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Mi Profesor es Mi Compañero Alfa - Capítulo 336

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Capítulo 336: #Capítulo 336 Organizador de bodas

POV de Lila

—¿¡Connie!? —exclamé, mirando con los ojos como platos cómo Connie entraba en la cocina.

Me quedé totalmente de piedra al verla de pie delante de mí. —¿En serio? —preguntó, frunciendo el ceño—. ¿Se te ha olvidado que yo también venía?

—¿También? —pregunté, confundida por su pregunta.

Ella puso los ojos en blanco.

—Acabo de ver a Enzo —explicó, señalando la puerta a su espalda—. Se ha sorprendido igual que tú. Le dije hace semanas que vendríamos.

—¿Nosotras? —me oí preguntar.

Torció el gesto mientras me escudriñaba la cara con sus profundos ojos azules.

—¿Es que ahora solo eres capaz de decir una palabra a la vez? —preguntó, ladeando la cabeza—. ¿Te diste un golpe en la cabeza o algo?

Me la quedé mirando, estupefacta, y entonces ella hizo una mueca como si se arrepintiera de su elección de palabras.

—Lo siento —murmuró—. Viejas costumbres. ¿No me vas a dar un abrazo?

Abrió los brazos y, sin dudarlo más, fui hacia ella y la abracé. Connie y yo nunca fuimos muy amigas. De hecho, no la soportaba la mayor parte del tiempo que estuvo aquí. Ha sido la mejor amiga de Enzo desde la infancia y estaba coladísima por él.

Amenazaba mi posición como su pareja y futura Luna.

No ayudaba que fuera despampanante y dura de pelar. Es una gran luchadora y hacían buena pareja cuando le ayudaba a dar la clase de transformación y combate.

Pero todo eso cambió después de que nos siguiera a Monstro y conociera a su pareja, Tyler. Al principio, Connie no quería a Tyler porque era enfermero y no estaba a su altura, pero después de un tiempo, empezó a hacerse a la idea de tomar a Tyler como su pareja. Enzo y yo les organizamos una cita y, después, Connie decidió quedarse con él en Monstro.

Sé que Enzo ha estado en contacto con ella de vez en cuando y que a Connie le iba genial, pero yo no he hablado con ella desde lo de Monstro.

Enzo mencionó hace unas semanas que Connie estaba pensando en venir de visita, pero como no volvimos a saber nada de ella, supusimos que había cambiado de opinión.

—¿Qué haces aquí? —pregunté, intentando sonar feliz de verla, pero mentiría si dijera que no estaba un poco nerviosa.

¡Levantó la mano y mostró un enorme y precioso anillo de diamantes!

—¡Mirad esto, zorras! ¡¡¡¡Me caso!!!! —chilló.

Por reflejo, Brianna se puso en pie de un salto y también chilló, uniéndose a nosotras en un pequeño corrillo.

—¡Oh, mi diosa! —jadeó Bri, agarrando la mano de Connie—. ¡Es precioso!

—A que sí, ¿verdad? —dijo Connie, retirando la mano para levantarla y dejar que su anillo de diamantes brillara bajo la luz de la cocina—. Tyler se ha lucido, ¿a que sí?

Se adentró en la cocina y saludó pensativamente con la mano a Dee, que le devolvió el gesto con una sonrisa.

—Felicidades, Connie —dijo Dee con cariño—. Haré pasta para cenar esta noche; tu plato favorito.

—¿Con albóndigas? —preguntó Connie, emocionada.

Dee se rio entre dientes.

—Caseras, solo para ti —le guiñó un ojo Dee antes de darse la vuelta para coger su libro de recetas.

Connie dio una palmada alegremente antes de volverse hacia mí.

—Estamos planeando casarnos en un par de semanas y nos gustaría que fuera aquí —dijo, atrayendo mi atención.

—¿Aquí? —pregunté, con la boca abierta por la sorpresa—. ¿En la casa de la manada?

Asintió.

—En los jardines, para ser exactos —dijo, señalando la parte trasera de la casa de la manada—. Me encantan las rosas y hay mucho espacio ahí fuera.

—¿A Enzo le parece bien? —pregunté, enarcando las cejas.

