Mi novia es una Aventurera de Clase S - Capítulo 100
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100: Los cambios (R-18) 100: Los cambios (R-18) Cuando Ayumi arrastró a Luke a su enorme dormitorio, y él vio que la Elfa estaba prácticamente sin ropa, no pudo resistirse y la besó.
Con los pechos de la mujer apretados contra su abdomen, él recorrió las piernas de ella con las manos, las agarró y la levantó sobre su regazo.
Las gruesas piernas de la mujer se aferraron a la cintura del medio lobo como la tenaza de un escorpión.
Sintiendo el calor abrasador del cuerpo de la mujer, él dio un giro y, esta vez, fue él quien la apretó de espaldas contra la puerta mientras la besaba con intensidad.
El dulce aroma de Ayumi impregnaba la habitación, casi hasta el punto de volver loco a Luke.
Sus apasionados besos producían fuertes ruidos, y los breves gemidos de placer que soltaba la mujer excitaban a Luke todavía más.
—Cariño~ —dijo, con el rostro acalorado y el corazón desbocado.
—Ah…
Primero tumbémonos…
Sentó a la Elfa en la cama y ella, instintivamente, se echó hacia atrás, hundiéndose de cabeza en las almohadas.
Mientras Luke contemplaba la hermosa escena de Ayumi extendiendo los brazos para recibirlo, ella dijo:
—Hoy usaremos la unión de nuestros cuerpos para comenzar una nueva era.
¿A que sí~?
Si eres un hombre, ven y destrúyeme —lo provocó, como hacía siempre.
En ese preciso instante, Luke se quitó toda la ropa que llevaba y miró a la mujer, que lo observaba todo con atención.
Con destreza, le quitó el sujetador y ahuecó sus pechos con ambas manos, sin ponerse nervioso como las primeras veces que lo habían hecho.
—Mmm ♥ —gimió en voz baja y cerró los ojos.
A continuación, Luke miró hacia abajo y vio algo que clamaba por él.
—¡¿¡Euuuuuuuuue!?!
♥ —gimió Ayumi con fuerza al sentir que algo la penetraba ahí abajo.
—Lo siento, ¿voy demasiado fuerte?
—preguntó el medio lobo, preocupado, al ver que ella empezaba a moverse.
—Ngh…
No, es solo que me has asustado un poco, cariño~.
Luke sonrió, juntó las piernas de la Elfa en alto y empezó a moverse con más intensidad.
El placer ardiente que había sentido unos segundos antes empezó a intensificarse gradualmente, hasta el punto de nublarle la mente.
De un momento a otro, nada más importó.
El medio lobo deseó poder seguir así para siempre, sin parar.
Los gemidos jadeantes y el sudor de la Matriarca se apoderaron por completo de sus sentidos.
—Ngh…
¡Cariño!
¡Cariño♥!
¡Más♥!
Mientras tanto, unos metros por debajo de la ventana del dormitorio de la Matriarca, los guardias del turno de noche, que patrullaban la zona exterior de la casa, podían oír todo lo que estaba ocurriendo.
—Ains…
con el calor que hace hoy, y ellos dándolo todo —se quejó uno de ellos.
—Ni me digas…
—dijo el otro hombre, más alto.
Llevaba la espada envainada en la cintura y usaba ambas manos para intentar taparse los oídos.
Aunque casi todos los muros de la Mansión son muy gruesos para soportar el frío, el arquitecto que la diseñó no utilizó espuma entre las paredes para que no se sobrecalentara en verano.
Por este motivo, los gemidos de Ayumi, que siempre se oían desde el exterior de la casa, también podían escucharse desde dentro si alguien prestaba atención.
Mientras cruzaba el pasillo del segundo piso para ir a su habitación, Nathalia oyó los gemidos jadeantes y, con inocencia, pensó:
«Vaya, mi madre debe de estar entrenando duro hoy».
La cándida Elfa de cabello blanco llegó a la conclusión de que su madre entrenaba por la noche porque, a la mañana siguiente de las noches en que la oía gritar así, siempre escuchaba a Ayumi quejarse de dolor en las rodillas.
*
Cuando Ayumi pidió a todos los empleados que se reunieran después del desayuno, todo el mundo supo que algo iba mal.
La mayoría de los empleados llevaban años trabajando en la Mansión, y nunca había ocurrido algo así.
Reunidos en el salón principal, los cocineros, las sirvientas y los guardias no se atrevieron a susurrar ni a cotillear entre ellos y se limitaron a esperar a que llegara la Matriarca.
En cuanto entró Ayumi, acompañada por Nathalia, todos la siguieron con la mirada.
—¿Están todos?
—preguntó Ayumi para asegurarse.
—Sí, Maestra —respondió Martha desde el rincón más alejado de la sala.
Ella ya estaba al tanto de la gran noticia porque, por respeto a su sirvienta de toda la vida, Ayumi se lo había contado de antemano.
Ayumi sonrió a todos y dijo en voz alta: «Voy a convertir esta Mansión en el nuevo edificio del Gremio Vasconcelos y volveré a vivir a Oukiwa».
Nadie supo muy bien cómo reaccionar al oír la revelación.
Ayumi nunca había dado ningún indicio de que le disgustara vivir en Vasconcelos e incluso se había sometido a viajar casi todas las semanas a Oukiwa.
Sin embargo, siempre volvía con una enorme sonrisa para su hija.
En la mente de algunos, varias razones diferentes empezaron a burbujear como champán.
«¿Habrá pasado algo?»
«Seguro que Ayumi está cansada de viajar».
«¿Está bien que la única noble que vive en Vasconcelos se retire así?
¿Habrá pasado algo?»
«Nathalia ya ha crecido…
¿querrá ir a la Universidad?
Ya es una Aventurera, así que seguramente no».
Solo unos pocos miembros del personal pudieron intuir correctamente por qué Ayumi iba a dejar de vivir en Vasconcelos.
Shiro fue el único que, de entre todos los presentes, levantó la mano para confirmar sus sospechas.
Cuando Ayumi vio la mano levantada del grandullón, asintió, permitiéndole hablar.
—¿Cuál es la razón de esta decisión, tan repentina para nosotros?
—Nathalia ha vivido toda su vida en Vasconcelos y ya han pasado casi dos meses desde que se convirtió en Aventurera.
Creo que está más que preparada para conocer a los miembros de su familia, así que ya no hay ninguna razón para que sigamos aquí.
—¿Y qué pasará con nosotros?
—No voy a despedir a nadie.
Pueden elegir seguirme o no.
Viviré en la Mansión Principal Strogueher durante un tiempo hasta que encuentre una buena residencia a la que pueda llamar mía.
Quien no quiera venir conmigo puede optar por seguir trabajando aquí; al fin y al cabo, la cantidad actual de personal del Gremio no bastará para llenar tanto espacio.
Todo el mundo quedó muy contento con la forma en que Ayumi Yamazaki manejó la situación.
Algunos de ellos odiaban vivir en Vasconcelos, pero el trabajo era gratificante, así que merecía la pena, y tener la oportunidad de conservar el mismo empleo en Oukiwa sería estupendo.
Oukiwa es una gran ciudad que, aunque se ha visto muy afectada por la contaminación de la intensa actividad minera de la zona, también acoge a muchos tipos de personas y empresas.
Como una de las ciudades más famosas del Imperio Broteforge, Oukiwa no es más famosa que Halvøy Protegido, la ciudad donde vive el Emperador.
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