Mi Sistema Encantador - Capítulo 536
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Capítulo 536: El escuadrón de magos pecadores
Sofía cambió a su forma humanoide en una explosión de magia y aterrizó frente a Caín. ¡BAM! El suelo se agrietó bajo sus pies; todavía necesitaba controlar su recién descubierto poder.
—Eso ha sido cosa de Tiamat, ¿comiste algo malo en la fortaleza? —preguntó Caín con una mirada preocupada. Era evidente para él que Sofía todavía no estaba ni cerca del verdadero poder que esgrimía la Tiamat real, pero se dirigía hacia allí rápidamente. Uno de los indicadores clave era que necesitaba comer; la Tiamat que él conocía no necesitaba sustento dentro de Avernus, ya que podía absorber energía directamente del reino.
Miró a su alrededor, al asentamiento devastado; no quedaba ni rastro de vida por allí. Sofía había devorado todo a su paso y lo había convertido en escombros.
—No, simplemente ocurrió cuando entré en su tesorería. Parece que estaba ayudando a las almas de los dragones a trascender, este era el poder mínimo para llevar a cabo esa tarea —respondió Sofía con una sonrisa. A Caín, eso le pareció un poco raro.
—¿Cuando entraste en su tesorería? —se preguntó Caín, rascándose su barba inexistente—. ¿Puedo ver tus manos? —preguntó.
Con cara de perplejidad, Sofía le entregó las manos.
Caín le agarró las manos e inspeccionó sus dedos, sobre todo las uñas, para determinar algo importante. Se fijó especialmente en sus uñas para comprobar si los potenciadores seguían allí, y ya no estaban. La transformación había borrado todos sus encantamientos de las uñas al volverse estas mágicas.
—¿Pasa algo raro? —preguntó ella, mirándose sus propias manos para intentar entender lo que él hacía.
—Los encantamientos han desaparecido, tu transformación los borró, así que tenemos que volver a instalarlos. Podemos hacerlo ahora —sugirió Caín con una gran sonrisa.
Sofía apartó rápidamente las manos con cara de susto; recordaba el dolor de la última vez. Al retirar la mano, sus afiladas uñas dejaron una larga herida en la mano de Caín.
—¡AH! ¡Caín, estás herido! —gritó ella, corriendo hacia él presa del pánico. Le agarró la palma con manos temblorosas, sus uñas volvieron a perforarle la mano y entró aún más en pánico.
—Vamos, no es más que un rasguño —la tranquilizó Caín. Agitó la mano y usó [Curación Menor] para cerrar las pequeñas heridas. Sus uñas eran demasiado afiladas, más que cualquier espada que hubiera visto. Y por lo que sabía de Tiamat, no se podían cortar.
Sofía se agarró las manos y se arrancó las largas uñas a mordiscos, pero estas volvieron a crecer de inmediato, tan afiladas como antes. —¿Por qué? —gritó.
—Tus uñas ahora son armas mágicas, y apuesto a que tu pelo también. Siempre permanecerán así —afirmó Caín, y ella se miró a sí misma a punto de llorar.
Las uñas de sus manos eran tan largas como la yema de un dedo y afiladas, lo mismo que las de los pies. Ahora tenía garras en lugar de uñas normales.
Su pelo conservaba el color negro, pero se podía notar que brillaba con un rojo intenso bajo el sol.
Al mirar de cerca su sedosa piel blanca, pudo ver diminutas escamas que cubrían todo su cuerpo.
Los dientes de su boca se habían vuelto afilados y sus colmillos se habían alargado. Lo mismo ocurrió con su lengua, que parecía haberse vuelto bastante larga, extendiéndose hasta casi el triple de su longitud habitual.
Aunque su cuerpo parecía bastante normal y terso, podía sentir cada músculo bajo la piel. Cada vez que intentaba usar más poder de lo normal, su estructura muscular se hacía evidente, al igual que le ocurre a Zaleria.
Sus ojos… aunque no podía verlos directamente, vio su reflejo en los de Caín. Los ojos verde esmeralda que tenía antes no eran los únicos; podía cambiar fácilmente entre Rojo Ámbar (Dragones Rojos), Verde Esmeralda (Dragones Verdes), Amarillo Azufre (Dragones Negros), Azul Ópalo (Dragones Blancos) y, por último, Púrpura Amatista (Dragones Azules).