No había mencionado que se fuera a celebrar una boda aquí y yo todavía no era la Luna, así que no tenía mucho que decir sobre los eventos que ocurrían en esta casa.

Se encogió de hombros con indiferencia.

—Va a tener que parecerle bien —dijo, poniendo los ojos en blanco—. Hoy viene una organizadora de bodas para repasar todos los detalles. Me gustaría que la conocieras. Se llama Natalie Anderson. Una de las mejores organizadoras de bodas del mundo y he conseguido que organice MI boda.

—Eso es increíble —suspiré—. Me encantaría conocerla.

He oído hablar de Natalie Anderson y, la verdad, he leído sus revistas para novias en el pasado. No es que le fuera a contar eso a Enzo. Le daría ideas para las que no estoy preparada.

—Voy a mi habitación a refrescarme —dijo, dándose la vuelta—. Qué bien sienta estar de vuelta.

Poco después salió de la cocina, dejándonos allí de pie, mirándola con los ojos como platos.

—Parece… interesante —dijo Bri, mirándome de reojo.

Se me había olvidado que aún no se conocían, pero Bri lo sabía todo sobre Connie por mis historias.

—Ya lo creo que lo es —murmuré.

Enzo entró en la cocina unos minutos más tarde y parecía que algo iba mal.

—¿Qué pasa? —pregunté, acercándome a él y rodeando su cintura con mis brazos.

—Acabo de hablar por teléfono con la Directora Prescott —dijo, haciendo que todo mi cuerpo se helara.

Lo miré y vi que me observaba con la consternación escrita en su rostro.

—¿Y? —lo apremié.

—Sabe que eres mi pareja —dijo lentamente—. Supongo que el Alfa Jonathan dijo algo.

Lo solté y me quedé de pie ante él, sintiendo una oleada de mareo. —¿Por qué haría eso?

—No estoy seguro —dijo Enzo, negando con la cabeza—. Pero quiere reunirse con nosotros el lunes por la mañana.

El corazón se me encogió en el pecho.

Esto no podía ser bueno.

—Quizá no sea para tanto —dijo Brianna, encogiéndose de hombros—. Quiero decir, el Alfa Jonathan es el dueño de la escuela. Así que, si a él le parece bien… a lo mejor a ella también.

—No sabemos si a Jonathan le parece bien —dijo Enzo, negando con la cabeza hacia ella—. Él sigue siendo profesional y continuar siendo el profesor de Lila va en contra de la política de la escuela.

Tragué el nudo que se me había formado en la garganta.

—Enzo —dijo el Beta Ethan mientras entraba en la cocina—. Acabo de recibir noticias de algunos miembros de la manada. Hay una inundación en la carnicería. La carne se ha contaminado.

—Iré ahora mismo para evaluar la situación —dijo Enzo, asintiendo a su Beta—. Designa a algunos guerreros para que cacen y así podamos reabastecer la carnicería una vez que se detenga la inundación.

—Me encargo —dijo Ethan, dándose la vuelta y marchándose.

Enzo se volvió hacia mí y me dio un suave beso en los labios.

—Tengo que ocuparme de asuntos de la manada. Pero volveré a tiempo para la cena —prometió.

—Te quiero —dije, besándolo de nuevo.

Me guiñó un ojo antes de darse la vuelta y seguir a Ethan fuera de la cocina.

…

Natalie Anderson llegó a la casa de la manada a las pocas horas de la llegada de Connie. Nos sentamos en el salón, donde algunas de las criadas de la casa de la manada terminaban de limpiar y adecuar la zona para los invitados importantes.

Allie, una de las trabajadoras de la cocina de Dee, terminó de colocar una bandeja de té en la mesita de centro y de poner pequeñas tazas delante de cada una de nosotras.

No estaba segura de qué ponerme para este tipo de reunión; no es que fuera para mí, pero aun así quería verme bien delante de Natalie Anderson. Así que me puse un sencillo vestido rosa que me llegaba justo por encima de las rodillas y se ajustaba perfectamente a mi cuerpo. Tenía un escote que se hundía entre mis pechos y los tirantes eran finos y descansaban sobre mis hombros. Llevaba una chaqueta de punto blanca y me dejé el pelo oscuro y rizado suelto, de modo que caía alocado sobre mis hombros.

