Mi maestro se volvió a desconectar - Capítulo 273
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273: 273 – Técnica de control de almas 273: 273 – Técnica de control de almas Editor: Nyoi-Bo Studio Cuando el hombre recobró su compostura, volvió a su comportamiento relajado y amable.
Riéndose de Bai Ze, dijo: —¡Suprema Divinidad Bai Ze, tiempo sin verlo!
—¿Por qué es usted?
—Bai Ze apenas podría creerles a sus propios ojos.
Se había relacionado con Hongyu por mucho tiempo.
El otro hombre siempre aparecía como alguien que no le importaba mucho el resto del mundo.
Siempre había sido amable y nunca entraba en conflicto con nadie.
Aunque tuviera el nivel de cultivación más alto en todo el mundo Divino, ni siquiera dañaría a las bestias salvajes.
Era la clase de persona que hasta tiene la voluntad de compartir sus propias técnicas con otros—.
¿Hongyu, usted… realmente quiere destruir el Inframundo?
Hongyu sonrió aún más amplio.
Descaradamente, dijo: —Esta es la misión de mi vida.
—¿Por qué?
—Bai Ze nunca habría creído que el hombre que quiso destruir la Inframundo era él.
—Todo lo que hice fue por los plebeyos de los Tres Reinos.
—¿Los plebeyos?
¿Sin el Inframundo, cómo podrían reencarnar las criaturas de los Tres Reinos?
—No quiero más reencarnación.
Bai Ze se puso rígido.
—¿Qué quiere decir?
La cara de Hongyu permaneció tranquila y sus ojos se nublaron.
Un momento después, contestó: —Bai Ze, yo soy diferente de usted.
He estado vivo desde la antigüedad y vi a mis mejores amigos abandonarme uno tras otro.
Sea amigo o enemigo, una vez que entraban en el Samsara, olvidaban todo.
Soy el único que aún permanece.
Aunque sus almas sean las mismas, ya no son las mismas personas que solían ser.
Pensé una y otra vez sobre lo que debería hacer para recuperarlos.
Hongyu suspiró, como si recordara una parte dolorosa de su pasado.
Con sus ojos todavía nublados, siguió: —En este mundo, sea uno mortal, inmortal o Dios, nadie puede de verdad vivir para siempre.
Los inmortales no pueden ni tampoco los dioses.
Un día, todos caeremos.
Después de entrar en Samsara, nos convertiremos en alguien más.
Su expresión se oscureció cuando se concentró en el grupo.
—Todos en los Tres Reinos buscan la vida eterna.
Los mortales quieren ascender a la inmortalidad y los inmortales quieren convertirse en dioses.
Los Dioses por otra parte… todavía pueden caer.
Soy el único que queda del primer grupo de dioses antiguos.
¿Alguien todavía recuerda los Qilins y las tortugas negras?
Seguí pensando, tenemos vida ilimitada, ¿Entonces por qué todavía seguimos encontrando nuestro final?
De repente sonrió y hasta recuperó su expresión amable.
Su cuerpo siguió emanando un brillo divino.
—Más tarde, finalmente comprendí.
Nadie tiene una verdadera vida eterna en este mundo debido al Samsara.
Bai Ze brincó y entendió por qué quería destruir el Inframundo.
—¡Quiere destruir la Plataforma de Reencarnación!» —Sin Samsara, no habría reencarnación, —Hongyu contestó sin cuidado—.
Sin el Inframundo, no habría Plataforma de Reencarnación.
Las criaturas de los Tres Reinos nunca tendrían que entrar en el Samsara y no habría vida ni muerte.
Esa es la verdadera vida eterna, la vida eterna que les pertenecerá a todos los seres de los Tres Reinos.
—… —los ojos de Bai Ze se ensancharon—.
¿Sabe cuántas almas errantes ha matado ese conjuro suyo?
Sin la Plataforma de Reencarnación, no podrán reencarnar.
¡Desaparecerán de la faz de este mundo para siempre!
Un aire de dolor destelló a través de la cara de Hongyu cuando cerró sus ojos y dijo: —Ese es un sacrificio necesario.
El corazón de Bai Ze se apretó.
Lonemoon se adelantó y sacó su espada inmoral.
Él estaba obviamente atrapado en sus propias ideas.
No daría lugar a la razón.
—No le dejaremos destruir el Inframundo.
Hongyu exploró a Lonemoon de cabeza a pies, con expresión ilegible.
—En efecto eres la mayor variable.
Aunque hiciera que Bian Xinchen actuara en cuanto apareciste y cerrara el cielo, ibas a lograr llegar de todas formas al mundo Divino.
