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Mi segundo matrimonio con el capo de la mafia - Capítulo 8

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8: ¿Un beso?

8: ¿Un beso?

—Esto está tan bueno —soltó una risita Ashley mientras masticaba, casi maldiciéndose por haber pasado hambre para nada.

Si algo bueno tenía este lugar, era la comida; y, sin embargo, ella la había descuidado.

—¿Mmm?

—Enarcó las cejas y su mirada se desvió hacia Lucian, que le lanzaba una fría mirada de reojo.

Luego, miró al niño que estaba sentado frente a ella.

«Cierto», pensó.

Primo.

Masticaba más despacio mientras observaba al niño, que terminaba el desayuno en silencio.

En sus cinco años de matrimonio, no se había preocupado por él.

Parte de su acuerdo con Lucian había sido que Primo no era su responsabilidad, y ella lo había aceptado sin más.

Durante años, había vivido bajo el mismo techo que ese niño y, sin embargo, no había pasado ni un solo segundo con él.

Si acaso, había estado demasiado ocupada desafiando a su marido.

¿Cómo podía cuidar de otro niño si ni siquiera podía cuidar de sí misma?

Pero ahora que lo pensaba, ese niño daba lástima.

—Nolan.

Los pensamientos de Ashley se interrumpieron cuando la fría voz de Lucian resonó en el comedor.

Parpadeó y se volvió hacia él, justo para ver a Nolan dar un paso al frente.

Acto seguido, Nolan se acercó al joven amo y lo ayudó a bajar de la silla.

El niño se limitó a mirar a su padre y después a Ashley antes de marcharse.

—Me quedaré con el joven amo —le dijo Nolan a Lucian, dejando a la pareja a solas mientras seguía al pequeño tesoro de Dominion.

Por estas fechas, pensó mientras veía a Nolan y al niño alejarse, Primo ya debería de estarse preparando para ir a su primer colegio importante.

En su vida anterior no se había preocupado mucho por Primo, pero sabía lo que le había ocurrido.

Lucian lo había enviado a un prestigioso colegio como último recurso para darle a su hijo una vida normal.

Esperaba que una vida normal pudiera hacer que el niño hablara.

Pero todo eso resultaría contraproducente…

por culpa suya.

«Jódete, Ashley».

Su rostro se contrajo ligeramente y se estremeció al oír la voz fría y distante de Lucian rozarle los oídos.

—¿Qué quieres?

—¿Eh?

—Lo miró confundida.

Lucian se reclinó en su asiento y la miró con frialdad.

El vacío en sus ojos era omnipresente y su expresión, indescifrable.

Antes, ella lo habría interpretado como simple frialdad y desdén.

Pero ahora, lo que veía era agotamiento.

Ashley apretó los labios, formando una fina línea, y suspiró débilmente al pensar en ese necio que se aferraba a un monstruo horrible como ella.

Por alguna razón, solo pensar en ello la entristecía.

—Te estoy haciendo una pregunta —dijo él, y su voz la sacó de sus pensamientos—.

¿Qué quieres?

—¿Que qué quiero?

—repitió ella con el ceño fruncido, y tardó un segundo en comprender a qué se refería—.

Ah…, me preguntas qué es lo que quiero.

Él frunció el ceño.

Era exactamente lo que había dicho.

Él entrecerró los ojos al verla frotarse la barbilla, pensativa.

Esperaba que le pidiera algo imposible, como solía hacer.

Pero a Ashley no se le ocurría nada que quisiera.

Así que sonrió de oreja a oreja y se inclinó sobre la mesa.

—Un beso.

—¿?

Ella se rio por lo bajo mientras se metía un bocado en la boca, arqueando las cejas con complicidad.

Mientras tanto, él la miraba con los ojos entrecerrados, lleno de sospecha.

Hacía solo unas horas, Ashley lo habría mirado con repulsión.

Incluso a distancia, sus ojos habrían brillado con asco.

¿Qué decir de cuando él estaba cerca?

Y, sin embargo, ahora, ¿le estaba pidiendo un… beso?

—Sin prisas —le guiñó un ojo—.

Podemos hacerlo cuando termine de comer.

Luego, siguió comiendo con una sonrisa radiante y soltando risitas.

«¿Qué… estás tramando ahora?», se preguntó él, tamborileando con las yemas de los dedos en el reposabrazos sin apartar la vista de ella.

«¿Qué clase de táctica es esta?».

*
*
*
Por supuesto, Lucian hizo caso omiso de su petición.

Sabía que no lo decía en serio.

Así que se marchó mientras ella seguía comiendo como si llevara días sin probar bocado.

De pie junto a la ventana de su despacho, miraba hacia el exterior.

Allí, Ashley paseaba mientras contemplaba el jardín vacío que había mandado arrancar hacía un mes.

