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Mi querida y mis gemelos, quédate conmigo - Capítulo 77

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  4. Capítulo 77 - 77 Chapter 77 No eres su madre biológica
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77: Chapter 77 No eres su madre biológica 77: Chapter 77 No eres su madre biológica “Él ha firmado un contrato de cinco años con la Star Company.

Si lo rompe, perderá todas sus propiedades por incumplimiento de pago”, dijo Alex queriendo reírse de solo pensar en lo ridículo que eso sonaba.

Dylan era aún muy joven y no conocía el temperamento de Bruce.

Por ello, para el otro hombre engañarlo fue demasiado fácil.

El joven hombre había caído rápidamente en las provocaciones de su jefe.

“¿Es necesario que él rompa el contrato?

¿No es mejor que me lo quede para poder seguir ganando dinero a su costa?”, dijo Bruce con voz apenas perceptible.

Alex quedó sorprendido por lo que su jefe había dicho, y cuando se repuso hasta sintió pena por el joven.

Lo que su jefe planeaba hacer definitivamente iba a enfurecer al otro hombre.

Dylan no soportaba a Bruce, pero lamentablemente tenía que trabajar y ganar dinero para él.

Si no ganaba dinero, no podía mantenerse a sí mismo, y si lo hacía ese maldito hombre se llevaría más de la mitad de la ganancia.

Y todo esto no hacía más que generar más desprecio del que ya tenía.

……

El día lunes al medio día, Ashley se dirigió a la casa de su padre especialmente para recoger la llave de la casa como lo tenía planeado.

Edith no estaba en casa, se había ido a trabajar hace unas horas.

Y aunque Caroline, su madrastra, no era una buena persona, sabía que durante su corta visita trataría de fingir amabilidad.

Si ella iba a recoger la llave, su madrastra no iba a poner obstáculos y todo iría bien.

“Señorita Ashley”, escuchó una voz que reconoció instantáneamente.

La tía Moira, una de las empleadas que había trabajado con la familia Woods durante muchos años, casi lloró cuando la vio.

“Señorita Ashley, ¿ha vuelto a casa?

¿Dónde ha estado durante todos estos años?”
La mujer había estado al servicio de la mamá de Ashley desde que era niña, y cuando esta falleció se dedicó solo a ella, cuidándola y acompañándola.

Incluso se mudó a la casa de la familia Woods para poder seguir a su servicio.

Con lágrimas en los ojos, Ashley tomó la mano de la tía Moira y entre sollozos le contestó: “Regresé por un tiempo, pero eso no significa que he vuelto a ser parte de esta familia.

Tía, discúlpame, no ha sido mi intención hacerte preocupar de esta manera”.

“Eso no importa.

Mi pequeña debe haber sufrido mucho durante todo este tiempo.

Si su madre estuviese viva, me culparía por no cuidar bien de usted”.

“Yo estoy bien, tía, no tienes de qué preocuparte”, dijo con una sonrisa mientras le acariciaba la mano.

“¿Ashley?”, la voz de una mujer las interrumpió.

Caroline estaba parada en las escaleras vistiendo un elegante y largo vestido azul grisáceo.

A pesar de todos estos años, su rostro parecía no haber envejecido.

Aparentaba tener treinta años aún y lucía tan distinguida como la última vez que la vio.

Cuando vio a Ashley se mostró sorprendida, pero esa expresión no duró mucho.

Mientras bajaba las escaleras comenzó a hablar entusiasmadamente: “Ashley, ¡estás de regreso!

Me hubieses avisado con tiempo que venías.

Le pediré al cocinero que prepare tu comida favorita ahora mismo”.

Ashley soltó la mano de la tía Moira.

“Vine solo para recoger algo y me voy.

No tienes por qué molestarte con la comida, tía”, le contestó.

Siempre le había dicho “tía” a Caroline.

Cuando todavía era pequeña, Ashley había escuchado a su tía quejarse con su padre en secreto.

Luciendo una mirada ofendida le decía a su esposo que ella trataba muy bien a su hija, pero que no entendía por qué la niña no apreciaba su amabilidad y aún no le decía “mamá”.

El señor Woods pensó en lo dicho por su mujer durante unos segundos y después le contestó: “Pero, querida, tienes que entender que tú no eres su madre biológica.

Tal vez, creo que lo más conveniente es que ella te diga ‘tía’.

¿Qué te parece?”
Frente a su esposo Caroline no se atrevió a hablar más al respecto.

Pero en cuanto él salió de casa, ella desató su ira.

Rompió todo lo que estaba a su alcance, y llegó incluso a regañar y golpear al personal que se encontraba en el dormitorio.

También la escuchó gritar: “Si no es mi hija biológica, ¿por qué tendría que tratarla bien entonces?”
Desde su juventud Ashley sabía que su madrastra era una hipócrita y no podía entender cómo su papá no se había percatado de ello durante todo este tiempo.

Parecía estar cegado por esa mujer.

Luego de intercambiar algunas palabras, Caroline no evitó que su hijastra subiera hacia el segundo piso.

Ya en su habitación, Ashley se dio cuenta de que no había cambiado en nada, seguía igual como la había dejado.

