mi sistema de harem - Capítulo 87
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- Capítulo 87 - 87 capitulo-86 Día 2 - Hakurou el Sharingan y el anuncio del desastre
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87: capitulo-86 Día 2 – Hakurou, el Sharingan y el anuncio del desastre 87: capitulo-86 Día 2 – Hakurou, el Sharingan y el anuncio del desastre Irving_Alarcon gracias por el apoyo como siempre!!
aquí tienes tu cap extra!!
por cierto si alguien sabe como crear un grupo de wasap para lectores que lo comente ya que yo no tengo idea de como va ese tema —————————————————————————————————- Día 2 — “Hakurou, el Sharingan y el anuncio del desastre” El segundo día en Tempest comenzó más pacífico que el anterior.
Después del espectáculo eléctrico que Nobuo había montado, los habitantes de la aldea le miraban ahora con una mezcla de respeto, miedo y curiosidad.
—Genere rayos sin magia, decían algunos.
—Quizás es un espíritu del trueno, murmuraban otros.
—O un monstruo disfrazado, susurraban los enanos.
Nobuo los ignoraba a todos.
Tenía un objetivo claro ese día: Entrenar con Hakurou.
El anciano espadachín de piel azulada se presentó en el centro de entrenamiento con su calma habitual y sus ojos filosos como cuchillas.
—Rimuru-sama me ha pedido que te entrene —dijo con su voz suave pero firme—.
Observé tu combate anterior…
tienes técnica, pero tu forma es demasiado salvaje.
Nobuo tragó saliva.
—Haré lo que pueda.
Hakurou sonrió ligeramente.
—No te preocupes.
Tu cuerpo se adaptará…
aunque mueras unas cuantas veces en el proceso.
—¿Qué?
Pero antes de que pudiera reaccionar, el anciano ya estaba frente a él.
—Comencemos.
El entrenamiento comienza Fue un infierno.
Literalmente un infierno.
Hakurou desaparecía y aparecía como un fantasma, cortando el aire con golpes que Nobuo solo podía seguir gracias a su Sharingan de 3 tomoe.
¡Clink!
¡Clink!
¡Clink!
Nobuo retrocedió sudando.
—¡E-eres demasiado rápido!
—Estoy calentando —respondió Hakurou—.
Y tú no estás copiando mis movimientos, ¿no tienes esos ojos especiales?
Nobuo abrió el Sharingan, las tomoe rotando con intensidad.
En ese instante…
El mundo cambió.
Los movimientos de Hakurou se ralentizaron.
Las trayectorias de los golpes se volvieron líneas visibles.
El flujo de energía y el movimiento de los músculos del anciano eran perfectamente legibles.
Nobuo por fin logró bloquear un corte.
Hakurou abrió un ojo, sorprendido.
—Oh…
interesante.
Cada choque posterior resonaba con menos desesperación y más control.
—¡Bien!
—dijo Nobuo— ¡Ya puedo seguirte!
—Perfecto —respondió Hakurou.
Luego aceleró diez veces más.
—¿¿¡QUÉEEE?!??
El segundo round fue peor.
Progreso real Después de horas de golpes, cortes y gritos ahogados, el sistema finalmente habló: [Progreso del Sharingan: +8%] [Dominio de la fruta del rayo: +4%] [Habilidad aprendida: Principios básicos del estilo de espada Issen] Nobuo cayó sentado en la arena.
—Estoy…
muerto…
Rimuru apareció con una jarra de jugo.
—Nah, solo medio muerto —sonrió—.
Pero vas bien.
Hakurou no suele elogiar a nadie.
El anciano asintió.
—Sí.
Tienes talento.
Y una enorme capacidad de aprendizaje.
Pero también eres descuidado, impulsivo…
y sin disciplina.
Nobuo frunció el ceño.
—¿Era necesario ese último comentario?
—Sí —respondieron Rimuru y Hakurou al mismo tiempo.
Un descanso necesaria…
y más sorpresas Después de almorzar junto a los ogros y goblins, Nobuo decidió caminar por Tempest para recuperar fuerzas.
Shuna le ofreció un té herbal, Shion le dio consejos que probablemente lo matarían, y Gobta intentó enseñarle a dormir de pie (sin éxito).
Ya entrada la tarde, Rimuru y Nobuo conversaban cerca del lago.
—¿Sabes?
—dijo el slime— Estoy contento de que hayas vuelto.
Eres divertido de tener cerca.
—No sé si eso es un cumplido —respondió Nobuo.
—Lo es.
Mientras no explotes nada.
—No prometo nada.
Rimuru suspiró con resignación.
La aparición Fue entonces cuando el viento del bosque cambió.
Una presencia antigua, suave y poderosa recorrió el aire como un susurro.
Rimuru se puso alerta.
Ranga mostró los colmillos.
Benimaru y Shion acudieron al instante.
Nobuo sintió como si la naturaleza misma contuviera la respiración.
Una figura femenina surgió entre los árboles, flotando con elegancia.
Cabello verde esmeralda.
Vestido de hojas vivientes.
Ojos como la savia brillante de un árbol antiguo.
Treyni.
La dríada guardiana del bosque.
Rimuru se adelantó.
—Treyni…
¿qué ocurre?
La dríada inclinó la cabeza con gravedad.
—Rimuru Tempest…
he venido a suplicarte protección para el Gran Bosque de Jura.
