Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Mi sistema poco útil en naruto(Versión español) - Capítulo 425

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. Mi sistema poco útil en naruto(Versión español)
  4. Capítulo 425 - 425 Capítulo 422 Una apuesta
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

425: Capítulo 422: Una apuesta.

425: Capítulo 422: Una apuesta.

Han pasado ya un par de buenas semanas desde que llegué a este punto de la historia.

En ese tiempo he logrado establecerme en Konoha sin demasiados inconvenientes.

Ha habido ciertos giros y vueltas mientras intentaba poner en marcha algunos planes, pero, al final, parece que las cosas han salido bastante bien.

Yuu toma su chaqueta de la mesa y se la coloca con un movimiento acostumbrado.

Es hora de trabajar.

La única razón por la que ha tenido una estadía relativamente tranquila —a pesar de estar bajo el escrutinio constante de la élite de Konoha, Hiruzen y sus allegados— es que, prácticamente, se ha convertido en una especie de profesor de exámenes.

Para resumirlo: desde que llegó y se enfrentó a los tres discípulos del Hokage, derrotándolos sin demasiada ceremonia, estos han querido constantemente una revancha… una que Yuu no ha tenido motivos para negar.

Esto ha provocado que, de forma casi natural, Yuu se convierta en un rival útil para el desarrollo de los aprendices del Hokage.

Con semejante situación, resulta difícil para los altos mandos de Konoha verlo simplemente como un sospechoso, especialmente en medio de un clima tenso con otras naciones.

Después de todo… un espía jamás se presentaría de forma tan altiva como lo hizo Yuu, ¿verdad?

Yuu se lanza nuevamente a la tarea y avanza hacia su nuevo objetivo.

En todo este tiempo en Konoha, se ha mantenido ocupado, aunque sin haber hecho nada que pueda considerarse particularmente trascendente.

Desde el instante en que cruzó las puertas de la aldea ha estado vigilado, pero esto no le impidió enviar clones en secreto para investigar a quienes le interesaban.

Sigo pensando que la vigilancia sobre los miembros importantes de los clanes es pésima.

Aparte de ese sujeto que no me quita la vista de encima, la chica Tsunade prácticamente anda sin guardias.

Gracias a esa libertad —curiosa y convenientemente útil— Yuu ha conseguido rastrear todo lo referente a la nieta del Primer Hokage: dónde vive, dónde entrena, dónde come y los horarios exactos en los que realiza cada una de sus actividades diarias.

Admitámoslo, es agotador si uno lo piensa seriamente; implica estar pegado a alguien como un cabello durante todo el día.

Pero, a largo plazo, vale la pena.

Dejando eso de lado, hoy es el día en que Yuu hará su movimiento.

Durante los últimos días ha calculado con detalle la forma más adecuada de interferir en la rutina de Tsunade, llegando a la conclusión de que lo mejor sería empezar por su actividad favorita.

Afortunadamente para sus planes —y fiel a la serie original— aquel hábito suyo sigue igual: Tsunade ama las apuestas y los juegos de azar.

Según sus observaciones, los domingos por la tarde suele visitar un casino para malgastar alegremente su dinero personal… y también lo que obtiene de sus misiones.

Debe ser cómodo ser parte de una familia adinerada: vivir gastando y gastando sin preocuparte por nada.

Después de atravesar un parque, Yuu llega a un complejo de tiendas que ofrece todo tipo de entretenimientos, algunos más discretos que otros.

Recorriendo la calle principal, dobla hacia un estrecho callejón escondido hábilmente entre varias casas.

Bueno, la razón por la que estoy aquí es simple: se supone que la querida Tsunade no debería frecuentar estos lugares… y aun así está aquí.

Ella lo sabe, yo lo sé.

Jaja.

Será interesante ver su reacción.

Es un casino discreto.

Así que entra.

———————————————— El interior del casino es tenue, iluminado por lámparas cálidas y el constante tintinear de las fichas.

Aunque no es un lugar grande, el ambiente ruidoso permite a cualquiera mezclarse sin demasiada atención… incluso a una joven chūnin que claramente no debería estar allí.

Yuu avanza entre las mesas sin prisa; sus ojos recorren cada rincón con paciencia calculada… hasta que la ve.

Tsunade —cabello rubio brillante recogido, expresión angustiosa— está sentada frente a una máquina tragamonedas.

Lleva ropa casual, como si no le importara nada más que su partida.

Frente a ella, un pequeño montón de fichas… que ha ido disminuyendo con alarmante rapidez.

