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Mi querida y mis gemelos, quédate conmigo - Capítulo 61

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  4. Capítulo 61 - 61 Chapter 61 Cumpliré con lo que te prometí
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61: Chapter 61 Cumpliré con lo que te prometí 61: Chapter 61 Cumpliré con lo que te prometí En la cafetería del primer piso del Dynasty Group ya casi era la hora de la cena y había pocas personas.

El mesero se acercó a la mesa de la esquina para servir el café y al terminar saludó a Ashley con una sonrisa.

Su cortesía no le extrañó, se conocían desde hace un tiempo, ya que ella solía trabajar en el vestíbulo del primer piso.

Mientras revolvía el café, una avergonzada Ashley preguntó: “Papá, ¿qué haces aquí?” 
El hombre frente a ella parecía tener los cincuenta años, los cabellos negros en sus sienes se mezclaban con algunas canas y su apariencia era amable.

Tenía puesto un traje marrón; y en su muñeca izquierda, un carísimo reloj brillaba con una fría luz.

“El sábado tu hermana fue a la fiesta de compromiso de Dion, me dijo que te había visto y que estabas trabajando aquí”, le respondió.

En definitiva Edith había exagerado toda la situación, y este pensamiento no hizo más que llenarla de desconfianza: “¿Qué más te dijo?

Me temo que nada bueno, ¿verdad?”
Al escuchar esto, el Sr.

Woods frunció el ceño y contestó: 
“Me dijo que estabas trabajando aquí, eso no tiene nada de malo.

¿Por qué piensas algo así de tu hermana?” 
La pregunta la desencajó, cogió fuertemente la cuchara con la mano y contestó: “¿Que por qué pienso eso de ella?

Papá, nosotras no nos llevamos bien”.

“Es cierto que ella no tiene un buen temperamento, pero realmente se preocupa por ti y es que somos familia después de todo.

Ella confía en ti más que en cualquiera…”, su padre quiso continuar, pero ella lo interrumpió: 
“Papá, ¿viniste aquí solo para tratar de arreglar las cosas entre mi hermana y yo?” 
El Sr.

Woods la miró y le dijo: “Escuché que tienes algo con el Sr.

Bruce del Dynasty Group.

¿Es eso cierto?”
La pregunta no la sorprendió en lo más mínimo.

Si Edith la había visto en la fiesta de compromiso, era probable que le hubiera dicho a su padre que ella y Bruce estaban juntos.

Para ese entonces, todos los asistentes de la fiesta lo sabían, si su hermana no se lo decía era posible que alguno de sus amigos lo hiciera.

Sin embargo, su hermana no iba a permitir que esto pasara, simplemente no le convenía.

Tenía que evitar que otras personas se lo contaran antes que ella y, lo más importante, que él hiciera preguntas sobre lo sucedido para que no supiera que ella había humillado a Ashley en la fiesta.

“¿Y qué más da si es cierto o no?”, contestó mientras agachaba la cabeza.

No lo negó, pero tampoco tuvo el coraje para admitirlo.

“Por muchos años, mi vida y lo que he hecho con ella no te ha preocupado, que esta vez no sea la excepción.

Esto solo me compete a mí”.

Sus palabras no hirieron ni enojaron al Sr.

Woods, muy al contrario estas parecían preocuparle.

“Me han contado que él tiene un hijo.

Si eso es cierto y ambos tienen una relación, me temo que hay muchas cosas en las que tienes que pensar”.

Ashley levantó la mirada lentamente y le preguntó: 
“¿Y si te digo que yo también tengo un hijo?” 
La expresión de su padre cambió y pensó que esta vez sería la primera que él se enfadaría con ella; es más, lo esperaba con ansias.

Mientras crecía, siempre estuvo esperando que eso sucediera sin éxito alguno.

Solo de esta forma pudo ventilar todas sus dudas e insatisfacciones a lo largo de los años.

Sin embargo, por un momento él solo sostuvo una mirada que reflejaba sorpresa más que nada para luego tomar un sorbo de café, como si tratara de calmarse con ello.

Después de terminar la taza de café, su semblante lo hacía parecer un padre amable de nuevo.

“¿Cuando pasó esto?”, preguntó finalmente.

“Hace cinco años viajé al extranjero para tenerlo.

No tenía ganas de ir a casa”, contestó ella.

“Tiene cinco años ya”, agregó.

Su padre frunció el ceño.

En definitiva no era fácil para él actuar calmadamente y mucho menos con tal rapidez, pero su rostro no mostraba señales de ira.

Luego de un momento de silencio preguntó: “¿Es un niño o una niña?”
“Una niña”, contestó.

Después de esto la conversación entre ellos se volvió más extraña.

