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Mi Sistema Encantador - Capítulo 505

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  4. Capítulo 505 - Capítulo 505: El retumbar del nuevo comienzo 3
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Capítulo 505: El retumbar del nuevo comienzo 3

—Tardaré un poco en terminar esto. ¿Puedes volver dentro de una hora? —preguntó la mujer con una gran sonrisa.

Caín se le quedó mirando y luego observó el montón de ropa que había comprado. La tienda estaba vacía. No se veía a ningún otro trabajador aparte de ella.

—Por supuesto, volveré más tarde. —Caín salió a ver más cosas en el mercado.

Tal como lo había dejado, el mercado bullía de actividad como una colmena. Caín observó a la gente que vendía verduras y frutas; entre ellos se encontraba una figura familiar.

Una doncella alta y bronceada, de sedoso pelo castaño y ojos azules como zafiros, con una mirada penetrante y una espada en la cintura. Miraba a los tenderos con una intensidad que los hacía temblar.

————————————

 

 

<Constitución: 14>

<Sabiduría: 12>

Habilidades

[Arte de Espada]: La habilidad de usar espadas de forma eficaz en combate.

[Duelo]: Permite al usuario concentrarse por completo en un único objetivo para maximizar la eficacia.

[Acrobacias]: Destreza aumentada debido al entrenamiento constante; esta habilidad se perderá si el entrenamiento se abandona durante mucho tiempo.

[Atletismo]: Fuerza aumentada debido al entrenamiento constante; esta habilidad se perderá si el entrenamiento se abandona durante mucho tiempo.

————————————

«¿Katherine? Ha conseguido una nueva habilidad, su entrenamiento con mi padre debe de haber dado sus frutos». Caín caminó lentamente hacia ella, asegurándose de hacer ruido al andar para no sorprenderla.

Katherine giró la cabeza lentamente, mirándolo durante unos segundos… —¿Tú eres…?

—Soy Caín, ¿no me reconoces? —la miró Caín con los labios temblorosos, fingiendo que estaba a punto de llorar.

—Sí que te reconocí, pero… Teniendo en cuenta por lo que has pasado, esto parecía más un patético intento de suplantarte. —Se acercó a él con una sonrisa.

—El cambio no es para tanto, vamos.

—La gente no se vuelve tan alta ni gana tanta masa muscular de la nada, aunque ahora que te miro de cerca, te empiezas a parecer mucho a tu padre. También percibo en ti un aire a la señora Zaleria, y es extraño.

«Es perspicaz. Estoy aquí, así que debe de haberme olfateado», pensó Morena. «Sigue siendo difícil de creer», pensó Gray. «Desde que me comí a Morena, la musculatura del cuerpo es más dracónica que humana. Debe de haberse dado cuenta de eso y lo ha relacionado con Zaleria», pensó el segundo cerebro.

Caín levantó la mano y se rascó la cabeza. —¿Qué estás comprando, por cierto? —preguntó, mirando las bolsas que tenía al lado.

Patatas, había un montón. Algunas zanahorias, una barbaridad de lechuga y otras verduras. Cebollas y más…

—La verdad es que no lo sé, Elsie me dio una lista y estoy aquí para traerlo todo. —Le tendió el papel.

Tras revisarla, se dio cuenta de una cosa. La lista decía que no comprara cebollas, pero ella lo había hecho. Cuando le preguntó al respecto, ella le lanzó una mirada de perplejidad y luego fulminó con la vista al mercader que estaba a su espalda.

—La lista dice que nada de cebollas. ¿Por qué me has dado tantas? —Se le podía ver una vena hinchándose en la frente.

—No le haga caso, en la lista pone que necesita cebollas. ¿Quién es él para saberlo? —respondió el mercader con una sonrisa.

Caín seguía usando su Carisma para no destacar, solo unas pocas personas selectas podían percatarse de su presencia. Katherine podía verlo con claridad como el mago blanco Cain Lisworth.

Los demás solo lo veían como un anciano que pasaba por allí. Es como cuando llegas a casa e intentas recordar a toda la gente con la que te has cruzado, pero no puedes identificar quiénes eran.

