Mi Pareja: Mis Posesivos Gemelos Alfas - Capítulo 136
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
136: Capítulo 136 136: Capítulo 136 Al sentir la ira glacial de Kieran y ver sus músculos contraerse y tensarse, entré en acción.
A Ethan se le daba mucho mejor ocultar su apetito asesino, manteniendo una expresión de desinterés en su rostro.
Me interpuse entre los gemelos y avancé hacia la puerta principal abierta.
Los ojos de Zack siguieron mis movimientos como si esperara que saliera corriendo.
Reprimí la irritación que amenazaba con formarse en mi rostro y le dediqué mi propia mirada de desinterés.
Estaba claro que los hombres como Zack tenían un ego desmesurado, muy parecido al de Sebastian.
—Pasa, pero que sea rápido —respondí con altanería, cruzándome de brazos.
Seguro que no era la loba más intimidante, siendo al menos medio metro más baja que Zack.
Por el lado bueno, lo que me faltaba en apariencia, lo compensaba con poder.
El rostro de Zack era duro, adoptando lo que estaba segura de que era su mirada amenazante.
Sus emociones decían la verdad, y no podía ocultármelas.
No tenía miedo; no, era demasiado arrogante para eso.
Estaba molesto por el hecho de estar aquí, irritado porque los gemelos se le habían enfrentado y receloso por mi falta de preocupación.
Giré sobre mis talones y crucé la sala, llamando a Zack.
Se acabó lo de tratar este mundo como si fuera reluciente y nuevo.
No dejaría que estos machos dominantes me pisotearan hasta convertirme en la perfecta loba sumisa.
Había lidiado con Lauren y Darren, nada menos.
Si algo me enseñaron fue a no tragarle la mierda a nadie.
Silver se agitó feliz en mi interior, recordándome que era una Luna, no una niñita débil.
—También puedes dejarte de hacer el tipo duro —le espeté con una sonrisita de suficiencia—.
A mis compañeros no les impresiona, y a mí, desde luego, tampoco.
Entré tranquilamente en la cocina y piqué algo de los restos del desayuno que habían preparado los gemelos.
Ethan, Kieran y Zack entraron en la cocina unos segundos después.
Los gemelos parecían contentos de actuar como guardaespaldas, colocados de la forma más intimidante posible a cada lado de mi cuerpo.
Los ojos de Zack recorrieron la cabaña, como si nunca hubiera pisado un lugar como este.
No era nada extraño, solo una cabaña equipada con más lujo del que yo estaba acostumbrada.
Quizás Zack estaba acostumbrado a un lujo todavía mayor del que esta cabaña podía ofrecer.
Zack ladeó la cabeza, y sus ojos brillantes saltaron de un gemelo a otro antes de posarse en mí.
Un destello de interés ardió y se apagó tan rápidamente en su interior que casi no me di cuenta.
Arrugó un poco su nariz angulosa y sus labios formaron una fina línea.
—¿Has quemado algo, Sofía?
—Por algún motivo, no me sorprende que hayas asumido que cociné yo —resoplé, negándome a dejar que este hombre engreído me provocara.
Los gemelos parecían estar de acuerdo, aunque no estaba segura de cómo podía caber tanta rabia en el cuerpo de Kieran; supongo que por eso es tan corpulento—.
Y otra cosa, ¿acaso has cocinado un solo día en tu vida?
—¿Y por qué iba a necesitar cocinar?
—replicó Zack con voz fría, arqueando una de sus perfectas cejas hacia mí.
Su forma de hablarme me recordó a Sebastian, como si yo fuera una niña que se mueve por el mundo de los adultos, intentando dar sentido a cosas de las que no sabía nada—.
Soy un futuro Alfa.
El trabajo de otros es cocinar para mí, para que yo pueda dedicar mi tiempo a cosas más importantes.
—Mmm, ya veo.
Entonces, una de esas cosas más importantes era darme caza, ¿para qué?
—insistí, cogiendo un trozo de beicon y enrollándolo en una tortita antes de darle un mordisco—.
Yo diría que un Alfa grande y fuerte tiene mejores cosas que hacer.
La irritación de Zack sabía a manzanas amargas y sal, pero me dio una perspectiva que de otro modo no habría tenido.
No quería estar aquí.
Buscar a una loba blanca cualquiera estaba por debajo de su estatus.
Alguien le había obligado a venir, muy probablemente su padre.
—Ahora lo entiendo.
No quieres estar aquí —asentí, dejando que una sonrisa de suficiencia se dibujara en mi cara—.
Déjame adivinar, cabreaste a Papá y te envió aquí, a hacer un recado para soldados rasos.
—Basta de eso —replicó Zack sin inmutarse, mientras sus ojos azur se oscurecían hasta volverse azul marino.
Sabía lo que buscaba y casi pude sentir cómo sus ojos se clavaban en la suave piel de mi cuello—.
