Mi Profesor es Mi Compañero Alfa - Capítulo 340
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Capítulo 340: #Capítulo 340: Regreso a la escuela.
POV de Lila
Me quedé helada en mi asiento mientras todos me miraban con la boca abierta.
Allie, confundida, miraba las caras de todos con un tímido ceño fruncido.
—Lo siento… ¿He dicho algo que no debía? —preguntó, mirándome.
Quise decir algo, pero no me salían las palabras. Me limité a mirar a todo el mundo, que me devolvía la mirada. Levanté la vista hacia Enzo, que también se había quedado sin palabras.
—¿Lila? —oí decir a mi madre, atrayendo mi atención hacia ella—. ¿Es verdad? ¿Estás…? —Su voz se apagó.
Me temblaban las manos debajo de la mesa y no parecía poder detenerlas, ni siquiera cuando intenté sentarme sobre ellas.
Volví a mirar a Enzo y esta vez me devolvía la mirada. Vi el amor y la admiración en sus ojos. Me derritió por completo el corazón y, por primera vez desde que ocurrió todo, me sentí de verdad segura y tranquila.
Debería haber sabido que no podría ocultarles este secreto a mis seres queridos. A juzgar por la mirada que me dirigía Enzo, él también lo sabía.
Le sonreí, con los ojos llenos de lágrimas.
Entonces, miré a mi madre y asentí.
—Sí —dije en voz baja—. Estoy embarazada de gemelos.
Mi madre ahogó un grito, tapándose la boca, y los ojos de mi padre se abrieron como platos.
—¿Gemelos? —graznó mi madre.
Asentí, temiendo cuál sería su reacción. Tras un instante de silencio, mi madre por fin se puso en pie, con lágrimas corriéndole por la cara.
—¡Oh, mi diosa! —exclamó.
Antes de que me diera cuenta de lo que pasaba, corrió hacia mí y me rodeó con sus brazos, atrayéndome en un fuerte abrazo.
Pronto, todo fue un torbellino de felicidad y felicitaciones. Todo el mundo se puso en pie para abrazarme y darme besos en las mejillas.
Mi padre le dio una palmada en la espalda a Enzo y le estrechó la mano.
Diana abrazó a Enzo y, poco después, me abrazó a mí también. Mi madre también estaba abrazando a Enzo y las lágrimas corrían por todas partes.
—¡Estamos muy felices por ustedes! —dijo Connie, abrazando a Enzo antes de volverse hacia mí y abrazarme. Tyler le estrechó la mano a Enzo antes de volverse hacia mí y darme un abrazo rápido—. No puedo creer que no me lo contaras —añadió Connie mientras le daba un manotazo a Enzo en el brazo.
—Estábamos esperando el momento adecuado —explicó Enzo—. Pero supongo que ahora es un momento tan bueno como cualquier otro.
—Lo siento mucho… —dijo Allie, con lágrimas en los ojos mientras miraba a todo el mundo—. Pensaba que todos lo sabían…
Casi había olvidado que estaba allí hasta que habló. Parecía horrorizada a pesar de lo feliz que estaba todo el mundo.
—¿Cómo lo sabías, Allie? —pregunté, frunciendo el ceño—. Quiero decir, ¿cómo sabías que estaba embarazada? —aclaré.
Todavía no se me notaba, así que era alarmante que lo supiera con tanta facilidad.
—Puedo ver tu aura… —admitió ella con timidez—. Quiero decir… tengo el don de ver las auras. La tuya tiene muchos colores y me confundió, así que le pregunté a Dee y…
Su voz se apagó y yo levanté las cejas.
—Y ella te lo dijo —terminé por ella.
Allie bajó la mirada y se quedó mirando el suelo, sonrojándose intensamente.
No estaba enfadada, pero sí un poco molesta porque Dee le hubiera hablado de nuestro embarazo.
—Allie, ¿por qué no vas a ver si Dee necesita algo más? —dijo Enzo con cautela, mirándome de reojo.
Ella asintió y se dio la vuelta para marcharse de inmediato.
—Hablaré con Dee más tarde —me aseguró Enzo, dedicándome una sonrisa cariñosa.
Suspiré y negué con la cabeza.
—No pasa nada —le dije, entrando en su abrazo—. Me alegro de que todo el mundo lo sepa. Deberían saberlo.
Después de otra ronda de abrazos y lágrimas de felicidad, terminamos rápidamente el desayuno y luego subí a hacer las maletas para prepararme para volver a la escuela. Sentía como si no hubiera ido a clase en meses, pero solo había pasado una semana.