—Katherine, ¿no sabes leer? —Caín se le quedó mirando y ella desvió la vista.

—Nunca tuve la oportunidad. Después de todo, por aquí no hay ninguna escuela asequible —dijo lentamente, fulminando con la mirada la bolsa llena de cebollas.

«Probablemente deberíamos hacer que William construya una escuela, proporcionarle los fondos si es necesario y asegurarnos de que funcione bien», pensó el segundo cerebro.

«En Ourals también. Ese lugar ya tiene una escuela, pero es una mierda», añadió Morena. «Debemos renovarla, Marina puede encargarse de eso», añadió Gray.

Caín se acercó al mercader y golpeó el suelo con fuerza con su báculo. —Veo que hay más de un mercader en la ciudad, así que llévate tu mierda de vuelta. ¡No necesito a nadie que intente engañar a mis doncellas! —Caín agarró las bolsas llenas de verduras y se las arrojó al mercader, que estaba dentro de su puesto.

—¡Las verduras! —exclamó Katherine, viendo cómo se espachurraban contra la tienda y el mercader se agachaba para evitar que le diera en la cabeza una bolsa de cebollas.

—Ven conmigo, compraremos en otro sitio. —Caín agarró a Katherine y se alejó, mientras el mercader gritaba: «¡Paga por lo que has dañado!».

Al salir, Caín se detuvo junto a dos guardias que patrullaban y les señaló al mercader. —Está engañando a la gente que no sabe leer. Decidle a Leon que encuentre una forma de lidiar con esos idiotas, o empezaré a encargarme de ellos yo mismo.

Los dos guardias pudieron reconocerlo como el mago blanco, Cain Lisworth.

—¡Como ordene, señor! ¡Le informaremos al señor Leon y arreglaremos esto lo más rápido posible! —Lo saludaron con un grito y se apresuraron a arrestar al mercader.

Caín ayudó entonces a Katherine a comprar todo lo que necesitaba y la envió de vuelta a casa. Luego, se dio la vuelta para regresar a la tienda de ropa.

Por el camino, vio a una anciana de pie a un lado de la carretera, que cargaba dos bolsas enormes. Parecía estar esperando a que la calzada se despejara de los carruajes que se apresuraban hacia el punto de ruta.

Caín sintió pánico por un momento, ¿cómo podía toda la ciudad permitir que algo así sucediera?

—Señora Mable, ¿cómo está? —se le acercó Caín.

Ella se dio la vuelta, dejó las bolsas en el suelo y sonrió. —Pequeño Caín, ha pasado un tiempo desde la última vez que te vi. Pásate de vez en cuando por nuestra posada.

—Tengo la intención de hacerlo pronto. Es solo que he estado muy ocupado últimamente —sonrió Caín mientras cargaba las bolsas de ella; eran endemoniadamente pesadas para que las llevara una anciana.

—No tienes por qué hacer eso, puedo llevarlas yo sola. —Intentó quitarle las bolsas a Caín.

—¿Va a casa? —preguntó Caín con semblante serio.

—Sí, ya tengo lo que necesitaba.

Caín agarró las bolsas con una mano y cargó a Mable con la otra. [Volar]. Salieron volando hacia la posada de Evan. —¿Puedes volar? —preguntó ella, mirándolo fijamente.

—Bueno… puedo lanzar meteoritos y arrasar ciudades. ¿A estas alturas te parece extraño que pueda volar? —Caín la miró con cara de perplejidad. ¿Acaso no lo había visto sobrevolar la ciudad varias veces?

—Oí que volabas a lomos de un dragón… uno grande y rojo, ¿se llamaba Zaleria? —respondió ella.

—Ah, eso. Sí, volé a sus lomos, pero también puedo volar por mi cuenta. Selena y Sofía también pueden hacerlo —respondió Caín con cara de orgullo.

—¿Sofía, esa chica? ¿Ya ha dominado el arte de hornear pan? —preguntó Mable con una sonrisa.

—No tan bien como usted, pero lo intenta… ¡Ahí está la posada! —Caín aterrizó lentamente junto a la puerta y bajó a Mable. Miró a su alrededor y luego abrió la puerta.

