Mi Sistema de Granja: ¡Alcanzando la Cima en la Tierra Paralela! - Capítulo 294
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- Capítulo 294 - 294 Capítulo 294 Reconsiderar las elecciones de vida
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294: Capítulo 294: Reconsiderar las elecciones de vida 294: Capítulo 294: Reconsiderar las elecciones de vida A Rezen no le quedó más remedio que resignarse, y se dio la vuelta para recibir a su compañero de tribu.
—Hola —saludó con poco entusiasmo, pero Treen no pareció notarlo, ya que estaba de un humor excelente.
—Je, je, je, Rezen, ¡adivina a dónde voy!
—dijo Treen felizmente, y la respuesta era más que obvia.
—Vas a una cita —respondió Rezen, y el otro hombre soltó un jadeo exagerado, aunque en realidad esa era su reacción natural.
—¡¿Cómo lo supiste?!
—preguntó Treen, asombrado, y a Rezen casi le dieron ganas de patearle las pelotas.
Con la forma en que iba vestido y el aura radiante que lo rodeaba, no hacía falta ser un genio para darse cuenta de que iba a una cita.
—Intuición —respondió Rezen sin más, y Treen asintió.
—¡Realmente eres el genio de todos los de la tribu!
—lo halagó Treen, pero lo decía de verdad.
Al principio, cuando los miembros de la tribu acababan de entrar en la Ciudad de la Esperanza, lo que más hacía destacar a Rezen era el hecho de que era un alquimista.
Su talento para la cultivación no era suficiente para llevarlo a la cima.
Sin embargo, después de solo tres meses, Rezen era ahora considerado el miembro de la tribu más talentoso de su generación.
¡Era un Mago Desviado del 3er ciclo!
Claro, había otros miembros de la tribu que eran más fuertes que él en ese momento, pero ya habían alcanzado su máximo potencial.
Aparte de los que originalmente estaban en el rango de aprendiz antes de entrar en la ciudad, apenas hubo Magos Principiantes que avanzaran en esos tres meses.
Después de todo, aunque ahora tenían mejores recursos, entorno y conocimientos, muchos de ellos habían cometido errores al cultivar en el pasado.
E incluso si no lo hicieron, algunos ya eran demasiado viejos para avanzar o, como su rango de cultivación ya era tan alto, necesitaban más de tres meses para poder avanzar de nuevo.
De todos los miembros de la tribu de la generación de Rezen, él fue el que más avanzó en lo que respecta a los rangos de cultivación.
Sin mencionar que también estaba aprendiendo alquimia.
Era el genio supremo para los estándares de los miembros de la tribu.
—Bueno, ve y diviértete en tu cita, entonces —dijo Rezen, ya que tenía cosas más importantes que hacer aparte de hablar con esta persona que se había vuelto estrafalaria a sus ojos.
—¡Espera, Rezen!
De hecho, iba de camino a buscarte.
¡Ven conmigo a mi cita!
—sugirió Treen, y Rezen negó con la cabeza casi al instante.
Ya se había encontrado con la «sugar mommy» de Treen varias veces y Rezen había juzgado que era más fuerte que Philome y Wermon.
¿Qué pasaría si se convirtiera en el mal tercio no deseado en su cita?
—¿Qué?
No, anda, ven conmigo.
¡En realidad es por tu bien!
El rostro de Rezen se llenó de interrogantes.
¿Cómo iba a ser eso por su bien?
¡Desde luego, no necesitaba ver a la gente ponerse empalagosa!
Al ver que Rezen no le creía, Treen habló con confianza.
—¡¿Sabías que recibí una carta de recomendación para la Academia Tryst, una academia de segunda categoría?!
—dijo con orgullo mientras se frotaba la nariz, y a Rezen casi se le cae la mandíbula al suelo.
¡Esa era la misma academia a la que planeaba asistir!
Incluso alguien tan talentoso como él apenas había recibido una carta de recomendación para la Academia Tryst.
¿Cómo era posible que Treen hubiera alcanzado el mismo nivel que él?
Aunque el progreso de Treen estaba por encima de la media entre los miembros de la tribu, Rezen era consciente de que se debía únicamente a los recursos que recibía de su «novia».
¿Cómo era posible que recibiera una carta de recomendación así?
Al ver la expresión de incredulidad de Rezen, Treen miró a su alrededor antes de susurrar: —En realidad, mi novia es la Directora de la Academia Tryst.
Por eso recibí una carta de recomendación.
Je, je, je, yo también me acabo de enterar hoy, cuando me ha dicho que tenía una sorpresa para mí.
Al oír eso, Rezen se estremeció.
¿Debería cambiar de profesión?
