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Mi Profesor es Mi Compañero Alfa - Capítulo 334

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Capítulo 334: #Capítulo 334 Primera ecografía

POV de Lila

—Felicidades a los dos. Van a tener dos cachorros sanos —dijo la Dra. Carmen Schmitt mientras miraba el monitor del ecógrafo.

Carmen era la mejor OBGYN del Hospital de la Manada Calpso y, desde luego, no era alguien a quien pensara que fuera a conocer pronto. Pero después de todo lo que ocurrió antes y después de la batalla, y sabiendo que estaba embarazada, Enzo y yo decidimos que era hora de averiguar la verdad con una doctora en la que ambos pudiéramos confiar.

Han pasado unos días desde la batalla en el bosque y todavía no le hemos contado a nadie de nuestras familias lo de este embarazo. No nos pareció que fuera el momento adecuado para informar a nadie mientras las cosas se calmaban.

Enzo está trabajando en una petición para expandir su territorio e incluir también el de su madre. Ahora que su madre y su clan habían recuperado sus habilidades, estaban listos para volver a la sociedad. Sin embargo, les encantaba el pueblo que habían creado y hecho suyo. Era su hogar, y no querían abandonarlo.

No podía culparlos. Han vivido allí la mayor parte de sus vidas.

Así que Enzo quería que el pueblo de ella formara parte de su manada.

Redactó la petición y ahora solo tiene que obtener el permiso de los Alfas de los alrededores, teniendo en cuenta que ese territorio también podría formar parte de sus manadas si quisieran. Era justo que Enzo pidiera permiso para tomar el territorio para sí mismo.

Una vez que los Alfas cercanos le concedan el permiso, mi padre dijo que estaría encantado de aprobar el tratado.

Me sorprendió que el Alfa Jonathan fuera el primero en firmar el tratado a favor de Enzo.

Le quedaban otros tres Alfas con los que hablar y entonces el pueblo de su madre podría formar parte de la manada Calypso.

Mi madre ha estado en el pueblo de Diana, ayudándolos a adaptarse de nuevo a sus habilidades y haciendo su territorio más habitable y moderno. Ahora que ya no se escondían, no necesitaban vivir aislados. Eso significaba que ahora estaban abiertos a tener tecnología y a derribar su barrera protectora.

Periódicamente, he estado recibiendo noticias de Brody. Ha estado al lado de Sarah, y no se ha apartado de ella. Según Brody, ella ha estado bien. Ha recuperado mucho el color y empezaba a comer mucho más sin vomitar. También sale más a menudo y planea volver a clase en una semana. Brody se niega a volver a clase sin ella, así que a él también le han dado una semana libre más.

El Alfa Jonathan recogerá sus tareas escolares perdidas para que no se queden atrás. Me sorprendió lo comprensivo que se mostró Jonathan cuando se enteró de que Brody era la pareja de Sarah. Pero parecía feliz por ellos, lo que me hizo muy feliz a mí también.

—¿Sabemos el sexo de los cachorros? —pregunté, volviendo a centrarme en el presente.

—No lo sabremos hasta dentro de un mes —explicó—. Son muy pequeños, pero sanos. Ya puedo decir que serán fuertes como sus padres.

Le sonreí a Enzo, que tenía los ojos fijos en el monitor. Me di cuenta de que un millón de pensamientos corrían por su cabeza.

—Vamos a ser padres… —suspiró.

Se me llenaron los ojos de lágrimas.

—Vamos a tener que hablar de cómo va a funcionar esto —me oí decir, haciendo que Enzo me mirara extrañado—. Todavía estoy estudiando.

Él pareció darse cuenta.

—Dejaré mi trabajo —me dijo antes de que pudiera decir otra palabra. Lo dijo tan rápida y despreocupadamente que me tomó por sorpresa.

Enarqué las cejas.

—Eso no es lo que quiero —dije rápidamente, agarrándole del brazo—. Te encanta ser profesor, aunque no quieras admitirlo.

Entrecerró los ojos.

—Amo más a mi familia.

—Ya encontraremos otra solución, Enzo —le dije, intentando dedicarle una sonrisa tranquilizadora—. Tenemos mucha gente que puede ayudarnos si lo necesitamos. Pero no quiero que dejes tu trabajo si puedes evitarlo.

Él suspiró, pero no discutió.

En lugar de eso, se inclinó y presionó sus labios contra los míos. Su beso fue dulce y provocó que las mariposas atacaran mi estómago. Sus besos siempre me hacían sentir así y sabía que siempre lo harían.

