Mi padrastro, mi deseo - Capítulo 5
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5: CAPÍTULO 5 El casi beso.
5: CAPÍTULO 5 El casi beso.
Emma
Odio a mi mamá.
—Parece que todo el mundo está ocupado follando —dice Zach, mi patético novio, mientras me folla.
La sonrisa en su cara es ridícula.
Me hace odiarlo aún más.
Los gemidos de mi madre se oyen con fuerza desde el piso de arriba.
Creo que escogió la habitación justo encima de la mía para
torturarme con los sonidos del hombre que deseo mientras la folla.
Debería ser yo.
Pero aquí estoy, atrapada con un hombre que ni siquiera puede darme un orgasmo.
Zach ha sido mi único novio desde el instituto.
No diría que lo he amado alguna vez o
que lo he deseado tanto como deseo a Knox.
Pero lo acepté solo porque era el único chico dispuesto a salir con una nerd.
Yo.
Mientras las otras chicas conseguían jugadores de fútbol americano buenorros, a mí me tocaron los brackets y el terriblemente nerd de Zach.
—¿Sabías que el cuerpo de la mujer aún no se ha investigado por completo?
—No necesito saber eso mientras estás dentro de mí, Zach.
—Lo siento, solo quería…
—Solo fóllame, por favor.
No más cháchara.
Los labios de Zach se curvan hacia abajo en una mueca.
Yo permanezco rígida, moviéndome solo en respuesta a sus débiles
embestidas.
El gemido de mi madre se ha vuelto más fuerte y es en lo único que puedo pensar ahora mismo.
En lo que Knox
debe de estarle haciendo a ella…
—¡De la Tierra a Emma!
—Zach deja de moverse.
Esta vez, soy yo la que frunce el ceño.
—¿Por qué has parado?
—No creo que ninguno de los dos esté disfrutando de esto.
Ni siquiera estás aquí conmigo —responde Zach.
—Estoy aquí —miento.
Zach se sale de mí antes de que pueda siquiera disfrutarlo.
Imbécil.
—No, no lo estás, Emma.
Me busca la mirada, claramente preocupado.
Zach siempre ha sido del tipo sensiblero que presta demasiada atención a las conversaciones en lugar de saber cómo satisfacerme sexualmente.
Un grito más de mi madre es suficiente para volverme loca.
—Creo que deberíamos cortar.
Los ojos de Zach se abren como platos.
Pero está demasiado atónito para hablar.
Su polla de tamaño mediano me roza la piel y me siento irritada.
Apuesto a que la de Knox tiene más grosor y que él sí que sabe cómo usarla de puta madre.
Empujo a Zach para quitármelo de encima y me pongo de pie, vistiéndome de nuevo.
Está claro que es una pérdida de
tiempo.
—¿Por qué, Emma?
¿He hecho algo mal?
Le lanzo su ropa.
—Bueno, para empezar, no sabes follar.
Y segundo, nunca tengo un orgasmo contigo.
Ahora vístete y lárgate.
—Pero, Emma, podríamos… —empieza a ponerse los pantalones.
—No voy a cambiar de opinión, Zach.
Se acabó lo nuestro.
Me pongo las chanclas y empiezo a caminar hacia la puerta.
Necesito un poco de espacio donde no pueda oír a mi
madre gritar.
—Por favor, vete cuando termines.
—Salgo de mi habitación y me dirijo a la cocina a por un poco de agua.
Pasan unos minutos más hasta que oigo la puerta principal.
Suspiro, bebiendo el agua a tragos.
—¿Qué haces aquí abajo tan tarde?
—Una voz me hace dar un respingo en la oscuridad.
El vaso se me resbala de la mano y se rompe en mil pedazos en el suelo.
Maldita sea.
Se encienden las luces y Knox está de pie junto al interruptor.
Se acerca a mí y susurra una
maldición cuando ve el desastre que he montado.
—Siento haberte asustado.
Dirige hacia mí esos sexis ojos grises.
Están llenos de preocupación.
—¿Estás bien?
Tiene el pecho desnudo.
Es una gloriosa obra de arte de músculos, tatuajes y perfección.
—Sí… sí, lo estoy —mascullo.
Mis ojos se desvían hacia su entrepierna.
¡Joder!
Knox está a mi lado, vestido solo con unos calzoncillos.
Su bulto se marca a la perfección.
Es enorme.
Y
grueso… Joder.
—Déjame ayudarte —dice, y va a buscar la escoba.
Le miro el culo con más intensidad de la que debería.
Mi moral está encerrada en algún lugar del fondo de mi mente.
Y no tengo ninguna intención de ser una niña buena esta noche.
Knox empieza a barrer los trozos de cristal y yo alargo la mano para quitarle la escoba.
—Déjame ayudarte con eso.
—Al principio no suelta el mango, pero finalmente lo hace cuando ve que yo tampoco lo suelto.
Él da un paso atrás y yo lo sigo, dándole la espalda.
Mi culo le roza ligeramente la entrepierna y siento una sacudida eléctrica recorrer mi cuerpo cuando lo hace.
Knox se disculpa y da un paso atrás.
Sé que sintió la misma sacudida por la mirada en sus ojos.
—Yo… debería dejarte con esto, entonces —dice Knox, y se gira hacia la puerta.
No.
No puedo dejar que se vaya.
Ese ligero roce ya me ha mojado las bragas.
Piensa rápido, Emma.
Piensa.
—Ay —gimo.
Suelto un quejido y finjo dar un traspié.
Eso capta la atención de Knox.
—Creo que he pisado un cristal.
Me duele el dedo del pie… Ay —miento mientras intento moverme de nuevo.
Knox se gira
hacia mí.
Sí.
—¿Cómo ha pasado eso?
—Se apresura a mirarme el dedo del pie.
—No tengo ni idea —finjo un sollozo.
Quizá debería haber pensado en ser actriz en lugar de especializarme en marketing.
Casi me río de lo preocupado que parece.
—¿Qué dedo, Emma?
—El dedo gordo, Knox.
—Me entretengo con la visión de su entrepierna.
Quiero empuñar su miembro y sentirlo por mí misma.
Es tan tentador.
—No veo ninguna herida —responde él.
Me acerco un centímetro más a él.
—¿Estás seguro?
—gimo, colocando un brazo en su hombro.
Son más robustos que los de Zach.
Puro músculo y tinta.
Me acerco otro centímetro hasta que mis pezones le rozan el pecho.
—¿Qué estás haciendo, Emma?
—Deslizo los dedos por su hombro, trazando lentamente un tatuaje hasta su pecho.
—Nada.
¿Aún no encuentras el corte?
—Deslizo los dedos hacia abajo.
Y más abajo, a solo unos centímetros de la cinturilla de sus calzoncillos, antes de que me agarre la muñeca para detenerme.
—Soy tu padrastro, Emma.
—Clavo mis ojos en los suyos.
Nuestros labios están peligrosamente cerca mientras mi mirada revolotea entre sus sexis ojos y sus labios aún más calientes.
—Pero no mi padre —susurro, mordiéndome un poco el labio.
—¿Qué es lo que quieres?
—Me libero de su agarre y satisfago mi anhelante necesidad de tocarlo.
Me deja sentir su polla a través de los calzoncillos y nunca me había mojado tanto solo por un contacto.
Es venosa.
Y enorme… jodidamente enorme.
Casi gimo al pensar en las cosas que me hará
con ella.
—Bésame —susurro tras un momento de silencio.
Pero no espero a que se mueva y me inclino
hacia delante para probar sus labios.
Mis manos siguen en su hermosa polla.
—Emma, he olvidado…
Reconozco esa voz.
Mierda.
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