Mi Pareja: Mis Posesivos Gemelos Alfas - Capítulo 9
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9: Capítulo 9 9: Capítulo 9 POV de Caleb
Me negaba a creer que la actitud de Lily no fuera intencionada.
El ardiente tira y afloja entre nosotros encendió una chispa que sabía que ardía con la misma intensidad para ella que para nosotros.
Si quería hacerse la difícil, de acuerdo, dos podíamos jugar a ese juego.
Pero pronto aprendería que no juego limpio, no cuando se trata de mi pareja.
Dicho esto, no iba a buscarle otra maldita galleta.
No después de cómo se comportó delante de nuestros padres.
Claro, soltarle todo de golpe y sin avisar no fue lo ideal, pero eso no disculpaba su comportamiento; sobre todo, cuando su familia no había sido más que acogedora.
No iba a dejar que se aferrara a la opinión distorsionada que se había formado de nosotros.
Necesitaba ver quiénes éramos en realidad: nuestra familia, nuestros valores y todo lo que representábamos.
Lily pensaba que éramos una especie de imbéciles pretenciosos, pero esa era su percepción, no la verdad.
—Dahlia, me alegro de verte.
Mándame un correo a mi dirección de la universidad con los detalles para el sábado por la noche: dónde tenemos que estar y a qué hora —dije, dedicándole un guiño rápido.
Su cara se puso roja como una manzana madura y asintió, evitando el contacto visual.
Las chicas tímidas eran un gusto, pero siempre había tenido debilidad por las que tenían carácter.
«¡Deja de mirarla!
No es nuestra pareja», gruñó mi lobo con frustración.
«Relájate, ya nos vamos.
Se acabaron las distracciones», le dije a Caden a través del vínculo mental.
Sin decir nada más, nos levantamos y nos marchamos.
Más tarde teníamos entrenamiento, pero primero, planeábamos relajarnos con unos videojuegos; un ritual que siempre nos ayudaba a despejar la mente.
«Oye, Fang, ni un comentario», mascullé para mis adentros, anticipando ya su regañina.
Normalmente, la «hora de los videojuegos» incluía… digamos que actividades extracurriculares.
Sí, a veces éramos unos cerdos.
Pero no era solo por nosotros; a las chicas también les encantaba.
Nadie salía herido, ¿verdad?
«Hoy no», le espeté a Fang antes de que pudiera interrumpir más mis pensamientos.
—¿Qué bicho te ha picado?
—preguntó Caden mientras íbamos de camino a casa.
—Es que es… imposible —dije, apretando los puños—.
¿Por qué tiene que complicarlo todo tanto?
¿Y por qué demonios tiene que verse tan jodidamente bien mientras lo hace?
Caden se rio.
—No lo sé, hermano.
A mí también me vuelve loco.
Sinceramente, me sorprendió que fueras *tú* el que quiso irse a casa anoche.
—¿Cuál era la alternativa?
¿Acechar su puerta?
¿Su ventana?
Somos Ashford, no unos perdedores patéticos —dije, golpeándome el pecho para dar énfasis.
Caden rio con más ganas.
—Bueno, que te llamara cavernícola no estaba del todo desencaminado.
—Quizá tengamos que replantearnos algunas cosas —admití a regañadientes.
No siempre estaba orgulloso de mis actos.
Mi lobo no me dejaba olvidar cuándo me pasaba de la raya.
—Este fin de semana, necesitamos un plan sólido —dije, frotándome las manos—.
Vamos a por todas.
El sueño de anoche no había hecho más que alimentar mi obsesión.
En él, Lily se había transformado y yo la había perseguido por el bosque.
La emoción, la caza… era embriagador.
Cuando la atrapamos, se sometió voluntariamente, y el subidón de reclamarla fue indescriptible.
En el sueño, se había sentido como amor… o algo parecido.
—Ejem, sí.
¿Pero usar a Dahlia para presionar a Lily para que participe en esa subasta?
Eso fue bajo, incluso para nosotros —dijo Caden mientras entrábamos en casa.
—Estará bien.
Sobre todo cuando recaudemos un montón de dinero para su organización benéfica —dije, dejándome caer en el sofá y rascándome distraídamente.
—Claro, ¿y cuál es la estrategia?
¿Por qué aceptaría Lily esta subasta?
Solo lo hará para demostrar algo, ya sabes.
Aparecerá increíblemente fiera, esperando que caigamos a sus pies —dijo Caden, lamiéndose los labios ante la idea.
—De eso nada.
Nos mantenemos fríos, sin debilidades —dije con firmeza.
—Toc, toc, chicos —llegó una voz familiar desde detrás de nosotros.
Mierda.
No se me había ocurrido mandarle un mensaje a Quinley para que no viniera.
Era la clásica groupie de deportistas, pero una que conocía las reglas.
Nunca pedía nada serio, solo gratificación mutua.
Funcionaba, la mayor parte del tiempo.
—Hola, Quin.
Hoy no.
Solo vamos a jugar a la consola —dije, cruzando un tobillo sobre mi rodilla.
Ella hizo un puchero y miró a Caden en busca de apoyo.
—Pero tenéis entrenamiento, un partido importante esta semana.
Necesitáis relajaros —dijo, acomodándose en el sofá a mi lado y deslizando su mano sobre mi muslo.
«No.
En absoluto», espetó Fang.
Le cogí la mano y se la coloqué firmemente de vuelta en su regazo.
Esto no iba a pasar.
—Te lo agradecemos, Quinley, pero hoy solo estaremos nosotros —dijo Caden, poniéndose de pie para acompañarla a la puerta.