Tsunade, sin apartar los ojos de la pantalla, pareciera estar diciendo—.

Estoy a punto de recuperar todo.

Y duplicarlo.

Su confianza es admirable… aunque su mano temblorosa dice todo lo contrario.

Yuu sonríe.

Justo lo que esperaba.

Caminando con paso casual, se acerca a la mesa.

Al acercarse, deja escapar una risa apenas audible.

—Vaya… —dice con un tono que no oculta la burla—.

Pensé que los chūnin de Konoha eran más hábiles.

O al menos… más prudentes.

Tsunade gira lentamente la cabeza, con una expresión que mezcla irritación y orgullo herido.

—¿Qué dijiste?

—pregunta con una expresión confundida e irritada, pero se para en seco al reconocer la voz de quien era.

Yuu levanta las manos como si fuera inocente.

—Nada.

Solo que… me parece curioso ver a alguien de clase por acá; pensaba que los ninjas tenían reglas sobre este tipo de cosas, en especial si todavía no han cumplido su mayoría de edad.

Tsunade golpea la mesa.

—¿Tú?, ¿no es suficiente con molestarme y vienes incluso a molestarme acá?, ¿cómo me has encontrado?, ¿estás siguiéndome?

—Woo, qué ruidosa estás; solo pasaba por acá y por casualidad presentí que alguien conocido estaba por acá —responde Yuu, sentándose sin pedir permiso en la silla libre—.

Quizá, ya que no me quieres acá, podría ir donde tu maestro Hiruzen y contarle por qué a veces te faltas a los entrenamientos.

Los ojos de Tsunade brillan con un tipo muy particular de estupor.

Justo la clase de reacción que Yuu buscaba.

—Tú… me has estado siguiendo todo este tiempo —dice ella, apoyando sus manos en la mesa—.

Eres un —Vaya, así que realmente te desaparecías de los entrenamientos por eso.

—Yuu hace una pausa dramática antes de volver a sonreír—.

Ya me puedo imaginar el rostro de tu maestro cuando le cuente todo esto.

—Tu desgraciado, nadie te creerá —añade ella, acomodándose mientras se paraba, pero debido a su altura tenía que mirar de igual manera que cuando estaba sentada.

—Jaja, ¿apostamos eso?

Hoy dos posibilidades, una en que no me crea y otra en la que sí, ¿no sería entretenido ver cuál es su reacción?

Después de todo, no es la primera vez que te reprende por estar en lugares así —responde Yuu con una sonrisa tranquila.

Tsunade aprieta los dientes; su ceño tiembla, con un poco de miedo… pero más bien de pura frustración.

Yuu podía ver cómo su orgullo juvenil se hacía pedazos frente a la amenaza implícita.

Esa mirada—entre furia, vergüenza y desafío—era justamente la razón por la que él había venido.

—No tienes idea de con quién te estás metiendo —gruñó Tsunade, señalándolo con un dedo acusador.

—¿Ah, sí?

—Yuu ladea la cabeza—.

Con una chūnin que debería estar entrenando… no rogándole a una máquina que le devuelva el dinero.

La vena en la frente de Tsunade casi explota.

—¡No estoy rogando!

¡Estoy… analizando probabilidades!

—Claro, claro —asiente Yuu con exagerada comprensión—.

“Probabilidades”.

La misma palabra que usan todos los que pierden mucho y seguido.

Tsunade golpea la máquina tragamonedas con fuerza, como si quisiera que esta la defendiera.

—¡No pierdo tanto!

En ese preciso instante, la pantalla de la máquina parpadea.

Las fichas bajan automáticamente.

Otro fracaso.

Yuu, ante la situación inesperada, se rio sin fingir.

—Qué rayos, eres tan mala jugando.

Tsunade lanza un bufido furioso, totalmente sonrojada.

—¡Tú cállate!

¡No sabes nada!

¡Esta máquina está trucada!

—Obvio —dice Yuu—.

Todas lo están.

Por eso solo gana el que juega bien… Qué curioso que pierdas incluso cuando juegas todos los tiempos del juego.

Ella lo observa con los ojos entrecerrados, como una gata a punto de saltar.

—Dime la verdad —dice Tsunade, cruzándose de brazos—.

¿Qué quieres?

No vendrías hasta aquí solo para molestarme.

Yuu apoya un codo en el respaldo de su silla, sorprendiéndose por el temple de la chica; otros niños en su situación estarían en total desesperación, pero ella solo aceptó su destino así nomás.

Supongo que el orgullo del clan Senju corre con fuerza por sus venas.

