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Mi Pareja: Mis Posesivos Gemelos Alfas - Capítulo 66

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66: Capítulo 66 66: Capítulo 66 El padre de Kat era muy agradable para ser médico.

Aunque odiaba los hospitales, me sentía un poco más cómoda con él cerca.

Me había dado la mitad de una pastillita blanca y, después de una media hora, el dolor del pie remitió hasta convertirse en una punzada sorda.

—Tienes una fractura en el pie —dijo el padre de Kat, frunciendo los labios mientras observaba el moratón de mi mejilla—.

Menuda caída te has dado.

—Desde luego —asentí, luchando por mantener la voz relajada y uniforme—.

Soy bastante torpe, así que no es ninguna sorpresa.

—Asegúrate de tener cuidado la próxima vez —asintió el padre de Kat, aunque no parecía convencido.

—Lo haré —murmuré—.

Mis padres están reformando la casa, así que últimamente ha estado todo muy desordenado.

A estas alturas no hacía más que acumular mentiras: sobre mi relación con mi familia, sobre la casa, sobre mis moratones.

Me recordé a mí misma que todo merecería la pena cuando me graduara y me mudara.

Al final, las mentiras habrían merecido la pena.

—Vas a tener que llevar esta bota durante unas semanas —me informó el médico, vendándome el pie con fuerza.

El corazón me dio un vuelco al pensar en llevar una bota.

Si Lauren se daba cuenta, se acabaría todo.

Daría por hecho que Darren me había hecho daño y sabría que había ido al hospital.

Pero ¿cómo demonios iba a esconder una bota?

Kat se volvería loca si me pillaba sin llevarla.

De cualquier forma, estaba jodida.

Era solo cuestión de tiempo.

Ethan, Kieran y Kat volvieron a entrar en la habitación, cada uno con una expresión extraña en la cara que hizo que el nudo de mi estómago se apretara.

Kat no era estúpida; sabía que algo pasaba.

Si a eso le sumabas mi pésima habilidad para mentir, ya estaba a medio camino de descubrir la verdad.

No es que Darren me maltratara constantemente.

Era esporádico, sobre todo maltrato verbal, y eso podía soportarlo.

El moratón de la cara había sido un error por su parte, y la lesión del pie fue culpa mía.

Probablemente tenía el torso cubierto de moratones, pero nadie los vería.

La bañera de porcelana me había dejado las costillas doloridas y sensibles, pero no pensaba sacar el tema.

—Entonces, ¿es muy grave?

—hizo una mueca Kat, con la misma expresión que Kieran y Ethan.

—Solo una pequeña fractura —asintió el padre de Kat—.

Nada que una bota no pueda arreglar.

Solo hay que dejar que el cuerpo se cure solo.

Mi visita al médico me había consumido casi todo el tiempo.

La quedada con Kat no había salido como esperaba.

Ethan y Kieran nos llevaron de vuelta a casa de Kat.

El trayecto fue silencioso, algo que agradecí.

Me negué a que ninguno de los dos me llevara en brazos de nuevo y preferí avanzar cojeando a un ritmo terriblemente lento.

Declaraba oficialmente que había terminado con ellos dos.

Tendría que reunir la fuerza de voluntad y esperar que no consiguieran volver a tenerme a solas.

Kieran podía divertirse con Jessy, y Ethan con quien fuera.

Aunque por dentro me consumían los celos al pensarlo, no iba a quedarme por ahí como un juguete con el que pudieran entretenerse.

—¿De verdad tienes que irte?

—hizo un puchero Kat.

Le dediqué una pequeña sonrisa.

—Lau…, mi madre quiere que vuelva antes de cenar.

Otra mentira.

Solo quería llegar a casa antes de que Darren se despertara de su estupor etílico.

Para cuando se levantara del sillón reclinable, yo ya estaría a salvo en mi habitación con la puerta cerrada con llave.

—La próxima vez, tienes que quedarte a cenar —me regañó Kat—.

Mi madre no va a dejar de darme la lata cuando te lleve a casa.

