Mi novia es una Aventurera de Clase S - Capítulo 90
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90: El festival 90: El festival En esa noche de verano, Vasconcelos parecía un pueblo más hermoso de lo habitual.
Cientos de familias se reunieron en la plaza principal de la zona y se divirtieron en los numerosos y diferentes puestos de juegos y comida.
Los jóvenes buscaban chicas con las que coquetear y quizá besar.
Los adultos se divertían bebiendo y relajándose.
Los niños gastaban su energía corriendo por ahí.
Nathalia, Luke y Alexis visitaron la mayoría de los puestos y gastaron mucho dinero.
Por suerte, Luke consiguió guardar en su inventario las dos mil quinientas monedas de plata que había ganado, así que cada vez que necesitaba gastar algo de dinero, sacaba solo la cantidad que necesitaba.
Sin embargo, Nathalia demostró tener la energía de una niña y quiso jugar en varios puestos.
—¡Vamos, Luke, tú puedes!
—animó Nathalia al medio lobo, que utilizaba un colador de papel para intentar sacar peces dorados de una pecera.
Colocó el colador en el agua con cuidado para no rasgar el papel.
Ya era su tercer intento.
Luke movió lentamente el colador dentro del agua y empezó a seguir el movimiento de los peces.
En cuanto intentó levantar el colador, el peso del pez dorado rasgó el papel.
—¡Ah, amigo!
¡Esta vez no ha podido ser!
¿Quieres intentarlo de nuevo?
—lo tentó el comerciante del puesto.
El medio lobo hizo los cálculos rápidamente y se dio cuenta de que ya había gastado quince monedas de plata solo en este juego, y ni siquiera se había acercado a ganar.
—N-no, gracias —dijo, luchando contra su orgullo.
Alexis y Nathalia se rieron a gusto de la expresión de decepción de Luke.
Durante la fiesta, muchos miraron a Alexis con desprecio, asco y curiosidad; al fin y al cabo, no todos los días se veía a una mujer con cuernos.
Para sorpresa de Luke, a la mujer no pareció importarle.
Ya se había dado cuenta de que Alexis no temía mostrarse como una medio bestia, pero ese día lo afirmó aún más.
Si el medio lobo se expusiera, seguramente habría atraído la atención de mucha gente molesta, como había ocurrido en varias ocasiones a lo largo de su vida, pero había algo diferente en Alexis que hacía que la gente la respetara.
Cuando por fin Nathalia se quedó sin energía, Alexis se la echó a la espalda y empezó a llevarla de vuelta a la Mansión Strogueher.
A mitad de camino, la Elfa se durmió mientras la cargaban.
—No es de extrañar que esté así.
Ha entrenado todo el día y aun así tenía tanta energía…
¡Ahh!
Qué buena es la juventud.
—Hablas como si fueras una anciana.
¿Cuántos años tienes?
—la cuestionó Luke.
Después de haberse divertido juntos, se sentía más cómodo hablando con Alexis.
—¿Debería decírtelo~?
No creo que sea un intercambio justo que solo lo diga yo.
—Tengo veinte —le respondió Luke sin rodeos.
—¡¿Veinte?!
Eres sorprendentemente joven para tu aspecto.
—Mira, sé que no me cuido mucho, pero tampoco tienes que humillarme.
—¡¿AH?!
¡No, no es eso lo que quería decir!
—exclamó Alexis, casi soltando las manos que sujetaban los blancos muslos de Nathalia.
—Tranquila, solo era una broma tonta —dijo, dándose un golpecito en la frente y sacando la punta de la lengua.
—¡¿Tienes sentido del humor?!
¡No me lo creo!
—dijo Alexis irónicamente y se llevó las manos a la boca, fingiendo sorpresa.
Nathalia cayó hacia atrás al ser soltada por la medio dragón.
¡Zas!
La espalda de la Elfa golpeó el suelo de tierra.
—¡Ay, ay, ay!
