Mi Profesor es Mi Compañero Alfa - Capítulo 347
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Capítulo 347: #Capítulo 347: La boda
POV de Lila
Cuando la enfermera trajo a mis dos bebés sanos, sentí que el corazón se me desbordaba. No podía creer que era mamá; no podía creer que estuviera viendo a mis bebés. Eran tan diminutos, y uno estaba envuelto en una manta verde y el otro, en una azul.
—Les acabo de dar el biberón y de cambiar los pañales —dijo la enfermera en voz baja mientras se acercaba al lado de mi cama—. ¿Quieres cargarlos?
No me había dado cuenta de que estaba llorando hasta que me habló. Sorbí por la nariz y me limpié las lágrimas que me habían caído por las mejillas mientras asentía.
—Sí —atiné a decir en un susurro.
Colocó con delicadeza a cada bebé en el hueco de mi brazo. Los dos se removieron un instante antes de que sus cuerpecitos se relajaran. Sentí que el corazón se me desbordaba aún más y no pude evitar que las lágrimas se derramaran por mi cara.
Eran tan lindos y perfectos con sus naricitas y boquitas. Era demasiado pronto para saber a quién se parecían más, porque tenían los ojos cerrados, pero tenían el pelo oscuro y unos cachetes regordetes.
—Mis hermosos cachorros —susurré.
Enzo se sentó en el borde de la cama y se asomó para verlos.
—Sí que lo son —convino él—. Espera a que abran los ojos.
Sonreí mientras acunaba a los cachorros en mis brazos, pero entonces el recuerdo de nuestra boda afloró en mi mente y, de repente, me faltó el aire.
Miré a Enzo con los ojos como platos mientras él contemplaba a los cachorros; no se dio cuenta de la expresión de pánico en mi rostro. Habíamos dejado atrás una boda entera con todos sus invitados porque tuve que venir al hospital. Llevaba aquí más de doce horas. ¿Qué había sido de ellos? ¿Se habían marchado todos?
—La boda… —susurré, con absoluto horror en la voz.
Enzo me miró con tal compasión que me dio un vuelco el corazón.
—Ya celebraremos otra —dijo sin darle más importancia, volviendo a centrar su atención en los gemelos.
—He arruinado esta —dije, frunciendo el ceño. Se me volvieron a llenar los ojos de lágrimas y, de repente, me invadió una tristeza increíble por haber arruinado nuestra boda.
—¿Estás de broma? Me has dado el mejor regalo de bodas que nadie podría haberme hecho —replicó él, y su sonrisa se ensanchó—. Dos bebés varones increíbles. No podría imaginar nada mejor.
Sonreí; tenía razón. Había tiempo de sobra para celebrar una boda; ahora éramos padres. Acabábamos de tener gemelos y necesitaba relajarme y agradecer que estuvieran vivos y felices. Me recosté contra Enzo mientras él me rodeaba con sus brazos.
—Te quiero —me susurró al oído.
—Yo también te quiero —susurré, alzando la vista hacia él y observando cómo se inclinaba.
Sus labios rozaron los míos y sentí que se me encendían las mejillas por el contacto. Deslizó los dedos por un lado de mi cara, enviando una oleada de escalofríos por todo mi cuerpo. Sonreí durante el beso antes de apartarme para mirar a mis cachorros.
Varias horas después, llamaron a la puerta.
Enzo había ido a por algo de comer a la cafetería y yo acababa de cambiarles los pañales. Seguían con los ojos cerrados, pero el médico dijo que los abrirían en cualquier momento. Sus constantes vitales eran buenas: los latidos del corazón, fuertes, y ambos estaban comiendo.
—Adelante —dije en voz alta, dirigiéndome a la puerta cerrada.
Se abrió un poco y mi madre asomó la cabeza. Cuando sus ojos se encontraron con los míos, me dedicó una amplia sonrisa.
—¿Te sientes con fuerzas para recibir visitas? —preguntó.
Sonreí y asentí como respuesta, y ella pareció aliviada al abrir la puerta del todo. Contuve el aliento al ver los rostros de mis amigos y familiares, que estaban deseando entrar en tropel en la habitación. La verdad es que no me esperaba que aparecieran tantos a la vez y sabía que a los médicos no les iba a gustar, pero no me importaba. Estaba muy feliz de verlos.