Connie iba vestida como si fuera a una reunión de negocios. Llevaba una falda negra ajustada que le llegaba a las rodillas y tacones negros con tachuelas. Llevaba una blusa blanca que abrazaba sus curvas a la perfección y hacía que sus pechos parecieran enormes. También llevaba una americana negra a juego con la falda y con botones dorados en el centro.

Su liso pelo rubio estaba recogido en un moño apretado y pulcro en la nuca. Llevaba un maquillaje que resaltaba sus rasgos naturales y joyas que no eran demasiado llamativas, pero que complementaban su aspecto profesional.

Brianna también asistió a la reunión y, como yo, también llevaba un vestido. Su vestido era azul oscuro y terminaba un poco más corto que el mío. Los finísimos tirantes se ataban alrededor de su cuello, al igual que el gran y llamativo collar que llevaba. Su pelo caoba estaba recogido en una coleta alta y decorado con cintas de color azul oscuro que colgaban a los lados de su cabeza.

Como siempre, llevaba muchas joyas, compuestas principalmente por piedras preciosas y cristales, por no hablar de unas grandes botas negras de tacón que le llegaban hasta las rodillas.

Bri siempre había tenido un estilo así de salvaje, y no pude evitar sonreír al ver a mi amiga. Parecía que estaba lista para ir de fiesta.

Estoy segura de que, para Natalie Anderson, parecíamos un grupo interesante.

Natalie Anderson era aún más guapa en persona. Tenía la piel clara e impecable, recordándome a una muñeca de porcelana. Probablemente tenía la edad de mi madre, pero parecía mucho más joven. Tenía el pelo largo, rubio y rizado, que le caía sobre los hombros y la espalda. Llevaba una falda blanca que dejaba al descubierto sus largas y esbeltas piernas y una blusa rosa que colgaba holgada de su delgada y perfecta figura.

Llevaba solo unas pocas joyas de aspecto caro y apenas un poco de maquillaje que realzaba sus rasgos naturales.

Cuando entró en la casa de la manada, sostenía un maletín rosa en una mano y un teléfono móvil rosa con incrustaciones en la otra.

Las tres nos sentamos en el sofá del salón y Natalie en uno de los sillones reclinables, pero lo mantuvo recto y con una pierna cruzada sobre la otra mientras revolvía en su maletín, sacando un montón de documentos que colocó en la mesita de centro frente a nosotras.

—No me has dado mucho tiempo para planificar esta boda como es debido. Pero tengo algunas ideas que pueden hacer que tu boda sea realmente espectacular —dijo mientras le entregaba un papel a Connie—. Obviamente, no necesitaremos un florista si celebran la boda en un jardín. Ya me he puesto en contacto con el mejor chef de Higala y me enviarán un menú por correo electrónico más tarde.

Connie asintió mientras revisaba las notas que Natalie le había entregado.

—¿Y qué hay de Dee? —me oí preguntar—. ¿No querrías que cocinara para tu boda? Es una gran chef y lo sabes.

Connie me miró, sorprendida por mis palabras.

—¿Y quién eres tú exactamente? —preguntó Natalie, enarcando las cejas hacia mí.

Sentí que la cara se me sonrojaba de vergüenza.

—Lo siento. No quería interrumpir. Soy Lila. Soy…

—Ah, eres la futura Luna de esta manada —dijo, reclinándose en su asiento y entrecerrando los ojos hacia mí.

Mis ojos se abrieron como platos.

¿Cómo sabía eso?

—Sí… —respondí, con clara incertidumbre en mi voz.

—Estoy segura de que volveré pronto por aquí cuando sea el momento de planificar tu boda. Pero teniendo en cuenta que esta no es tu boda, no tienes ni voz ni voto —soltó mientras se inclinaba hacia mí—. Así que no te metas donde no te llaman, niñita.

POV de Lila

Estaba ciega de rabia.

Val ya estaba al acecho y lista para arrancarle la cabeza a esa zorra de cuajo. Si no estuviera tan concentrada en mantener a nuestros gemelos a salvo, ya se habría transformado y lo habría hecho. Pero a los lobos no les gusta transformarse durante el embarazo por motivos de seguridad.