Los presentes quedaron en silencio.
Treyni continuó: —Un ejército está avanzando.
Una horda impulsada por un poder anómalo.
Los orcos…
miles de ellos…
Su voz se volvió un susurro desesperado.
—Y entre ellos…
un ser que no debería existir.
El Orc Lord…
está aquí.
Rimuru apretó los puños.
—…Entiendo.
Nobuo sintió la sangre hervir.
El arco del Orc Lord había comenzado.
Y ahora él estaba allí dentro.
En primera fila.
Treyni extendió la mano hacia Rimuru, formal, solemne: —Por favor…
¡Salva el bosque!
Y con eso, la nube de tragedia cayó sobre Tempest, preparando el escenario para los próximos días.
Continuación del capítulo El silencio que siguió a la estabilización de la barrera fue casi incómodo.
Rimuru flotaba aún en forma de slime, dejando que su magia se asentara después del pequeño desastre provocado por Nobuo…
quien ahora lo miraba con la típica mezcla entre orgullo y terror que solo él podía expresar.
—Bueno…
—dijo Nobuo rascándose la cabeza—.
Al menos esta vez no explotó el bosque entero.
—Dirás “todavía” —respondió Rimuru, volviendo a su forma humanoide con un suspiro—.
No puedo creer que te hayas lanzado a esa técnica sin siquiera ajustar el flujo de chakra.
Si no fuera porque ya habíamos entrenado juntos antes, habrías acabado con el brazo dormido por una semana.
—¡Oye!
¡Mi Sharingan de tres tomoe está full power!
—protestó Nobuo, encendiendo los ojos como si fuera a demostrarlo otra vez.
Rimuru levantó una ceja.
—Con tres tomoe y aún te tropiezas con el aire.
Impresionante…
a tu manera.
Nobuo infló los mofletes, pero era cierto.
Aunque hubiese avanzado muchísimo —y aunque la fruta del sistema ya la tenía dominada a un 75%—, todavía tenía ese toque de caos natural que lo convertía en un peligro andante.
Un peligro simpático, sí.
Pero peligro.
—Por cierto, Nobuo —añadió Rimuru mientras revisaba los alrededores—, deberías evitar usar técnicas grandes por ahora.
Hasta que no termines de dominar el último 25% de tu fruta, la desestabilización seguirá ahí.
—¡Pero si ya la controlo bastante!
—insistió.
Rimuru suspiró.
—”Bastante” no es “suficiente”.
Te estás acercando, eso sí.
Mucho más que antes.
Nobuo sonrió orgulloso.
Al menos esta vez no había intentado fingir que lo tenía todo bajo control.
Durante un momento, el bosque quedó en calma.
Solo se oían los murmullos del viento y el crujido de las ramas movidas por pequeños animales.
Era una pausa casi agradable después del caos reciente.
Pero Rimuru sintió algo.
Una vibración suave, casi imperceptible, como si la misma naturaleza contuviera el aliento.
Y entonces…
La luz verde comenzó a materializarse frente a ellos.
Un remolino de hojas se elevó, brillando con motas de energía espiritual, y Nobuo retrocedió instintivamente, activando el Sharingan por puro reflejo.
—¿Qué es eso?
¡¿Otra cosa que explota!?
Rimuru negó con la cabeza.
—No, esta vez no es culpa tuya.
La luz se condensó y adoptó forma humanoide: delicada, esbelta, con un aura tan serena que incluso Nobuo bajó la guardia.
Su piel parecía tallada en jade vivo y su cabello, una cascada de hojas brillantes.
—Rimuru-sama —dijo con una reverencia suave—.
Me disculpo por presentarme sin previo aviso.
Nobuo abrió los ojos.
—¡Woah!
¡Es súper bonita!
¿Quién es la hada-elfa brillante deluxe?
Rimuru sonrió.
—Ella es Treyni, la Driada Guardiana del Gran Bosque de Jura.
Treyni inclinó la cabeza hacia Nobuo con una pequeña sonrisa paciente antes de volver a Rimuru, su expresión volviéndose grave.
—He venido porque no queda tiempo.
El Gran Bosque se encuentra en grave peligro…
una amenaza se aproxima con rapidez y fuerza desbordada.
Rimuru tensó la mirada.
—¿Qué clase de amenaza?
Treyni respiró hondo.
—Los orcos.
Una horda inmensa.
Se dirigen hacia nuestro territorio…
y su líder no es un simple orco.
Algo más oscuro late tras ellos.
Nobuo tragó saliva.
—¿Cuántos…
“inmensa” estamos hablando?
Treyni lo miró directamente.
—Cientos de miles.
Rimuru frunció el ceño.
Ese número superaba cualquier invasión normal.
Era demasiado organizado, demasiado dirigido.
Treyni dio un paso adelante y habló con solemnidad: —Rimuru Tempest…
vengo a pedirte ayuda en nombre de todo el bosque.
Nobuo apretó los puños; el Sharingan ardió como brasas carmesí.
Rimuru asintió lentamente, ya entendiendo: Aquello no sería solo una pelea.
Sería un punto de inflexión.
—Entonces —dijo Rimuru con voz firme—, dinos todo lo que sabes.
Treyni cerró los ojos, emanando un aura de urgencia y esperanza.
La guerra en el bosque estaba a punto de comenzar.
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