Mi segundo matrimonio con el capo de la mafia - Capítulo 6
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6: Sus 5 años de matrimonio concluyeron 6: Sus 5 años de matrimonio concluyeron Cuando atraparon a Ashley la primera vez, cualquier posibilidad de reconciliación que pudiera haber tenido se fue por la borda.
Lucian le prohibió salir de la mansión y, si quería ir de compras, solo podía invitar a los diseñadores a su casa.
Sin embargo, para que no se sintiera tan sola, le permitió recibir la visita de su hermana porque, de alguna manera, se había enterado de que ambas eran muy «unidas».
En cuanto a June, lo golpearon hasta casi matarlo y lo enviaron de vuelta a su lugar de origen.
June había sido capturado en la estación de tren después de dejarla a ella.
Eso fue lo que oyó.
Por su parte, Lucian, después de aquel incidente, se quedó en casa durante todo un mes.
Y cuando necesitaba salir, o se la llevaba con él o la obligaba a observar lo violento que podía llegar a ser, como si esa fuera su forma de domarla.
Pero Ashley nunca renunció a escapar.
Lo intentó de nuevo, aunque sabía que era una estupidez.
Pero cada vez que lo intentaba, la atrapaban una y otra y otra vez.
Y cada vez, él le quitaba algo, hasta que la aisló por completo de todo.
Y antes de que se diera cuenta, habían pasado cinco años en aquel infierno.
—¿Por qué…?
—Ashley estaba sentada al borde de la cama, con una pistola en la mano.
La habitación estaba a oscuras, pero la luz de la puerta abierta —donde estaba Lucian— era suficiente para que él viera su silueta.
—Simplemente…
¿por qué…
—dijo con un hilo de voz y la mirada perdida— no me dejas marchar?
Eso era algo que Ashley nunca pudo entender.
¿Por qué seguía arrastrándola de vuelta a este lugar una y otra vez?
Incluso cuando Marshal mostró hostilidad hacia él, lo atacó y casi lo mató, ¿por qué no la mataba a ella y ya?
¿O la dejaba marchar?
Había hecho de todo durante los últimos cinco años, pero todo había fracasado.
Y a estas alturas, solo se le ocurría una salida.
La muerte.
—Tú… —susurró, levantando su mirada vacía para encontrarse con la agotada de él—.
Por favor.
Te lo pido por última vez.
Solo… déjame marchar.
No esperaba nada de él.
Ashley sabía que, muriera o no, él nunca la dejaría salir de aquel lugar.
Por alguna razón, vislumbró un atisbo de tristeza en sus ojos mientras él examinaba la pistola que ella sostenía contra su sien.
—De acuerdo.
—¿Eh?
Lucian se acercó a ella, cojeando por la herida que le había infligido su propio padre.
Le quitó la pistola de la mano y bajó la cabeza hasta que quedó a la altura de la de ella.
—Bien —susurró—.
Te dejaré marchar.
Ahora lo entiendo.
Ashley contuvo la respiración mientras lo miraba.
Era la primera vez que realmente lo veía de cerca.
Solo entonces se dio cuenta de lo agotado y débil que parecía.
Era como si estuviera mirando a una persona completamente diferente.
Una pequeña sonrisa se dibujó en su rostro mientras apartaba la pistola de su sien.
Le ahuecó la mejilla y se la acarició suavemente con el pulgar, mirándola en silencio antes de incorporarse y salir cojeando del dormitorio.
Se detuvo en la puerta y, sin mirar atrás, dijo: —Gustav, envía a la señorita Ashley lejos de aquí.
Eso fue lo último que Ashley escuchó de él.
Y la última vez que vio a su marido.
Porque esa noche, Lucian por fin la dejó marchar.
Hizo que su mano derecha, Gustav, la llevara al aeropuerto y la enviara lejos con una nueva identidad y un fajo de billetes.
Le dijeron que anunciarían su muerte para que Marshal no la buscara.
Al principio, parecía un sueño.
Ashley incluso pensó que era solo otro juego que él había comenzado.