No estás marcada y no has jurado tu cargo como Luna en tu manada.
—Muy observador, pero me marcarán esta noche —repliqué—.
Como puedes ver, mis compañeros ya tienen mi marca.
—Cierto, pero eso no cambia que la ceremonia está incompleta —señaló Zack—.
No eres oficialmente la Luna de ninguna manada.
Como tu padre y tu tío aún no han renunciado a los derechos de sus propias manadas, eres, en esencia, solo una loba con un problema de actitud.
No se te permitirá hablar durante la reunión del Alto Consejo, no sin un título o un propósito.
«Eres una Luna, Sofía.
Como tus compañeros, no vamos a faltarte al respeto echando a este gilipollas de la casa.
Muchos Alfas te desafiarán, intentando bajarte los humos.
No es nuestro trabajo intervenir en tu nombre, por mucho que queramos.
Por desgracia, tenemos unos diez minutos antes de que Kieran se ponga hecho una fiera con él», la voz tranquilizadora de Ethan resonó en mi mente, afilada con un matiz de rabia.
Ethan tenía razón, tanto sobre mí como sobre Kieran.
Kieran tenía un aspecto francamente asesino, con los puños apretados y la mandíbula tensa.
Su ira casi me arrastró, como si unos látigos de hielo se enroscaran en mis tobillos y muñecas.
—¿Que no se me permitirá hablar?
¿En una reunión que tiene que ver con mi vida?
—me reí secamente, sintiendo la presión de aquellas emociones airadas y amargas arremolinándose a mi alrededor.
Mis dedos se crisparon y casi pude agarrarlas, casi pude lanzárselas a Zack como había hecho durante la batalla—.
Una ceremonia no significa nada.
Si crees que nací siendo otra cosa que no fuera una Luna, estás muy equivocado.
—Tu desprecio por nuestras costumbres solo me demuestra lo mucho que te supera la situación —replicó Zack, mirándome por encima del hombro como si fuera una niña que necesitara una reprimenda—.
Solo a los Alfas y a sus Lunas se les permite hablar en las reuniones, a menos que sean un invitado al que se le dé la palabra.
—No estoy despreciando ninguna costumbre.
Esta reunión tiene que ver con mi derecho a vivir, como si algo así estuviera realmente a debate —espeté, incapaz de mantener a raya la ira de Kieran.
Me azotó como una tormenta de hielo, congelando mis entrañas hasta que me dolieron.
La ira de Kieran era infinita, una emoción pura basada en la lealtad y el amor.
Actuó como una bomba nuclear dentro de mí, llenándome de tanta energía que estaba segura de que podría estallar—.
Hablaré en esa reunión, y no pediré permiso a un puñado de Alfas anticuados.
Ya tienes lo que has venido a buscar.
Ahora, lárgate de una puta vez antes de que mis compañeros te pateen ese pomposo culo tuyo.
Esa ira palpitó dentro de mí y se abalanzó sobre lo más cercano.
Zarcillos helados de mi ira y la de Kieran salieron disparados hacia Zack, y observé en silencio cómo saltaban hacia su rostro.
Esos zarcillos rebotaron contra algo transparente y liso, una burbuja que envolvía a Zack a pocos centímetros de su piel.
Esa burbuja actuó como un campo de fuerza, haciendo que aquellos zarcillos de fría rabia se hicieran añicos.
Titiló una vez más antes de volverse traslúcida de nuevo, pero no podía equivocarme con lo que había visto.
Solo había una explicación, y me inquietó aún más.
—Te protege un lobo blanco —afirmé, segura de que estaba en lo cierto—.
¿Cómo es que todavía puedo sentir tus emociones?
¿Por qué tu campito de fuerza no te protege de eso?
—Hay muchas variantes de las habilidades de los lobos blancos; esta es una de ellas —se encogió de hombros Zack—.
Protege de los ataques mágicos, nada más.
—Entonces, si te rompo la nariz, ¿no te protegerá?
—musitó Kieran, con los ojos clavados en los ojos azules y el pelo dorado de su presa.
Zack ignoró a Kieran, pero le lanzó una mirada fulminante.
—Entonces, mientras vuestra manada pueda usar sus poderes, ¿tienen derecho a vivir?
—me burlé, comprendiendo por fin cómo eran estos hombres del Alto Consejo.
No se trataba de si yo merecía vivir, sino de si podían controlarme y utilizarme.
No podían permitir que un arma increíble cayera en manos de sus enemigos, como si yo no fuera una persona de carne y hueso.
—He venido a observar y a darte un consejo —espetó Zack, visiblemente irritado por mis palabras.
No lo negó, tal como sabía que no lo haría.
Podría ser un capullo pomposo, pero hasta ahora no me había mentido—.
Estoy intentando convencer a mi padre de que puedes ser útil, de que no eres una loba incontrolable con el poder de arrasar nuestra manada y el Alto Consejo.
