Mi Pareja Es Ese Alfa Malote - Capítulo 695
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Capítulo 695: Capítulo 604: Hacer una jugarreta
Melissa parecía un poco disgustada. Miró al hombre que tenía delante y, con los brazos cruzados, dijo: —¿Por qué estás aquí?
Demetrio hizo un gesto con la muñeca y levantó la vista hacia Melissa. —Solo quería gastarte una broma, pero al final me he hecho daño yo.
Mientras hablaba, le enseñó la palma de la mano a Melissa. —Maldita sea, mi mano todavía funcionará bien, ¿verdad? Si no, tendrás que cuidar de mí.
Melissa frunció los labios con resignación. —Me estabas siguiendo.
Melissa no le dio una paliza gracias a su oportuno quejido.
—¿Por qué eres tan fría conmigo? Estoy muy triste —dijo Demetrio.
Melissa encontró su coche y preguntó: —¿Y bien? ¿De qué se trata?
—¿Tienes tiempo ahora? —preguntó Demetrio con una sonrisa.
Melissa enarcó las cejas y lo miró, esperando que dijera algo.
Demetrio sonrió, hizo aparecer una rosa como por arte de magia y se la entregó a Melissa.
—Mi bella dama, ¿tendría el honor de invitarla a comer?
Melissa se limitó a mirar la rosa y no la cogió. Justo cuando iba a negarse, Demetrio dijo con decepción:
—Me voy de Aldness —dijo con voz apenada.
Eso era algo que Melissa no se esperaba. Hizo una pausa antes de abrir la puerta del coche. —¿Vuelves a casa?
Demetrio parpadeó y se acercó a Melissa. —Por eso deberías cenar conmigo, aunque solo sea como amigos.
Melissa dudó un poco, sin saber si debía aceptar.
Demetrio se dio cuenta al instante de que Melissa dudaba. Dijo con un suspiro: —Verás, desde que llegué a Aldness, no he tenido la oportunidad de invitarte a comer. ¿Quieres que me vaya con ese pesar?
—Sé que te preocupa que Murray se haga una idea equivocada. Puedes llamarlo y decírselo.
—Solo quiero cenar contigo. No te pediré nada más.
Melissa frunció el ceño. De hecho, justo ahora estaba pensando en decírselo a Murray. Le pareció recordar que Murray tenía una cena esa noche, así que no sabía si tendría tiempo para mirar el teléfono.
Aun así, Melissa le envió un mensaje a Murray y luego levantó la vista hacia Demetrio.
—Está bien, cenaré contigo. Tómalo como una cena de despedida.
Melissa sentía que Demetrio era un buen amigo.
Demetrio sonrió, hizo una reverencia a Melissa y dijo: —Por aquí, Sra. Eugen.
El teléfono de Melissa sonó. Era un mensaje de Murray.
Había pensado que Murray le preguntaría dónde estaba o le diría que no cenara con Demetrio. Para su sorpresa, Murray solo respondió con una palabra.
«De acuerdo».
Melissa estaba confundida, pero Demetrio siguió apremiándola, así que tuvo que seguirlo y marcharse.
Demetrio llevó a Melissa a un asador y ya había reservado una mesa. Melissa miró a Demetrio, que estaba sentado enfrente, y enarcó las cejas.
—Parece que estabas muy seguro de que vendría a comer contigo.
Melissa sabía que en ese restaurante había que reservar con tres horas de antelación.
—Porque sé que eres una persona de corazón blando —dijo Demetrio con una sonrisa.
Melissa tomó un sorbo de agua del vaso y, con naturalidad, sacó otro tema de conversación. —¿Volverás en el futuro?
Demetrio parpadeó y se apoyó la cara en las manos para mirar a Melissa, con los ojos llenos de expectación. —¿Qué? ¿Me estás pidiendo que me quede?
Melissa no respondió. Se limitó a levantar la vista hacia Demetrio. Demetrio supo que se estaba poniendo en evidencia al hacer esa pregunta y se rio secamente.
—No sé qué pasará en el futuro —dijo él.
Siguieron charlando de lo que se les ocurría. Melissa estaba un poco distraída por el mensaje de Murray.
«Qué extraño. No parece propio de él», pensó.
Justo cuando Melissa estaba un poco distraída, su teléfono sonó de repente. Era una llamada de Murray.
Demetrio vio el identificador de llamadas. Había una extraña mirada en sus ojos, pero aun así le hizo una señal a Melissa para que respondiera.
—¿Dónde estás?
Preguntó Murray con frialdad por teléfono.
Melissa le dijo el nombre del asador. Demetrio no pudo evitar reírse y decir: —Murray, Melissa está conmigo ahora.
Melissa le lanzó a Demetrio una mirada de reproche, pero él alzó las manos con una sonrisa burlona.
—Pasaré a recogerte más tarde —dijo Murray solemnemente.
Melissa dijo que estaba bien. Murray ya había colgado.
—Esto es muy injusto. Ni siquiera quieres terminar de comer conmigo —se quejó Demetrio, llevándose la mano al pecho con cara de tristeza.
—Ya que lo sabes, no deberías haberme invitado —dijo ella.
—Basta. Tenía muchas ganas de cenar contigo —dijo Demetrio con desánimo.
—Entonces date prisa y come. Atesora este último rato conmigo —se rio Melissa entre dientes.
Demetrio hizo un puchero, pero dejó de comer. En su lugar, se apoyó la cara en las manos y miró a Melissa.
—Meli, me pregunto qué habría pasado si me hubieras conocido a mí antes que a él.
Había un matiz de expectación en su voz. Melissa lo percibió. Se limpió los labios con la servilleta y se rio entre dientes.
—No habría pasado nada.
Se lo dijo sin dudar.
Demetrio miró a Melissa con cara triste, como si lo hubieran herido profundamente.
—Ni siquiera te lo has pensado un segundo.
Melissa forzó una sonrisa. Si hubiera conocido a Demetrio antes que a él…
Pero los «si hubiera» no existían en el mundo.
Mirándola, Demetrio señaló con la barbilla. —Murray está aquí.
Melissa se dio la vuelta y vio a Murray caminando hacia ellos.
Se rio entre dientes, se levantó y caminó hacia él, mientras Demetrio permanecía sentado, mirando la espalda de Melissa.
—Melissa, ¿estás segura? —preguntó Demetrio.
Melissa se dio la vuelta con una sonrisa. —Demetrio, no es una cuestión de tiempo. Lo quiero solo porque es Murray. Él es el hombre indicado para mí.
Demetrio abrió la boca, pero se guardó lo que quería decir. Se limitó a mirar a Melissa con afecto. —Te deseo que seas feliz, entonces.
Melissa sonrió. —Buen viaje.
Justo cuando terminó de hablar, Murray la atrajo hacia sí en un abrazo.
—Parece que os lo habéis pasado bien.
Murray le susurró a Melissa al oído con voz baja y ronca. Parecía estar borracho.
—Te hablé de la cena y solo me respondiste con una palabra. No sé cuándo te has vuelto tan generoso.
Bromeó Melissa. Por alguna razón, Murray frunció el ceño.
—¿Qué has dicho que te respondí? —preguntó Murray.
Ella parpadeó, confundida, y luego le enseñó el mensaje. —Mira. Solo pusiste «de acuerdo».
Levantó la vista y vio que la expresión de Murray cambiaba de repente.
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