Él no se mostró enojado; por el contrario, con mucha paciencia realizó preguntas sobre la niña.

Parecía que había olvidado la verdadera razón por la que estaba aquí: para averiguar sobre la relación entre ella y Bruce.

Finalmente, el Sr.

Woods fue a pagar la cuenta con la idea de marcharse, pero antes de hacerlo vaciló un momento y se dirigió a su hija con mucho cuidado: 
“Cuando tengas tiempo, lleva a la niña a la casa para conocerla.

Si quieres, incluso, podrías vivir ahí con ella.

Nosotros no diremos nada al respecto”.

Cuando dijo esto se fue, y de espaldas parecía un hombre solitario.

Ashley había crecido sin su madre.

Vivió con su abuelo durante su niñez y cuando este falleció se mudó con su padre.

El Sr.

Woods se había casado otra vez, siendo el fruto de este nuevo matrimonio una niña, que era unos meses mayor que ella.

En su niñez, era probable que ella no supiera nada de lo que sucedía a su alrededor.

Sin embargo, mientras crecía darse cuenta de la realidad era mucho más fácil y dejar de prestar atención a la opinión de las personas fue difícil.

Había algunas cosas que no se podían ocultar para siempre.

Su padre siempre se había sentido en deuda con ella, sabía que le debía mucho.

Por ello, desde que llegó a casa fue demasiado amable con ella para compensar las carencias que él mismo creía haber proporcionado.

Siempre hacía lo que ella le pedía, sin dudarlo ni pensarlo mucho.

Como cuando aquella vez que trajo a casa a un mendigo, que parecía ser un adolescente, y le pidió que lo adoptara a la edad de quince años, y su padre aceptó.

A pesar de todo aún creía no haber cumplido con su deber como padre y eso lo hacía sentir incompetente.

Después de la reunión con su padre, Ashley también se encontraba un poco inquieta.

Por suerte, el proyecto de la tarde ya estaba a punto de terminar, habían decidido que los trabajos no iban a continuar por la noche para no afectar a los invitados de arriba.

Al salir del hotel Dynasty se puso la cartera al hombro, levantó la muñeca y miró la hora en su reloj.

Todo lo sucedido la había distraído a tal punto que olvidó de recoger a Annie.

De prisa alzó el brazo para llamar a un taxi.

“Al jardín de infancia Westview, por favor”, le pidió al conductor.

De camino al jardín cogió su celular para llamar a Diane.

“¿Que ya se la llevaron?”, se sorprendió y exclamó: “¿Quién la recogió?”
Del otro lado se escuchaba la voz de Diane y aunque sonaba ansiosa explicó:
“El Sr.

Bruce fue quien la recogió.

Como usted tiene una buena relación con él y sabemos que a menudo ambos cuidan a sus hijos cuando el otro no puede, pensamos que no habría problema y dejamos que él la recoja.

¿Existe algún inconveniente con ello, señorita Woods?”
“No, está bien, no hay problema”, respondió mientras soltaba un suspiro de alivio, “Perdón por molestarte.

Muchas gracias”.

Después de colgar la llamada Ashley se dio cuenta que tenía un mensaje sin leer.

Era una frase muy corta.

“Recogí a Annie y la traje a mi casa”.

Rápidamente le dijo al conductor que cambiara la ruta hacia al Garden Villa y después llamó a Bruce.

“¿Hola?”, contestó él.

La voz que venía del otro lado del teléfono era tan baja, como cuando le susurró al oído la otra noche.

De pronto, sintió un poco de calor y abrió la ventana del auto para poder refrescarse con un poco de aire.

“Hola.

Gracias por ayudarme y recoger a Annie.

Estuve tan ocupada el día de hoy que lo olvidé por completo”, le dijo.

“De nada”, contestó y ella pudo notar que en su voz no había emoción alguna cuando dijo:
“Cumpliré con lo que te prometí”.

Lo dicho por él la sorprendió y le preguntó: “¿Lo que me prometiste?

¿Qué es lo que me prometiste?”
Él le contestó con certeza: “Que cuando estés ocupada con la organización de la fiesta del aniversario, te iba a ayudar recogiendo a Annie.

Además, da lo mismo, ¿verdad?

Como las dos se quedarán en mi casa por un tiempo.

¿No era eso lo que querías que te prometa?”
Ashley estaba confundida por lo que Bruce había dicho, ciertamente no recordaba haberle pedido algo así, y de prisa preguntó: “¿Qué?¿Cuándo fue que te pedí esto?”
Del otro lado del teléfono, él guardó silencio durante unos segundos para contestar con voz seria: 
“Antes de ayer, en la noche”.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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