Mi novia es una Aventurera de Clase S - Capítulo 3
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3: El comienzo del plan 3: El comienzo del plan —¿Por qué tardaste tanto?
—le preguntó John a Luke, que acababa de llegar a la cocina, con los ojos entrecerrados.
Vio al medio lobo subir para darse su ducha diaria y, poco después, se dio cuenta de la desaparición de Meredith.
Por un momento, le impactó la idea de que los dos estuvieran saliendo; sin embargo, decidió quedarse callado.
—Esto…
Me estaba cepillando la cola —respondió Luke, nervioso.
John había decidido no decir nada, pero lo mismo no podía decirse de los otros cuatro, que ahora fulminaban al medio lobo con la mirada.
—¿Qué pasa?
—cuestionó Luke, intentando hacerse el tonto.
Al mismo tiempo, su corazón desbocado casi se le salía por la boca.
—¿Tú…
y Meredith?
¿Desde cuándo?
—preguntó un hombre bajo y apuesto.
Tenía barba y el pelo abundante.
Entre sus mechones castaños, había una cantidad considerable de canas.
Además, le faltaba el brazo izquierdo por una apuesta que perdió en una taberna.
—¿Meredith y yo?
Esto…
¿De qué hablas, Matthew?
—Olvídense de eso, chicos.
Tenemos cosas más importantes de las que hablar.
Y ustedes saben que Luke no es como nosotros —dijo Ynosuke, apaciguando la situación a favor de Luke.
—Cierto.
—Tiene sentido.
—Podría ser, ¿no?
No obstante, Ynosuke le susurró después a Luke en el oído: —Solo evita tener sexo en el baño, hermano.
Debe de ser incómodo.
Fingiendo no oír a Ynosuke, Luke le preguntó a Matthew.
—¿Qué pasó?
John dijo que tenías buenas noticias.
Durante unos minutos, Matthew relató todo su día.
Es el tipo de persona que no se ahorra ni el más mínimo detalle cuando va a contar una historia, así que todos escucharon con paciencia.
—Entonces, sobre las seis, estaba desanimado porque no había encontrado ninguna información útil, así que fui a comprar un panecillo de luna para intentar distraerme, y al lado del puesto había dos guardias.
Mientras compraba mi panecillo, oí a uno de ellos decir que la familia Strogueher ha solicitado un suministro de genes para dentro de tres meses.
—¡¿De verdad?!
—gritó el gran Zack.
John se levantó y golpeó la mesa.
¡Tum!
—¡Ni de coña!
¡¿Un cargamento de genes aquí, en Oukiwa?!
¡Estos tíos nos están subestimando!
—dijo John, emocionado.
Luke e Ynosuke permanecieron en silencio.
—¿Y qué me dicen los guapos de ahí?
¿Están de acuerdo con este robo?
—les preguntó a los dos Meredith, que había llegado al final de la historia.
Ynosuke se levantó, miró a la chica y dijo: —Según mi experiencia, los vagones están protegidos por cinco o seis guardias.
Ese factor se triplica porque hablamos de la familia Strogueher.
Será un suministro de genes, lo que significa que podemos tomar esa cantidad triplicada y volver a triplicarla.
—Es decir, en el mejor de los casos, tendríamos que lidiar con cuarenta y cinco guardias a la vez.
Y, en el peor, serían más de cincuenta y cuatro —dijo John.
Luke seguía intentando hacer la multiplicación con los dedos; sin embargo, se perdía con facilidad.
Nunca tuvo la oportunidad de estudiar matemáticas.
—Cada uno de nosotros tendría que lidiar con al menos nueve guardias.
Como yo no sé pelear, solo iría para abrir las cerraduras del carruaje.
—¿No sería más fácil robar el carruaje entero?
Así nos quedaríamos con todos los genes —propuso Zack.
Era de dominio público que robar un vagón entero era una estupidez.
Fuera de la ciudad, la mayoría de los caminos eran de tierra y, dentro, las únicas calles que podían ocultar las marcas de las ruedas eran las principales, que siempre estaban repletas de Aventureros.
Zack era tan tonto como grande, así que fue ignorado.
—Nueve guardias es demasiado para cualquiera de nosotros, excepto para Luke —dijo Meredith mientras arrimaba una silla a la mesa—.
Podemos intentar trabajar con otra banda.
Pero la última vez no funcionó porque los traicionaron al descubrir que eran esclavistas.
Un silencio se apoderó de la sala.
Los seis sabían que no se les daba bien trabajar con otras bandas, razón por la que también optaban por robos más pequeños.
—¿Y si nos infiltramos en la familia como guardaespaldas?
—dijo Zack mientras se llevaba una cucharada de estofado a la boca.
Todos miraron sorprendidos al grandullón, como si por primera vez en su vida hubiera tenido una buena idea.
—¿Cómo haríamos eso?
—preguntó Matthew, confundido, pues sabía que a las familias nobles les costaba contratar guardaespaldas.
Por lo general, la seguridad de estas familias corre a cargo de caballeros retirados y, cuando se necesitan muchos guardias, contratan algún servicio de seguridad externo.
Sin embargo, como por obra del destino, un mensajero de la Familia Strogueher había anunciado que estaban buscando a alguien capaz para ser guardaespaldas.
—Vale.
Eso es bueno, pero ¿por qué lo anunciaron en una taberna como el Barril de Limón?
Todos pensaron un momento y Meredith fue la primera en hallar una respuesta: —Probablemente estén buscando a algún joven caballero con talento.