Que en cuanto se sintiera cómoda, él estaría en la puerta de su casa para arrastrarla de vuelta.
Así que siguió mudándose de un lugar a otro.
Pero había pasado un año desde que dejó Dominion, y no apareció ni su sombra.
Ni siquiera Marshal.
Ni siquiera Scott.
—Quizá… de verdad me dejó marchar —susurró mientras estaba sentada sola en un parque tranquilo.
—Durante los últimos cinco años, todo lo que quería era dejarlo —murmuró, recordando la mirada agotada que tenía Lucian la última vez que lo vio—.
Pero… ahora que he salido de ese lugar, ¿por qué sigo pensando en él?
Ashley negó con la cabeza y sacó el móvil, levantándose del banco para volver a casa.
Pero mientras caminaba lentamente, un mensaje apareció de repente en la pantalla.
Era de un número desconocido.
El mensaje era claro.
[El Don ha sido asesinado.
Tienes que irte.
Irán a por ti ahora que Dominion ha caído y no queda nadie para protegerte.]
Frunció el ceño, confundida.
Todo en aquel mensaje la dejó completamente perpleja.
¿Por qué?
Porque nunca había imaginado que Lucian pudiera morir.
Pero antes de que pudiera seguir pensando, una puñalada repentina le atravesó el abdomen sin vacilación.
A Ashley se le cortó la respiración cuando alguien la atrajo hacia lo que parecía un abrazo, retorciendo el cuchillo en sus entrañas antes de sacarlo y volver a apuñalarla.
Ni siquiera pudo reaccionar.
Solo pudo agarrarse al hombro del atacante.
La persona llevaba una sudadera negra con capucha.
—Tú… —La sangre le subió por la garganta mientras intentaba hablar, pero él se apartó y la empujó a un lado antes de marcharse.
Ashley cayó al suelo con un golpe sordo, boqueando en busca de aire.
Se apretó la mano contra el estómago, pero la sangre seguía manando, empapando su ropa.
«Toda esa lucha», pensó mientras su cuerpo empezaba a entrar en shock.
Más sangre se derramó por el suelo mientras se obligaba a rodar sobre su espalda.
La sangre se deslizó por las comisuras de sus labios mientras sus ojos comenzaban a cerrarse lentamente, su conciencia desvaneciéndose como la sangre que se escapaba de su cuerpo.
Pero antes de que perdiera el conocimiento por completo, algo frío le tocó la mejilla.
Usando sus últimas fuerzas, Ashley se obligó a abrir los ojos.
Está… nevando.
Copos blancos caían del cielo.
Ashley los contempló y las comisuras de sus labios se curvaron en una leve sonrisa.
«Qué bonito», pensó mientras la vida se desvanecía lentamente de sus ojos.
Qué vida tan patética.
Toda su vida había luchado.
Incluso antes de nacer, su padre la había querido muerta.
Pero pensaron que era un niño.
Y como Marshal quería un hijo, vivió.
Desde entonces, había estado luchando por sobrevivir.
Pero ahora, todo terminaba así como si nada.
Qué patético, la verdad.
Ashley soltó una débil risita mientras sus ojos se cerraban.
Pero de alguna manera, en ese momento, el rostro de Lucian —y el del chico de aquella mansión— apareció en su mente.
«¿Por qué… estoy pensando en ellos ahora?»
*
*
*
Simplemente, por qué…
—¿Vas a portarte bien ahora?
«¿Eh?»
Ashley se obligó a abrir los ojos, con la visión borrosa.
Por instinto, negó con la cabeza.
—Bien —sonrió él con aire de suficiencia—.
No vuelvas a enfadarme.
Su aliento caliente le rozó el cuello mientras susurraba: —La próxima vez que intentes escapar, no acabará solo con esto.
La confusión le martilleaba la cabeza y, antes de darse cuenta, soltó:
—Gilipollas.
Como el sádico que recordaba, él se rio entre dientes y continuó con lo que estaba haciendo.
Mientras tanto, solo un pensamiento recorría su mente.
«¿Cómo… he vuelto aquí?»
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