Había consumido incontables recursos y se había partido el lomo para tener la oportunidad de convertirse en estudiante de una academia de segunda categoría, pero todo lo que Treen tuvo que hacer para conseguir lo mismo fue revolcarse en la cama con alguien.
¡Era demasiado injusto!
—Je, je, je, soy genial, ¿verdad?
Por eso quiero que vengas conmigo.
Quizá pueda conseguirte una carta de recomendación.
Con tu talento, ¡creo que brillarías si entraras en una gran academia!
—Ja…
ja…
ja…
Y-yo…
en realidad también he recibido una carta de recomendación para la Academia Tryst —respondió Rezen, abatido.
Sintió que debía replantearse las decisiones de su vida.
Debería haberse buscado una «sugar mommy»…
o quizá un «sugar daddy» si no le quedaba más remedio, para hacerse la vida más fácil.
—Ah, ¿sí?
¡Eso es genial!
¡De verdad que eres el más talentoso!
¡Qué envidia!
A Rezen le faltó poco para estamparle la cabeza a su amigo contra el suelo.
¡¿Quién debería sentir envidia de quién, exactamente?!
—S-sí…, gracias…
—respondió Rezen con voz débil, pero fue como si Treen no se diera cuenta, pues seguía tan alegre como antes.
—De todos modos, creo que deberías venir conmigo.
¡Deberíamos mostrar lo unidos que estamos para que mi novia también te coja aprecio!
Por mucho que Rezen no quisiera ir, no dejaba de ser alguien que había probado las mieles del nepotismo mientras estaba en el reino de la tierra.
Solo le beneficiaría tener el respaldo de los de arriba, así que aceptó la invitación de Treen.
——
—Pero qué demonios…
—fueron las palabras que salieron de la boca de Rezen en cuanto se bajó de la lanzadera mágica pública.
Era uno de los distritos más prósperos de la Ciudad de la Esperanza que había pisado jamás.
En el pasado, solo había ido a lugares como el centro de entrenamiento o el mercado para vender sus pociones.
Era la primera vez que entraba en un distrito de ocio.
Esta zona era claramente más próspera que la zona donde se encontraba su dormitorio.
Los edificios eran más altos y la gente, más rica.
Rezen podía ver incluso a gente montada en palos voladores que valían decenas de miles e incluso cien mil piedras de maná de bajo nivel.
Ni siquiera alguien como él podía permitirse comprar esos palos voladores de alta gama.
Sin embargo, mientras que Rezen no estaba acostumbrado a la prosperidad de la zona, Treen actuaba como si fuera el patio de su casa.
Por su forma de actuar y reaccionar, parecía que no era la primera vez que pisaba un barrio tan rico.
«En serio, ¿qué estoy haciendo con mi vida?
¡Debería buscarme una sugar mommy!», pensó Rezen, y tanto él como Treen se subieron a sus respectivos palos voladores.
La lanzadera mágica en la que habían viajado era un medio de transporte público con paradas fijas.
Por lo tanto, todavía no habían llegado a su destino y tuvieron que volar en sus palos durante unos cinco minutos más.
Esto era algo habitual para los ciudadanos normales de la Ciudad de la Esperanza.
Viajaban en una lanzadera mágica y se bajaban cerca de su destino antes de usar sus palos voladores.
Viendo lo caros que eran los palos voladores de la gente de la zona, a Rezen le entraron de repente ganas de comprarse un palo volador mejor.
Después de cinco minutos, Rezen y Treen llegaron por fin a su destino: un restaurante de tres plantas.
El restaurante tenía un diseño sencillo pero elegante, con paredes azules y rojas, algo inusual en la ciudad, ya que los edificios solían tener colores blancos, beis y otros tonos neutros.
Quizá por eso el restaurante atraía a tantos clientes, pues Rezen veía a mucha gente entrar y salir.
Con Treen a la cabeza, los dos entraron en el restaurante bajo las miradas críticas de los dos guardias de la puerta.
«¡Si llego a saber que veníamos a un sitio como este, me habría puesto algo mejor!», pensó Rezen con los dientes apretados.
Había salido con la intención de entrenar.
Por eso se había puesto un conjunto de ropa barata, para que no le doliera el bolsillo si la estropeaba durante el entrenamiento.
Y por eso, ahora la gente lo juzgaba.
Rezen incluso supuso que si no estuviera con Treen, que vestía mejor que él, los guardias no le habrían dejado entrar en el restaurante.
«Por cierto, ¿dónde está esa pequeña serpiente?
Me había olvidado por completo de él.
¡Ese bastardo es astuto, se ha escapado cuando no estaba prestando atención!», pensó Rezen con rabia.
Rezen dejó que Treen hablara con la recepcionista y, después de que confirmaran su reserva, les asignaron a un empleado para que los guiara hasta donde estaba la novia de Treen.
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