Corrinne y Flynn se apresuraron a acercarse a mi cama para ver a sus sobrinos.
—Son monísimos —susurró Corrinne.
—¡Lila! —oí decir a Bri mientras corría hacia mí y me abrazaba—. Nos tenías a todos muy asustados.
—Siento haberos preocupado —dije entre lágrimas, sonriendo a Becca y Rachel, que también estaban junto a mi cama.
El tío Aiden y Donovan fueron los siguientes en abrazarme.
—Me alegro de que estés bien —dijo Aiden al separarse.
—¿Cómo están los pequeños guerreros? —preguntó el tío Don, mirando a los bebés que dormían sobre mis piernas.
—Increíbles —respondí con una sonrisa.
—¿Cómo se llaman? —preguntó Corrinne con entusiasmo.
Sonreí ante su pregunta.
—Bueno, al de verde lo hemos llamado Asher, y el de azul es Cooper.
—Son unos nombres preciosos —aprobó Corrinne con alegría. Todo el mundo asintió y, en ese momento, la puerta se abrió de golpe, desviando nuestra atención de los bebés hacia Enzo, que miraba la habitación con los ojos como platos.
Estaba claro que no se esperaba a tanta gente en la habitación, pero una vez que asimiló la presencia de todos, su cuerpo se relajó y se le dibujó una sonrisa en los labios.
Me di cuenta de que no traía nada de comida, lo cual fue un poco decepcionante porque estaba hambrienta. El estómago me rugió con enfado; no estaba segura de cuándo había sido la última vez que había comido. Debió de ser la mañana de mi boda. O sea, ayer por la mañana.
—Me alegro de que estéis todos aquí, porque tengo una sorpresa —dijo con una amplia sonrisa.
Todos, yo incluida, lo miramos confusos. Pero entonces nuestra mirada se desvió hacia la persona que estaba detrás de él cuando el sacerdote del templo apareció a su espalda. El hombre parecía un poco desconcertado mientras recorría la habitación con la vista, pero Enzo le hizo un gesto para que lo siguiera.
—¿Qué está pasando? —pregunté cuando Enzo se acercó a mi cama.
—No quiero esperar ni un minuto más para casarme contigo —dijo Enzo, mirándome a los ojos—. No necesito una boda grande y elegante; la celebración la podemos hacer en cualquier otro momento. Quiero que seas mi esposa y mi Luna, así que he traído al sacerdote al hospital.
—¿Va a casarnos él? —susurré, con los ojos llenos de lágrimas.
Asintió y me cogió las manos.
—¿Qué dices? ¿Quieres casarte?
Asentí con entusiasmo mientras más lágrimas caían de mis ojos y me empapaban las mejillas. La sonrisa de Enzo se hizo aún más grande mientras usaba el pulgar para secarme las lágrimas.
Mis amigos y familiares se hicieron a un lado mientras la madre de Enzo se apresuraba hacia mí con un ramo de flores.
—Toma esto —ordenó, guiñándome un ojo mientras me lo entregaba—. Y yo me quedo con estos —añadió con una amplia sonrisa mientras se inclinaba para coger a Asher.
—Yo me llevo al otro —dijo mi madre en un susurro mientras se inclinaba para coger a Cooper.
Enzo bajó la vista hacia mí y clavó sus ojos en los míos.
—¿Lista para casarte?
—Llevo lista mucho tiempo —susurré como respuesta mientras ambos mirábamos al sacerdote, que estaba a los pies de la cama.
Mientras el sacerdote hablaba, la emoción crecía en mi interior. Me resultaba imposible concentrarme en lo que decía. Solo podía pensar en que me estaba casando con mi pareja, que acababa de tener dos gemelos y que estaba rodeada de las personas que más quería en este mundo.
Todo parecía tan surrealista e increíble.
No me di cuenta de que el sacerdote se había dirigido a mí directamente hasta que todos los ojos se posaron en mí.
—Perdón, ¿qué? —pregunté, con la cara ardiendo.
—Preguntaba si querías decir tus votos —repitió, entrecerrando los ojos al mirarme.
—Ah, claro. Sí —dije, intentando no parecer avergonzada.
Cogí las manos de Enzo y lo miré a sus increíbles ojos.