En su momento, había montado un escándalo, exigiendo que lo arrancaran porque, según ella, era horrible.

No le gustaban las flores y había dicho que, si iba a tener un jardín, solo debía contener las flores más caras y exóticas.

Había dicho que el gusto de él era horrible y, de paso, se había burlado.

Lucian se cruzó de brazos, sumido en sus pensamientos.

—Maestro —se oyó la voz de Gustav a sus espaldas.

Frente al escritorio se encontraba un hombre con una gran cicatriz que se extendía desde debajo del ojo hasta la mejilla.

Otra cicatriz la cruzaba, dándole la apariencia de una cruz.

—Gustav, averigua qué trama ahora —ordenó Lucian con frialdad, con la mirada fija en su rebelde esposa—.

Ha cambiado de táctica, pero no es de las que se rinden.

Gustav frunció el ceño con fuerza y suspiró.

—Maestro —dijo, pero se detuvo antes de añadir nada más.

Todos en la casa estaban descontentos con Ashley por lo infantil que había sido y por cómo había humillado a su jefe.

Y lo que es más importante, sus acciones habían perjudicado a Dominion; como cuando vendió información al mercado negro poco tiempo atrás, arruinando el trato en el que Lucian había trabajado durante años.

Lucian miró por encima del hombro.

—Y sigue vigilando los movimientos de su amante.

—Sí, Maestro.

—Gustav inclinó la cabeza y se dio la vuelta para cumplir la orden.

Pero, al marcharse, un brillo agudo cruzó su mirada.

Mientras tanto, Lucian observó la figura de Gustav mientras este se retiraba, antes de volver a mirar por la ventana.

Allí vio a Ashley, con las manos en jarras, mirando fijamente el jardín.

—¿Qué tramas ahora, esposa?

—Un destello parpadeó en sus ojos.

Aquello no le daba ninguna buena espina.

Porque en los seis meses que llevaban juntos, Ashley había dejado muy claro que lo único que quería era marcharse de su lado; incluso si eso significaba tener que matarlo ella misma.

*
*
*
Mientras Lucian se devanaba los sesos pensando en el próximo movimiento de Ashley, la propia Ashley contemplaba el jardín vacío.

—Cuando llegué, este jardín era el orgullo de la casa por lo hermoso que era —resopló con desdén—.

Y yo voy y lo arruino.

Ashley se alborotó el pelo con irritación, mientras la realidad de la situación se hundía en su corazón.

Después de todo, este jardín había sido la gota que colmó el vaso para todos, y su reputación había tocado fondo por su culpa.

Más importante aún, el jardín había pertenecido a la anterior matriarca.

—Bueno, no hay por qué darle más vueltas —bufó, asintiendo para sí misma—.

El daño ya está hecho, así que más vale seguir adelante.

No pueden hacerme nada, ya que Lucian me cubre las espaldas.

Se cruzó de brazos, intentando no pensar en su empañada reputación en Dominion.

Sin embargo, también era consciente de que su relación con Lucian era tan tensa que las cosas no serían fáciles.

«Él nunca lo ha dicho, pero siempre que me escapo, Lucian se queda en casa.

Esa es otra razón por la que todos me odiaban: porque lo cancela todo», se dijo a sí misma.

«Y no solo eso, sino que también estoy bajo arresto domiciliario».

Ese había sido el ciclo de su vida.

Ella se escapaba, la atrapaban, Lucian se quedaba por aquí y ella no podía dar un solo paso fuera de la casa.

Pero si surgía algo importante y Lucian tenía que marcharse, se la llevaba con él solo para demostrarle lo violento que podía llegar a ser.

Sus acciones solo aumentaban la repulsión que sentía, porque le recordaban a Marshal.

En el pasado, lo había visto como la forma que tenía Lucian de domarla.

Y por culpa de unas pocas personas, le habían hecho creer que todos aquellos a los que él daba un escarmiento eran inocentes.

Tardó años en descubrir que las acciones de Lucian no eran más que represalias, pero para entonces, su relación ya era irreparable.

Así que ya no importaba.

«Se quedará aquí», se dijo, dándose la vuelta para mirar hacia la ventana del despacho de Lucian.

«Más vale que aproveche ese tiempo para, al menos, hacer un esfuerzo por reparar nuestra relación antes de que sea demasiado tarde».

Allí lo vio, de pie junto a la ventana, mirando directamente en su dirección con su sempiterna expresión fría.

Ashley sonrió de oreja a oreja y lo saludó con la mano.

Luego formó un corazón con las manos, apoyándolas sobre su cabeza.

En cuanto a Lucian, frunció el ceño mientras miraba a su animada esposa.

Fuera cual fuese esta nueva estrategia, parecía que por fin había encontrado la forma de asestar un golpe que de verdad le haría daño.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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