Mi Sistema Encantador - Capítulo 506
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Capítulo 506: El retumbar del nuevo comienzo 4
Caín echó un vistazo a la barra de la posada; no había cambiado nada. Pero la gente que lo miraba era nueva. Con suavidad, chasqueó los dedos y la mayoría de los presentes pusieron cara de tontos.
—¿Qué has hecho? —preguntó Mable con cara de preocupación.
—Me llamo Caín y me parezco a Caín, pero no soy él. Es solo una coincidencia que nos parezcamos —dijo Caín con una sonrisa.
Mable tardó unos segundos en adivinarlo, pero al final se dio cuenta de que había usado magia. Alguien como él no debía de tener tiempo para andar por ahí saludando a nuevos aventureros y contándoles historias.
Cuando esperaba que Caín se marchara a sus asuntos, se sorprendió al verlo sentarse a una mesa y llamar a Evan.
Caín sonrió mientras miraba el menú; la vieja mesa de madera se sentía igual. El aroma a pan recién horneado llenaba el aire. —Bueno, quiero pan. Pan con mantequilla, un poco de pan dulce y también algo de…
—Pide algo además de pan… —le gruñó Evan, sosteniendo una bandeja.
—Bueno…, un poco de sopa y carne a la parrilla, si tienes. No necesito bebidas, con agua será suficiente —dijo Caín con una sonrisa.
Evan se dio la vuelta y regresó a la cocina para preparar la comida.
Iba a llevar un rato, así que Caín cerró los ojos y se sentó, relajado.
… —Señor… Señor… —oyó que lo llamaba una voz desconocida.
Caín abrió los ojos lentamente y miró a un lado. Un joven aventurero con una armadura verdosa y una espada corta en la mano lo miraba fijamente. Una chica que parecía de su edad, con el pelo largo y negro y una túnica roja, se escondía detrás de él.
—¿Qué queréis? —preguntó Caín. Nunca los había visto.
—Es por esto… —. El joven aventurero sacó la espada de su vaina. Estaba toda derretida y tenía varios agujeros. La chica que estaba detrás de él también sacó un cuchillo y se lo mostró a Caín; también estaba derretido.
Caín lo pensó por un momento; era el efecto del ácido. Solo había un tipo de monstruo que podía hacer algo así.
—¿Limos? ¿Os han vencido? —Caín les lanzó una mirada de incredulidad a los dos jóvenes aventureros.
—Fue culpa mía, no conseguí lanzar una bola de fuego y acabó rodeado. El ácido derritió su espada y tuvimos que huir —dijo la chica, mirando al suelo.
Caín pudo adivinar el resto de la historia. —Así que… los otros aventureros se ríen de vosotros. Estáis sin blanca, así que no podéis comprar armas nuevas y dudáis de si podréis ser aventureros.
—Sí… parecías alguien con experiencia. Y además, todavía no te has reído de nosotros. ¿Puedes darnos algún consejo? —preguntó el joven aventurero, sin esperanza en la mirada.
—Hay varias formas de sacaros de este problema. Cuatro, para ser exactos. —Caín sonrió; la solución era simple, pero no mucha gente pensaría en ella.
A los dos aventureros se les iluminaron los ojos. —¡Por favor, dínoslas! —dijeron al unísono.
—El primer plan es encontrar a un herrero o a un aventurero dispuesto a prestaros armas gratis, eso os ayudará a completar algunas misiones —dijo Caín, mirando a la barra detrás de ellos; la mayoría de los aventureros que había allí apartaron la vista.
—El segundo plan es pedirle dinero prestado al gremio, cosa que rara vez aceptan con los nuevos aventureros —. Eso era imposible, sobre todo porque María no estaba en el gremio en ese momento. Si hubiera estado allí cuando perdieron sus armas, probablemente los habría ayudado.
—El tercer plan sería buscar otro trabajo además de ser aventureros, reunir dinero y luego volver —. Esto abría todo un camino de incertidumbre y de lo desconocido. No sería lo más cómodo.