—Qué camino tan loco hemos recorrido para llegar hasta aquí —dije con una risita—. Durante un tiempo, pensé que este día nunca llegaría. Creía que éramos demasiado diferentes, que nos rechazaríamos y cada uno seguiría su camino. Pero me equivoqué, y me alegro de haberlo hecho, porque no me imagino pasando mi vida con nadie más que contigo. No podría imaginar tener cachorros con nadie más. Te has convertido en mi pilar en muy poco tiempo. Eres mi protector. Eres mi hogar. Te quiero muchísimo.
Enzo sonrió al oír mis palabras y luego se aclaró la garganta antes de empezar a hablar.
—Siempre seré tu protector —replicó él—. Haré lo que sea necesario para mantener a mi familia a salvo. Tú, Cooper y Asher sois mi familia. Nunca dejaré que os pase nada a ninguno de los tres. Sé que este último par de años no ha sido fácil. Hemos afrontado muchos retos juntos, pero los hemos superado juntos, y eso es lo que quiero para nuestra vida en común. Quiero que superemos los obstáculos juntos, porque eso solo nos hará más fuertes. Las palabras no pueden expresar lo mucho que te quiero, pero te prometo que voy a demostrarte cada día lo mucho que significas para mí y lo perdidamente enamorado que estoy de ti.
Las lágrimas volvieron a brotar de mis ojos mientras Enzo me rodeaba con sus brazos.
Oí sollozos a mi alrededor y supe que los demás también estaban llorando; me hizo sentir mejor saber que no era la única.
—Lila, ¿aceptas al Alfa Enzo como tu esposo, para amarlo y respetarlo, en la prosperidad y en la adversidad, en la salud y en la enfermedad, hasta que la muerte os separe?
—Desde luego que sí —susurré, sin apartar la vista de los ojos de Enzo.
—¿Y aceptas al Alfa Enzo como tu Alfa? ¿Aceptas su autoridad y comprendes sus deberes como Alfa de la manada?
—Sí —dije, asintiendo con la cabeza.
Esto era también mi incorporación a la manada. Después de esta ceremonia, formaría parte oficialmente de la manada de Enzo y podría comunicarme por el vínculo mental con los miembros de la manada Calypso.
—Y, por último, ¿aceptas tu papel como Luna de la manada Calypso? ¿A protegerla aun a costa de tu propia vida? ¿A cuidar de los miembros de tu manada como si fueran tu familia y a trabajar junto a tu Alfa para mantener a sus miembros seguros y felices?
Volví a asentir.
—Sí —respondí, con una sonrisa cada vez más amplia.
Esto servía también como una Ceremonia de Luna.
Entonces miró a Enzo.
—Alfa Enzo, ¿aceptas a Lila como tu esposa, para amarla y respetarla, en la prosperidad y en la adversidad, en la salud y en la enfermedad, hasta que la muerte os separe?
—Sí, quiero —dijo Enzo en voz baja, casi sin aliento.
—¿Y la aceptas como miembro de tu manada?
—Sí, la acepto —dijo de nuevo.
—¿Y la aceptas como tu Luna?
—Sí, la acepto —respondió él.
—Entonces, os declaro marido y mujer; Alfa y Luna —anunció el sacerdote—. Puede besar a la novia.
Enzo se inclinó y rozó sus labios contra los míos, y una oleada de calor me recorrió el cuerpo. Todos en la habitación aplaudieron y nos vitorearon, lo que me hizo estallar en una carcajada justo cuando la enfermera entraba corriendo con cara de agobio.
No le gustaba que hubiera tanta gente en la habitación, y lo dejó más que claro.
—Será mejor que nos vayamos —dijo Dee con una risita nerviosa, mientras guiaba a mis amigos fuera de la habitación. Mi madre y Diana empezaron a caminar hacia mí con los bebés, pero de repente ambas se detuvieron y abrieron los ojos como platos.
—Oh, mi diosa… —dije sin aliento.
—¿Ha abierto Cooper los ojos? —preguntó Diana—. Porque Asher acaba de hacerlo.
—Sí —susurró mi madre—. Ha abierto los ojos.
—¿Qué pasa? ¿Están bien? —pregunté, mientras el pánico se apoderaba de mí.
Enzo se acercó a nuestras madres para ver qué era lo que miraban y su sonrisa fue radiante cuando bajó la vista hacia nuestros hijos.
—¿Qué es? —volví a preguntar, con más urgencia.
Enzo levantó la vista y me miró.
—Ambos son lobos Volana.
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