Estaba emocionada por volver a ver a mis amigos y que todo volviera a la normalidad. En cuanto ese pensamiento afloró en mi mente, miré mi vientre, que de momento seguía plano.
Supongo que las cosas nunca volverían a ser normales.
Coloqué los dedos sobre mi vientre. Las cosas estaban cambiando para siempre, y lo hacían rápidamente.
—¿En qué piensas? —preguntó Enzo, sorprendiéndome.
No le oí abrir la puerta del dormitorio, pero cuando me giré, vi que estaba apoyado en el marco de la puerta.
Me volví para mirarlo y me di cuenta de que me sonreía.
—Nos estamos convirtiendo en una pequeña familia mucho más rápido de lo que pensaba —le dije.
Frunció el ceño y entró en la habitación.
—¿Eso es malo?
Negué con la cabeza.
—Es que es muy rápido.
Me rodeó la cintura con sus brazos y yo apoyé las manos en su ancho pecho, alzando la vista hacia él y sus increíbles y cariñosos ojos.
—Mientras estemos juntos no hay nada que no podamos superar —susurró, inclinándose y rozando sus labios contra los míos.
El beso terminó antes de empezar porque entonces llamaron al marco de la puerta y Ethan se aclaró la garganta.
—El coche está listo —dijo, apartando la vista de nosotros.
Tenía las mejillas rojas y eso me hizo reír.
—Gracias —masculló Enzo, negando con la cabeza hacia su beta y mejor amigo—. Recuérdame que te interrumpa a ti y a Bri la próxima vez que estén a solas —bromeó Enzo.
Me reí y la cara de Ethan se puso aún más roja, pero entonces le dedicó a Enzo una sonrisa arrogante.
—Primero tendrás que pillarnos —dijo Ethan, guiñando un ojo juguetonamente.
Me aparté de Enzo, ignorando sus resoplidos de desaprobación, y cogí mis maletas.
—Yo llevo eso —se ofreció Ethan, cogiendo mis maletas y saliendo a toda prisa de la habitación.
—Y yo te llevaré a ti —dijo Enzo con un guiño mientras me tendía la mano para que la tomara. Se la tomé con gusto y entrelacé mis dedos con los suyos.
Juntos salimos de la habitación y bajamos las escaleras. Nos despedimos y salimos al coche, donde Rachel ya estaba sentada en el asiento trasero. Mantenía la cabeza baja y se retorcía los dedos nerviosamente cuando me deslicé en el asiento del copiloto, delante de ella.
—¿Todo bien? —le pregunté, mirándola por el espejo mientras Enzo estaba fuera del coche hablando con Ethan de asuntos de la manada.
—Solo tengo miedo… —murmuró—. ¿Y si la gente no me perdona? ¿Y si no me quieren cerca?
—Todo el mundo sabe que no fue culpa tuya —le aseguré—. Mi padre se aseguró de contárselo todo a la directora. Nadie te va a culpar de nada.
—¿Y si lo hacen? —preguntó mientras las lágrimas asomaban a sus ojos.
—Entonces tendrás a tus amigos para respaldarte —le aseguré—. Estamos juntas en esto, Rachel. No tienes que preocuparte por nada.
Me dedicó una leve sonrisa y luego asintió una vez con la cabeza.
Enzo se deslizó en el asiento del conductor y miró a Rachel por el espejo y luego a mí.
—¿Listas? —nos preguntó.
—Sí —dijimos las dos al mismo tiempo.
Poco después, nos alejábamos en coche de la casa de la manada.
…
La mayor parte del viaje transcurrió en silencio, a excepción de una pequeña charla entre Enzo y yo. Rachel intervenía de vez en quando, pero la mayor parte del tiempo permaneció callada y con la mirada fija en la ventanilla.
Cuando llegamos a la escuela, Enzo aparcó el coche y decidí despedirme de él allí mismo. Sabía que la Directora Prescott y el Alfa Jonathan conocían nuestra relación, pero aún no estaba segura de si quería que todo el mundo se enterara.
Pensé que sería buena idea mantener un perfil bajo hasta que tuviéramos nuestra reunión con la Directora Prescott mañana por la mañana.
—Te quiero —susurró Enzo contra mis labios.
—Yo también te quiero —le correspondí.
—Puaj —dijo Rachel, arrugando la nariz con asco—. ¿Podemos entrar ya? Quiero acabar con esto de una vez.
Me reí, contenta de que volviera a sonar como la de antes. No me había dado cuenta de lo mucho que la había echado de menos hasta ese momento.
Le di a Enzo otro beso antes de apartarme de él.
—Sí —dije, sin aliento—. Vamos.