Sin embargo, lo hacen si de verdad lo necesitan.

Bri, que me conocía muy bien, me agarró del brazo para mantenerme quieta. No me di cuenta de que tenía los puños tan apretados hasta que me empezaron a doler los dedos.

Connie nos miró a las dos con los ojos como platos antes de aclararse la garganta y volverse hacia Natalie Anderson con una sonrisa forzada en el rostro.

—Me encantaría ver el menú que ofrece el chef —dijo, intentando que Natalie volviera a prestarle atención.

Pareció funcionar, porque Natalie apartó la vista de mí y se volvió hacia Connie.

—Me tomo mi trabajo muy en serio, Connie. Te prometo que esta boda es mi máxima prioridad y se hablará de ella por toda la eternidad —le aseguró Natalie mientras rebuscaba entre más papeles.

—También tengo una diseñadora; estará aquí mañana para tomar medidas y luego podremos probar algunos vestidos. Estoy pensando en uno sin tirantes para lucir tus increíbles hombros —dijo Natalie, señalando el pecho de Connie.

Connie asintió, todavía con aspecto incómodo mientras me lanzaba miradas de reojo.

—También quiero una tiara —dijo Connie, riendo nerviosamente—. Quiero sentirme como una princesa.

—Por supuesto —asintió Natalie.

Yo seguía hirviendo en mi propia rabia. No parecía poder dejar de fulminar a Natalie con la mirada. Ya la odiaba. No la quería cerca de mi futura boda. No quería que planeara nada mío.

Niñata.

¿Quién se creía que era?

—Quizá deberíamos dejarlas hablar y salir a dar un paseo —dijo Bri, poniéndose de pie y manteniendo su mano alrededor de mi brazo.

—Probablemente sea una buena idea —dijo Connie, observándome con cautela.

Natalie levantó la vista hacia mí, enarcó una ceja perfectamente depilada y se cruzó de brazos sobre su voluminoso pecho antes de recostarse en el asiento.

—¿Tenemos algún problema? —preguntó entonces.

Estaba a punto de abrir la boca para decirle exactamente lo que pensaba de su presencia, pero Bri tiró de mí antes de que pudiera decir una palabra.

—No hay ningún problema —dijo Bri con una risa nerviosa por encima del hombro—. Ha sido un placer conocerte, Natalie.

Dicho esto, salimos del salón y fuimos por la puerta trasera hasta el patio. Había un par de miembros de la manada sentados en el patio, hablando entre ellos sobre su día.

Me encantaba que Enzo tuviera esta casa de la manada abierta a todos los de su manada para cuando necesitaran o quisieran un lugar donde pasar el rato. También les dejaba dormir en las habitaciones de invitados cuando era necesario. Mi padre es igual con la Casa de la Manada Nova.

Por supuesto, el par de pisos superiores, dedicados al Alfa, al Beta y al Gamma, estaban prohibidos para todos, excepto para las criadas de la casa de la manada, pero se les permitía deambular por cualquier otro sitio.

—Buenas tardes, Lila —dijo una de las lobas, sonriéndome al pasar.

—Oh, hola —le devolví el saludo, asintiendo con la cabeza—. ¿Conoces a mi amiga, Brianna? Es la pareja del Beta Ethan.

—No la conocemos —dijeron las dos al mismo tiempo.

—¿Una nueva Hembra Beta? —preguntó una de ellas—. Qué emocionante. Me alegro mucho de que el Beta Ethan por fin haya encontrado a su pareja. Empezábamos a preguntarnos si lo haría alguna vez.

—Bienvenida a la manada, Hembra Beta —dijo la otra, inclinando ligeramente la cabeza ante Brianna, cuyo rostro se puso rojo como un tomate.

—Oh, por favor. Llámenme Bri, y gracias —respondió Brianna, haciendo que ambas lobas le sonrieran ampliamente.

El aire fresco y la sencilla conversación bastaron para calmarme. Me alegré mucho de que Bri me sacara de allí cuando lo hizo, porque sin duda estaba a punto de hacer algo de lo que me arrepentiría.