—expresó mientras se levantaba masajeándose la espalda.
En cuanto llegaron a la mansión, la sirvienta Martha les dio la bienvenida.
Esta vez, no llevaba la ropa blanca y negra de diario.
Llevaba un largo camisón de satén que realzaba su cuerpo.
Martha recibió a Nathalia en sus brazos para poder llevarla a su habitación.
—¿Van a dormir ya?
Si no, puedo servirles un té en un momento.
A esta hora, los guardias deberían estar patrullando la parte trasera de la mansión —dijo la competente mujer, con Nathalia apoyada en sus brazos, que estaba a punto de dormirse de nuevo.
—Suena bien.
¿Me acompañas, Luke?
—preguntó Alexis, mientras se quitaba su blusa blanca bordada.
—C-claro.
Aunque a Luke le gustaba acostarse temprano para madrugar, no tenía mucho que hacer al día siguiente, así que agradeció la invitación.
Durante el tiempo que Martha tardó en preparar el té y acostar a Nathalia, el medio lobo y Alexis se sentaron a hablar en los sofás del salón principal.
Aprovechando la situación, Luke decidió aclarar una duda que tenía sobre la Pontífice Rebecca.
—¿Cómo puede aparentar ser tan joven siendo tan mayor?
—Eh…
No le digas que te lo he contado, pero sufre una maldición.
Digamos que cuando la conocí aparentaba ser mayor, y con el tiempo fue…
—Rejuveneciendo —supuso el medio lobo.
—Sí.
Muchos pensarían que es una bendición, pero creo que para ella no debe de ser nada bueno ver que todo envejece menos ella.
—¿Podría acabar convirtiéndose en un bebé?
Eso sería…
cruel, como poco —teorizó Luke.
En el ir y venir de otros tantos temas, Alexis acabó tocando un asunto aún más delicado que las maldiciones.
—¿Y bien?
¿A qué te dedicabas antes de acabar aquí?
—preguntó, mientras ajustaba el cojín del sofá en el que estaba apoyada.
—¿De verdad tengo que responder a eso?
—¡Oh, vamos!
¡Cuéntame algo de ti!
Tú ya sabes muchas cosas de mí, y yo no sé prácticamente nada de ti.
—Primero tienes que ganarte mi confianza.
¿O de verdad crees que he olvidado que me debes un deseo?
Hicimos una apuesta, y acabé matando al receptáculo del demonio.
La medio dragón, en lugar de retroceder como Luke esperaba que hiciera, se levantó y se sentó junto al medio lobo.
—No te preocupes, puedo pagarlo.
¿Qué crees que puedes pedirme?
—preguntó Alexis, inclinando el busto hacia delante.
Como ahora llevaba una camiseta más fina, sus pechos quedaban bien marcados.
Sin pedir permiso, acercó su rostro al de Luke.
Alexis le puso una mano en el muslo y empezó a subirla.
Al principio, el medio lobo no deseaba detenerla; de hecho, estaba casi hipnotizado por los ojos rojos de la mujer.
Sin embargo, pronto un peso cayó sobre su conciencia.
—No puedo hacerle eso a Ayumi…
—dijo, deteniendo el avance de la mano de Alexis.
La medio dragón también pareció salir de un estado de trance y retrocedió.
—L-lo siento.
No sabía que lo vuestro iba así, ya sabes, tan en serio.
—No es eso…
en realidad, es complicado.
Al final, cuando Martha llegó al salón con las bandejas del té, Alexis y Luke ya se habían ido cada uno a su habitación.
Pasaron unos días más y el ambiente entre ellos volvió a ser incómodo durante ese tiempo.
Ayumi Yamazaki tampoco regresó a la Mansión, y esto estresó y preocupó aún más a Luke; sin embargo, pronto se centró en lo que tenía que hacer a continuación.
—¿Nos vamos?
El emisario de la Iglesia me avisó de que ya está cerca —dijo la medio dragón, poniéndose las botas en la entrada de la mansión.
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