—Y ahora, el último plan, y el que sugiero que sigáis… —dijo Caín con una gran sonrisa, y los dos aventureros tragaron saliva.
—Volved al bosque, coged unos palos y haced mierda a esos Limos. Si los palos se derriten, coged más, el bosque tiene un suministro ilimitado.
Los dos aventureros se quedaron boquiabiertos; era ridículo. Con lo poco que pagaban por cazar Limos, conseguir un arma era una tarea difícil. Puede que tuvieran que matar a cien antes de poder permitirse una espada.
—Dudo que sea posible, la última vez que lo comprobamos, era un cobre por cada cinco Limos muertos. La espada más barata cuesta alrededor de 1 moneda de plata, de segunda mano. Eso significaría que necesitaríamos matar al menos 500 Limos para conseguirlo —dijo el joven aventurero con cara de tristeza.
—Lo será. Os falta experiencia y Exp. Esto resolverá todos vuestros problemas. Al final, tendréis una espada nueva, os habréis convertido en expertos en matar Limos e incluso habréis subido de nivel —dijo Caín con una gran sonrisa—. Si queréis ascender rápidamente como el mago blanco, no hay un camino fácil, hay que currárselo.
Los dos jóvenes aventureros le dieron las gracias a Caín y corrieron hacia el bosque con una determinación renovada.
~María, ¿estás despierta?~, la llamó Caín, ya que tenía un asunto importante.
~¿Qué pasa? Me estoy bañando con las chicas~, respondió ella.
~¿Cómo es que el gremio de aquí, de Furberg, solo paga 1 moneda de cobre por cada cinco Limos muertos? Acabo de conocer a unos aventureros que estaban en apuros por eso~
~Pensaba que Edward se estaba encargando del gremio. Hoy me daré una vuelta para ver cómo van las cosas~.
~Por favor, hazlo. Si no, haré que el gremio élfico se haga cargo, ya que son más competentes~.
~Podría encontrar algunos dragones metálicos para ayudar, un dragón de oro sería un fantástico maestro de gremio~, sugirió María con una sonrisa.
~Casi olvido que eres la hija de Bahamut. Pero no querría un dragón de oro aquí, son demasiado estrictos para la vida de aventurero. Un dragón de plata sería mejor, ¿podrías conseguir uno?~
~Por supuesto, me encargaré de ello~.
Cuando Caín terminó de hablar con ella, llegó su comida. Mucho, mucho pan, y luego más pan todavía. La sopa y la carne a la parrilla palidecían en comparación.
El pan tenía un ligero color dorado, un toque de aroma a sésamo y crujía al tocarlo. El vapor que salía de su superficie arrastraba un olor dulce que superaba incluso al de la carne a la parrilla.
Se podía ver a Evan fulminando a Caín con la mirada desde la cocina.
Caín le sonrió y luego empezó a comer; había echado mucho de menos este pan. Pronto tendrían que trasladarse al reino élfico para llegar hasta Sylph. Con lo violento que esperaba que fuera, lo más probable es que no volviera en un año.
Pero, dicho eso, podría crear un portal de teletransporte y solucionar el problema. Sin embargo, la distancia también sería un inconveniente; necesitaría los núcleos de mazmorras poderosas, que son difíciles de conseguir.
Caín miró hacia fuera mientras comía, y pensó: «¿Dónde deberíamos parar, con los elfos del bosque o con los elfos oscuros?».
Tras pensarlo un rato, se decidió por los elfos oscuros. Solo había una razón: Eilistraee estaba allí y la necesitaba a su lado sin importar qué.
Caín se dio cuenta de que se había terminado el pan y de que la carne se había enfriado. Hasta la sopa se había enfriado. Parecían incomibles en comparación con lo que estaba devorando hacía unos momentos.
Pero como Evan seguía fulminándolo con la mirada, cuchillo en mano, tuvo que acabárselos.
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