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Mi Luna Marcada - Capítulo 92

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92: CAPÍTULO 92 Una cita 92: CAPÍTULO 92 Una cita POV de Nalani
—Y tú, he oído lo de tu compañera —cambio de tema con cuidado.

Gavin se detiene en seco.

Su rostro se descompone.

—Lamento no haberla tratado como debería, y ahora, está desaparecida —su voz es baja y triste.

Me sorprende que me haya dicho esto con tanta facilidad.

—¿Es Apphia?

—pregunto, sopesando su reacción.

Gavin asiente.

Se me rompe el corazón por Apphia.

Pobre chica.

Ha pasado por tanto desde que murió su madre, y ahora, su compañero la ha rechazado.

No es de extrañar que huyera.

Rezo para que esté a salvo y encuentre la felicidad perfecta dondequiera que esté.

Gavin me mira, esperando mi estallido, pero no llega.

—¿No vas a decir nada?

Sé que tienes opiniones firmes.

—No tengo palabras, la verdad.

Pobre Apphia.

—La encontraré y le suplicaré perdón.

La recuperaré y la trataré bien, al diablo con mis padres o con quien sea —dice las palabras con mucha determinación.

Frunzo el ceño.

¿Aceptaría Apphia volver con él si se lo suplicara?

Llegamos al ala de la oficina del alfa y él hace una reverencia antes de marcharse.

Se siente extraño lo respetuoso que es conmigo de repente.

En la sociedad de los hombres lobo, el protocolo es esencial.

—Te dejo con lo tuyo.

Exhalo y abro la puerta de un empujón sin llamar.

Sin embargo, lo que encuentro me hace gruñir.

Jessica tiene los brazos alrededor de su cuello, llorando e intentando besar a mi compañero.

Duncan la aparta de un empujón y levanta la mano en un gesto de rendición, con los ojos muy abiertos por el miedo cuando nuestras miradas se encuentran.

—Te juro que no he hecho nada indebido.

Ella…, ella vino aquí llorando y suplicándome que la tomara a ella como mi Luna, no a ti —explica, agitado.

Sus ojos me suplican que le crea.

Miro a Jessica con dolor y decepción; ella se seca las lágrimas de la cara y me lanza una mirada fulminante.

¿Pero qué demonios?

—¡Ni siquiera te gusta, y mucho menos quieres ser la Luna, Nala, así que no te hagas la dolida por esto!

—gruñe ella.

No puedo seguir mirando a Jessica.

Me doy la vuelta para salir de la oficina, pero Duncan me sujeta la muñeca y tira de mí hacia él.

Mis manos tocan instintivamente sus bíceps para evitar chocar mi pecho contra el suyo.

Un cosquilleo de chispas recorre mi brazo.

Lo contemplo, sus ojos brillantes y necesitados…, y sinceros.

Ahora que estamos tan cerca, me doy cuenta de que un anillo morado rodea sus iris.

Es fascinante y hace que sus ojos sean aún más seductores.

—Por favor, Nalani, no te vayas —su voz es grave.

Se vuelve hacia Jessica, que parece que quiere asesinarme.

¿Qué le ha pasado?, me pregunto.

¿Está dispuesta a tirar por la borda años de amistad porque yo soy la compañera del alfa y no ella?

—Fuera, y no vuelvas a hacer la gracia que has hecho, o te desterraré de mi manada —gruñe Duncan.

Mi licántropo se siente engreído, feliz de que la haya puesto en su sitio.

Jessica gimotea y sale de la oficina a grandes zancadas.

Duncan me sostiene la mirada una vez más.

Ambos estamos perdidos.

Respiramos agitadamente.

Siento cómo bombea la sangre.

—Debería irme —murmuro.

—Te he dicho la verdad.

Jessica se me ha abalanzado y la he apartado antes de que pudiera hacer nada —explica.

Le creo.

Puedo ver la sinceridad en sus ojos plateados.

Me río al recordar lo que dijo cuando entré.

Parece desconcertado.

—¿Te estás riendo de mí, Nalani?

—Dios, me encanta cómo suena mi nombre en su boca.

Lo ha pronunciado unas cuantas veces, pero se me hace un nudo en la garganta cada vez que lo oigo.

Es tan sensual.

—¿Que no ha pasado nada indebido?

¿Qué caballero medieval eres?

—rio tontamente.

Sus ojos se suavizan, todo el miedo ha desaparecido, y una suave sonrisa florece en su boca.

Me desarma una vez más.

No puedo evitar sonreír también, mirándolo con asombro.

—Eres aún más hermosa cuando sonríes, Nalani —dice.

¡Tú también, alfa sexi!

Quiero gritar, pero no lo hago.

—Ehm, vine a buscarte porque me voy a casa —le digo, llenando rápidamente el silencio entre nosotros.

—¿Puedo acompañarte a casa?

—Mi casa no está muy lejos de la casa de la manada, y mis padres me esperan fuera, pero asiento.

Caminamos un momento antes de que hable.

—Lo siento.

—¿Una disculpa?

¿Por qué?

—¿Por qué?

—pregunto.

—Por todo.

Tenías razón en todo.

Debería haber protegido a Apphia y no haber creído a mi padre ni a nadie —su aliento se entrecorta—.

Es mi hermana pequeña y le he fallado.

Me siento muy culpable y resentido por no haber estado ahí para ella como debería.

—A Duncan le corroe la culpa.

Me alegro de que esté asumiendo su responsabilidad.

—La quería tanto…

Todavía la quiero de la misma manera.

Ojalá pudiera decírselo.

Asiento lentamente.

Quiero tomar su mano y consolarlo, pero no lo hago.

—También siento lo de haberme acostado con tantas.

Me arrepiento de haberlo hecho.

No quiero ser el tipo de tío que le echa la culpa a la edad…

—Sí, odio a esos tíos, y fue el año pasado cuando paraste tu jodida racha —entrecierro los ojos y lo miro…

con dureza.

—Debería haber esperado a encontrar a mi Luna…, esperado a encontrarte a ti.

Si hubiera esperado, tu amiga no estaría tan resentida contigo.

—O podrías haberte ido a joder fuera de la manada —mascullo, apretando los dientes.

Es como clavarle una daga de plata en el pecho.

Aprieta la mandíbula y su corazón se detiene.

—Bueno, todos hemos hecho cosas de las que no estamos orgullosos.

Además, eso fue antes de que supieras que éramos compañeros —añado.

Llegamos a mi casa y me acompaña hasta el porche.

Suspiro y me giro hacia él.

Él da un paso más hacia mí.

—Sé que tienes tus reservas y opiniones sobre mí, como es normal, pero te pido que me des una oportunidad.

No me descartes tan deprisa —suplica—.

Nalani, al menos conóceme antes de que puedas tomar una decisión.

Sus ojos son sinceros.

«Dale una oportunidad, por favor», ruega Nana.

—Una cita…

Ten una cita conmigo, Nalani.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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