Me volví hacia Bri y juntas bajamos los escalones que daban al jardín de la casa de la manada.

—Y bien, ¿cuándo se van a casar? —hizo la pregunta que sabía que se moría por hacer.

—Quería esperar hasta después de la graduación —le dije, mirando mi vientre—. Pero las cosas podrían cambiar ahora que estoy embarazada.

—Bueno, cuando te cases, ¿puedo ser tu dama de honor?

La miré, sorprendida por su pregunta.

—Por supuesto —le dije, dándole un abrazo de costado—. Eres mi mejor amiga. No podría desear nada más.

A lo lejos, oí, y luego vi, el coche de Enzo rodeando el lateral de la casa de la manada. ¡¡Había vuelto!!

—Tengo que irme —dije, corriendo ansiosamente hacia el coche de Enzo.

Aparcó el coche y salió justo cuando llegué a su altura y me lancé a sus brazos abiertos.

—¿Me echaste de menos? —rio él.

—Más que a nada en el mundo —suspiré, hundiendo la cara en su pecho mientras me abrazaba con fuerza.

—¿Pasó algo mientras estuve fuera?

Abrí la boca para hablarle de esa horrible organizadora de bodas, pero no quería empezar nada, y la verdad es que me sentía mejor desde el paseo con Brianna. Además, no quería arruinarle la planificación de la boda a Connie.

Así que me limité a negar con la cabeza y me puse de puntillas para besarlo.

—Solo extrañaba a mi pareja —le dije, lo cual era la verdad.

Él sonrió y me besó en los labios; este beso no fue tan tierno y dulce como los anteriores. Tenía más hambre y deseo, y me dio un vuelco el corazón. Le rodeé el cuello con los brazos mientras me levantaba en volandas y me acunaba en sus brazos como a una novia.

—Entonces, ¿qué tal si nos escapamos y subimos antes de la cena? —murmuró contra mis labios, provocando un completo caos en mi corazón.

Asentí con entusiasmo mientras profundizaba el beso, permitiendo que mi lengua explorara su boca cálida y acogedora, enredándola con la suya.

Para cuando subimos y entramos en el dormitorio de Enzo, que todavía no me sentía cómoda llamando mío, ya nos estábamos quitando la ropa con avidez. Él no tuvo problemas para quitarme el vestido; yo batallé más con su ropa que él con la mía. Pero no pasó mucho tiempo antes de que ambos estuviéramos completamente desnudos y abrazados por primera vez desde que fui secuestrada por Jazzy y su oscuridad.

Depositó suaves besos por mi nuca y mis hombros, enviando un cálido hormigueo que recorrió todo mi cuerpo. Sus dedos recorrieron mi columna vertebral y se posaron en la parte baja de mi espalda.

Una vez me dijo que ahí atrás tenía unos hoyuelos a los que no podía resistirse.

Pasé mis dedos por su ancho pecho hasta que mis manos estuvieron a ambos lados de su cara. Lo besé con hambre, como si hubiera estado famélica.

Me levantó en brazos y me llevó a su cama, tumbándome boca arriba mientras deslizaba sus labios por mi torso.

Respiré hondo mientras pasaba los dedos por su pelo oscuro y espeso, masajeando su cuero cabelludo con las yemas de mis dedos.

Diosa. Sus labios se sentían tan bien contra mi piel.

Se colocó entre mis piernas e inhaló mi aroma mientras presionaba sus labios contra mi centro.

—Oh, Enzo… —suspiré, arqueando la espalda mientras su lengua hacía movimientos circulares alrededor de mi clítoris.

Mi cuerpo temblaba y se sacudía con cada sensación. Me encantaba cómo reaccionaba mi cuerpo a su tacto; quería y necesitaba mucho más de él.

Mis jugos corrían por mis piernas y supe que estaban a punto de empapar las sábanas, algo de lo que me avergonzaría más tarde. Pero en este momento, no podía pensar con claridad. La forma en que me hacía sentir era increíble.

—¿Te gusta eso? —me preguntó mientras iba a por más.

Gimoteé mi respuesta mientras clavaba las uñas en la cama, intentando aferrarme al poco de cordura que me quedaba.

