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Mi novia es una Aventurera de Clase S - Capítulo 168

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168: Átomo 168: Átomo Ha pasado una semana desde que Luke dejó Oukiwa rumbo al norte del Imperio.

Para este viaje, que esperaba que fuera rápido, llevó unas cuantas cosas en el caballo que le prestó Oliver.

Según el viejo Aventurero retirado, el caballo llamado Átomo era el más rápido del establo privado de Strogueher y solía participar en carreras cuando era más joven.

Sin embargo, Átomo ya había pasado los diez años y, por lo tanto, se había retirado hacía unos meses.

Aunque Luke nunca antes había tenido la oportunidad de montar a caballo, estuvo más que feliz de aceptar a Átomo, sobre todo porque el viaje a pie podría durar varios meses.

Durante el trayecto, Luke aprendió poco a poco a manejar al caballo y a guiarlo en las direcciones correctas.

En la alforja de Átomo, Martha metió mucha fruta y algo de pan, que tardarían unos días en echarse a perder.

Además, Luke también guardó en su inventario unas cuantas libras de avena, que era fácil de preparar y bastante nutritiva, y como estaba en su inventario, nunca se estropearía.

Sin embargo, el caballo comía mucho y necesitaba bastante energía para correr durante días enteros, y por eso, las frutas ya estaban a punto de acabarse tras poco tiempo de viaje.

A Luke no le preocupaba su propia comida, porque podía atar el caballo al tronco de un árbol y cazar durante unos minutos; el verdadero problema era Átomo, que no podía comer carne.

En ese momento de apuro, Luke lamentó no haber acompañado nunca a Meredith fuera de Oukiwa cuando la chica iba a buscar hierbas, pues así sabría cuáles eran buenas para el caballo y cuáles no.

«Bien…

debemos de estar cerca de algún pueblo o posada», pensó Luke mientras detenía al caballo a un lado de un sinuoso camino de tierra para que el animal descansara.

De uno de los bolsillos de la alforja, que colgaba a los costados del caballo, Luke sacó un mapa.

—Menos mal que Shiro me dio esto, de lo contrario, me habría perdido con facilidad.

Shiro era un Aventurero que, antes de convertirse en un oficial de Strogueher, había viajado mucho tanto para los Landfords como de forma independiente, así que no era de extrañar que tuviera un mapa grande.

Pero este mapa en particular era muy superior a cualquier otro que Luke pudiera comprar.

Había dibujos de cientos de rutas que Luke podía seguir, así como varias docenas de pueblos por los que podía pasar.

Como el objetivo de Luke era llegar al Reino Cardinal para usar su licencia de la Habilidad Genética Clase S y también para pedir información, rodeó con un círculo en el mapa el dibujo de la ciudad más grande del continente.

Tras comprobar que el camino que seguía parecía ser el correcto, Luke guardó el mapa en su alforja, se aseguró de que el Huevo Negro estuviera intacto en el otro lado de la alforja y continuó su camino, pensando que debería llegar a la ciudad más cercana al día siguiente.

Sin embargo, para su deleite, encontró lo que parecía ser una pequeña aldea unos minutos más tarde, lo que le hizo pensar:
«¡Vaya, hoy es mi día de suerte!

Espero poder rellenar mi cantimplora en su pozo…»
Entonces, Luke se acercó con naturalidad a la aldea y, antes de entrar, se alegró de poder leer el letrero.

—Al-de-a Au-ro-ra…

Supongo que eso es lo que pone.

Espero no equivocarme, aunque no sé qué significa Aurora.

Ni siquiera he oído esa palabra.

Esta pequeña aldea, con sus cabañas de madera, no parecía tener mucha actividad.

Justo a la entrada, las marcas en el suelo delataban la presencia de más caballos.

Al entrar en la propiedad, Luke encontró, en efecto, dos caballos atados a un madero y también un carro con otros dos.

El medio lobo se bajó de Átomo, miró a su alrededor, desató la bolsa del Huevo Negro de la alforja y se la colocó detrás del cuello.

—Ahora, a donde yo vaya, tú vienes conmigo —dijo Luke, y luego le dio dos palmaditas a la bolsa.

Por supuesto, a Luke le pareció extraño que nadie lo recibiera, pero todo se aclaró cuando por fin consiguió leer el letrero que había en la cabaña donde estaban atados los otros caballos.

[Taberna de Aurora].

Cuando el medio lobo entró en el establecimiento, la campanilla que había sobre la puerta tintineó.

¡Tilín, tilín, tilín!

El murmullo de las conversaciones cesó de inmediato, así como el sonido de las jarras al posarse sobre la mesa.

Luke se sintió aliviado al ver que aquello era, en efecto, una taberna, y que no estaba entrando en una casa por error.

Sin mostrar reacción alguna, Luke miró a ambos lados del recinto, vio que había al menos diez tipos presentes y se dirigió a la barra, donde había una anciana.

—¿Qué te trae por aquí, viajero?

—preguntó, sin dejar de cortar el pan que pensaba servir en una de las mesas.

Al ver que Luke no buscaba problemas, la mayoría de los hombres volvieron a centrar su atención en sus jarras.

Intentando no quedarse mirando el enorme lunar que la anciana tenía en la barbilla, Luke respondió:
—Solo estoy de paso.

Me preguntaba si podría rellenar mi cantimplora en su pozo y si también tendría algo de heno para caballos.

Por supuesto, pagaré…

—De acuerdo.

¿Hay algo más que desees?

Si te interesa, ¡me atrevo a decir que nuestro hidromiel es el mejor de la región!

—Solo lo que pedí, por favor.

El medio lobo pensó en comprar fruta, pero como había llegado el otoño, no quiso dejar a la pequeña aldea sin nada que comer, por no mencionar que aún tenía suficiente para llegar al pueblo más cercano al día siguiente.

—Está bien…

¡Oye, Pedro, chico, ven aquí rápido!

—gritó la anciana, y de una de las mesas se levantó un adolescente.

—¿Necesita algo, señora Aurora?

—preguntó él cortésmente.

—Sí.

Ve al granero y coge una paca de cinco libras para el caballo de este hombre, y aprovecha también para llenarle la cantimplora.

—De acuerdo —dijo el chico.

Cuando el chico miró al medio lobo, se sobresaltó de repente al ver sus ojos amarillos y sus orejas de animal.

Pero pronto recordó el rumor de que un medio bestia había sido el Campeón del Torneo de Leyendas de este año, y se calmó.

—Su cantimplora, por favor —pidió, cavilando internamente si el que tenía delante podría ser aquel Campeón o no.

«Claro que no es él…

el Campeón nunca se detendría en un lugar como este».

El chico se alejó.

Luke estaba indeciso sobre qué hacer durante los minutos de espera y su mirada perdida se encontró con los ojos curiosos de la mesa de la que había salido Pedro.

—¿Te apetece una partida de ‘Suerte o Lucha’, medio bestia?

—preguntó en voz alta uno de los hombres de la mesa, que era también el más flaco.

Por unos instantes, Luke reflexionó.

Nunca lo habían recibido de esa manera en ninguna posada o taberna que hubiera visitado y, como no tenía nada que hacer para que el tiempo de espera pasara más rápido, aceptó la inusual invitación.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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