Mi pareja predestinada puede quedarse con ella - Capítulo 162
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162: Hospitalidad 162: Hospitalidad Violeta
Algo húmedo se apretó contra mis labios y la sensación fue muy incómoda, como si alguien estuviera intentando meterme algo en la boca.
Espera…
Mi cuerpo se irguió de golpe antes de que mi mente pudiera reaccionar y mis ojos se abrieron de sopetón para encontrarse con un techo desconocido y una habitación extraña.
El corazón me dio un vuelco en el pecho mientras el pánico me invadía.
¿Dónde estoy?
De repente, el sonido de algo al caer al suelo llegó a mis oídos con un chasquido seco.
—¡Oh!
Cielo santo, ¡lo siento muchísimo!
No pretendía…
Miré a la dueña de la voz.
Una mujer estaba sentada, inmóvil, en una silla justo al lado de la cama en la que, al parecer, me encontraba.
Tenía una mano levantada, temblorosa, con los dedos aferrados a una cuchara de madera.
Tenía los ojos desorbitados por el susto y todo su cuerpo estaba rígido, como si temiera moverse.
Mi respiración se convirtió en jadeos cortos y entrecortados.
La mujer bajó lentamente la cuchara, todavía temblando.
—Lo siento muchísimo —repitió, con voz aguda y compungida—.
No quería asustarte.
Es que…
no despertabas y yo…
Apenas la oí.
Mi mirada recorrió la habitación, captando detalles mientras intentaba recordar lentamente cómo había llegado hasta allí.
Estaba en una habitación.
Parecía un dormitorio modesto.
Había ventanas por las que entraba una luz tenue.
Parecía ser el atardecer.
Muebles.
Una mesita.
Una silla.
Un armario en la esquina que parecía bien hecho y cuidado…
Esto no era el bosque.
Lo último que recordaba era que estaba…
oh…
Mis ojos volvieron a clavarse en la mujer, observándola de verdad esta vez.
Parecía mayor, su pelo canoso estaba recogido hacia atrás, despejando un rostro amable que en ese momento estaba pálido por la conmoción.
Sus ojos azules estaban muy abiertos mientras permanecía rígida en su asiento, todavía sosteniendo esa cuchara.
Me quedé quieta al percibir algo.
Esta mujer era una Omega.
Tenía un sabor ligeramente dulce en la boca.
Tragué y me toqué los labios, notando una textura pegajosa.
Había un charco de una sustancia blanda y líquida de color blanco en el suelo, junto con un pequeño cuenco de madera que yacía boca abajo.
¿Me había estado alimentando?
Antes de que pudiera disculparme por el desastre que había causado, ella empezó a hablar de inmediato.
—¡De verdad que lo siento muchísimo!
No debería haber intentado alimentarte mientras aún dormías, pero tu marido…
el lobo que te trajo…
dijo que llevabas más de una semana sin comer y pensé que quizá si conseguía que tomaras un poco de caldo te ayudaría y…
—Espera —mi voz salió como un carraspeo y tuve que detenerme y aclararme la garganta antes de intentarlo de nuevo—.
¿Qué lobo?
La mujer parpadeó, bajando las manos.
—¿El…
el que te trajo aquí?
¿Tu marido?
Me quedé mirándola sin palabras.
¿Mi marido?
¿Se refería a Rowan?
—Yo…
él…
él no es mi marido.
Los ojos de la mujer se abrieron como platos.
—¡Oh!
¡Oh, lo siento mucho, no quise suponer nada!
Es que…
parecía tan preocupado cuando te trajo en brazos, y por la forma en que hablaba, simplemente pensé…
Dejó la frase a medias, claramente avergonzada ahora.
¿Por…
por qué pensaría eso?
¡¿O fue algo que dijo Rowan?!
Oh, espera, ha dicho que fue una suposición suya.
Suspiré, cerrando los ojos brevemente.
—¿Estás bien?
—preguntó ella, y la preocupación reemplazó el nerviosismo en su voz.
Abrí los ojos y la miré lentamente, sorprendida.
—Yo…
¿Estaba bien?
Tenía un ligero dolor de cabeza.
Sentía la garganta un poco áspera y el estómago como si se estuviera devorando a sí mismo desde dentro.
Pero al mismo tiempo me sentía extrañamente relajada.
Creo que estaba bien…
más o menos.
Me miré las manos y me quedé helada.
Estaban limpias y llevaba una ropa completamente distinta.
Tiré del holgado vestido de flores y me eché hacia atrás hasta que mi espalda tocó la pared.
Estaba atónita.
—¿Tú…?
La mujer asintió, aparentemente ajena al tono cortante de mi voz.
—Oh, sí, querida.
Estabas cubierta de tierra y sudor.
No podía meterte en una cama limpia en ese estado, ¿verdad?
No te preocupes, fui muy cuidadosa.
Lo dijo con tanta naturalidad.
Como si fuera lo más normal del mundo lavar a una desconocida que han traído inconsciente a tu puerta.
No sabía qué sentir al respecto.
Miré el desastre del suelo y me sentí aún más culpable.
—Siento lo que ha pasado —dije, intentando levantarme—.
Deja que yo…
—¡Oh, no!
—casi chilló, y yo me estremecí—.
¡Por favor, no te disculpes!
—Negó con la cabeza y se levantó.
Me di cuenta de que tenía un poco de comida en el bajo del vestido—.
No es culpa tuya.
No debería haberlo hecho.
Pero ya estabas tragando un poco de la comida y pensé que necesitabas las fuerzas…
—Apartó la silla y se dirigió a la mesa.
Cuando se dio la vuelta, tenía un vaso de madera en la mano.
—Toma, bebe.
Seguro que estás sedienta.
—Gra…
gracias —musité débilmente mientras le cogía el agua y empezaba a beber.
Tenía un paño en la otra mano y casi me atraganto con el agua cuando se agachó.
—Dame solo un momento para limpiar este desastre.
Inmediatamente, hice un movimiento para bajarme de la cama.
—No, deja que yo…
Yo he hecho el desastre, yo debería…
—¡En absoluto!
—Levantó una mano para detenerme—.
Necesitas descansar.
¡Has estado durmiendo una noche entera y casi un día!
¿Qué…?
Continuó limpiando.
—No sé cómo lo hicisteis los dos.
Sois sencillamente increíbles, y a pesar de su estado, él todavía estaba lleno de energía.
No haber comido durante más de una semana…
No creo que ningún lobo normal pueda hacer eso.
Ese chico.
La forma en que se preocupaba por ti con tanta dulzura…
—Hizo una pausa y me miró—.
¿Tu compañero, tal vez?
Mis ojos se abrieron de par en par y su expresión se suavizó.
—Lo siento.
Por favor, a veces puedo ser muy entrometida.
Es que tiendo a fijarme en esas cosas.
—Está…
está bien…
—susurré, con el corazón desbocado—.
¿Dónde…
está él?
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