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Mi querida y mis gemelos, quédate conmigo - Capítulo 64

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64: Chapter 64 ¿No lo odias?

64: Chapter 64 ¿No lo odias?

Ashley se esmeró y preparó tanta comida como la que hubo en la cena.

En la mesa había servido todas las guarniciones: rodajas de zanahoria y de pepino, cacahuates y guisantes verdes.

Pero sin duda, el plato más delicioso y del que emanaba un riquísimo aroma era un tazón con pasta de soya con carne.

En un tazón grande colocó un poco de fideos con pasta de soya y algunas guarniciones, y lo puso frente a Bruce.

“Es para ti.

Mezcla todo tú mismo, así es más rico”, le dijo y después se dispuso a servirse uno para ella.

Bruce miraba a la mujer frente suyo a la vez que con ambas manos sostenía el tazón que aún estaba tan caliente que hizo que sus ojos se sintieran un poco calientes.

Era cierto que las personas que venían de familias con mucho dinero y poder rara vez tenían la oportunidad de ver a sus propios parientes cocinar o realizar otro tipo de quehaceres.

Contaban con personal en casa para que se encargaran de esas labores, por ende ellos llevaban una vida fácil sin preocuparse por ello.

Él mismo había estado viviendo de esa manera desde que era un niño, pero al ver a Ashley cocinando frente a él recordó que también había visto algo parecido en su niñez.

Sin embargo, cuando siguió pensando en su infancia recordó otras cosas no tan buenas.

Ashley siguió comiendo hasta que el tazón quedó por la mitad.

Fue cuando ya estuvo satisfecha que por el rabillo del ojo miró a Bruce y vio que su tazón estaba intacto.

No se había percatado hasta ese momento que él no había probado bocado de su comida.

“¿Por qué no has comido todavía?”, le preguntó.

Después de pensarlo por un momento, le preguntó en voz baja: “¿No has comido fideos con pasta de soya antes?”
La respuesta fue inmediata: “¿Crees que es extraño que no haya comido esto antes?”
City York estaba ubicado en el sur y este platillo más bien era una especialidad del norte.

Aunque en el sur también se preparaba, esta comida solo se vendía en la calle en pequeños puestos.

El cocinero de la familia Hinton nunca había preparado algo así y a él no se le ocurriría ir a estos puestos a probarlo.

“Eh…

no, no es extraño”, Ashley sonrió un poco avergonzada y luego le mostró su mano.

“¿Quieres que lo mezcle por ti?”, le preguntó.

“No”, le respondió Bruce mientras sostenía los palillos y finalmente mezcló los fideos él mismo.

Le costó un poco, sus movimientos no demostraban mucha habilidad pero tampoco eran torpes.

“En realidad, entiendo por qué nunca antes lo habías hecho.

Probar algo así, digo”, trató de explicarle por qué pensaba que no era de extrañar que nunca antes haya probado aquel plato.

“Yo era una de las herederas de la familia Woods.

En casa no hacía ninguna labor, nadie me lo pedía.

Mi madrastra y hermanastra tampoco lo hacían, no era necesario.

Creo que Edith no ha comido fideos con pasta de soya en toda su vida”.

Bruce se sorprendió al darse cuenta de que a Ashley no le importaba hablar de su familia, y aprovechó la oportunidad para preguntarle: “¿Ha sido tu madrastra buena contigo?”
“¿Qué crees?”, le contestó, pero su mirada decía mucho más.

Si su madrastra hubiera sido buena con ella, Edith no la habría tratado como lo hizo ese día en la fiesta de compromiso de Dion y Angelina.

Era probable que la hija haya aprendido esas cosas de su madre.

“Todo este asunto, parece que tampoco te preocupa, ¿verdad?”, él le preguntó mientras fruncía el ceño.

“Sí, no me quita el sueño”.

Ashley tomó un gran bocado de los fideos y cuando terminó de comer le dijo: “Las personas que realmente eran importantes para mí ya no están.

El resto no significa nada para mí”.

Su voz era casi un murmullo.

Bruce se quedó un poco sorprendido con su respuesta, y lamentó haberle preguntado ello, ya que  sentía que le había hecho recordar cosas tristes.

“Lo siento”, le dijo, sintiéndose un poco culpable.

“¿Por qué te disculpas?”, le preguntó ella.

Desde la comisura de su boca pudo ver que nacía una sonrisa que expresaba humildad.

“¿Sabes?

Mi padre siempre me ha dicho que mi madre murió de una enfermedad.

No solo él, toda la familia Woods lo hizo, y también el abuelo.

Pero hay algo que no entiendo, si mi padre fue siempre bueno con ella, ¿cómo pudo haber nacido Edith?

Antes incluso que su mamá se casara con mi papá.

¿Sabías que ella es dos meses mayor que yo?”
Los adultos equivocadamente suelen pensar que es fácil engañar a los niños.

Sin embargo, hay algo que ellos no parecen comprender: los niños pueden ser inocentes, pero no son tontos.

“¿Odias a tu padre?”, le preguntó.

Al principio, Ashley asintió, pero luego de un segundo sacudió su cabeza.

“No lo sé.

