Mi querida y mis gemelos, quédate conmigo - Capítulo 63
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63: Chapter 63 ¿Quién eres?
63: Chapter 63 ¿Quién eres?
Luego de lo sucedido Ashley se congeló en el acto y no pudo volver en sí durante algún tiempo.
Era como si de alguna forma estuviese en trance.
“Voy…
voy a ir a ver a Annie”, dijo finalmente para luego salir de la habitación dirigiéndose a las escaleras.
Bruce acariciaba suavemente con sus delgados dedos el jade que aún conservaba en su mano y veía la espalda de Ashley alejarse de él mientras subía las escaleras a toda prisa.
Su frío rostro cambió de semblante y esbozó una pequeña sonrisa de satisfacción.
“¿Así que nada de esto te afecta?
Tu comportamiento me dice todo lo contrario”, murmuró.
En el aeropuerto Ocean International.
“Ya llegué.
Todavía estoy esperando mi equipaje”, dijo Elena y no pudo evitar estornudar.
Estaba parada con los brazos cruzados esperando junto a los otros pasajeros.
Con voz nasal siguió diciendo: “Bueno, no puedo seguir hablando, tengo que colgar.
Mi maleta acaba de llegar”.
Por la cinta transportadora vio que su maleta roja se desplazaba para llegar donde ella estaba parada.
Se dispuso a guardar su teléfono y cuando estaba a punto de coger la maleta se percató que una mano pasaba por encima de su hombro y sin problema la tomó por ella.
Antes de que pudiera agradecer al desconocido por su ayuda, escuchó una voz, tan familiar como desagradable, decir: “De nada”.
Las ganas de querer agradecerle se esfumaron por completo.
Respiró muy hondo, levantó su mirada y la dirigió al hombre que estaba frente a ella.
“¿Acaso te pedí que me ayudaras?
¿Qué estás haciendo aquí?”, le preguntó de muy mala gana.
Sin embargo, Charlie solo permaneció tranquilo.
A decir verdad, ya se había acostumbrado a su mal carácter.
“Está lloviendo afuera.
¿Llamaste a alguien para que venga a recogerte?
Si no, te puedo llevar en mi auto.
No hay problema”, le respondió con mucha calma.
“No, gracias”, le contestó.
Ella lo miró con exasperación, cogió el asa de la maleta y dio media vuelta para irse.
Sin embargo, nada de eso fue suficiente.
“Señorita Kaye, si tienes algo en contra mía, creo que es necesario que seas clara y lo expliques de una vez.
¿Sabes en cuántos problemas me has metido por lo sucedido en el aeropuerto?”, le cuestionó.
Elena no hizo más que ignorarlo.
Siguió su camino hacia el estacionamiento mientras hablaba por teléfono durante todo el trayecto, sin prestarle atención alguna.
“Oye, ¿me estás escuchando?”, le siguió preguntando.
Esto no lo detuvo, dio unos pasos hacia adelante y cuando pudo alcanzarla se paró frente a ella sosteniendo su teléfono muy cerca de su rostro para que ella pueda verlo: “Mira”.
“¡Eres tan insoportable!”, ella le gritó.
No quería mirar nada, solo quería deshacerse de él.
Hizo un movimiento con la mano para sacárselo de su camino y de pronto ambos teléfonos cayeron al suelo.
“No tengo interés alguno en ti o lo que tengas que decir.
No se trata de si tengo algo en contra tuyo o no, este asunto termina aquí.
No discutiré más contigo por el bien de Bruce y Ashley.
Así que, por favor, aléjate de mí”.
Luego de decir esto, se agachó a recoger su teléfono del suelo para ponerle fin a este encuentro.
Le hizo una seña con la mano a la persona que había venido a recogerla para que le ayudara con la maleta y se fue.
Charlie la vio irse y frunció el ceño, se había quedado realmente sin palabras.
“¿Qué tipo de persona es ella?”
De pronto miró hacia abajo y vio que su teléfono estaba tirado en suelo.
Se agachó para recogerlo e inmediatamente trató de desbloquearlo, pero para su sorpresa solo recibió dos notificaciones de advertencia de contraseña incorrecta.
“No es posible”, dijo con asombro.
Cuando observó el teléfono con detenimiento se percató que el fondo de pantalla no era el suyo.
Mientras comprendía lo que había pasado en realidad la expresión de su rostro cambió.
Si este era el teléfono de Elena, entonces ella tenía que haberse llevado el suyo por equivocación.
Ya en el hotel, Elena estaba en la recepción registrándose cuando el teléfono en su bolsillo empezó a vibrar.
Sin prestar mucha atención se apresuró solo a contestar la llamada entrante.
“¡Hasta que por fin respondiste”, dijo un mujer con la voz más aguda que había llegado a sus oídos.
Se notaba que estaba alterada y su tono la sorprendió a tal punto que de inmediato alejó el teléfono de su oreja.
“Escúchame bien porque no te lo voy a repetir.
Si no te casas conmigo, voy a demandarte, pero no solo haré eso.
También subiré el video a Internet para que todos lo vean y crean que eres un violador.
Cuando tu reputación esté por los suelos, no llores ni me ruegues”, continuó la mujer.
“Disculpa, ¿quién habla?
Me temo que te equivocaste de número”, preguntó Elena mientras fruncía el ceño.
“¿Qué quién soy yo?
¿Dime quién eres tú?
¿Dónde está Charlie?
¡Pásale el teléfono!”, le contestó la mujer.
¿Charlie?
¿Por qué alguien la llamaría si querían hablar con él?, pensó.
Todo esto la extrañó mucho más y mientras seguía frunciendo el ceño le echó un vistazo al identificador de llamadas.
