Mi novia es una Aventurera de Clase S - Capítulo 26
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- Capítulo 26 - 26 La Tienda de Objetos de Magia
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26: La Tienda de Objetos de Magia 26: La Tienda de Objetos de Magia A pesar de seguir contrariada por la sencilla recompensa, Nathalia aceptó la tercera misión cuando el chico le aseguró que encontrarían las flores ese día.
Conociendo el aroma de la Enredadera de Jade, Luke supuso que no sería un gran problema encontrarlas.
—Entonces, ¿ya podemos ir?
—dijo Luke a la chica, con una sonrisa de deleite.
Aceptar misiones más sencillas al principio era una excelente idea, así podrían subir de clase más rápido.
La chica asintió, con el rostro sonrojado de vergüenza.
«A veces, tengo que dejar de actuar como una niña pequeña», pensó.
Nathalia se exigía mucho a sí misma.
Debido a su edad, pensaba que empezar ahora significaba que estaba muy por detrás de gente como Luke y Shiro, que habían estado luchando desde que eran pequeños.
Mientras buscaban una tienda para conseguir la Piedra de Retorno que necesitaban, la pareja caminó por la ajetreada ciudad hasta que divisaron un escaparate con objetos mágicos.
Bastones de Aspen, Bolas de Cristal e incluso Orbes de Maná estaban en el escaparate, lo que hizo que la elfa también se emocionara por lo que podría haber dentro de la tienda.
Cuando la chica entró en la tienda, escuchó un suave tintineo.
¡Tilín, tilín!
Era solo la campanilla de la puerta.
Mantuvo la puerta abierta para que el medio lobo también entrara.
Toda la estancia estaba a oscuras y no había clientes ni empleados; si no fuera por el letrero de «Abierto» en la puerta, la pareja habría pensado que el lugar estaba abandonado.
A la derecha de la entrada había una estantería con diversas telas y alfombras viejas, y a la izquierda, una vitrina de cristal que exhibía numerosos frascos con animales en formol.
Entre serpientes y ranas comunes, se distinguían pequeños despojos de monstruos, como orejas de Goblin, manos de Prums, picos de Aarakocras y varias otras partes de criaturas.
Además, toda la tienda estaba iluminada solo por una ventana en lo alto, y la luz que pasaba a través de ella resaltaba las motas de polvo en el aire.
El medio lobo se estaba aguantando las ganas de estornudar.
Mientras caminaban juntos por la tienda, buscando a un empleado y la propia Piedra de Retorno, Luke y Nathalia, curiosos, trasteaban con algunas cosas.
El lugar era tan silencioso que hasta el ruido de la calle parecía haber desaparecido.
El medio lobo se sintió aliviado, pero la elfa estaba un poco nerviosa.
—¡Hola!
¿Hay alguien aquí?
—preguntó en voz alta.
—¡Aquí al frente!
—gritó una voz ronca desde la parte más alejada de la tienda.
Nathalia miró a Luke, sonrió emocionada y empezó a caminar rápidamente hacia la voz.
El chico no fue tan rápido, ya que sentía curiosidad por varios de los objetos mágicos de aquel lugar.
Sin embargo, no se atrevió a tocar nada, porque no le era difícil recordar el brillo azul de la tiara que encontró en aquel almacén.
«Todavía tengo pesadillas de ese día…», pensó el medio lobo, mientras miraba el bastón, cuya punta era un pequeño cristal con un tenue brillo azul que no se parecía en nada al hermoso azul que vio el día del robo.
—¡Oye, Luke!
¿Dónde estás?
—El grito de la joven se oyó resonar en la tienda.
—Estoy aquí —respondió el medio lobo, apareciendo detrás de ella.
—¡Ay!
¿Dónde estabas?
—En el pasillo de atrás.
—En fin, ven a conocer a Madame.
—La elfa lo tomó del brazo y empezó a tirar de él por la tienda.
Cuando llegaron al mostrador, los esperaba una mujer mayor de aspecto abatido.
Era tan baja que tenía que subirse a una pequeña escalera para alcanzar la altura normal del mostrador, y tenía la columna torcida, lo que la hacía aún más baja.
—¿Es este el chico del que comentaste?
—cuestionó ella.
Su voz era temblorosa y, para disgusto del medio lobo, tenía mal aliento.
—¡Sí, sí!
Queremos dos Piedras de Retorno.
—¿De qué tipos?
La chica frunció el ceño y soltó el brazo de Luke.
—¿Hay más de un tipo?
—Sí…
—¿Y cuáles son?
—Las rotas y las intactas.
Los dos jóvenes la miraron con incredulidad.
¿Por qué alguien elegiría comprar algo roto?
—Queremos las intactas —replicó la elfa, un poco impaciente.
—Muy bien, solo un segundo.
—Madame bajó lentamente los escalones y empezó a rebuscar entre las cosas de detrás del mostrador—.
¡Aquí están!
Cuando regresó con la misma lentitud, en su mano derecha llevaba una pequeña bolsa de plástico con dos pequeñas piedras, talladas con forma de icosaedros, y en la izquierda, una baraja de cartas.
—¿Dos Piedras de Retorno y una baraja de Kaloru?
—No, señora, solo queríamos las Piedras de Retorno.
La anciana, con la boca entreabierta, bajó la mirada.
—Para compensar el despiste, ¿les gustaría que les leyera el futuro?
Serán solo diez monedas de plata.
—No, pero gracias por la ofer…
—se negó amablemente Nathalia, pero el chico la interrumpió con un tirón.
Ella lo miró; él la observaba con seriedad, y ella entendió lo que quería—.
Sí, por favor.
Levantando la vista con alegría, Madame parecía una niña a la que acababan de dar un regalo.
Entonces, dejó las Piedras de Retorno a un lado sobre el mostrador y empezó a barajar las cartas.
Hizo un barajado en cascada con gran habilidad, algo que Luke reconoció, ya que Ynosuke siempre intentaba hacerlo, pero nunca lo conseguía.
Luego dividió la baraja en cuatro montones y los colocó sobre la mesa.
—¿El futuro de quién veremos primero?
La elfa miró al medio lobo y volvió a entender lo que él quería.
—Yo primero.
Con una expresión seria esta vez, la anciana asintió.
Cuando Nathalia volteó la primera carta del primer montón, se reveló la carta del Gavilán.
La chica miró a la anciana, ansiosa por saber qué significaba; sin embargo, ella no dijo nada, y la chica entendió que debía continuar.
Al girar la segunda carta, apareció el dibujo de un druida.
Los Druidas no son muy conocidos, y mucha gente ni siquiera cree en su existencia.
La descripción con la que siempre se asocia a los druidas es la de ancianos de largas barbas blancas y rostros siempre borrosos.
Luke tampoco creía en estos seres místicos; aun así, sentía un profundo deseo de que fueran reales.
Aunque había creado un bloqueo hacia todo lo mágico después de ver desaparecer a su amigo, todavía conservaba ese interés que siempre intentaba reprimir.
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