—Te amo —dijo contra mis labios.

Sonreí.

—Yo también te amo.

—Voy a limpiar a mamá y luego podrán marcharse —dijo la Dra. Schmitt con un brillo de humor en los ojos.

Me había olvidado por completo de que estaba de pie frente a nosotros y pronto mis mejillas se sonrojaron de vergüenza.

Cogió una toalla tibia y empezó a limpiar la vaselina de mi vientre antes de bajarme la camiseta. Todavía no tenía barriga de embarazada, pero sabía que para estas fechas el mes que viene sí la tendría. Lo que significaba que tendríamos que averiguar cómo decírselo a todo el mundo en las próximas dos semanas.

Enzo le dio las gracias a la doctora de parte de los dos mientras me ayudaba a bajar de la camilla y a ponerme de pie. Con un brazo rodeando mi cintura, me guio fuera del hospital y hacia el coche que nos esperaba.

Me abrió la puerta del coche y, a cambio, le hice una reverencia tonta, lo que le hizo reír mientras cerraba la puerta detrás de mí.

Una vez que se sentó en el asiento del conductor, encendió el coche y se estiró para tomar mi mano. Entrelazó sus dedos con los míos y me sonrió mientras se alejaba del hospital.

Cuando regresamos a casa, a la manada Calypso, fuimos recibidos automáticamente por el Beta Ethan. Iba a aparcar el coche de Enzo detrás de la casa de la manada, como siempre hacía cuando Enzo volvía a casa.

—Bienvenidos de nuevo —dijo Ethan, saludándome con la cabeza.

—Es genial estar de vuelta —suspiré—. ¿Brianna está despierta?

Todavía era bastante temprano y Bri era conocida por dormir hasta el mediodía.

—Está dentro —dijo, señalando la puerta con la cabeza.

Le dediqué otra sonrisa antes de besar a Enzo en la mejilla. Luego me di la vuelta y corrí hacia la casa de la manada.

Brianna estaba bajando las escaleras corriendo cuando entré en la casa y, en cuanto me vio, corrió más rápido con una sonrisa cada vez mayor. Debía de estar esperándome en la ventana de su dormitorio, que daba a la parte delantera de la casa en el segundo piso.

—¡Lila! —arrulló mientras me rodeaba con sus brazos—. Cuéntamelo todo. ¿Están sanos? —preguntó demasiado alto.

—¡Shhh, Bri! —la regañé, agarrándola del brazo—. Vamos a la cocina.

La arrastré conmigo hasta que llegamos a la cocina. Toda la cocina olía a las deliciosas galletas con trocitos de chocolate de Dee. Dee caminaba desde los fogones hasta la isla de la cocina cuando nos vio entrar en su espacio.

Me dedicó una sonrisa cariñosa y nos hizo un gesto para que nos sentáramos en los taburetes de la encimera.

—¿Qué tal ha ido hoy? —preguntó, deslizando el plato de galletas en nuestra dirección mientras nos sentábamos.

Bri y yo cogimos una galleta inmediatamente y nos deleitamos con la calidez del delicioso dulce.

Brianna y Dee eran las únicas que sabían que estaba embarazada; ah, y Ethan. Pero tuvimos que decírselo a Ethan porque, además de ser el Beta, también era el mejor amigo de Enzo. Por no hablar de que era la pareja de Bri, así que supuse que ella probablemente se lo diría de todos modos, y queríamos que lo supiera por nosotros.

Se lo dijimos a Dee porque nunca hubiéramos sido capaces de ocultarle algo así.

—Ha ido bien —les dije mientras le daba un bocado a la galleta—. Los dos están sanos.

—¿Son niños o niñas? —preguntó Bri con los ojos muy abiertos y llenos de esperanza.

—Todavía no lo sabemos —dije, encogiéndome de hombros. Me tragué el trozo de galleta que tenía en la boca antes de continuar—. No lo sabremos hasta el mes que viene. Son demasiado pequeños.

Bri se enfurruñó en su asiento, haciéndome un puchero.

—Ugh… ¿No puedo ir a comprarles cosas hasta el mes que viene? —se quejó—. No es justo. Esperaba hacer un poco de terapia de compras durante el fin de semana.

—Por ahora podemos comprar ropa de género neutro —le dije—. Iré contigo.

Me sonrió radiante.

—¡Yay! ¡Un día de chicas! —arrulló.

Me reí entre dientes mientras Bri le daba un gran bocado a su galleta y gemía mientras los deliciosos sabores explotaban en su boca.