—Quizá la próxima vez pueda quedarme a dormir —sonreí, agradecida de que por el momento se hubiera olvidado de sus sospechas.

—¿Te importa si hablamos con Sofía un momento?

—dio un paso al frente Kieran, y yo apreté los dientes con rabia.

Kat inclinó la cabeza hacia un lado, un gesto de lo más extraño.

—Por supuesto —murmuró—.

Ahora mismo vuelvo.

¿Qué demonios había sido eso?

¿Desde cuándo Kat no se defendía?

Parecía hacerlo con facilidad con Jessy o con cualquier otra persona, la verdad.

—¿Qué queréis?

—suspiré, apoyándome en el coche de Kat.

Me sentía inquieta con ellos dos cerca.

Era como si fueran una droga y yo una yonqui intentando resistir su atracción.

—Cariño, no puedes estar realmente enfadada con nosotros —Kieran me dedicó una sonrisa arrebatadora que hizo que me temblaran las rodillas.

Su sonrisa era casi tímida, llena de una disculpa tácita.

El corazón me dio un vuelco al verlo, haciendo que fuera casi imposible resistirme a ellos.

—No me llames cariño —gruñí por lo bajo—.

Puedo estar enfadada con vosotros dos, y lo estoy.

¿Por qué era tan difícil seguir enfadada con ellos?

Ambos me miraban con ojos grandes y llenos de adoración, y tuve que apartar la mirada a la fuerza.

—Muñeca, Kieran no ha vuelto con Jessy —negó Ethan con la cabeza, alargando la mano para girar mi cara hacia las suyas—.

Fue un estúpido rumor, cortesía de Jessy.

El corazón me retumbaba.

Ambos parecían tan sinceros.

Pero, en serio, ¿qué oportunidad podíamos tener los tres?

La gente no compartía a otras personas sin más.

Los chicos no compartían a las chicas, y desde luego unos gemelos no compartían a una chica.

Dentro de un año, me habría ido de esta ciudad, y quería irme con el menor apego posible.

Podía soportar dejar atrás a mis amigos, pero no estaba segura de poder soportar dejar a alguien a quien amara.

Planeaba irme sin avisar, escapándome en mitad de la noche.

No sería capaz de hacerles eso a los gemelos, no si esto continuaba.

—Mirad, sea lo que sea que hay entre nosotros, tiene que parar —me obligué a decir, avergonzándome de lo débiles que sonaban mis palabras—.

No soy un juguete con el que podáis jugar cuando os aburráis.

—Nunca serás un juguete para nosotros, cariño —murmuró Kieran con su voz grave, mientras su mano se acercaba para jugar con un mechón de mi pelo.

—En cuanto me gradúe, me largo —les dije frunciendo el ceño.

Casi podía sentir cómo se me partía el corazón en dos—.

No voy a quedarme más tiempo del necesario.

—¿Por qué querrías irte, muñeca?

—frunció el ceño Ethan.

—Eso es personal.

Lo único que importa es que he terminado con esto.

No es…

normal compartir a una chica así.

—Nunca hemos sido normales, cariño —los ojos oscuros de Kieran se clavaron en los míos, y la honestidad emanaba de sus palabras.

Kieran y Ethan intercambiaron una mirada significativa, una que me hizo preguntarme cuántas veces habrían tenido esta conversación antes.

—Puede que tú hayas terminado con nosotros, pero nosotros no hemos terminado contigo, hermosa —murmuró Ethan, con un extraño brillo en los ojos.

Demasiadas emociones bullían en mi interior, haciéndome dudar de si estaba tomando la decisión correcta.

—Eres nuestra, Sofía —murmuró Kieran, y sus ojos oscuros brillaron con emociones ocultas.

—Siempre lo serás —intervino Ethan.

Ambos tenían los ojos clavados en los míos, y juraría que podían oír mi corazón desbocado.

Esa parte de mí los deseaba desesperadamente, como si mi vida dependiera de ello.

No eran solo dos tíos buenos; eran como una parte de mí.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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