Él se rio entre dientes mientras succionaba mi pequeño botón, haciendo que la sensación orgásmica dentro de mí creciera mucho más.

Gemí con fuerza y apreté los ojos mientras mi clímax llegaba a su punto álgido.

—Enzo… —jadeé mientras explotaba a su alrededor.

Jadeaba pesadamente cuando volvió a subir sus besos por mi torso y empezó a jugar con mis pechos con la boca y los dedos. El calor recorrió mi cuerpo con tanta fuerza que gimoteé por el repentino dolor que sentí.

Hacía tiempo que no entraba en celo, pero al estar con él así, mi cuerpo reaccionó de una forma que parecía casi desconocida. No necesariamente mala, pero necesitaba mucho más de él. Necesitaba liberarme más.

—Enzo, por favor… —gimoteé contra sus labios mientras me besaba apasionadamente—. Te necesito….

Pasé los dedos por su espalda y le ahuequé el trasero con las manos, sonriendo en medio del beso. Deslicé los dedos por la parte delantera de su cuerpo y agarré su hombría; ya estaba húmeda por sus jugos, y eso me hizo sentir aún más caliente.

Me hizo desearlo mucho más.

Su cuerpo entero se relajó mientras lo acariciaba suavemente, empezando por la punta y bajando por toda su longitud. Su respiración se volvió pesada mientras lo besaba, y sentí el calor de su aliento golpeando mis facciones.

—Te quiero dentro de mí… —le susurré.

—¿Les hará daño a los bebés? —preguntó con genuina preocupación en su tono, haciéndome reír mientras negaba con la cabeza.

—No… no les hará daño a los bebés —le aseguré.

La lujuria llenó sus ojos y esta vez no se contuvo. Se colocó entre mis piernas y sentí su hombría en mi centro, pidiendo permiso lentamente. Se lo concedí rodeando su cintura con mis piernas y permitiéndole entrar en mí.

Mientras hacíamos el amor, todo mi cuerpo respondía a cada uno de sus toques y a cada sensación que me provocaba.

Mis piernas temblaron cuando otro orgasmo me golpeó.

Enzo gruñó y gimió al alcanzar su clímax y liberarse.

Ambos jadeamos y suspiramos mientras caíamos el uno sobre el otro. Atrapó mis labios con los suyos y me besó con ternura.

Enzo me abrazó durante un buen rato mientras me acurrucaba contra él en la cama. Ninguno de los dos estaba listo para levantarse todavía, a pesar de que podíamos oler la increíble comida que se cocinaba en la cocina de abajo.

Prácticamente se me hacía la boca agua y me rugía el estómago. Sabía que la cena se serviría pronto en el comedor comunitario.

Pero estaba tan cansada y solo quería yacer con mi pareja un poco más; antes de que tuviéramos que volver a la realidad.

Pero entonces sonó el teléfono de Enzo y no pude evitar el gemido que se escapó de mis labios mientras dejaba que cogiera el teléfono de su mesilla de noche.

Frunció el ceño al ver la pantalla antes de contestar.

—¿Sí?

Hizo una pausa mientras la otra persona hablaba; no me molesté en escuchar quién era. Confiaba en que Enzo me lo diría.

Su cuerpo se tensó, lo que atrajo mi atención hacia él de inmediato.

—¿Ahora mismo? —preguntó, frunciendo el ceño—. ¿Crees que es prudente?

Hubo otra pausa; por su expresión, me di cuenta de que no estaba contento.

—De acuerdo… sí, se lo haré saber. Aunque me hubiera gustado que me avisaras con más antelación.

Hubo otra pausa y luego Enzo suspiró.

—Está bien. Gracias. Adiós —dijo antes de pulsar el botón de finalizar y lanzar el teléfono al otro extremo de la cama. —¿Quién era? —pregunté, mirándolo confundida mientras empezaba a levantarse de la cama.

—Tu padre —murmuró.

Mi corazón se encogió en mi pecho y un nudo apretado se formó en mi estómago. —¿Qué quería?

—Estará aquí en unos minutos —explicó. Fruncí el ceño, insegura de qué había de malo en ello, pero antes de que pudiera preguntar, él continuó—: Rachel viene con él.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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