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Mi Luna Marcada - Capítulo 74

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74: CAPÍTULO 74 Deberes 74: CAPÍTULO 74 Deberes POV de Apphia
—No necesito nada de eso de ti —replico.

Ella arquea su ceja perfecta, sorprendida por un momento.

Le dedico una sonrisa fría y escalofriante—.

Si me disculpas, tengo mejores cosas que hacer.

Cuando estoy a punto de dar media vuelta e irme, la morena me agarra del codo.

Le gruño y le arrebato el brazo de su agarre.

Mi loba aflora, lista para poner a esta mujer en su sitio, pero la domino.

Mis ojos destellan y la mujer de repente se ve pálida.

—No vuelvas a ponerme las manos encima —gruño.

La señorita de perfecta figura de reloj de arena recupera la compostura, traga saliva y retrocede.

—Bueno, vine a darte un consejo gratis…

—Sus ojos se clavan momentáneamente en la cicatriz y empiezo a sentirme cohibida.

«Ni se te ocurra», advierte Ziora.

Asiento en silencio a Ziora.

No, mis inseguridades no asomarían la cabeza ahora.

Soy hermosa, Nicolás lo dice.

Le sonrío sarcásticamente.

—Avísame cuando termines de mirarme la cara.

No quisiera irme antes de que la hayas visto bien.

—B-bueno, no te pongas muy cómoda, porque el Alfa te hará a un lado tarde o temprano, cuando se dé cuenta de que no eres nada, y volverá a mí, la mujer a la que realmente pertenece.

Soy la única que sabe cómo complacerlo —se regodea, sonriéndome con suficiencia.

Mis ojos se abren como platos.

No sabía que ella y Nicolás habían estado juntos.

—Sí, Nicolás y yo teníamos una relación apasionada antes de que llegaras tú y me lo quitaras, ladrona.

Me ha follado tantas veces, y yo a él…

Y, alerta de spoiler, le gusta duro y tiene sus perversiones —susurra la última parte.

Aprieto el puño y la mandíbula.

Siento como si varias dagas me hubieran atravesado el corazón y mi loba gruñe, sintiéndose también traicionada.

¿Por qué no me dijo Nicolás que tenía a alguien en su vida cuando nos conocimos?

¿Rompí yo su relación?

Vuelvo a mirar a la mujer.

Debe de aborrecerme.

«Somos su pareja predestinada, y Nicolás eligió estar con nosotras.

Podría habernos rechazado si hubiera querido», dice Ziora.

«Sí, tienes razón, pero aun así me siento culpable», murmuro.

Los gritos de la morena me sacan de la conversación con mi loba.

—¡No sé qué hiciste o cómo lo atrapaste, pero una don nadie como tú no lo merece!

Se acabó.

Gruño, molesta por su falta de respeto y molesta porque ha estado con mi pareja predestinada.

Sé que yo no estaba en escena entonces, pero aun así estoy molesta.

Él la tuvo a ella.

—Cállate.

No soy una don nadie; soy tu Luna y futura Reina.

Si yo fuera tú, no me buscaría las cosquillas.

Ocurren cosas terribles cuando me enfado, y estás empezando a cabrearme —mi voz es baja y escalofriante.

Su rostro está pálido como la cera y parpadea varias veces.

—T-tú n-no puedes hacerme nada.

¡Mi padre es poderoso y tiene estatus!

—tartamudea.

—¿Qué estatus podría tener tu padre contra la Luna de la manada y la Reina del reino?

—me sujeto la barbilla, fingiendo pensar.

—No tendrás al Alfa por mucho tiempo.

Te lo quitaré.

Lo prometo —dice, con el rostro airado y decidido.

—Si consigues hacerlo, entonces es todo tuyo —me encojo de hombros en señal de desafío.

Nos fulminamos con la mirada, pero al final, ella se somete y rompe el contacto visual.

—Anda, vete —digo, despidiéndola con un gesto de la mano.

Ella gruñe de frustración y se da la vuelta, resoplando y maldiciendo.

Mientras se aleja, dejo escapar un largo suspiro que estaba conteniendo.

«¡Lo hiciste bien, Apphia!

Estoy orgullosa de que te enfrentaras a esa zorra», dice Ziora, radiante de orgullo.

«Sí, yo también», digo, sonriendo.

—Hola —dice una voz que ahora me resulta familiar.

Giro la cabeza a la izquierda; el Alfa Maximus está de pie a pocos metros de mí, con las manos en los bolsillos del pantalón, y con un aspecto tan elegante y arrogante como siempre…

¿Cuánto tiempo lleva ahí?

No lo he sentido.

Camina hacia mí y hace una reverencia.

Me toma la mano y se la lleva a los labios.

—Buenos días, Luna Apphia —saluda.

—Buenos días, A-Maximus —digo, recordando que quería que usara su nombre—.

¿Qué haces aquí?

—Estaba aquí para reunirme con el primer Príncipe, pero me han informado de que no se encuentra disponible —gruñe, con un destello de fastidio en la mirada.

—Ah, ya veo.

Entrecierra los ojos en la dirección por la que se fue esa mujer y luego me mira.

—No parecía contenta.

¿Está todo bien?

Suspiro.

—Estaba ofreciéndome sus consejos no solicitados.

—¿Y fue bien recibido?

—No —no puedo ocultar el fastidio en mi voz.

—Ah, así que la mordiste —sonríe con suficiencia.

No puedo evitar la sonrisa que se dibuja en mis labios.

—Y también la arañé.

Con suerte, aprenderá —digo, inspeccionándome las uñas de forma teatral.

Maximus se ríe entre dientes.

Es la primera vez que veo una sonrisa genuina en sus labios.

Debería sonreír más, le sienta bien, pienso para mis adentros.

—¿Podemos dar un paseo?

—pregunta.

Lo medito—.

Por favor —añade.

Aunque Nicolás me dijo que me mantuviera alejada de él y que era peligroso, no percibí ninguna mala vibración por su parte.

Puede que sea una locura, pero en realidad no desconfío de él.

¿Es un engreído?

¡Por supuesto!

Sin embargo, nos parecemos en cierto modo.

Ambos maltratados y castigados por crímenes que no cometimos.

Asiento y empiezo a caminar hacia el laberinto en la esquina más alejada del castillo.

Nunca he estado antes, pero parece encantador y extenso.

—Entonces, ¿cuál era tu propósito al reunirte con el Príncipe Alfa?

—pregunto.

—¿Ya has asumido el cargo?

—pregunta, ignorando mi pregunta.

Me detengo en seco.

—¿Cargo?

—Sí.

¿Has empezado a cumplir con tus deberes para con la manada como Luna?

Niego con la cabeza.

—Estoy seguro de que te lo dirán, solo están esperando a que te adaptes —murmura.

Tengo mucho que aprender.

Necesito entender cómo se alinean las manadas y las empresas.

No puedo ser una completa ignorante y ponerme en ridículo.

—¿Te preocupa tu desempeño como Luna?

—pregunta.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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