Enzo volvió a su casa del profesorado y yo acompañé a Rachel de vuelta a la residencia de estudiantes. Por suerte, los domingos, el campus estaba tranquilo. Los estudiantes o pasaban el rato en la sala común o se relajaban en sus dormitorios.
Aquellos con los que nos cruzamos no parecieron fijarse en Rachel, lo que hizo que ella se relajara mientras recorríamos el resto del camino hasta nuestra sección de la residencia.
—Rachel… —dijo la señora Carter cuando entramos por la puerta. Luego posó sus ojos en mí—. Lila…
Parecía sorprendida de vernos; la cara de Rachel había palidecido y yo podía sentir su tensión a mi lado. Pensé que la Directora Prescott la habría puesto al día de todo y le habría dicho que volvíamos hoy.
Supongo que me equivoqué.
Abrí la boca para hablar, pero antes de que pudiera, la señora Carter nos rodeó a las dos con sus brazos y nos abrazó con fuerza, para nuestra sorpresa.
—Me alegro mucho de que hayan vuelto y estén a salvo, chicas —dijo con voz ahogada, con lágrimas asomando por el rabillo de los ojos.
Miré a Rachel, que parecía igual de sorprendida, pero pareció relajarse mientras le daba unas palmaditas torpes en la espalda a la señora Carter.
—Es bueno estar de vuelta —dije por las dos, sin saber muy bien qué más decir.
Como si fuera una señal, otras chicas de nuestra residencia salieron de sus habitaciones y se acercaron a mirarnos con ojos sorprendidos.
—¡Han vuelto! —canturreó una de las chicas mientras corría hacia nosotras.
Pronto, todas las chicas de nuestra residencia nos abrazaban y elogiaban. Al parecer, todo el mundo estaba informado de lo que había pasado y se alegraban de que hubiéramos vuelto. Cuando regresamos a nuestra habitación, Becca y Kayla estaban acurrucadas en el sofá y parecían absortas en una conversación. Sin embargo, se detuvo cuando entramos en la habitación y Becca se levantó de un salto.
—¡Oh, mi diosa! Han vuelto las dos —exclamó, corriendo hacia nosotras.
Abrazó primero a Rachel y la sujetó con tanta fuerza que pensé que iba a reventar.
—¿Cómo te encuentras? —le preguntó a Rachel, sin soltarla—. Intenté hablar contigo cuando estábamos en la manada Nova, pero no parabas de negarte. Estaba muy preocupada.
—Lo siento —susurró Rachel, mientras las lágrimas se derramaban de sus ojos—. Estaba tan avergonzada de mí misma. Sé que no fue culpa mía. Pero me odiaba y no podía enfrentarme a nadie.
—Lo entiendo —dijo ella en un susurro—. Solo me alegro de que estés aquí ahora.
—¿Alguna noticia de Brody y Sarah? —preguntó Kayla mientras me daba un abrazo rápido. Sabía que se preocupaba por su compañera de cuarto; se habían hecho muy amigas desde que Kayla llegó a esta escuela, lo cual era sorprendente porque era difícil llevarse bien con Sarah.
—Estarán fuera otra semana —respondí—. El cuerpo de Sarah sufrió un gran trauma y todavía se está recuperando en el hospital. Pero Brody dijo que se está fortaleciendo y que, con suerte, volverá en una semana.
—Ah, qué bien —suspiró Kayla.
Las cuatro charlamos un poco más, poniéndonos al día de todo. Rachel se había relajado mucho y las cosas por fin empezaban a parecer normales de nuevo.
Bueno, tan normales como pueden serlo por ahora.
Les di la noticia de mi embarazo, lo que provocó de nuevo abrazos y lágrimas.
Después de un rato, llamaron a la puerta, desviando nuestra atención hacia ella.
Fui yo quien se levantó del sofá para abrir la puerta. Una vez que la puerta estuvo abierta, oí un grito ahogado a mis espaldas y, en cuanto mis ojos reconocieron al hombre que estaba ante mí, mi cuerpo entero se paralizó.
POV en tercera persona
—¿Dónde está? Necesito hablar con ella.
Todo alrededor de Rachel se detuvo, incluido su corazón. Se quedó mirando al hombre en el umbral de su dormitorio y no podía respirar. Lila estaba de pie frente a él con los ojos muy abiertos, sin saber tampoco qué decir.
Sus ojos finalmente la encontraron y mantuvieron el contacto visual durante lo que pareció una eternidad.
—Rodrick… —dijo Lila lentamente—. Quizá deberías…
Rod no la dejó terminar la frase y la interrumpió.
—Pareja.