—Esto está buuuuenísimo —dijo con la boca llena de galleta y un poco de chocolate en la mejilla.

Bri solo llevaba unos días en esta casa de la manada, así que todavía no estaba acostumbrada a la repostería o la cocina de Dee. Las cosas todavía eran un poco incómodas para ella aquí; era un ajuste extraño. Nunca esperó tener una segunda oportunidad de pareja y sé que le provoca ansiedad.

No quiere estropear nada ni que le vuelvan a romper el corazón.

A pesar de los esfuerzos de Ethan por hacerla sentir cómoda y asegurarle que no se parece en nada a Alexander, sé que Bri sigue preocupada. Pero parece que está empezando a cogerle más confianza e incluso anoche empezó a dormir en la misma cama que él.

Sin embargo, tanto Ethan como Enzo fueron comprensivos y le dieron a Bri su propio dormitorio para que tuviera su espacio para asimilarlo todo.

—Me alegro de que te guste —dijo Dee, sonriéndole. Luego, me miró y su sonrisa se suavizó—. Mientras estén sanos, es lo único que importa.

—Lo están —le aseguré, tocando suavemente mi vientre con la punta de los dedos—. Val hizo un gran trabajo protegiéndolos durante todo lo que pasó.

Val se mostró de acuerdo en mi interior: «Siempre protegeré a nuestros cachorros».

Dee parecía que iba a decir algo más, pero se detuvo en seco cuando una voz muy fuerte sonó desde el vestíbulo.

—¡¡¡¡¡¡¡Holaaaaaaaa!!!!!!!

Todos nos quedamos helados y nos giramos hacia la puerta de la cocina, que pronto se abrió de golpe, y una figura familiar se plantó frente a nosotros.

—¡¿Dónde está mi comité de bienvenida?!

POV de Enzo

Observé a Lila entrar a buscar a su amiga antes de girarme hacia Ethan, que estaba a punto de sentarse en el asiento del conductor de mi coche, pero se detuvo al ver que lo miraba.

—¿Ha ido todo bien? —preguntó, entrecerrando los ojos hacia mí.

—Sí, están sanos —respondí.

Eché un vistazo por encima del hombro a la puerta principal cerrada antes de volver a mirar a Ethan, que seguía observándome con aire inquisitivo.

—Entonces, ¿por qué tienes esa cara?

Me acerqué a él y me apoyé en el coche. Ethan cerró la puerta y se apoyó también, sin dejar de mirar mi perfil con curiosidad.

—Porque sé el sexo —le dije, manteniendo la vista en el suelo.

—¿Tan pronto?

Asentí.

—Pero Lila no lo sabe —continué, mirándolo de reojo—. Es demasiado pronto para que la ecografía muestre el sexo. Pero yo ya sé lo que es. Quiero decírselo, pero…

Mi voz se apagó al ver que el labio de Ethan se curvaba y la confusión inundaba su expresión.

Pero antes de que pudiera decir nada más, nuestra atención se desvió rápidamente hacia un sedán negro desconocido que atravesó las puertas principales de los terrenos de la casa de la manada y subió por el largo camino de entrada en nuestra dirección.

—¿Esperas a alguien? —preguntó Ethan, irguiéndose.

Yo también me erguí, manteniendo la vista fija en el coche que se acercaba.

—No —respondí—. No espero a nadie.

El coche se detuvo enseguida, e intenté mirar por la ventanilla, pero los cristales eran demasiado oscuros. Justo cuando iba a golpear el cristal para que lo bajaran, la puerta trasera se abrió de golpe y asomó la bota blanca de tacón de una mujer.

Esperé a que apareciera el resto de su cuerpo y, al poco, lo hizo.

—Hola, Enzo —dijo mientras salía del sedán—. ¿Me has echado de menos?

—¿Connie? —pregunté con los ojos como platos mientras la miraba, ahora de pie frente a mí—. ¿Qué haces aquí?

Soltó una risita y me echó los brazos al cuello. —Te dije hace semanas que vendría a casa de visita —dijo, apartándose y dándome un golpecito juguetón en el brazo—. No me digas que te has olvidado.

Se cruzó de brazos y me miró con los ojos entrecerrados.

—Oh, mi Diosa. De verdad que te has olvidado.

—Han pasado muchas cosas estas últimas semanas —le dije, frotándome la nuca con la palma de la mano.

—Eso es quedarse corto —masculló Ethan, de acuerdo.

—No te preocupes, cariño. Yo cojo el equipaje —dijo otra voz familiar con sarcasmo desde el maletero del coche.