—¿Desde cuándo vosotros dos…?
Sus palabras se interrumpieron cuando me golpeó el aroma.
Jazmín, limpio y fresco, como un jardín al amanecer.
Levanté la cabeza de golpe justo cuando Lily entraba tranquilamente en el salón.
No llamó; no se anunció, simplemente entró.
Su mirada se desvió hacia Quinley, enarcando una ceja de esa forma que siempre hacía que se me acelerara el pulso.
—Hola, Lily —dijo Quinley, con un tono cargado de sarcasmo—.
¿Vienes para la «hora de los videojuegos»?
Un aviso no habría estado de más.
—Pues sí, la verdad —dijo Caden, guiando a Quinley hacia la puerta antes de que pudiera protestar más.
Lily se cruzó de brazos, haciendo que su camiseta de tirantes se ciñera a su pecho.
Llevaba leggings y una sonrisa de suficiencia que decía que era la dueña del lugar.
—Siento interrumpir vuestro tiempo con… el colchón de la fraternidad del pueblo —dijo, con la voz cargada de falsa dulzura.
Me reí, incapaz de contenerme.
Su ingenio era agudo y me encantaba cada uno de sus ataques.
—Sabes que a partir de ahora solo eres tú, cariño.
Y ambos sabemos que tú tampoco estarás con nadie más —dije, recostándome en el sofá.
Ella frunció el ceño y sacó el móvil del sujetador.
El movimiento me hizo frotarme la cara, desesperado por mantener el control.
¿Cómo se las arreglaba siempre para desestabilizarme?
«Oh, no se le escapa una.
Yo me fijo en las cosas.
Vosotros la descolocáis un montón», dijo Fang con aire de suficiencia.
Me cubrí la cara un momento, fingiendo frotarme los ojos, solo para ocultar la sonrisa que tiraba de mis labios.
Fang y yo no siempre estábamos de acuerdo, pero joder, él sabía cuándo sobarme el ego.
Era como si pudiera sentir cuándo necesitaba el empujón.
Sinceramente, casi esperaba que Lily perdiera los estribos en cuanto viera a Quinley.
Que quizá incluso lanzara algo, rompiera una lámpara o simplemente montara un escándalo.
Pero no, era demasiado compuesta para eso.
Demasiado lista.
Demasiado jodidamente buena guardándose las cartas.
—Bueno, *en fin* —empezó Lily con tono cortante—, estoy ayudando a Dahlia a asegurarse de que haya algunos donantes con los bolsillos bien llenos.
Seguro que vosotros, trozos de carne, tenéis contactos, conocéis a gente.
Quiero al menos cinco nombres y números para llamar y asegurarme de que estarán allí.
Sus palabras eran directas, pero en sus ojos se apreciaba ese filo cortante que siempre parecía empuñar sin esfuerzo.
Miré a Caden, lanzándole *la mirada*, esa que decía: *Mantén la boca cerrada.
Yo me encargo*.
La captó al instante y se echó hacia atrás, dejando la pelota en mi tejado.
Saqué mi móvil, con la comisura de la boca crispándose en una pequeña sonrisa.
—Claro que sí, hermosa.
Pero ya sabes… —dejé mis palabras en el aire un momento, encontrándome con su mirada—.
Nosotros también queremos algo.
Asentí en dirección a Caden para dar énfasis, y ambos esperamos.
Su reacción fue instantánea.
—No pienso chupárosla, así que olvidaos del puto tema.
Pervertido.
—Se dio la vuelta para irse, ignorándome ya.
Pero fui más rápido.
Me interpuse en su camino, bloqueando su salida con un movimiento casual, levantando las manos en señal de falsa rendición.
—Tsk, tsk.
Siempre pensando lo peor, ¿eh?
No es eso lo que iba a pedir.
—Me incliné lo justo para mantener su atención fija en mí—.
Lo que iba a decir es… que tenemos entrenamiento en dos horas.
Y, ya sabes, nunca hemos podido decir que nuestra pareja ha venido a vernos jugar.
Sería jodidamente sexy que lo hicieras.
Su expresión cambió, pasando por toda una gama de emociones que no pude identificar del todo.
Sin embargo, no me mandó a la mierda inmediatamente, lo que para mí ya era una victoria.
—Supongo —empezó lentamente, con un tono teñido de fingida indiferencia—, que ayudaría con el artículo… si supiera qué demonios es lo que hacéis.
Sonreí con suficiencia, sabiendo que la había enganchado.
Podría pensar que se estaba haciendo la indiferente, pero yo era un maestro de la negociación.
Si quería plantarme cara, yo estaba más que dispuesto.
—Perfecto.
Me muero de ganas —dije con suavidad, abriendo mi lista de contactos—.
Ahora, sobre esos donantes.
A mi tía y a mi tío les encantan las contribuciones benéficas, te daré su número.
Tío Fang —añadí con cara seria, fingiendo desplazarme por la agenda de mi móvil.
«¿Fang?
¿En serio?», resonó la voz de Caden en mi mente, cargada de incredulidad y risa apenas contenida.
—Ah, y nuestro primo Hade.
Le pirran este tipo de cosas —continué, cogiendo el móvil de Lily y tecleando los números.
«Eres un puto cabronazo», dijo Caden a través del vínculo mental, luchando por no partirse de risa.
No me molesté en responder, y le devolví el móvil a Lily con una sonrisa de suficiencia.
Los otros tres contactos que le di eran legítimos —profesores, incluso nuestro entrenador—, pero ahora, la verdadera diversión estaba a punto de empezar.
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