Rachel lo miró con el corazón desbocado. No estaba segura de qué decir. La última vez que vio a Rod, él la estaba apuñalando y luego lo arrestaron. Sin embargo, sabía que no era culpa suya, sino de ella. Fue ella quien lo convenció de hacerlo.
No.
Fue la oscuridad.
Esto tampoco era culpa suya y tenía que recordarlo. Pero ¿sabía él que no era culpa de ella?
Las lágrimas asomaron a las comisuras de sus ojos, y finalmente apartó la mirada de la de él para clavarla en el suelo. El calor le subió al rostro y supo que probablemente estaba roja como un tomate mientras luchaba por evitar que las lágrimas se derramaran.
Sintió la cercanía de Rod mientras él rodeaba a Lila; su oscura mirada fija en el rostro de Rachel. ¿Cómo era posible que un híbrido pudiera emparejarse con una osa débil? Rod era tanto un vampiro como un hombre lobo y Rachel no era más que una osa que dejó que la oscuridad se apoderara de ella.
No era lo suficientemente digna para ser la pareja de una bestia tan fuerte.
La diosa de la luna ciertamente tenía sentido del humor.
Pensó que Rod iba a gritarle por todo lo que había hecho; no lo habría culpado. Lo habría aceptado y luego se habría acurrucado en la cama a llorar. Sentía un gran peso en el pecho mientras esperaba las palabras que sellarían su destino para siempre.
Esperó el rechazo que estaba segura de que llegaría.
Pero mientras Rod estaba de pie frente a ella, evaluando sus rasgos, esas palabras nunca llegaron.
En cambio, hizo algo que Rachel no esperaba y para lo que definitivamente no estaba preparada.
La rodeó con sus brazos y la atrajo hacia su pecho. Ella se dejó llevar con facilidad, permitiendo que él la acercara, y por un momento, no supo qué hacer con sus brazos. Se quedaron a sus costados mientras él la sujetaba.
No se dio cuenta de que estaba temblando hasta que él la abrazó con más fuerza, como si temiera que ella fuera a huir.
—Te he estado buscando durante tanto tiempo —le susurró, enviando una ola de calor por todo su cuerpo.
Las lágrimas brotaron y empezaron a empapar la camisa de él. Finalmente, levantó los brazos y los envolvió alrededor de su cintura. Era tan pequeña en comparación con él, y se sentía increíblemente segura en sus brazos.
—Lo siento mucho… —susurró ella, sorbiendo por la nariz mientras lo miraba a la cara.
—¿Sentirlo por qué? Yo soy el que te hizo daño —dijo él, frunciendo el ceño—. No tienes nada por lo que disculparte…
—Fue la oscuridad… —dijo ella, con más lágrimas llenando sus ojos—. Te manipuló y…
—Lo sé —dijo él, interrumpiéndola—. Nunca te haría daño a propósito y sé que tú tampoco le harías daño a nadie a propósito. Eres mi pareja y no voy a dejarte ir de nuevo.
Con esas palabras flotando en el aire, se inclinó y presionó sus labios contra los de ella, marcando su nuevo comienzo.
…..
POV de Lila
Estaba sollozando.
La escena que se desarrollaba frente a mí era tan conmovedora y hermosa. Hizo que extrañara mucho a Enzo. Miré a Kayla y ella también estaba llorando mientras Rachel y Rod se abrazaban. El rostro de Rachel estaba sonrojado cuando se separaron y su sonrisa era radiante.
Mi corazón se henchía por todo esto.
No estoy segura de si era por mi embarazo o porque de verdad era un momento dulce, pero parecía que no podía parar de llorar. Becca se rio entre dientes y me rodeó con sus brazos.
Rachel me miró y entrecerró los ojos, confundida.
—¿Por qué lloras? —preguntó ella.
—Es que es tan hermoso —sollocé, haciendo que todos se rieran.
—Está embarazada —le explicó Rachel a su pareja, cuyos ojos se abrieron como platos al mirarme.
No había interactuado mucho con Rod, pero nos saludábamos al pasar y él siempre era muy amable a pesar de su naturaleza oscura y misteriosa.
—Felicidades —dijo Rod, dedicándome una sonrisa afectuosa—. No tenía ni idea de que estuvieras saliendo con alguien. Nunca te veo con nadie por el campus.
Mi cara enrojeció; no estaba segura de cuánto podía contarle. Quería confiar en él porque es la pareja de Rachel, pero hasta que no hablara con la Directora Prescott, pensé que todavía tenía que mantener en secreto mi relación con Enzo.
—Mi pareja —le dije, devolviéndole la sonrisa.
Aparté mis rizos oscuros del cuello para enseñarle mi marca.