Nos giramos y vimos a Tyler sacando las maletas del maletero.

Parecía que había ganado más músculo desde la última vez que lo vi.

Connie le sonrió radiante.

—Gracias, amor —dijo, moviendo los dedos hacia él de forma coqueta.

Al principio parecía molesto mientras cogía el equipaje, pero luego le sonrió y vi cómo sus mejillas se teñían de un ligero rubor. Seguía muy colado por ella; era bueno ver que seguían juntos y que su relación iba viento en popa.

—Oh, se me olvidaba que quería darle una propina extra al conductor —dijo Connie mientras rebuscaba en su bolso rojo brillante—. Ha sido un viaje largo.

—¿No es vuestro coche? —pregunté, enarcando las cejas.

—Oh, Diosa, no —dijo, arrugando la nariz como si oliera algo rancio—. Nunca conduciría un sedán negro.

Tyler se unió a nosotros junto a mi coche con sus maletas en la mano.

—Pedimos un coche con conductor desde el aeropuerto —explicó Tyler—. A ella no le gustó ninguna de las opciones en la agencia de alquiler de coches, así que pensé que podíamos coger uno por ahora y luego ya veríamos qué hacer con el tema del coche.

—Bueno, si necesitáis que os lleven a algún sitio, Ethan estará encantado de ayudaros con eso —dije, dándole una palmada a Ethan en la espalda.

Ethan asintió, esbozando una sonrisa forzada.

—Por supuesto —dijo, intentando no sonar molesto, pero yo le calé enseguida.

Connie nunca le había caído bien; la encontraba ruidosa y molesta. Se alegró cuando volví a casa de Monstro sin ella.

—Gracias —respondió Tyler, sin percatarse del malestar de Ethan—. Encantado de conocerte, por cierto. Soy Tyler. La pareja de Connie.

Se dieron la mano.

—Beta Ethan —se presentó Ethan—. Subiré vuestras cosas a una habitación de invitados.

Entonces procedió a coger las maletas, que eran unas tres maletas grandes. Me hizo preguntarme cuánto tiempo se quedarían. Tyler solo le dio un par de maletas, pero se quedó con una de ellas.

—Hay un par de bolsas más que cogeré —dijo Tyler, haciendo un gesto hacia el coche—. Ayudaré a subirlas a la habitación. —Ethan asintió y esperó. Tyler cogió un par de bolsas más, besó a Connie suavemente en los labios, haciendo que toda su cara se sonrojara mientras ella le sonreía radiante. Luego, regresó junto a Ethan, que se dio la vuelta y empezó a caminar hacia el interior.

—Me alegro de verte —dije, dándole una palmada a Tyler en la espalda y viéndolo seguir a Ethan hacia el interior.

Volví a mirar a Connie, que justo terminaba su conversación con el conductor. Él subió la ventanilla y ella lo despidió con la mano mientras se marchaba.

—De verdad que me alegro de verte, Connie —dije mientras le daba un abrazo de lado.

—En realidad, puede que nos quedemos un tiempo —dijo, mirándome—. Echo mucho de menos este lugar y Tyler ya no tiene vínculos con Monstro. No tiene familia y su trabajo… —hizo una pausa con el ceño fruncido—. Su trabajo se le está quedando pequeño. Le dije que esto podría ser una vacación permanente.

—¿Y a él le parece bien?

Se encogió de hombros.

—Bueno, como sabes, es enfermero. Yo no lo sabía entonces, pero ha estado intentando ascender y convertirse en médico. El hospital de Monstro es muy tradicional y no le permiten avanzar más en su carrera, que es en parte la razón por la que queríamos venir aquí. Le dije que quizá conozco a alguien que puede abrirle las puertas a un nuevo trabajo y a una mejor trayectoria profesional.

Me dio un codazo con el hombro y me reí.

—Puede que yo pueda ayudarlo —le dije—. Hablaré con el director del hospital hoy mismo y le conseguiré una entrevista a Tyler.

—Gracias, Enzo —dijo, sonriéndome radiante—. Sabía que podía contar contigo.

—Para eso están los amigos —respondí.

—¿Está Lila aquí? —preguntó mientras empezábamos a caminar hacia la puerta principal—. Sé que antes no éramos amigas por razones obvias, pero me gustaría que eso cambiara. Ahora que tengo a mi pareja y ya no te deseo, pensé que quizá ella y yo podríamos ser amigas.

—Estoy seguro de que a ella le gustaría —respondí—. Sí, está…

Estaba a punto de decirle que Lila estaba dentro, pero mi teléfono empezó a sonar, impidiéndome decir nada más. Así que me limité a señalar la entrada con la cabeza.