Luego de dar una vuelta por todo el lugar, recordó que había dejado la llave en el cajón derecho de su escritorio.

Cuando fue a buscarla se sorprendió porque no estaba ahí.

Ella recordaba con claridad que en cuanto recibió la llave la había guardado en aquel cajón.

“¿Encontraste lo que buscabas?”, preguntó Caroline a Ashley al ver que esta bajaba las escaleras hacia el primer piso.

“No”, respondió tajantemente.

“Tía, la llave de mi casa no está en el cajón de mi escritorio.

¿Sabes si alguien la cogió?”
Su madrastra lucía ciertamente sorprendida cuando escuchó esa pregunta.

“¿La llave de tu casa?

¿Qué casa?”
“La casa que mi padre me regaló hace seis años.

La Golden Villa”, le contestó sin rodeos.

“Realmente no lo sé, Ashley.

Yo no entro a tu habitación.

Es la tía Moira quien suele limpiarla.

Bueno, tu padre también entra de vez en cuando.

¿Por qué no le preguntas a él mejor?”, le respondió, su tono era un poco extraño.

“Esta bien, lo haré.

Gracias”.

Ashley no quería hablar más con ella, así que estaba más que lista para retirarse.

“Ashley, quédate a almorzar”, escuchó decir a su madrastra.

Caroline trató de convencerla para que se quedara.

“Ya pedí que preparen el pescado agridulce que tanto te gusta”, le dijo con una sonrisa.

Ashley, que estaba de espaldas, volteó a mirar a su madrastra y era evidente que toda esta situación la enojaba.

“No creo que en verdad te guste la idea de comer conmigo, tía”, le dijo finalmente.

“Ashley, ¿de qué hablas?”
“¿De qué hablo?”, le preguntó mientras la miraba fijamente.

“Mira, no hay nadie más aquí, y mi padre no está en casa, así que puedes dejar todo el acto.

Mi padre no se da cuenta de la clase de personas que son tú y tu hija, pero yo sí”.

Luego de decir eso, Ashley salió de la casa sin mirar atrás.

Caroline se apoyó en el respaldo del sofá con una expresión sombría en su rostro.

De pronto, su mirada se dirigió lentamente hacia la tía Moira que estaba en la puerta.

“Dime, ¿qué le has dicho?”
La otra mujer bajó la cabeza.

“La señorita Ashley solo ha estado aquí por menos de diez minutos.

¿Qué he podido haberle dicho?”, contestó con frialdad.

“No hablo de hoy, sino en el pasado.

¿Qué es lo que le has contado?”
“¿En el pasado?”, le preguntó la vieja mujer.

Luego levantó la cabeza y miró a Caroline.

“Señora, ¿usted todavía recuerda lo que sucedió en el pasado?

Pensé que ya lo había olvidado”, le contestó y su mirada era tan intensa que la asustó.

Las manos de Caroline temblaron con solo escuchar lo dicho por la mujer.

Lo sucedido parecía indicar que Ashley sabía todo.

Por eso, tal vez no era de sorprender que no haya regresado a casa durante todos estos años.

Pero algo le intrigaba.

Por qué volvería ahora justo cuando había conocido a Bruce.

Al salir de la casa de su padre, Ashley tomó un taxi.

Y aunque ya no estaba cerca de esa mujer, sentía que aún no podía calmarse.

Todos los malos recuerdos volvían a ella.

La madre de Ashley había dado a luz prematuramente, y, a consecuencia de eso, falleció debido a una hemorragia masiva días después.

Cuando fue admitida en la escuela de medicina de la Universidad de York, tía Moira decidió contarle la verdad.

Caroline había ido a ver a su madre días antes del incidente, y fueron sus provocaciones las que hicieron que diera a luz antes de tiempo.

Si eso no hubiese pasado, su madre no habría muerto.

Por ende, ella creía fielmente que esa hipócrita mujer era la culpable de la muerte de su madre.

Desde que supo ello, se alejó de esa familia.

Aunque estuviese asistiendo a una universidad muy cerca de donde vivían, rara vez iba a casa.

Pero todo esto había pasado hace mucho tiempo y ya no tenía sentido seguir hablando sobre ello ahora.

Sin embargo, Ashley sintió que si no investigaba a fondo el asunto no estaría respetando la memoria de su madre.

Finalmente, solo optó por no enfrentarse a esa hipócrita familia.

Luego de pensar por unos momentos, cogió su teléfono para poder llamar a su padre y preguntarle sobre la llave.

Pero al recordar los culpables ojos de su madrastra se le ocurrió una idea.

“Señor, ya no iremos al Garden Villa.

Diríjase al Golden Villa, por favor”, le indicó al chofer.

Era evidente que su padre había dado órdenes para que nadie tocara nada de su habitación.

Cuando se vieron hace dos días, Ashley le había comentado sobre su intención de querer recoger la llave, por lo que era evidente que él no la había sacado de donde estaba.

Por lo tanto, solo podía haber una razón por la cual esa llave no estuviese en su lugar.

Se la llevó alguien que estaba acostumbrado a quitarle las pertenencias a los demás.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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