La sonrisa de Rod se ensanchó.
—Eso es increíble —dijo él a cambio—. Me alegro por ti.
—Y yo me alegro de que por fin tengas a tu pareja. No más apuñalarla —bromeé.
Su sonrisa se desvaneció y su cara enrojeció.
—Oh, diosa. ¿Fue demasiado pronto? Lo siento —dije sin aliento, sintiéndome increíblemente estúpida.
—Nunca voy a dejar que algo así vuelva a pasar —dijo Rod, volviéndose hacia Rachel—. Lo siento mucho…
Ella le sonrió con amor.
—Estoy curada. No pasa nada —dijo ella sin aliento—. Pero supongo que tenemos mucho de qué hablar sobre todo lo que ha pasado.
Él asintió.
—¿Tienes hambre? Podemos hablar durante la cena —sugirió él.
A ella le encantó la idea.
—Me gustaría mucho. Deja que me cambie y vuelvo enseguida —dijo sin aliento mientras se daba la vuelta y corría a su habitación.
Poco después regresó con un bonito vestido morado y mallas negras. Su pelo estaba rizado y caía en cascada sobre sus hombros y llevaba su habitual delineador de ojos alado y un pintalabios rojo intenso.
Volvía a parecer la de antes y eso me parecía más que bien. Por supuesto, sabía que le llevaría un poco de tiempo recuperarse del todo, pero esto era un comienzo, y mi corazón se llenó al ver lo feliz que era en ese momento.
Los ojos de Rod se iluminaron cuando la vio, y eso me hizo pensar más en Enzo y en cómo sus ojos siempre se iluminan cuando me ve. Sonreí ante el simple pensamiento mientras colocaba la mano en mi vientre, donde estaban nuestros cachorros.
Con una última despedida, Rachel y Rod se fueron del dormitorio.
….
La mañana llegó rápidamente y no estaba lista para levantarme de la cama. Me sentía mucho más cansada de lo que solía sentirme por la mañana. Pero mi insistente alarma no iba a dejar que me quedara dormida; especialmente porque tenía una reunión con Enzo y la Directora Prescott.
Esta reunión era muy importante, y estaba aterrorizada por cuál sería el resultado. Podría decir que yo tenía que transferirme, o que Enzo tenía que transferirse. Tal vez lo despediría por haberle ocultado este secreto durante tanto tiempo.
Tenía el estómago revuelto.
Contuve la oleada de náuseas que me golpeó.
Me deslicé fuera de la cama y cogí un par de vaqueros y una sudadera. No tenía energía para arreglarme más. Me recogí el pelo en un moño desordenado y fui al baño a hacer mis cosas.
Cuando terminé, salí del dormitorio y me dirigí a la casa del profesorado de Enzo. Por suerte, abrió la puerta rápidamente y me metió en su casa para que pudiéramos abrazarnos. Cuando sus labios encontraron los míos, todo mi mundo se detuvo y solo quedamos él y yo.
Su beso fue suave y sabía delicioso al café que acababa de tomar. Desde que descubrí que estaba embarazada, eliminé la cafeína de mi dieta, y la echaba de menos terriblemente.
—Te eché de menos anoche —susurró contra mis labios.
Sonreí, mirándolo.
—Pensé en venir a verte —admití—. Pero supuse que probablemente no era una buena idea.
Me besó de nuevo, pero terminó demasiado pronto.
Me tomó de la mano y juntos salimos de su casa y caminamos hacia la Casa de la Junta. No había mucha gente merodeando por el campus, así que nadie nos vio cogidos de la mano. Eso fue hasta que entramos en la Casa de la Junta y un par de miembros de la junta nos vieron.
Entrecerraron los ojos al mirarnos y luego su mirada se desvió hacia nuestras manos entrelazadas. Parecía que querían decir algo, pero antes de que pudieran hacerlo, la voz de Tiffany Prescott sonó desde un despacho cercano.
—Por favor, vengan a mi despacho.
Mi corazón latía rápidamente contra mis costillas mientras miraba con preocupación a Enzo. Él, sin embargo, no parecía tan preocupado, lo que me calmó un poco.
Entramos en el despacho y me quedé helada cuando vi al Alfa Jonathan sentado en una de las sillas cerca del escritorio.
—¿Alfa? —dije, mirándolo con total sorpresa en mi rostro.
No sonrió ni hizo ningún gesto para reconocer mi presencia; estaba mirando su teléfono y parecía teclear enérgicamente.
La Directora Prescott rodeó su escritorio y se giró hacia nosotros, señalando las sillas frente al escritorio.
—Por favor, tomen asiento para que podamos empezar.
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