—¡Evan! ¡Sal aquí! —gritó Caín, y Evan salió de la cocina, donde estaba cocinando.

—¿Caín? ¿Eres tú? —Evan se secó las manos mojadas con una toalla y corrió hacia la puerta. Todos los clientes, desde aventureros novatos a veteranos, mercaderes ambulantes y transeúntes, se quedaron mirándolos fijamente.

La mayoría de la gente que se alojaba allí había venido porque aquel era el lugar donde la leyenda, Cain Lisworth, había comenzado su viaje. Oír su nombre de repente tenía que atraer su atención por fuerza.

Caín echó un vistazo a la barra de la posada; no había cambiado nada. Pero la gente que lo miraba era nueva. Con suavidad, chasqueó los dedos y la mayoría de los presentes pusieron cara de tontos.

—¿Qué has hecho? —preguntó Mable con cara de preocupación.

—Me llamo Caín y me parezco a Caín, pero no soy él. Es solo una coincidencia que nos parezcamos —dijo Caín con una sonrisa.

Mable tardó unos segundos en adivinarlo, pero al final se dio cuenta de que había usado magia. Alguien como él no debía de tener tiempo para andar por ahí saludando a nuevos aventureros y contándoles historias.

Cuando esperaba que Caín se marchara a sus asuntos, se sorprendió al verlo sentarse a una mesa y llamar a Evan.

Caín sonrió mientras miraba el menú; la vieja mesa de madera se sentía igual. El aroma a pan recién horneado llenaba el aire. —Bueno, quiero pan. Pan con mantequilla, un poco de pan dulce y también algo de…

—Pide algo además de pan… —le gruñó Evan, sosteniendo una bandeja.

—Bueno…, un poco de sopa y carne a la parrilla, si tienes. No necesito bebidas, con agua será suficiente —dijo Caín con una sonrisa.

Evan se dio la vuelta y regresó a la cocina para preparar la comida.

Iba a llevar un rato, así que Caín cerró los ojos y se sentó, relajado.

… —Señor… Señor… —oyó que lo llamaba una voz desconocida.

Caín abrió los ojos lentamente y miró a un lado. Un joven aventurero con una armadura verdosa y una espada corta en la mano lo miraba fijamente. Una chica que parecía de su edad, con el pelo largo y negro y una túnica roja, se escondía detrás de él.

—¿Qué queréis? —preguntó Caín. Nunca los había visto.

—Es por esto… —. El joven aventurero sacó la espada de su vaina. Estaba toda derretida y tenía varios agujeros. La chica que estaba detrás de él también sacó un cuchillo y se lo mostró a Caín; también estaba derretido.

Caín lo pensó por un momento; era el efecto del ácido. Solo había un tipo de monstruo que podía hacer algo así.

—¿Limos? ¿Os han vencido? —Caín les lanzó una mirada de incredulidad a los dos jóvenes aventureros.

—Fue culpa mía, no conseguí lanzar una bola de fuego y acabó rodeado. El ácido derritió su espada y tuvimos que huir —dijo la chica, mirando al suelo.

Caín pudo adivinar el resto de la historia. —Así que… los otros aventureros se ríen de vosotros. Estáis sin blanca, así que no podéis comprar armas nuevas y dudáis de si podréis ser aventureros.

—Sí… parecías alguien con experiencia. Y además, todavía no te has reído de nosotros. ¿Puedes darnos algún consejo? —preguntó el joven aventurero, sin esperanza en la mirada.

—Hay varias formas de sacaros de este problema. Cuatro, para ser exactos. —Caín sonrió; la solución era simple, pero no mucha gente pensaría en ella.

A los dos aventureros se les iluminaron los ojos. —¡Por favor, dínoslas! —dijeron al unísono.

—El primer plan es encontrar a un herrero o a un aventurero dispuesto a prestaros armas gratis, eso os ayudará a completar algunas misiones —dijo Caín, mirando a la barra detrás de ellos; la mayoría de los aventureros que había allí apartaron la vista.

—El segundo plan es pedirle dinero prestado al gremio, cosa que rara vez aceptan con los nuevos aventureros —. Eso era imposible, sobre todo porque María no estaba en el gremio en ese momento. Si hubiera estado allí cuando perdieron sus armas, probablemente los habría ayudado.