*Se encoge de hombros*.

—Quiero competir contigo.

Tsunade parpadea, confundida.

—¿Competir… conmigo?

—En apuestas, si logras ganarme, entonces no diré nada de acá.

La rubia joven no puede evitarlo: algo dentro de ella se enciende en el momento en que dijo esas últimas palabras.

Ese instinto competitivo, impulsivo, casi infantil, que ni los sermones de Hiruzen logran apagar.

Tsunade aprieta los puños y su rostro cambia por completo: ya no está avergonzada, está interesada.

—¿Me estás desafiando?

—pregunta, inclinándose hacia él.

—Exacto —responde Yuu—.

Tú, yo, una mesa real.

No una máquina que solo te roba monedas.

Veamos… si tu “mala suerte” es tan mala como dicen… o si solo eres pésima jugando.

Ese comentario le da justo en el orgullo.

Tsunade da un paso hacia él, tan cerca que Yuu puede verla temblar… no de miedo, sino de ganas de demostrarle que está equivocado.

—Muy bien —dice ella finalmente—.

Acepto tu desafío.

Yuu sonríe.

—Perfecto.

Pero con una condición más.

Tsunade frunce el ceño.

—¿Qué condición?

—Si yo gano, tienes que hacer algo por mí, así será justo; si pierdo, cerraré la boca y si gano, harás algo por mí, es justo, ¿verdad?

Sus ojos color miel lo examinan con frialdad; ya no parece la chūnin desesperada que buscaba recuperar un par de fichas.

Ahora es la heredera del clan Senju evaluando a un idiota que se atrevió a provocarla.

—…¿Algo por ti?

—repite con tono seco, como si saboreara cada palabra para asegurarse de no haber entendido mal—.

¿Y qué rayos sería ese “algo”?

Yuu chasquea la lengua, inclinándose hacia adelante con una sonrisa que no es arrogante… pero sí peligrosa.

—Eso lo diré después —responde con tranquilidad irritante—.

Sería aburrido si lo supieras de antemano, ¿no?

Jugar con la pequeña Tsunade es divertido, joder, tan desafiante.

Desde el primer momento en que la vio, Yuu pudo sentir eso; de hecho, el rasguño en su brazo de esa vez fue un comprobante.

Esta chica tiene un espíritu algo ardiente.

Tsunade entrecierra los ojos.

La vena de su sien vuelve a latir; claramente está a punto de estallarle una segunda vez.

—Qué conveniente —masculla—.

O sea, quieres que acepte un trato donde tú puedes pedirme lo que quieras y yo ni siquiera sé qué es.

—Exacto.

—…Eres un desgraciado.

Esas palabras llegan al hígado; esta chica no lo conoce mucho tiempo, pero ya dijo eso.

Ella está pensando en cosas donde es sometida a humillación nuevamente, siendo usada de saco de boxeo, entre otras cosas.

—Sí, pero un desgraciado honesto —contesta Yuu sin perder la sonrisa—.

No estoy pidiendo nada imposible.

Solo… un pequeño favor si pierdes.

Nada que lastime tu orgullo más de lo que ya está después de todas esas derrotas.

Tsunade aprieta los puños.

Puede notar perfectamente la provocación, la trampa, el intento de empujarla a aceptar sin pensar… pero también sabe algo más: No puede negarse.

Su orgullo no se lo permitiría.

Además, la forma en que él habló… como si ya supiera que podía vencerla… le quema el pecho con una mezcla de rabia y adrenalina.

—Está bien —dice finalmente, clavando su dedo con fuerza suficiente para casi hundirlo en la silla (qué miedo si logra agarrarme del cuello).

Si pierdo, haré lo que digas.

Pero si yo gano… —Cerraré la boca —completa Yuu—.

Y no solo con tu maestro.

Con todos.

Ella asiente, satisfecha.

—Bien.

Entonces prepárate —dice Tsunade, cruzando los brazos con un aire desafiante—.

Porque no pienso perder contra ti.

Yuu se pone de pie con calma.

—Nunca dije que perderías —dice inclinando la cabeza—.

Solo dije que sería divertido verte intentarlo.

La mirada de Tsunade se enciende de furia pura.

Si antes quería ganarle, ahora quiere aplastarlo.

Yuu da un paso hacia la mesa vacía donde jugarán, mientras Tsunade lo sigue con pasos firmes, decididos… …y con un leve temblor en sus manos.

No dé miedo.

Sino de emoción.

La partida apenas está por comenzar.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo