavin Jr Marino, como mi pareja —digo, con voz firme.
Estoy orgullosa de mí misma por no derrumbarme en su presencia mientras pronunciaba las palabras.
A Gavin le pilla por sorpresa mi brusco rechazo.
Se agarra el pecho mientras el dolor le abrasa el cuerpo.
Gavin empieza a jadear como si le costara respirar.
—Tengo que servir la cena.
Acepta mi rechazo ahora —ordeno con frialdad, apartando la vista de él a causa de mi propio dolor.
Gavin es incapaz de pronunciar palabra.
Ahora sus labios tiemblan y su oscura mirada se ha suavizado.
—Yo, Beta Gavin Jr Marino, acepto tu rechazo, Apphia Aeson —dice, con las palabras ahogadas como si le quemaran.
El dolor que cruza su rostro hace que quiera suplicarle que me dé una oportunidad, pero no lo hago.
Necesitaba ser fuerte y superar esto.
Me duele el pecho y el dolor se extiende por todo mi ser.
Es como si un fuego indomable me recorriera la piel.
Intento mantenerme valiente a pesar del dolor, pero las lágrimas caen de mis ojos.
Duele como el infierno.
El dolor tarda unos buenos cinco minutos en disiparse, pero aun así, queda una sensación dolorosa y constante en mi pecho.
Gavin se queda conmigo durante todo el proceso; su mano casi se extiende para tocarme, pero la contiene.
Exhalo y me giro hacia la casa de la manada antes de romper a llorar.
«Zio, ¿estás bien?» —le pregunto a mi loba.
Ella gimotea y se queja de dolor.
Ziora no esperaba el rechazo.
Puedo sentir su inmenso dolor a través de nuestro vínculo.
«Se suponía que por fin ibas a ser feliz, Apphia.
Pero me equivoqué» —se lamenta.
«¿Qué quieres decir?».
«No se suponía que nos rechazara.
Vi un destello de nuestro futuro» —murmura.
Antes de que pueda preguntar cómo, desaparece.
Ya no puedo sentirla.
«¡Ziora, Ziora, vuelve!
¡Por favor!» —grito.
Todo está oscuro, como antes de que ella apareciera.
No me gustaba la vida antes de ella.
Estoy desesperada, gritando para que regrese, pero no me responde.
Caigo de rodillas al suelo, suplicándole a mi loba que vuelva.
—¿Qué coño te ha pasado?
—oigo un gruñido letal.
Me pongo en pie y doy unos pasos tambaleantes hacia Duncan, todavía llorando.
La ira de Duncan se desvanece y sus ojos se suavizan cuando me mira mejor a la luz.
—Apphia, ¿qué coño te ha pasado?
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com