Ciertos días de la semana, aquello se llena de jóvenes que salen de la academia y van a por una bebida barata.
Pero deben de haberse equivocado de hora, porque por la noche allí solo beben los mercaderes y los cocheros.
*
Al día siguiente, Luke se despertó un poco más tarde de lo habitual; el grupo había estado discutiendo hasta el amanecer los posibles planes para robar aquel cargamento de la familia noble.
A través de la ventana de su dormitorio, oía los gritos procedentes del mercado de pescado que se montaba todos los martes en el puerto.
Luke no estaba entusiasmado con el día de hoy; de hecho, por primera vez en años, sentía que iba a tener un mal día.
Se lavó la cara, se cepilló los dientes, se limpió la oreja y descolgó del tendedero su característico uniforme de ladrón, que consistía simplemente en una túnica marrón y una capa negra por encima, la cual tenía una capucha lo bastante grande para poder ocultar bien sus orejas.
Luke era el único que estaba en contra del plan de robar el vagón de genes, lo que sorprendió a todos; al fin y al cabo, Meredith también se negaba a llamar mucho la atención, pero hasta ella creía que era una oportunidad demasiado perfecta.
Como en la banda lo único que importaba era la democracia, Luke tuvo que aceptar.
Sabía que las posibilidades de que algo saliera mal eran absurdamente altas, ya que se trataba de la principal familia noble que dirigía la ciudad.
Por lo tanto, hizo un trato con todos: él sería el único que haría la prueba para guardaespaldas; si no la pasaba, todos abandonarían el plan.
La banda aceptó la condición, sobre todo porque Luke era el más fuerte de ellos, así que no había necesidad de que los demás lo intentaran también.
Si Luke no lo conseguía, ninguno de los otros se acercaría siquiera.
Aunque Luke era el único de la banda que conocería el verdadero resultado, no pensó en holgazanear ni en contenerse, porque eso sería lo mismo que traicionar la confianza que todos habían depositado en él.
Y como la posibilidad de que Luke fracasara era enorme, no se preocupó demasiado.
Simplemente decidió que lo haría lo mejor posible, aunque dudaba que fuera a destacar entre las docenas de aspirantes que se presentarían.
Bajo la llovizna, el medio lobo caminó hasta la segunda mansión de la familia Strogueher, sin necesidad de ayuda.
El lugar, que podía verse desde cualquier punto elevado de la ciudad, parecía un edificio municipal.
Tal y como esperaba, cuando llegó a la calle del lugar indicado, vio a más de un centenar de aspirantes.
Se molestó porque la prueba probablemente se alargaría durante todo el día, pero como el día anterior habían robado dos bolsas de monedas, el tiempo perdido no le preocupaba.
Mientras subía por la calle de la mansión, Luke oyó muchos comentarios que le agradaron:
—¿Te has enterado?
Ese Caballero de Clase S que se retiró la semana pasada está aquí.
—¿En serio?
Luego le pediré un autógrafo.
—¿Un Clase S en Oukiwa?
Eso es algo que nunca esperé.
—Sí, la primera Mazmorra de aquí se descubrió hace menos de diez años, así que no hay muchos Aventureros de Clase alta.
—¡Oye!
¿Has oído?
¡El Campeón del Torneo de Leyendas también ha aparecido!
—¡¿El Campeón?!
¡¿Qué demonios está pasando aquí?!
El mensajero de la familia Strogueher no soñó ni en sus más locas fantasías que hacer ese anuncio en un establecimiento de tercera atraería tanta atención.
Sin duda, subestimó de lo que es capaz un puñado de borrachos.
La Matriarca de la familia Strogueher, Ayumi Yamazaki Strogueher, estaba tan furiosa que estuvo a punto de despedir a Jonathan por un error tan grotesco.
Había planeado algo más discreto y seguro, pero ahora parecía que la mitad de los Aventureros y Mercenarios de la ciudad estaban a las puertas de su Mansión.
—¡Jonathan, como no haya nadie de mi agrado entre todos los que están frente a mi casa, me aseguraré de que no vuelvas a encontrar trabajo en Broteforge!
¡Ahora vete, lárgate de mi vista!
—le gritó al hombre regordete, que sudaba frío.
En todos los años que llevaba trabajando para la familia, nunca imaginó que la Señora Yamazaki lo trataría así al cometer su primer error.
Mientras salía por una de las puertas laterales del salón principal, Jonathan esbozó su característica sonrisa pervertida, como si le hubiera encantado recibir los insultos de la Matriarca.
El viejo guardia, que observaba toda la escena en silencio, también se percató de la expresión del gordo cuando se fue.
Sin embargo, el guardia no lo delató porque entendió la situación; no quería que la mujer perdiera más tiempo con ese canalla.
Ayumi tenía una larga melena dorada que le llegaba hasta las rodillas y, aunque su cuerpo era hermoso y tenía unos pechos enormes, todos sentían que debía de ser mayor de lo que aparentaba, sobre todo porque alguien joven no tendría la oportunidad de dirigir una familia tan prestigiosa.
—Oliver, hoy tendrás la oportunidad de elegir personalmente quién entra y quién no en esta casa —dijo Ayumi, recuperando la compostura que solía tener.
Oliver, el guardia, asintió y dijo: —Sí, señora.
¿Alguna preferencia?
—Ya sabes cuál es.
El grandullón, ataviado con su enorme armadura de obsidiana, se dirigió al patio trasero de la mansión.
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