Si hubiese sido malo conmigo, definitivamente lo odiaría.

Pero desde que era una niña, nunca ocultó que yo era su preferida.

Con el pasar del tiempo, me di cuenta que mi padre nunca me había hecho algo malo.

Yo solo siento pena por mi mamá y por el papá de ella, mi abuelo”, contestó ella.

Era de conocimiento general que el Woods Group había sido creado por el Sr.

Woods; sin embargo, el capital inicial fue otorgado por la madre de Ashley.

Si ella no hubiese aportado ese dinero la compañía simplemente no existiría.

“Así que en verdad no odias a tu padre”, dijo él.

Y cuando pudo dirigir su mirada a Ashley sintió algo en su corazón, un sentimiento que no podía describir.

“Realmente no lo sé.

Creo que todo esto son asuntos que les compete a nuestros padres.

Al final, solo somos sus hijos, ¿cómo podríamos juzgarlos?, le contestó ella.

Seguidamente levantó una de sus cejas y trató de restarle importancia a todo el tema.

“Además, ahora ya no vivo con ellos.

Dime, si estuvieras en mi lugar, ¿qué harías?”
“Si yo fuera tú…”, el tono de la voz de Bruce era grave y un poco frío.

“Si yo fuera tú, habría hecho que él y su amante salieran de mi compañía y de mi casa sin nada en los bolsillos”, dijo con finalidad.

Sorprendida por lo que acababa de escuchar, Ashley lo miró boquiabierta sin poder decir nada.

“Ya me llené”, habló él nuevamente.

Enseguida colocó los palillos sobre la mesa haciendo un ligero ruido.

Y aunque el sonido no fue fuerte, la manera en que lo hizo dio a notar que estaba enojado.

Con pasos rápidos se dirigió hacia las escaleras que lo llevaban al segundo piso y desapareció.

“¿Y si dije algo que lo enojara?”, pensó para sí misma, aún desconcertada por lo que había pasado.

Ya en el segundo piso, Bruce ingresó a la habitación principal.

Rápidamente, se dirigió hacia el velador, y cogió el libro que estaba encima de este.

Cuando lo abrió, encontró una foto rasgada en dos.

Una de las mitades estaba arrugada y en la otra, que aún estaba intacta, se podía ver la imagen de un pequeño niño sentado en los hombros de un guapo hombre.

Tomó la foto en sus manos y la sostuvo con tanta fuerza que estuvo a punto de arrugarla.

Por muchos años, no había podido hablar sobre lo que había hecho.

“Fue esa mujer quien traicionó a mi padre.

Se veía con otro hombre a sus espaldas, e incluso indirectamente lo mató por todo el dolor que le causó.

A fin de cuentas, no importaba si ella era mi madre o no, no hice mal en sacarla de mi casa.

Ella se lo merecía”.

Sin embargo, no podía dejar de pensar en lo que Ashley había dicho esa noche.

Que los hijos no podían juzgar a sus padres por los errores que ellos hayan cometido.

Al día siguiente, cuando Bruce bajó al primer piso, Ashley ya había preparado el desayuno y estaba comiendo en la mesa del comedor con los dos niños.

“Por fin despertaste.

Ven, siéntate con nosotros a desayunar”.

Finalmente lo miro y con una sonrisa le dijo: “Hice crema de mijo y dátiles rojos.

Es un plato muy saludable”.

A pesar del pequeño gesto, él no le respondió.

Sin decir nada cogió una silla y se sentó.

Comparado con ayer, era obvio que su actitud había cambiado.

Desde luego, ella también lo notó y no puedo evitar sentirse un poco avergonzada, mas no entendía qué podía haber hecho para que él se comporta de esa manera.

Deseaba ya no estar aquí.

Esperaba que su trabajo no se viera afectado por este cambio en Bruce.

Simplemente no lo soportaría.

Uno de los mayordomos le sirvió un tazón de crema de mijo frente a Bruce.

Sin decir nada este agachó su cabeza para tomar una cucharada sin mostrar algún gesto de disgusto.

Y solo cuando ella se dio cuenta de que había terminado todo lo que se le había servido pudo sentirse un poco aliviada.

Al menos no tuvo problema al comer lo que había preparado.

Pero como era de esperar, uno tenía que ser agradecido con el otro si es que iban a vivir juntos.

Solo era agradecimiento.

No obstante, pensó que para evitar algún tipo de incidente lo mejor era terminar con todo el trabajo lo más pronto posible.

A partir de entonces, Annie se había quedado a vivir en el Garden Villa.

Por la mañana, Ashley y Bruce llevaban a los dos niños a la escuela y por la tarde, solo él los recogía.

Por otro lado, el cocinero del Garden Villa parecía poder predecir la hora en la que Ashley llegaría del trabajo por la noche, porque cada vez que lo hacía la cena ya estaba servida.

La decoración del lugar les tomó medio mes, y el trabajo terminó oficialmente un viernes, medio mes después.

Ashley ya había pedido a al área financiera que se le pagara el salario a todos los trabajadores temporales.

Como ya no había más por hacer, estaba considerando salir temprano para recoger a Annie de la escuela.

Sin embargo, de pronto su teléfono comenzó a sonar.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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