Justo cuando Caín iba a preguntar por qué cambiaba el color de sus ojos como una loca mientras lo miraba fijamente, ella frunció el ceño de repente. —Tenemos invitados no deseados —gruñó.
Caín estuvo a punto de preguntar de qué hablaba, pero pronto los sintió también: un grupo de una docena de poderosas entidades se acercaba a ellos a una velocidad increíble. Por un momento, se quedó mirándola; sus sentidos superaban con creces los suyos…
¡Golpe! ¡Golpe! ¡Golpe! Un montón de magos de aspecto humanoide aterrizaron frente a ellos.
Caín se plantó delante de Sofía y golpeó el suelo con su báculo. —¿Quiénes sois? Identificaos antes de que os aniquile —gruñó. Eran fuertes, pero nada que no pudiera manejar.
—Señora Tiamat, el Señor Asmodeo ha sido aprisionado por un demonio rubio bajo la novena capa. Le pedimos que cumpla su parte del contrato y lo rescate. —Ni siquiera hicieron una reverencia; simplemente ignoraron a Caín y le hablaron a Sofía.
A Caín no le hicieron ninguna gracia. Con un ligero atisbo de rabia, gruñó: —¿Asmodeo aprisionado? Vaya mentira más lamentable para unos pobres pecadores como vosotros. —Se estaba preparando para empezar a luchar.
—Sirviente, no te salgas de tus límites… —gruñó uno de ellos, pero Sofía se abalanzó sobre él al instante y le asestó un golpe con la palma de la mano derecha. El mago consiguió levantar un escudo mágico en el último momento. ¡CRACK! Pero se agrietó, y Sofía le arrancó la cabeza con facilidad. La fuerza de su golpe agrietó el suelo bajo sus pies mientras miraba con furia a los otros magos.
Uno de ellos tosió, aclarando la garganta. —Ya veo, debe de haber participado en tu resurrección. Nuestras más sinceras disculpas. —Hizo una ligera reverencia—. Pero tenemos que movernos rápido —dijo el mago, impávido por la muerte de su amigo; después de todo, resucitaría más tarde.
Caín dio un paso al frente. —Parece que no lo entendéis, no vamos a ninguna parte. Los que buscan robar el poder a los ingenuos son numerosos. Aquí terminan vuestros planes, pecadores. —Caín levantó su báculo, listo para aniquilarlos, cuando Sofía le sujetó la mano.
Él la fulminó con la mirada. —¿Qué? Voy a matarlos —gruñó.
—¡Escucha a tu amo, sirviente! —gritó uno de los magos desde atrás.
Sofía sonrió. —Déjame encargarme de ellos, todavía tengo un poco de hambre.
Todos los magos se quedaron helados por un momento, pensando en lo que habían oído. ¿De qué hablaba Tiamat? Uno de ellos dio un paso atrás al darse cuenta de que algo no iba bien.
Todos los demás magos sacaron sus báculos y volaron hacia atrás al sentir que la magia de Tiamat se hinchaba como una explosión de fuego.
En una explosión de llamas, Relámpagos y truenos, el enorme cuerpo dracónico emergió, aún más corpulento que antes. Al parecer, su anterior transformación dracónica era todavía un poco delgada para lo hambrienta que estaba. Ahora, tenía toda su corpulencia mientras se erguía imponente.
Una enorme tormenta de ceniza y fuego estalló tras su cola mientras sus cinco enormes cabezas emergían con un rugido atronador. Toda la zona ardió de inmediato, haciendo que el humo envolviera el lugar como si un volcán acabara de explotar.
Cuando levantó las alas, el polvo se disipó y reveló su cabeza de vermis blanco, que desató de inmediato un aliento gélido. La cabeza negra se abalanzó para morder a un mago que voló para luchar contra Caín, a quien ella llevaba en su lomo. Los otros magos entraron en acción, preparando su magia para atacar a la reina enfurecida.
Caín observaba desde su lomo. A esto no se le podría llamar una pelea.
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