Si actúas como tal, no puedo ayudarte.
—Si tu ayuda me convierte en algo que hay que usar, vigilar y temer, no la quiero —repliqué—.
¿A ti o a algún otro miembro del Alto Consejo se os ha ocurrido pensar que los lobos blancos fueron creados por una razón, y que esa razón no era ser controlados por aquellos que nos temen?
Zack permaneció en silencio durante unos largos instantes, con la mirada fija en cada uno de mis movimientos.
Cuando por fin habló, sus palabras me dejaron más confundida.
—Vas a cambiar las cosas, Sofía.
Intenta no morir en el intento —gruñó, en la única expresión poco refinada que le vi en el rostro.
Salió de la cocina a grandes zancadas en dirección a la puerta principal, y nosotros tres le seguimos los talones todo el camino.
Zack abrió la puerta de un tirón y salió, pero dudó un momento.
—Sé que no has podido encontrar mucho sobre tus habilidades —comentó Zack, sin dirigir ni una mirada a los gemelos—.
Dile a tu gente que busque sobre los «Devoradores de Almas», y rézale a la diosa para que no seas uno de ellos.
Tan pronto como Zack se fue y resonó el eco de los neumáticos chirriando sobre el asfalto, Ethan ya estaba al teléfono con Williams y Sebastian.
Devorador de Almas.
Eso sonaba aún más reconfortante que sanguijuela emocional.
No estaba segura de qué pensar de Zack Billford.
Era engreído, pomposo y claramente sentía algún tipo de animosidad hacia su padre.
El pequeño soplo que nos dio sobre los Devoradores de Almas no era precisamente para nuestro beneficio.
¿Qué pasaría si yo fuera una Devoradora de Almas?
Estaba segura de que las posibilidades de un futuro brillante se atenuarían ante esa revelación.
—¿Conoces a Zack o algo?
Parecía que ibas a explotar todo el tiempo —pregunté, metiéndome en los brazos de Kieran y sonriendo mientras su ira amainaba.
—Zack Billford es un capullo insufrible y sin agallas que ha nacido en cuna de oro —gruñó Kieran, y me di cuenta de que se rozaba distraídamente la mano contra una de las cicatrices más gruesas de su bíceps—.
Su padre, Maverick, es aún peor.
Al menos Zack finge que su manada le importa una mierda; Maverick no se molesta con tales formalidades.
—Y el hecho de que viniera aquí…
—empecé, pero me interrumpió cuando Kieran pasó su pulgar por mi labio inferior.
Tenía el ceño fruncido, pero solo sentí una mínima gota de preocupación proveniente de él.
—No es una buena señal —respondió Kieran—.
Tenías razón en lo que dijiste antes.
Maverick envió a Zack aquí, aunque no estoy seguro de por qué.
Normalmente le gusta tener sus propiedades a su lado, especialmente a su hijo pródigo.
Zack debe de haber hecho algo para cabrearlo de verdad, o quizá no podía confiarle esto a nadie más.
—Williams y Sebastian están recurriendo a algunas de sus fuentes, pero va a ser un poco difícil —dijo Ethan con el ceño fruncido, dejando su teléfono en la mesa de centro—.
Necesitamos la información, pero no pueden agitar mucho las aguas.
Lo último que necesitamos es decirle al mundo que tenemos una loba blanca con habilidades raras y muy peligrosas.
—Todo esto de los Devoradores de Almas…
no puede ser verdad, ¿no?
No soy la persona más agradable del mundo, pero ¿comerle el alma a alguien?
Yo no podría hacer eso —negué con la cabeza, intentando convencerme a mí misma, pero un sinfín de posibilidades recorrían mi mente.
Dije que estaría dispuesta a hacer cualquier cosa para mantener a Ethan y a Kieran a salvo…
pero ¿eso incluía robarle el alma a alguien?
Los gemelos se quedaron en silencio por un momento, como si pudieran sentir mi debate interno.
Una vez que su marca estuviera en mi piel, podrían sentir lo verdaderamente atormentada que estaba por esto.
Los gemelos intercambiaron una mirada que despertó mi curiosidad, y Ethan se giró hacia mí con una suave sonrisa en el rostro.
—El poder no es algo que deba temerse; es algo que hay que respetar y usar cuando es necesario.
Eso es lo que alguien como Maverick Billford no entiende.
Él ve el poder y lo quiere, todo.
No lo respeta y lo usa para herir a los demás —suspiró Ethan, ahuecando mi rostro con una mano callosa.
—No importa hasta qué punto progresen tus habilidades, deberías aprender a usarlas en todo su potencial —intervino Kieran, de pie en el lado opuesto a mí—.
No tienes que usar tu poder para señorear sobre los demás; en vez de eso, úsalo para proteger a tu familia y a tu manada.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com