Mi Luna Marcada - Capítulo 61
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61: CAPÍTULO 61 No quiero una puta 61: CAPÍTULO 61 No quiero una puta POV de Brooklyn
Los observaba interactuar en el jardín.
Mi príncipe Nicolás está embelesado por esa zorrita.
¿Qué le ha hecho?
Mi mejor amiga, Mavie, está de pie a mi lado.
—Hacen buena pareja y la nueva Luna tiene una belleza intangible.
Todo el mundo lo dice —comenta, ajena a mi enfado.
Siempre es así.
Le lanzo una mirada furiosa, haciendo que frunza el ceño.
—¿Qué?
—Mavie, ¿no ves que estoy que echo humo?
¡Nicolás presentó a esa mujer como su Luna delante de todo el mundo, no a mí!
Mavie suelta una risita.
—Claro, es su pareja predestinada.
Es tan inútil.
Pongo los ojos en blanco.
La habría abofeteado en su bonita cara si no fuera mi mejor amiga.
—Pero lo quiero a él.
Quiero ser su Luna.
Esa chica no se lo merece —siseo, fulminando con la mirada a la pareja que se abraza.
—Brook, ustedes dos ni siquiera iban en serio.
Salieron y tontearon, pero eso fue hace tres años.
—Pero te dije que estaba ideando un plan para recuperarlo, ¿no?
—No dejaré que nadie se lo quede, especialmente una chica tan insignificante como ella.
No, no se merece al Alfa Nicholas.
Soy un miembro de alto rango de la manada por el estatus de mi padre, mientras que Apphia, o como se llame, no es nada.
Hay rumores de que es una renegada y que él la encontró malherida, casi muerta, en la frontera.
Mavie suspira y también mira a la pareja.
—Ya no creo que ese plan vaya a funcionar —dice, encogiéndose de hombros y sonriendo como una idiota.
No, tengo que idear un plan.
Tengo que recuperar a Nicolás.
Esa mujer tiene que irse de esta manada cuanto antes.
No se lo quedará.
Es mío.
Volvemos a la fiesta.
Estoy muy amargada y bebiendo champán.
Necesito idear un plan sobre cómo voy a recuperar a Nicolás.
Pero ¿cómo puedo hacerlo si no sé nada de mi oponente?
Sin embargo, mi sonrisa regresa cuando veo al Príncipe Lionel.
El chico está obsesionado conmigo y puedo sacarle información.
—¿Qué piensas hacer?
—pregunta Mavie.
—Recuperar a mi hombre —sonrío y me acerco al chico.
Él me mira con el ceño fruncido.
—Buenas noches, mi Príncipe —lo saludo con dulzura.
—¿Por qué me sonríes?
Es raro.
¿No deberías estar enfadada por haberte engañado?
—pregunta, frunciendo las cejas con escepticismo.
—Bueno, exageré el otro día en el rancho, pero ya estamos bien y podemos ser amigos.
—Tengo quince años.
¿No crees que es raro que seamos amigos?
—Miro al chico.
Es alto para tener catorce años y es guapo.
—¿Y tú crees que fue apropiado escribir y abrir fotos de desnudos de una mujer de veintidós años?
—espeto, tomándolo por sorpresa.
—Oye, yo no te pedí eso.
Tú las enviaste, y que sepas que todas las conversaciones y fotos fueron borradas.
Además, ya no me gustas —me dice.
Me siento mal por eso.
—Solo quiero que empecemos de nuevo como amigos.
Podría ser ventajoso para ti tener una amiga adulta.
Me mira de arriba abajo y una sonrisa socarrona se dibuja en sus labios.
—¿En qué me beneficia que seas mi amiga?
Lo miro a los ojos y le acaricio la barbilla.
Él traga saliva visiblemente y sus ojos se oscurecen por un momento.
—Necesitas aceptar mi propuesta de amistad antes de que pueda demostrarte sus beneficios.
—Mmm, puede que me lo piense —dice y se aleja.
«Está bueno», dice mi loba.
Pequeña loba cachonda.
Pero tiene razón, el principito está bueno.
POV de Duncan
«¡Hermano, eres mi persona favorita en todo el mundo!».
Un recuerdo de Apphia a los cinco años aparece en mi mente.
Me acunaba la cabeza, sonriendo.
Mi madre, que estaba sentada frente a nosotros, nos observaba interactuar con una sonrisa y adoración en los ojos.
Lo sentí, y fue como si me arrancaran el corazón del pecho.
El vínculo de mi hermana, de mi única hermana, había sido cortado de la manada Luna de Marfil, y como el nuevo alfa, lo sentí.
Dolió.
Han pasado dos meses desde que desapareció y estoy haciendo todo lo posible por encontrarla, pero es inútil, ya que la ciudad real es demasiado vasta.
Gavin también está fuera de sí por el arrepentimiento.
Casi se vuelve loco cuando sintió romperse el vínculo que conectaba a Apphia con la manada.
A mi padre, el viejo cabrón, no le importó demasiado o no lo demostró, pero vi preocupación en sus ojos.
Solo hay unas pocas razones por las que los lazos de la manada se cortan: o la muerte o el ingreso en una nueva manada.
Ruego a cada momento que sea lo segundo.
Mis dedos tocan la cadena del guardapelo que llevo al cuello.
Me lo regaló Apphia hace mucho tiempo, en mi decimoctavo cumpleaños.
Vino a mi habitación, toda tímida y adorable, después de clase para dármelo y desearme un feliz cumpleaños.
Pero fui duro con ella y le ordené que se fuera.
Dejó una caja en mi cómoda y salió corriendo, llorando.
Ese día todavía me atormenta.
Descargué toda mi rabia en la pobre chica simplemente porque decían que ella era la razón por la que mi madre murió.
Después de que Mamá muriera, Apphia se quedó sola; me necesitaba y yo la abandoné.
Me sentía culpable por haber sido cruel y grosero con ella, así que de vez en cuando hacía lo mínimo indispensable por ella.
Echo un vistazo a la foto que tengo de ella en el cajón de mi despacho y lo cierro.
Desde que le quité la manada a mi padre, mis obligaciones han aumentado.
Además, hemos estado sufriendo ataques regulares de renegados.
No sabemos qué está causando esto.
Consigo llegar a mi habitación tras una larga noche de trabajo, solo para encontrar a una mujer desnuda tumbada en mi cama.
—No quiero una puta —suspiro, quitándome la ropa para ducharme.
Salgo de la ducha unos minutos más tarde, y una mujer omega cuyo nombre no recuerdo se pone de pie con audacia, sonriéndome seductoramente.
Ahora la reconozco; la mujer me ha estado follando con la mirada desde siempre.
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