Lonemoon hizo una pausa.
—¿Me conoce?
—Lonemoon estaba seguro de que no había conocido a Hongyu.
—Sólo predije que fuiste una vez mi obstáculo más grande —sonrió, como si Lonemoon ya no le importara—.
¡Pero en el estado en que están las cosas, ya no me puedes detener!
Antes de que Lonemoon pudiera entender lo que Hongyu quiso decir, Hongyu agitó su mano, presentando una bola de cristal invisible que brilló con una luz blanca.
Una gran fuerza emanaba de ella.
El grupo retrocedió unos pasos, pero Hongyu ya volaba hacia adelante.
—¡Deten… Mierda!
Bai Ze, ¿Qué hace?
—estaban a punto de detener a Hongyu cuando Bai Ze de repente sacó su espada, se volvió hacia ellos y comenzó a atacarlos.
Lonemoon logró escabullirse por instinto, pero Bai Ze siguió atacándolos—.
Bai Ze, tú no le crees, ¿verdad?
Chef, ayuda…
—se dio vuelta para pedirle ayuda al Chef, pero sus ojos se ensancharon al hacerlo.
Por alguna razón, el Chef también sacó su espada.
No fue para ayudar a Lonemoon, sino que comenzó a atacar a Shen Ying.
—¡Shen Ying!
—¡Eh!
—Shen Ying se volteó.
La espada de Yi Qing le pasó por el lado y golpeó la tierra de tal modo que hizo un enorme agujero.
—¡Yi Qing!
—Lonemoon contemplaba la escena con incredulidad.
Al inspeccionar más de cerca a Bai Ze y Yi Qing, vio que ambos tenían expresiones aturdidas que le recordaron inmediatamente a Feng San y Long Zhen.
—Mierda, Shen Ying, están siendo controlados por ese viejo Hongyu —dijo Lonemoon al esquivar otro ataque de Bai Ze—.
Las almas remanentes de Bai Ze y del Chef están en sus manos.
Shen Ying frunció el ceño y se dio vuelta para mirar en la dirección que Hongyu volaba.
No había volado muy lejos.
De hecho, lo podrían ver de pie donde estaba.
Agitó su mano y la oscuridad alrededor de ellos inmediatamente desapareció.
Parecía que Hongyu había abierto algo.
Un haz de luz dorada se disparó directamente hacia el cielo.
—¡Es la Plataforma de Reencarnación!
—gritó Lonemoon.
Shen Ying comenzó a volar hacia Hongyu, pero Yi Qing en un pestañeo se colocó delante de ella y bloqueó su camino.
Shen Ying lo miró atónita.
—¿Chef?
—Está siendo controlado.
No tiene conciencia.
¡Él está usando el subconsciente en su alma remanente para atacarte!
—le recordó Lonemoon—.
No te escuchará.
En efecto, Yi Qing no respondía al llamado de Shen Ying.
Conjuró un sello para encerrar a Shen Ying en donde estaba.
Agitó su mano sin mostrar expresión alguna e hizo que llovieran espadas.
Todas apuntaban a Shen Ying.
Mientras Yi Qing se elevaba en el aire, las espadas llovían sobre Shen Ying.
Shen Ying se quedó en blanco, sin saber cómo reaccionar.
Las espadas estaban a punto de alcanzarla.
Lonemoon brincó y gritó: —Shen Ying, Peque…
Antes de que pudiera terminar la frase, hubo un campanazo.
Un número incontable de espadas inmortales cayeron… todas alrededor de Shen Ying.
Formaban un círculo de espadas que la atrapaban en su interior.
Shen Ying sintió un peso en su cuello.
Se inclinó y sintió un calor alrededor de sus labios ya que algo se pegaba ahí.
¡Eh!?
Lonemoon, Xuan Tong y Shen Ying se quedaron absortos.
(⊙_⊙) ¿Era este… su subconsciente trabajando?
Hubo un momento raro de vacío en la mente de Shen Ying.
Lo que era importante era que la persona que estaba de puntillas y abrazando su cuello obviamente no tenía experiencia con besos.
Sólo frotaba sus labios contra los de ella, luego sacó su lengua y… cubrió su cara con saliva.
—… La boca de Shen Ying se retorció con nervios.
Apartó a Yi Qing de ella.
—¿Padre Niu, lo puedo matar?
Lonemoon se quedó en silencio.
Antes de que Lonemoon pudiera contestar, Bai Ze logró romper el conjuro y lo atacó otra vez.
Mierda, Bai Ze estaba dispuesto a matarlo.
¿Ambos actuaban bajo su subconsciente, por qué Yi Qing actuaba tan bien?
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