mi sistema de harem - Capítulo 141
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- Capítulo 141 - 141 139 Nobuo el trueno que cayó en Sainan
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141: 139: Nobuo, el trueno que cayó en Sainan 141: 139: Nobuo, el trueno que cayó en Sainan Nobuo y Ravel apenas habían dado unos pasos fuera de la propiedad de la familia Phoenix cuando el sistema habló dentro de su cabeza, con ese tono chillón y molesto que usaba cuando quería llamar su atención.
—¡Hostia, que te calles ya!
—pensó Nobuo, masajeándose la sien.
Pero antes de que el sistema pudiera quejarse, una alerta apareció.
«ALERTA.
YUI KOTEGAWA EN PELIGRO INMINENTE.
UBICACIÓN: INSTITUTO SAINAN.» El corazón de Nobuo dio un vuelco.
—¿Yui…?
—murmuró.
Ravel, que caminaba a su lado, notó cómo su expresión se volvía seria.
—¿Qué sucede, cariño?
—Alguien está en problemas.
Necesito ir YA.
No necesitó más.
Su cuerpo crackeó con chispas azules y, en un segundo, desapareció del lugar.
—¿Eres tú o yo estoy cada vez más enamorada…?
—susurró Ravel mientras se elevaba con sus alas demoníacas para seguirlo.
En la escuela Sainan Todo era caos.
Una nave extraterrestre flotaba sobre el patio como si nada.
Lala Satalin Deviluke estaba amarrada a una columna riéndose nerviosamente, mientras un extraterrestre baboso y presumido, Lacospo, hacía poses horribles intentando impresionar a Yui Kotegawa.
Yui temblaba de rabia…
y de miedo.
No era normal verla así.
Rito, desesperado, intentaba ayudar sin éxito —como siempre— y había terminado colgado boca abajo en una cuerda alienígena.
—¡Kotegawa-san, yo…!
¡Espera, no te preocupes, Rito Yūki solucionará esto…!
—decía mientras daba vueltas en el aire como un jamón secándose.
Yui lo ignoraba.
Sus ojos estaban llenos de lágrimas contenidas.
Se sentía completamente impotente.
Lacospo, acercándose demasiado, se relamió: —¡Humana hermosa, serás la número 347 en mi colección de esposas!
¡Qué honor para ti-hihi!— Fue entonces cuando un trueno azul cayó del cielo.
Un cráter apareció delante de Yui, y en medio de las chispas se levantó Nobuo, con una expresión tan fría que incluso Lala dejó de sonreír.
—Tú…
—susurró Yui.
Al ver su estado, Nobuo apretó los dientes.
Algo dentro de él se rompió.
—Tú…
le hiciste llorar —dijo en voz baja.
Lacospo parpadeó sin entender.
—¿Y tú quién eres?
¿Un humano insigni— No terminó.
Nobuo lo agarró del cuello con una mano.
No hubo anuncio, ni discurso heroico, ni advertencia.
Solo electricidad.
¡KRAKABOOOOOOM!
Cien mil voltios atravesaron el cuerpo del alienígena.
Los pelos de Rito se erizaron.
Lala abrió la boca en un enorme “O”.
Yui…
se quedó en silencio, paralizada.
Lacospo cayó al suelo, humeante, convulsionando mientras echaba espuma rosa.
—Aghh…
¿p-po…
por qué…?
—balbuceó.
—Porque no soy como esos protagonistas idiotas que hablan veinte minutos antes de hacer algo —respondió Nobuo con fastidio.
Los secuaces de Lacospo, totalmente aterrados, bajaron de la nave, recogieron a su jefe como si fuera un mueble roto y huyeron a toda velocidad.
Después del caos Lala, liberada, se estiró como si nada.
—¡Waaaa!
¡Eso fue increíble!
¡Chispeante!
¿Cómo lo hiciste?
—Magia —dijo Nobuo con desinterés.
Rito, que había caído de cabeza, se acercó rascándose la nuca.
—Gracias…
de verdad.
Yo…
intento protegerlas, pero…
—Entonces intenta mejor —respondió Nobuo—.
Y deja de meter a personas inocentes en los problemas de tu planeta de esposas raras.
Lala asintió inocente, como si fuese la cosa más normal del mundo.
Yui, que ya podía respirar con normalidad, se acercó tímida.
—Nobuo…
g-gracias…
—sus mejillas estaban rojas, pero se esforzaba por mostrarse digna.
Nobuo sonrió y le revolvió el cabello suavemente.
—Ya estás a salvo, Yui.
Ella se congeló.
¡Ese gesto era demasiado íntimo!
¡Demasiado directo!
¡Demasiado…
Nobuo!
Ravel aterrizó justo en ese momento.
—¿Todo solucionado, cariño?
—Sí.
Solo un mosquito molesto.
De regreso a casa Mientras caminaban por la calle iluminada por farolas, Ravel le preguntó: —Oye, Nobuo…
¿quién era ese tal Rito?
Nobuo suspiró.
—Un herbívoro.
Protagonista de su serie.
Tiene un harem sin quererlo…
y sin haber hecho nada para merecerlo.
Ravel pestañeó.
—¿Cómo que sin hacer nada?
¿Eso existe?
—Sí.
Y por eso me cae mal.
Ravel estalló en risas.
—Eres increíble, Nobuo.
Él solo encogió los hombros.
—Simplemente soy yo.
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