Mi Luna Marcada - Capítulo 67
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
67: CAPÍTULO 67 Eres tan preciosa 67: CAPÍTULO 67 Eres tan preciosa POV Apphia
Mi cuerpo reacciona a él sin verlo.
¿Cómo es que está tan en sintonía con su presencia?
Nicolás desliza sus brazos a mi alrededor y me besa la nuca.
Siento un cosquilleo de mariposas en el estómago.
Su cercanía es embriagadora.
Alzo la vista hacia él, con el pelo mojado cayéndole sobre la frente.
¿Cómo he podido tener la suerte de ser bendecida con un hombre así?
Debo de haber hecho algo bueno en mi vida anterior, tal vez rescatar perritos y gatitos.
Un atisbo de sonrisa se dibuja en el rostro de Nicolás mientras ladea la cabeza.
—¿Qué ocurre, Apphia?
Exhalo y me recuesto contra él, con la espalda pegada a su pecho.
—Eres tan guapo —murmuro, tímida.
—¿Ah, sí?
Pues gracias —parece divertido.
De repente tira de nosotros y caemos en el sofá, yo sobre su regazo.
Hunde la nariz en mi cuello y emite un sonido gutural de satisfacción.
Permanecemos en silencio, disfrutando de nuestro tiempo juntos.
Nicolás.
Sostengo a mi compañera en mis brazos.
Todavía soy incapaz de creer que esté aquí conmigo.
Nos quedamos en el balcón, compartiendo algunos besos.
Apphia se ha vuelto más atrevida y es capaz de iniciar un beso, pero todavía le da demasiada vergüenza llevarlo hasta el final.
Acaricio su larga melena, disfrutando de su tacto sedoso bajo mis dedos.
Entrelaza mi mano libre con la suya y bosteza.
—¿Estás cansada, nena?
Ella asiente.
Me pongo de pie y ella se estira, haciendo que su camiseta se levante y deje su piel al descubierto.
Mi Licano gruñe en mi cabeza y trago saliva con dificultad.
Estoy perdido.
Deseo tanto tocarla, sentirla bajo las yemas de mis dedos.
Sin embargo, he notado que mi autocontrol está mejorando, y Nico está más domado, ya que no quiere hacer nada drástico que pueda ahuyentarla.
—¿Me llevas a mi habitación?
—pregunta con inocencia.
—¿Puedes dormir conmigo?
—pregunto.
Sus ojos se abren un poco y su rostro palidece.
—No quise decir…
Me refería a solo dormir a mi lado —me corrijo rápidamente.
—Sí.
¿Me prestas una camisa para dormir?
Esta ropa va a ser incómoda.
La cojo en brazos y ella da un gritito de sorpresa.
Camino hacia el armario, la pongo de pie y luego saco una camisa para dormir.
—Gracias —dice, tomando la camisa de mi mano.
Me doy la vuelta, sintiendo su vacilación para cambiarse en mi presencia.
La oigo quitarse la ropa que llevaba puesta.
—Ya está —canturrea.
Me doy la vuelta para mirarla.
Mi camisa es demasiado grande y le queda holgada.
Pero deja al descubierto parte de sus largas y sexis piernas.
Yo también me cambio y luego nos metemos juntos en la cama.
La atraigo hacia mis brazos, lo que la hace suspirar de placer.
Le beso la frente y, por primera vez en mucho tiempo, concilio el sueño con facilidad.
No hay voces resonando, ni espectros atormentadores pidiéndome que haga cosas inhumanas.
Cuando me despierto, el aroma de Nicolás me envuelve.
Sigue dormido a mi lado, y es una visión tan divina.
Aprovecho esta oportunidad para estudiarlo de nuevo.
Nunca me cansaré de contemplar a este hombre: mi compañero.
Quiero pasarle una mano por la cara, pero no quiero despertarlo.
Quiero besarlo.
«Hazlo», me anima mi loba.
Me inclino lentamente, posando mis labios sobre los suyos con cuidado, pero siento como si me estuviera esperando.
Captura mis labios y conquista mi boca.
El beso es tierno pero intenso, nada demasiado errático.
Sus manos acarician suavemente mi cuello, provocándome un delicioso escalofrío.
Nos apoderamos más de los labios del otro y, cuando él queda satisfecho y yo sin aliento, se aparta con regocijo en la mirada.
—Quiero despertar así todos los días de mi vida.
Buenos días, mi amor —dice con su profunda voz matutina.
—Buenos días.
¿Dormiste bien?
—pregunto tímidamente.
—Mi compañera da algunas pataditas cuando duerme, pero nada supera el despertar a su lado —dice en tono juguetón.
No puedo evitar la sonrisa que se dibuja en mis labios.
De repente, se tumba de costado, apoyando la cabeza en la mano.
—¿Y tú?
¿Qué tal tu noche?
—pregunta.
—Ha sido cálida y agradable.
Parece satisfecho con mi respuesta y me besa las mejillas, mirándome de nuevo.
Su mirada hambrienta hace que mi estómago cosquillee con sensaciones deliciosas.
Para evitar mi propia vergüenza, le agarro del cuello y empiezo a besarlo torpemente.
Esperaba que él tomara el control, pero no lo hizo, dejándome guiar el beso.
—¿Es en serio?
—susurro contra sus labios, mirando sus ojos azules.
Nicolás está divertido, y me aparto, pero él me atrae de nuevo hacia sí, besándome con ferocidad.
Sus manos se aventuran bajo mi camisa, y odio que la camisa impida que sus manos toquen mi piel.
Sus labios recorren mi cuello, sus dientes succionando y mordisqueando suavemente.
Ladeo el cuello para darle más acceso.
Mi respiración se hace más fuerte y mi cuerpo está más caliente.
Extiendo la mano para pasarla por su pelo.
Siento las yemas de sus dedos bajo la camisa, sobre mi piel.
Dejo escapar un gemido, ya sin control de mi cuerpo.
—Mmm…
—Apphia, quiero hacer algo.
¿Puedo?
—susurra.
Mis ojos se abren de golpe y mi cuerpo se tensa.
Lo miro por un momento, recordándome que me ama y no me hará daño.
Asiento, rindiéndome a él.
Me besa los labios mientras su mano acaricia mi estómago y la otra mi muslo, y lentamente, se coloca sobre mí.
Mi cuerpo arde de necesidad.
Me estoy volviendo loca con la sensación de sus manos y su boca en mi cuerpo.
—Nicolás —susurro.
Él levanta la mirada.
Sus ojos son oscuros y hambrientos, voraces.
Recorren mi cuerpo con apreciación y yo me retuerzo.
Se retira lentamente y siento su mano en mi tobillo, acariciándolo suavemente.
Su boca está en mi muslo, besándolo hasta el hueso de la cadera.
Mis caderas se arquean involuntariamente y un grito ahogado de placer se escapa de mis labios.
A medida que sus labios se acercan a mi centro, aprieto los muslos.
De repente me siento avergonzada, al hacerme una idea de lo que quiere hacer.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com