Connie captó la indirecta y me sonrió una última vez antes de darse la vuelta y entrar en la casa. Cogí el teléfono y reconocí al instante el nombre de la directora en la pantalla.

Estaba seguro de que a estas alturas ya se habría corrido la voz sobre lo ocurrido y no estaba preparado para afrontar las consecuencias, pero sabía que tendría que hacerlo.

—Directora Prescott —dije a modo de saludo al teléfono.

—Profesor Enzo —respondió ella—. Siento molestarlo un sábado. Sé que no tiene previsto volver hasta el lunes, pero quería aclarar las cosas antes de su regreso.

—Yo mismo tenía intención de llamarla —le dije, lo cual no era mentira. Quería hablar con ella, pero lo había estado posponiendo—. Estoy seguro de que ha oído hablar de muchas de las cosas que han pasado últimamente.

—¿Se refiere a la batalla con los lobos Volana a pocos kilómetros de la escuela? —preguntó Prescott con sencillez—. Sí, he oído hablar de ello. Algunos de mis alumnos, como Becca, regresaron al campus ayer y estaban muy angustiados por todo lo que había sucedido. Muchos de nosotros en el campus incluso presenciamos la oscuridad arremolinándose en el aire y el cielo. Por no mencionar que la maldición oscura afectó a aquellos con habilidades.

Estaba tan absorto en asegurarme de que Lila estuviera bien que me olvidé por completo de Becca, Kayla y Luis, que también estaban con nosotros hasta que fuimos a luchar contra la oscuridad. Sé que Bastien los había trasladado a todos a la manada Nova para alejarlos de todo este peligro; incluso hizo que Rachel fuera allí también.

Se suponía que Brody iría con ellos, pero se negó por razones obvias.

Una vez que las cosas se calmaron, el Alfa Bastien mencionó que los llevaría de vuelta a la escuela.

Sé que Lila ha estado preocupada por sus amigos, pero de todos modos los verá mañana cuando la lleve de vuelta al campus.

—Tengo una terapeuta en el campus que mantiene sus puertas abiertas para cualquier estudiante que necesite hablar —continuó—. Usted también puede acudir a la terapeuta cuando regrese.

—No será necesario, directora. Pero se lo agradezco —dije, y lo decía de verdad.

Ella suspiró y hubo una larga pausa en la que al principio pensé que quizá había colgado. Pero cuando comprobé la pantalla de mi teléfono y vi que el temporizador seguía avanzando, me lo volví a poner en la oreja y esperé a que continuara.

—Hablé tanto con el Alfa Jonathan como con el Alfa Bastien ayer —dijo lentamente—. Me explicaron la mayor parte de lo que había ocurrido con respecto a la maldición oscura y a Rachel. Ella aún no ha vuelto al campus, pero espero que lo haga. Espero que sepa que no la culpamos por todo lo que ha pasado. Sé que no tenía el control.

—Yo tampoco he hablado con ella, directora. Pero si lo hago, me aseguraré de que lo sepa —le aseguré.

Hubo otra pausa y luego preguntó: —¿Y Sarah? He oído que sigue en el hospital y que debe volver en una semana. ¿Sabemos cómo está?

—Se está recuperando bien —respondí—. Se está fortaleciendo y debería volver a la normalidad en el plazo de una semana. Si ocurre algo, me aseguraré de hacérselo saber.

Hubo otra larga pausa; esta conversación se estaba volviendo densa y un poco incómoda.

—¿Hay algo más en lo que pueda ayudarla, directora? —pregunté finalmente.

La oí suspirar. —Enzo, necesito que sea sincero conmigo, que es principalmente la razón por la que lo llamo. No me gusta que me tomen por sorpresa ni que me mientan —dijo, con un tono más duro que me sorprendió.

Miré hacia la casa de la manada antes de suspirar y darme la vuelta para mirar los terrenos de mi manada. Sabía adónde iba a parar esto. Sabía que el Alfa Jonathan probablemente le había dicho algo y que ahora era el momento de decir la verdad.

—De acuerdo —dije, manteniendo un tono bajo—. Le diré lo que quiere saber.

—Eso es todo lo que pido —respiró ella—. Ahora dígame, Enzo. ¿Es Lila su pareja?

Se me encogió el estómago ante su pregunta, pero no me sorprendió. —Sí —respondí finalmente, tras tragar el nudo que se me había formado en la garganta—. Lila es mi pareja.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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