—El tercer plan sería buscar otro trabajo además de ser aventureros, reunir dinero y luego volver —. Esto abría todo un camino de incertidumbre y de lo desconocido. No sería lo más cómodo.

—Y ahora, el último plan, y el que sugiero que sigáis… —dijo Caín con una gran sonrisa, y los dos aventureros tragaron saliva.

—Volved al bosque, coged unos palos y haced mierda a esos Limos. Si los palos se derriten, coged más, el bosque tiene un suministro ilimitado.

Los dos aventureros se quedaron boquiabiertos; era ridículo. Con lo poco que pagaban por cazar Limos, conseguir un arma era una tarea difícil. Puede que tuvieran que matar a cien antes de poder permitirse una espada.

—Dudo que sea posible, la última vez que lo comprobamos, era un cobre por cada cinco Limos muertos. La espada más barata cuesta alrededor de 1 moneda de plata, de segunda mano. Eso significaría que necesitaríamos matar al menos 500 Limos para conseguirlo —dijo el joven aventurero con cara de tristeza.

—Lo será. Os falta experiencia y Exp. Esto resolverá todos vuestros problemas. Al final, tendréis una espada nueva, os habréis convertido en expertos en matar Limos e incluso habréis subido de nivel —dijo Caín con una gran sonrisa—. Si queréis ascender rápidamente como el mago blanco, no hay un camino fácil, hay que currárselo.

Los dos jóvenes aventureros le dieron las gracias a Caín y corrieron hacia el bosque con una determinación renovada.

~María, ¿estás despierta?~, la llamó Caín, ya que tenía un asunto importante.

~¿Qué pasa? Me estoy bañando con las chicas~, respondió ella.

~¿Cómo es que el gremio de aquí, de Furberg, solo paga 1 moneda de cobre por cada cinco Limos muertos? Acabo de conocer a unos aventureros que estaban en apuros por eso~

~Pensaba que Edward se estaba encargando del gremio. Hoy me daré una vuelta para ver cómo van las cosas~.

~Por favor, hazlo. Si no, haré que el gremio élfico se haga cargo, ya que son más competentes~.

~Podría encontrar algunos dragones metálicos para ayudar, un dragón de oro sería un fantástico maestro de gremio~, sugirió María con una sonrisa.

~Casi olvido que eres la hija de Bahamut. Pero no querría un dragón de oro aquí, son demasiado estrictos para la vida de aventurero. Un dragón de plata sería mejor, ¿podrías conseguir uno?~

~Por supuesto, me encargaré de ello~.

Cuando Caín terminó de hablar con ella, llegó su comida. Mucho, mucho pan, y luego más pan todavía. La sopa y la carne a la parrilla palidecían en comparación.

El pan tenía un ligero color dorado, un toque de aroma a sésamo y crujía al tocarlo. El vapor que salía de su superficie arrastraba un olor dulce que superaba incluso al de la carne a la parrilla.

Se podía ver a Evan fulminando a Caín con la mirada desde la cocina.

Caín le sonrió y luego empezó a comer; había echado mucho de menos este pan. Pronto tendrían que trasladarse al reino élfico para llegar hasta Sylph. Con lo violento que esperaba que fuera, lo más probable es que no volviera en un año.

Pero, dicho eso, podría crear un portal de teletransporte y solucionar el problema. Sin embargo, la distancia también sería un inconveniente; necesitaría los núcleos de mazmorras poderosas, que son difíciles de conseguir.

Caín miró hacia fuera mientras comía, y pensó: «¿Dónde deberíamos parar, con los elfos del bosque o con los elfos oscuros?».

Tras pensarlo un rato, se decidió por los elfos oscuros. Solo había una razón: Eilistraee estaba allí y la necesitaba a su lado sin importar qué.

Caín se dio cuenta de que se había terminado el pan y de que la carne se había enfriado. Hasta la sopa se había enfriado. Parecían incomibles en comparación con lo que estaba devorando hacía unos momentos.

Pero como Evan seguía fulminándolo con la mirada, cuchillo en mano, tuvo que acabárselos.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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