Heather, indicaba.
Cuando se dio cuenta de lo que había pasado la expresión de su rostro cambió.
“¡Este no es mi teléfono!”
Y fue en ese momento que recordó que hace media hora su teléfono y el de Charlie habían caído juntos en el piso del estacionamiento.
¿Cómo era posible que ese tipo de cosa le pasara a ella?
……
Annie ya se había quedado dormida cuando Ashley terminó de ducharse.
En cuanto salió del baño vio que la niña estaba acostada en la cama con los brazos y piernas extendidos apoderándose de casi toda la cama.
Sin duda la postura para dormir de su hija ocupaba mucho espacio.
Sacudió la cabeza sin poder hacer nada y trató de mover el pequeño cuerpo para hacerse un espacio.
“Cariño, ¿quieres que duerma en el suelo?”, le susurró.
De repente, la pequeña se dio la vuelta y aún dormida comenzó a murmurar: “Papá…”
Ashley que estaba tratando de cubrir a su hija con el edredón se detuvo al escuchar el murmullo.
Al parecer la pequeña realmente quería tener un padre, tanto así que lo buscaba hasta en sueños.
Tal vez, era por eso que Annie se había esforzado tanto para hacer que Ashley y Bruce pasaran tiempo juntos.
Anhelaba tener una familia como la de los otros niños.
“Pero, ¿Bruce y yo?”, se dijo para ella misma.
De repente, vino a ella la imagen de ambos parados uno junto al otro, pero inmediatamente sacudió su cabeza como si tratara de sacar esos pensamientos de su mente.
“Nada de eso era probable.
¿Cómo podría ser posible que yo tenga algo serio con él?”
Aunque trataba de evitarlo, las imágenes de un futuro con ellos dos juntos venían a su mente como olas.
Quería dejar de pensar en todo esto y dormir, se sentía somnolienta pero por más que trataba no podía conciliar el sueño.
Sin nada más que hacer, no tuvo más remedio que levantarse de la cama en busca de un vaso de agua.
Todo estaba oscuro, pero aún así Ashley bajó las escaleras para dirigirse a la mesa que estaba en la sala de estar, y tuvo cuidado de no prender las luces para no despertar al personal.
Recordó que había una jarra en la mesa, la tomó y luego de servirse un vaso de agua cogió unos paquetes de galletas que también se encontraban ahí.
Aunque hubo mucha comida en la cena, ella no se había preocupado en comer mucho.
Más que nada estuvo sentada sintiéndose muy ansiosa y solo tomo uno que otro bocado en toda la noche.
Ahora realmente tenía hambre, y mucha.
Estaba a punto de regresar a su habitación, pero al darse la vuelta una sombra negra bloqueó su paso.
“¡Dios mío!”, exclamó mientras caía sentada en la silla que estaba detrás de ella, arrojando la mitad del agua del vaso que tenía en la mano.
“Soy yo”.
En la oscuridad, reconoció la voz de Bruce que dio unos pasos hacia la pared y encendió la luz de la habitación.
“Dios, me asustaste”, ella le contestó con voz entrecortada, tocándose el pecho del susto mientras le lanzaba una mirada asesina.
“¿Es que no haces ningún sonido cuando caminas?”, le preguntó.
Él no le contestó nada y solo la miró de arriba a abajo.
Sus ojos no le decían nada.
Fue entonces que Ashley recordó en casa de quién estaba y pensó que no debía ser tan altanera.
Más aún cuando recordó que tenía los paquetes de galletas en sus brazos.
Dios, parecía como si estuviera robándolos.
El solo pensamiento la distrajo y en un segundo ambos paquetes cayeron al suelo precisamente junto a los pies de Bruce.
“Creo que Annie se despertará con hambre en medio de la noche, por eso bajé y tomé algunas galletas”, explicó.
“No hay problema, ¿verdad?”
La mirada de Bruce se volvió seria de pronto.
“Claro que no, son solo unas galletas.
¿Qué clase de persona crees que soy?”, le preguntó.
De pronto, todo el ambiente se tornó incómodo.
Ashley fue la primera en hablar: “Voy a subir primero” y se dispuso a retirarse.
Luego de dar unos pasos escuchó que el hombre dijo: “Yo también tengo hambre”.
Lo dijo con voz más bien baja, por lo que por un momento pensó que no había escuchado bien.
Asombrada, giró hacia donde él estaba y le preguntó: “¿Qué dijiste?”
“¿Encontraste algo más para comer?”, le respondió.
Aunque sus sospechas fueron confirmadas, no podía evitar seguir sorprendida por ello.
De repente, le preguntaba eso porque él también había bajado a buscar comida.
Pero por qué lo haría, recordó que lo había visto comer un montón durante la cena.
Pese a que Ashley aún tenía dudas sobre si era cierto que él tenía hambre, decidió que esta sería la forma de agradecerle por no decirle nada cuando la encontró subiendo comida a escondidas en plena noche.
Iba a prepararle algo y, convenientemente, ella también podría comer.
“Podría preparar algo.
¿Te gusta los fideos en salsa frita?
Creo que puedo encontrar todos los ingredientes en el refrigerador”, le dijo
Bruce asintió, cogió una silla y se sentó.
Vio que Ashley colocó todas las galletas sobre la mesa, para luego doblarse las las mangas y dirigirse a la cocina.
Después de un rato, pudo escuchar que algo se estaba cocinando.
Una de las mujeres del personal había escuchado sonidos en la cocina, por lo que salió de su habitación para averiguar qué estaba pasando.
Cuando Bruce se percató de su presencia, este le lanzó una mirada de advertencia.
La mujer retrocedió rápidamente y regresó a descansar.
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