Mi Luna Marcada - Capítulo 47
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47: CAPÍTULO 47 ¿La Familia Real?
47: CAPÍTULO 47 ¿La Familia Real?
POV de Apphia
Cuando abro los ojos, me siento descansada y renovada.
Drake me dice que me desmayé después de apoyar la frente contra la gata.
Recuerdo vagamente una luz brillante que rodeó la habitación antes de perder el conocimiento.
Fue muy extraño.
Miro a la felina, acurrucada al final de la cama en una pose elegante.
Ahora duerme plácidamente.
Drake me acompaña a mi habitación y yo llevo a la gata.
Parece cómoda y ha dejado de temblar.
Me siento en una gran alfombra blanca y mullida en el dormitorio, acariciando a la gata.
—¿Crees que me dejarán quedármela?
—pregunto.
No veo ninguna mascota por el castillo.
—¿Quiénes son?
—pregunta Drake.
—No lo sé.
¿La familia real?
—digo, insegura.
—Estoy seguro de que no les importará.
Y además, dudo que tenga casa —dice, encogiéndose de hombros.
—¿Qué nombre debería ponerle?
—pregunto.
—¿Cicatriz?
—Ese nombre no —digo con el ceño fruncido.
—Bueno, en El Rey León, está ese león con una cicatriz, y su nombre es Cicatriz, así que pensé que era ideal —explica.
—No, una cicatriz no debería definirla.
Empiezo a probar algunos nombres, pero ninguno le pega.
Exhalo.
—Le preguntaré a Nicolás si tiene alguna opción.
Por cierto, ¿dónde está Nicolás?
No lo he visto en días —digo, frunciendo el ceño.
Es como si se esforzara por no verme últimamente.
Entiendo que es el Alfa y que está ocupado con el trabajo, pero podría sacar algo de tiempo, sobre todo porque dice que me desea.
—Está trabajando.
¿Lo echas de menos?
—Drake tiene una sonrisita burlona en los labios.
—Sí, un poco —admito, con las mejillas sonrosadas.
—¿Quieres hablar con él por mi teléfono?
—pregunta.
Lo considero, mordiéndome el labio inferior mientras pienso.
No quiero molestarlo.
Sin embargo, Drake ya ha sacado su teléfono y marca el número del Príncipe Alfa.
—¿Debería?
—pregunto mientras le quito el teléfono de la mano y me lo pongo en la oreja.
Suena dos veces y luego responden.
—Drake, ¿qué pasa?
¿Está ella bien?
—Oír la voz de Nicolás al otro lado de la línea hace que mi corazón se acelere.
Tengo el estómago lleno de mariposas.
No sé qué decirle.
Miro a Drake en busca de ayuda, pero él me mira, divertido.
Tengo que decir algo, pero ¿qué?
Permanezco en silencio, buscando las palabras adecuadas.
—Apphia —su voz ha cambiado a un tono cálido.
—Hola, Nicolás —susurro, sin reconocer mi propia voz.
Respira, Apphia.
Respira.
Es solo un chico.
No es solo un chico; es Nicolás, el hombre más guapo del mundo, ronronea mi subconsciente.
—Hola… Es un placer oír tu voz, Apphia.
¿Cómo te sientes?
—Estoy bien.
Ejem… he adoptado una gata —le digo con vacilación.
—Qué bien.
¿Cómo se llama?
—pregunta.
—Yo… todavía no lo sé, ¿alguna idea?
—No se me ocurre nada por el momento, pero podemos pensar en algo cuando llegue a casa esta noche —dice, y una pequeña sonrisa se dibuja en mis labios.
—Tengo ganas de verte —confieso.
Siento un nudo en el estómago.
Puedo imaginar su sonrisa secreta en sus labios.
—Yo también, Apphia.
Yo también.
Nos quedamos más tiempo al teléfono, escuchando en silencio los latidos del corazón del otro.
—Bueno, la gente me está mirando mal.
Debería reanudar la reunión —dice.
Siento que me arden las mejillas de vergüenza.
¿Está en una reunión?
¡¿Por qué no lo dijo antes?!
—¡Nicolás!
—lo oigo reírse después de exclamar su nombre.
Cuelgo rápidamente, sintiéndome sensiblera.
Me tiemblan las piernas y me derrumbo en el suelo, sonriendo de oreja a oreja.
Lo he llamado y hemos hablado.
¿En qué estaba pensando?
¡Qué atrevida!
—¿Estás contenta ahora que has hablado con el chico que te gusta?
El rostro de Drake se cierne sobre mí y yo asiento.
—Mucho —hago una pausa, y de pronto me doy cuenta.
Me gusta; me gusta Nicholas Lavista—.
Me gusta.
Me gusta mucho Nicolás.
—Lo sé, Luna —sonríe Drake.
Drake pide comida para gatos, cuencos y todo lo que la gata necesita.
Una hora más tarde, una sirvienta entra en la habitación con las cosas.
Se las quito y le doy las gracias.
—¿Vemos una película?
—pregunta Drake.
Asiento.
Necesito hacer algo para que el tiempo pase más rápido.
Drake elige una película de acción.
No me importa, pero la veo.
Mis ojos no dejan de mirar el reloj de mi muñeca.
En cualquier momento, cuando Nicolás salga del trabajo, vendrá a verme.
Me siento ansiosa y tengo el estómago revuelto.
Es una sensación tan terrible como emocionante.
Llaman a la puerta y me levanto de un salto, caminando de un lado a otro e inquieta.
Drake se ríe de mi ansiedad.
—¿Es él?
—No puedo respirar.
De repente, siento una decepción en el fondo de mi mente, sabiendo que no es él.
—Tranquila, señorita.
Es nuestra comida.
Suspiro y vuelvo a sentarme en el sofá, decepcionada.
Entran dos sirvientes con dos grandes bandejas de cena.
Frunzo el ceño, sin humor para comer.
Sin embargo, Lily se ha empeñado en ayudarme a ganar algo de peso y se ha encargado personalmente de prepararme una dieta.
—Sí, me encanta todo lo que hay aquí —dice Drake, babeando mientras mira la comida.
Después de cenar, Drake se va para dejarme descansar.
Sin embargo, me siento decepcionada con cada minuto que pasa.
Son las diez cuando finalmente me voy a la cama, enfurruñada porque Nicolás no ha venido.
La gata duerme sobre mis pies.
Siento cómo las lágrimas se deslizan de mis ojos a la almohada mientras los cierro para dormir.
La gata se acurruca contra mí.
—Buenas noches… Shai —digo.
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