Mi novia es una Aventurera de Clase S - Capítulo 123
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123: Una sangrienta batalla 123: Una sangrienta batalla Cuando la bola de fuego azulada fue lanzada en dirección a Shiro y los demás, Nathalia estaba lista para usar la , para al menos poder protegerse a sí misma y quizá a Jilly, pero Shiro no dio ni un solo paso atrás cuando vio la bola de fuego venir directa hacia él.
El enorme hombre clavó su Claymore en el suelo, chocó las palmas de sus guantes metálicos y estiró los brazos hacia delante.
—¡!
—rugió.
De un segundo para otro, apareció una barrera con el mismo color dorado que los ornamentos de su armadura.
Esta barrera parecía la boca de un oso, pero en lugar de dientes, había enredaderas, y en cuanto la bola de fuego chocó con ellas, la envolvieron y se la tragaron.
El hechizo del Mago fue anulado por completo.
Tras usar la habilidad, Shiro se echó el pelo a un lado y sonrió con confianza.
—¡¿Cómo has hecho eso, hijo de puta?!
—preguntó el Mago, cayendo de rodillas.
La bola de fuego era la magia más potente que conocía y, aun así, no había sido efectiva.
Shiro recogió su enorme espada del suelo y respondió: —Eres débil.
Inténtalo de nuevo.
—¡Atacadlos!
—gritó el Tanque y empezó a correr hacia delante.
En su mente, no había forma de que un grupo tan grande pudiera perder contra solo tres.
—¡!
—gritó Nathalia y, al instante siguiente, un sonoro golpe atravesó la armadura del Tanque enemigo, haciendo que detuviera su embestida.
Sin embargo, incluso sin el Tanque, los espadachines no se detuvieron y siguieron corriendo, listos para arrollar cualquier cosa que se les cruzara en el camino.
En cuanto se acercaron a Shiro, todos pudieron oír un fuerte grito a espaldas del Berserker.
—¡Al suelo!
Shiro no era muy rápido, pero intentó agacharse lo más rápido posible porque reconoció la voz que había dado la orden.
Justo entonces, un hacha de disco que venía de lo alto de los árboles hizo un giro anómalo y decapitó a uno de los espadachines.
Los arqueros, que ya tenían las cuerdas tensas con la intención de disparar, se quedaron confusos, y el Mago se alteró.
Miraron el hacha que se clavó en el suelo y la cabeza que rodó a su lado.
Seguido de una enorme salpicadura de sangre, los arqueros gritaron horrorizados.
Sin el Hacha de Behemot en la mano, Luke saltó desde más de 10 metros de altura justo sobre los hombros del espadachín que quedaba y lo noqueó de una patada.
Luego se impulsó hacia atrás con una voltereta y cayó delante de Shiro.
—¿Cómo nos has encontrado?
¿Por nuestro olor?
—preguntó el hombretón.
—¿Bromeas?
Es imposible distinguir tu pestilencia con tanto olor a sangre y barro en este bosque —dijo Luke, bromeando sobre el hecho de que Shiro solo solía bañarse dos veces por semana.
Shiro casi se rio, pero no se inmutó por el giro que el medio lobo le había dado a la batalla.
Los arqueros empezaron a disparar tan rápido como pudieron hacia el medio lobo, lo que le confirmó a Luke que no iban a rendirse y huir como los hombres de hacía unos minutos.
Esquivando las flechas con facilidad, Luke recogió su hacha en mitad del camino y siguió corriendo hacia el Tanque y el Mago, a quienes consideraba sus mayores problemas.
El Tanque era un caballero enorme que, como Shiro, empuñaba una gran espada tipo Claymore.
Sin embargo, la Claymore de este hombre era diferente porque medía más de seis pies de altura.
En cuanto Luke vio la espada gigante acercándose a él, dudó entre esquivar o bloquear.
El medio lobo eligió rápidamente bloquear.
Sujetó su hacha con una mano en cada extremo y la colocó frente a la hoja que le lanzaba un tajo.
Cuando la espada chocó con el mango del hacha, solo consiguió repeler a Luke hacia atrás.
Arrastrando los pies por el barro, Luke casi se cae, pero el peso de sus botas nuevas impidió que eso ocurriera.
—Shiro, ¿puedes distraer al grandullón?
Es un buen Tanque, así que va a ser difícil llegar hasta el Mago.
—¡Déjamelo a mí!
—exclamó Shiro y empezó a correr hacia el otro hombretón con armadura.
Este era un terreno accidentado para que los dos enormes caballeros se movieran, porque si las articulaciones de sus armaduras se bloqueaban por el barro del suelo, decretaría su muerte.
Shiro no tardó en alcanzar a Luke, pero el medio lobo no intentó adelantarlo porque necesitaba su cobertura.
Sin más opciones, el Tanque clavó su espada en el suelo y gritó: —¡Seiangrep!
Entonces el suelo del campo de batalla empezó a temblar con tal magnitud que las copas de los colosales árboles se sacudieron, y varios troncos grandes se partieron.
Sin esperarse un terremoto tan repentino, Luke ya no pudo mantenerse firme en el suelo y, para cuando se dio cuenta, el Tanque corría hacia él.
—¡Ahora, Livia!
—gritó el medio lobo, pero cuando miró hacia arriba, Livia se estaba agarrando para no caerse de una de las ramas del árbol.
«…
Ah, la he cagado».
En lugar de que el Tanque apuntara su golpe a Shiro, reunió toda la ira que sentía hacia el medio bestia por haber matado a sangre fría a uno de sus compañeros y blandió su espada contra Luke.
Al ver que el ataque se dirigía hacia él, Luke intentó levantarse y saltar a un lado.
Consiguió levantarse, pero le sobrevino un violento dolor de cabeza, seguido de cerca por un tormentoso zumbido en los oídos.
Al final, la enorme espada casi atravesó el corazón de Luke.
Incluso después de clavar la Claymore en el tórax del medio lobo, el Tanque solo dejó de correr cuando chocó con la raíz de uno de los enormes árboles al otro lado del campo de batalla.
Lentamente, el temblor de su habilidad se redujo hasta cesar por completo.
Luke miró hacia abajo, donde sentía un dolor punzante, y vio que una enorme espada lo atravesaba, pero era delgada.
Con la visión un poco borrosa, Luke vio por encima del hombro del Tanque cómo Jilly usaba por fin una habilidad de su grimorio blanco.
Tres estacas de luz aparecieron en el aire y atravesaron el pecho del arquero.
Luke se sintió orgulloso de que, a pesar de la tensión y la inexperiencia, la chica fuera capaz de actuar.
Nathalia, que estaba de pie junto al lugar donde se detuvo el Tanque, parecía atónita al ver que el medio lobo no había podido esquivarlo.
Aunque sangraba profusamente, comenzó otra ronda del atroz zumbido.
El medio lobo sintió como si tuviera millones de campanas repicando dentro de su cabeza.
Luchó contra el impulso de desmayarse y se aferró al olor a sangre que percibía.
Lentamente, el sabor a hierro también se hizo notar en su boca.
Cuando Luke volvió a abrir los ojos, todavía sentía un gran dolor.
Miró el lado izquierdo de su pecho y vio que sujetaba con su mano izquierda la Claymore que le atravesaba el pecho.
Luego miró su mano derecha y vio que, a pesar del enorme dolor, sus instintos animales lo habían salvado.
Su mano derecha estaba atravesando el pecho del Tanque, y al otro lado, sostenía el corazón del hombre.
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